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Crítica de Silver Linnings Playbook

Remedio para la Depresión Cinéfila

Hay un pernicioso axioma moderno que decide la cartelera de los cines: las películas “pequeñas” pertenecen a la televisión

Juan Carlos Ampié | 17/8/2013
@juancarlosampie

La última película del director David O. Russell llega a los cines casi un año después de su estreno. Fue una de los éxitos de crítica mas notables del 2012. Conquistó 8 nominaciones al Óscar,  incluyendo Mejor Película y Mejor Director. Alcanzó la rara distinción de llevarse nominaciones en todas las categorías actorales - la última película que logró eso fue “Reds” (Warren Beatty, 1981). Jennifer Lawrence, mejor conocida por liderar la franquicia “The Hunger Games”, fue la única que se llevó el premio como Mejor Actriz. No es raro que la película tarde en venir. Lo raro es que venga del todo. Cada vez más la pantalla grande está reservada para grandes espectaculos de acción y efectos especiales, destinados a niños y adolescentes. Los adultos se quedan en casa con los disco pirateados que compraron en el parqueo del supermercado. Es así como la audiencia meta descubrió esta película.

Pat Solitano (Bradley Cooper) es recogido de una clínica de salud mental por su madre, Dolores (Jackie Weaver). Las razones de su confinamiento y descargo se hacen pronto evidentes: entre los embates de un desorden bipolar no diagnosticado, reaccionó con violencia al descubrir la infidelidad de su esposa. La madre, ejemplo de codependencia, considera que 8 meses en reclusión bastan y la saca bajo su responsabilidad. En casa espera el padre, Pat Sr. (Robert Deniro), un fanático del futbol americano con desorden obsesivo-compulsivo y adicción a las apuestas. Su amigo Ronie (John Ortiz) trata de arreglarlo con su cuñada Tiffany (Jennifer Lawrence), una joven viuda que se refugia en el sexo sin consecuencia y el baile competitivo.

Suena deprimente, pero en realidad es una comedia romántica tremendamente efectiva. Es refrescante ver una película al servicio de los actores y no de imaginería generada por computadoras. Cooper prueba que a pesar de pagar la renta con la serie “¿Que Pasó Ayer?”, puede ser un actor sustancial con el material apropiado. Y Jennifer Lawrence hace gala de una madurez que va mas allá de sus años. Ese Óscar que ganó, tan merecido, será solo el primero de muchos. De Niro y Weaver sucumben un poco al manerismo, pero al menos no dejan que los protagonistas opaquen a sus personajes.

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El escenario de la clase media norteamericana es vívido. La acción se desarrolla en ambientes proletarios de Philadelphia, entre una tribu urbana obsesionada con el deporte y sus rituales. Durante sus primeros dos tercios, la película pinta un agudo pero compasivo retrato de dos personas tratando de reconstruir sus vidas entre los embates de desórdenes emocionales. Lamentablemente, en la recta final, pareciera que el filme mismo sufre un ataque de esquizofrenia.  La película se contagia de la patología del personaje de De Niro, y la utiliza como el catalizador del desenlace. En lugar de poner en perspectiva la conducta patológica, la pinta como algo “adorable”. Aunque se traiciona el espíritu de la película,  provee un efectivo climax doble con la felicidad de los personajes dependiendo de dos competencias muy diferentes: un juego de futbol y la competencia de baile. Hay algo mecánico en esta resolución. Por lo menos, los actores nunca toman atajos. Podemos dejarnos llevar por la máquina sin perdernos el respeto a nosotros mismo.

Hay un pernicioso axioma moderno que decide la cartelera de los cines. Las películas “pequeñas” - dramas íntimos con el énfasis en los actores y no la destrucción masiva – pertenecen a la televisión. “Los Juegos del Destino” es una refutación de esa creencia. Los buenos actores merecen la pantalla grande. Cada vez que la cámara se posa en el rostro de Lawrence, es como si pudieramos leerle la mente. El efecto es electrizante. Aún si vio la película en DVD pirata, creo que es indispensable que vuelva a verla en el cine. La resolución superior y el mismo tamaño de la imagen permite registrar con claridad las sutilezas de la actuación: el brillo en la mirada, el sutil movimiento de los músculos faciales, arrugas expresivas que se pliegan. Cuando la vi en video, no discerní las lágrimas en los ojos de De Niro durante una conversación nocturna con Pat. En video puede enterarse de la historia, pero pierde el sentimiento. Corra al cine y dele buena taquilla. Quizás así los distribuidores se animan a traer mas películas como ésta. Y más pronto.

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“Los Juegos del Destino”

(Silver Linnings Playbook)

Dirección David O. Russell

Duración: 2 horas, 2 minutos

Clasificación: * * * (Buena)

 

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