Economía

2020: el año que Nicaragua vivirá en depresión económica

Después de una contracción de -3.8% en 2018 y -5.0% en 2019, la economía tendrá su tercer año consecutivo de recesión en 2020 con -1.2%

Al comenzar el 2020, cada uno de los nicaragüenses es, en promedio, casi 361 dólares más pobre, si se compara el per cápita anual con y sin la crisis provocada por la violenta represión gubernamental en contra de las protestas ciudadanas que estallaron en abril de 2018. El país entra así, técnicamente, en la tercera situación de depresión económica de su historia reciente. Las otras dos fueron a finales de los 70 y finales de los 80.

Los economistas llaman ‘depresión económica’, a una situación en la que una economía no crece durante dos años consecutivos, acumulando una caída de 10% en el proceso, y si bien es cierto el acumulado de estos dos años de caída será de 9.3% (si se cumple el pronóstico del Fondo Monetario Internacional), a los economistas les resulta claro que el umbral del -10% se cruzará en cualquier momento del año venidero, pronosticado a decaer en -1.2%.

Gobierno se niega a soluciones

Lo que también queda claro es que “una contracción no debería durar tanto tiempo, pero el Gobierno no ha usado las herramientas básicas para salir de la crisis”, asevera la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

“El problema es político, pero el Gobierno no ha querido buscar soluciones políticas. Más bien, sus decisiones económicas han profundizado esta crisis; ha tomado medidas para su supervivencia a expensas de empresas y hogares”, añade la entidad.

El problema para la presente Administración, es que esas medidas le aseguran su supervivencia económica, pero solo a corto plazo, porque daña la capacidad de crecimiento de las empresas, que se ven obligadas a adoptar medidas desesperadas para sobrevivir ellas mismas, y en el proceso, emplean menos personal y pagan menos impuestos.

“Las empresas reaccionaron a la reforma tributaria y la reforma al Seguro Social, con medidas que produjeron pérdida de empleos, pero esas reformas no solo afectan a empresas, y no es cierto que solo a las más grandes. Los mayores precios de los productos de la canasta básica inciden negativamente sobre la economía de las familias”, alertó la Fundación.

Seguro Social
Sede central del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua. // Foto: Carlos Herrera

“Es un dominó que toca a uno, pero afecta a todos, con especial énfasis en los menos resistentes, que son aquellos que están en la pobreza, o cerca”, añadió la entidad.

“Los gremios y las empresas saben que esto no es sostenible en el tiempo y que al final, el pobre será más pobre. ¿Van a afectar a las empresas? Sí, pero también el consumidor, que termina pagando más. Muchos productos de la canasta básica ya están siendo afectados”, argumentó Carmen Hilleprandt, presidenta de la Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua.

Empresas formales se reducen

Hasta hace dos años, las empresas navegaban por una situación que ahora parece el mar de la tranquilidad. Sus planes de desarrollo eran tan ambiciosos como podían ser en un ambiente de inflación controlada, crecimiento promedio cercano al 5% anual, y una cercanía al poder que les daba algunas ventajas legislativas y administrativas.

Prueba de ello es que, a inicios de 2018, el turismo hacía planes para generar mil millones de dólares (19.0% más que en 2017); la construcción estaba a la espera de seguir trabajando en los proyectos financiados con recursos externos, (más la porción del presupuesto nacional destinado a inversión pública), y el comercio contaba con mantener el ritmo de crecimiento que llevaba hasta entonces.

Dos años después, las estadísticas muestran que esos son los tres sectores más afectados del país. “Entre abril 2018 y febrero 2019… las actividades económicas con mayor contracción en dicho periodo fueron hoteles y restaurantes (-31.8%), construcción (-18.3%), [y] comercio (-16.3%)”, según el Informe de Coyuntura Económica noviembre 2019, de Funides.

“Nuestra proyección para todo 2019, es de menos llegadas y menos ingresos que en 2018”, que ya había sido más bajo que 2017, recordó Lucy Valenti, presidenta de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), que es el sector más golpeado por la crisis.

Lucy Valenti
La presidenta de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), Lucy Valenti, en conferencia de prensa. EFE | Confidencial

Por su parte, el comercio y servicios “se ha visto afectado con una caída de 30% a 40%, en comparación con 2017”, dijo la presidenta de esa Cámara, Carmen Hilleprandt, sin que parezca que diciembre —usualmente, el mes que levanta las cifras anuales de ventas— parezca ser suficiente para lograrlo este año.

Por el lado de la Cámara de la Construcción de Nicaragua (CNC), su presidenta, Leslie Martínez, observa un panorama “muy sombrío”, en el que lo único que quedará para financiar construcciones en 2020 y 2021, es la inversión menguante del BID y el Banco Mundial “aunque quizás el BCIE se mantenga”, al igual que los fondos coreanos, y otras fuentes menos generosas y menos numerosas.

“Desde el inicio de la crisis, observamos un aumento rápido y fuerte de la informalidad, como estrategia de medianas y pequeñas empresas, de esquivar el aumento del esquema impositivo del Gobierno, para sobrevivir”, dijo Funides.

“Muchas empresas se fueron reduciendo” —mientras a la par, aumentaba su grado de informalidad— y eso se notó en las afiliaciones al INSS, según los datos sobre empleo formal reportado por el INSS a mayo 2019, o los reportes del IMAE (hasta febrero 2019), que muestran “un aumento bastante rápido y duradero de la informalidad”, añadió la Fundación.

Golpe a turismo, construcción y comercio

En 2019, la situación del sector turístico es bastante parecida a la del 2018 —cuando se reportó una caída de 56% con respecto a la meta inicial para ese año— con una diferencia sustancial: mientras que los primeros tres meses de 2018 fueron “extraordinarios para la actividad turística, Semana Santa incluida”, no hubo un ‘colchón’ similar este año, que fue un año completo de crisis, explica la presidenta de Canatur, Lucy Valenti.

Una de las razones que explican que siguiera el descenso es la percepción de inseguridad, que se vio amplificada por las alertas de viaje, lo que llevó a la cancelación de contratos, de modo que “la actividad nunca llegó a lo que era antes del 18 de abril”, añadió.

“La falta de una resolución positiva, negociada, a la crisis que vive el país, nos afecta porque… si no hay imagen de tranquilidad o estabilidad, ni los turistas vienen, ni las agencias los envían a Nicaragua”, remarcó Valenti.

En el caso del comercio, que en 2018 esperaba crecer 5%, sus líderes gremiales observan que, más bien, “se está haciendo más pequeño porque los consumidores tienen que elegir entre satisfacer una necesidad u otra, y escogen lo que sea más barato, o más accesible”, dijo la presidenta Hilleprandt.

Los comerciantes reportan que las ventas han caído entre el 25% y el 45% y aún la temporada de fin de año pinta con pérdidas. Foto: Carlos Herrera.

Además de tener que lidiar con el hecho que cada vez hay menos gente con capacidad de compra, el comercio formal también sufre los embates del comercio informal, “lo que ha venido a aumentar la crisis para nosotros”, porque se constituye en una competencia desleal directa, añade.

Suma a eso que ahora hay más productos que tienen que pagar impuestos, a la vez que se les ha disminuido el flujo de caja, y cuando todo eso incrementa el precio de los productos —porque se le trasladan los costos al consumidor— las empresas se vuelven menos competitivas.

“Hay empresas que se han visto afectadas en 40%, 50%, aunque hay otras —como las de celulares— a las que les está yendo muy bien, mientras que la venta de vehículos nuevos ha caído 60% a 70%”, graficó Hilleprandt.

El freno en Aduana

Los comerciantes también deben sortear las trabas burocráticas que encuentran en Aduana, donde “ahora todo es rojo, (en referencia al sistema aleatorio que determina qué mercadería será revisada, y cuál no) y todo es duda de valor, lo que nos aumenta los costos, porque vos estás pagando todo el tiempo que la mercadería está retenida”, describió.

Hilleprandt especificó que, “aunque hay un procedimiento para dilucidar las dudas de valor, hay empresarios que prefieren no exponerse y eligen dejar la mercadería tirada, lo que es fatal, especialmente en este período de ventas”.

Su colega de la Cámara de la Construcción, Martínez, tampoco tiene razones para ser optimista, porque recuerda de dónde venían, dónde están, y hacia dónde van.

“Los mejores años de este sector fueron 2012 y 2015, cuando crecimos 27.1% y 25.4%”, cita la presidenta del gremio constructor. “En 2016, el sector decreció, y en 2017 bajó aún más, hasta que llegó 2018, año que cerró con un balance de -15.7%”, detalla.

Construcción

Los números indican que, si no hay una pronta salida a la crisis, 2020 no será muy distinto al 2019, en el que prácticamente desapareció la construcción con fondos del sector privado, y en el que solo “la inversión pública se ha sostenido —pese a que el gasto de capital se ha caído— por el financiamiento de tres multilaterales: BID, BCIE y Banco Mundial”, aseveró.

El problema es que ni el BID ni el Banco Mundial han firmado nuevos convenios con Nicaragua —ni en 2018 ni en 2019— y lo que está en ejecución, sean carreteras, hospitales, o sistemas de agua potable, concluye en 2020 y unos pocos en 2021. Después de eso, la sequía.

“Lo que más nos está dañando es la inestabilidad, el riesgo, la incertidumbre: no sabemos si esto se va a resolver en 2020 o 2021. Nadie quiere invertir, si no hay seguridad. Si no invierten las familias (nicaragüenses), menos que lo hagan los inversionistas (extranjeros)”, sentenció.

Tres años consecutivos de recesión y puede ser peor

“Estamos bastante cerca de una depresión en el sentido estricto de la definición, pero más allá de si estamos o no, la clave es que estamos en una crisis económica que se extendió más allá de lo que tenía que haberse extendido”, dijo Funides, a petición de esta publicación.

Si se cumple el pronóstico de decrecer a razón de -1.1% en 2020, el país habrá vivido su tercer año de contracción económica, lo que conlleva a una caída de la producción “que solo habíamos visto en los años 80”, añadió la declaración ofrecida.

Explica que “en estos tres años, la resistencia de los hogares y las empresas se ha debilitado. A estas alturas, vemos signos claros de debilidad y falta de resiliencia; las empresas no están pudiendo contratar personal, sus ventas van para abajo, a la vez que despiden personal para no cerrar operaciones, todo lo cual merma la capacidad de consumo de los hogares”.

ventas en nicaragua
La actividad comercial en los mercados populares también se ha visto afectada por las medidas tributarias del régimen. Foto: Carlos Herrera.

Citando sus propios estudios, la Fundación vaticina que “a finales de 2020, la pobreza será de 31.9%, cuando a finales de 2017 se calculaba que sería de 20%. Si también se sanciona al Ministerio de Energía y Minas, esto podría generar desabastecimiento de combustible”, en el caso que “la OFAC interprete que la venta de activos de DNP contagia a ese ministerio”.

Por su parte, el economista Julio Ricardo Hernández, señala que “vamos a cumplir dos años con crecimiento negativo, y podríamos llegar a cumplir tres, a fines del 2020. Si formalmente entramos en recesión o no, es una definición académica. En términos prácticos estamos mal”.

“Técnicamente podríamos estar en recesión, pero no estamos en una crisis donde la devaluación e inflación hayan roto los equilibrios básicos, como vemos en Venezuela. Lo vivimos acá los que tenemos más de 50 años. Las alarmas se van a disparar cuando esos equilibrios básicos se rompan, se dispare el dólar, la inflación supere los dos dígitos, la gente saque su dinero del banco, y racionen la gasolina y las horas de electricidad”, describió.

El impacto de la reforma tributaria

A finales de noviembre, el Poder Ejecutivo presentó al Poder Legislativo, una solicitud para ampliar el Presupuesto General de la República 2019, en casi 7900 millones de córdobas, producto de la reforma tributaria.

“Hay una interpretación triunfalista, cuando deberían estar lamentándolo, porque esos millones impactan en el sector privado y en los hogares, y causará mayores daños económicos y sociales. Recaudar ese monto fue egoísta porque le permitió al Gobierno sobrevivir afectando al pueblo, sin tomar las decisiones políticas que se requieren para resolver el problema”, aseguró Funides.

En su respuesta, el centro de pensamiento hizo notar que “el rendimiento de la reforma tributaria es positivo, pero disminuye cada trimestre con respecto al trimestre anterior”, en referencia a que, entre abril y junio, la recaudación fue 33.9% mayor de lo que hubiese sido sin la reforma.

Ese rendimiento “se viene evaporando”, asegura Funides, porque las proyecciones para el cuarto trimestre indican un rendimiento de solo 14%, con lo que el acumulado de todo el año queda en 20.7%, en un escenario en el que la economía decrece -5.4%.

Un dato adicional que mostrará que el Gobierno celebró muy pronto, es que en febrero se paga el impuesto sobre la renta (IR), pero esta vez la recaudación por ese concepto no será tan alta, porque las empresas han venido pagando un anticipo del 3%, en vez del 1%, “y eso implica que han tenido que pagar más del 30% de sus utilidades, así que ellos ya sobrepagaron su IR”.

Para el economista Julio Ricardo Hernández, “apretar la tenaza fiscal contra las empresas formales le ha ayudado a Ortega a capear una crisis que hubiera sido más dura si no la hubiera apretado. Hubiera tenido que reducir planilla gubernamental, o cortar aún más la inversión pública, o tirarse ‘a la calle de en medio’, y echar a andar la maquinita de imprimir más billetes”.

Con todo, ese ‘logro’ se obtuvo al costo de reducir la actividad formal, por lo que el mandatario no puede seguir “haciendo uso indefinido de esa tenaza sin arriesgar la muerte de la ‘gallina’ que le pone la mayor cuota de las recaudaciones”, dijo el experto.

“No hay que hacernos ilusiones de que la “responsabilidad” macroeconómica de Ortega es infinita. Su aferramiento al poder, a toda costa, sí lo es, y si la crisis fiscal se le complica, no me extrañaría que recorte gasto social (programas de salud, pensiones, becas, subsidios a la luz y al transporte; que asalte algunas de las exenciones que lo ‘casaron ‘con la empresa privada y con las iglesias), pero jamás recortará el gasto de la Policía y el Ejército”, criticó.

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