Emergencia Coronavirus

48 horas en busca de un tanque de oxígeno

El testimonio de dos familias que buscaron oxígeno para sus parientes: su alto precio y la escasez complican atención a pacientes en estado crítico

Encerrado en un local que funciona como taller de pintura y enderezado, en Managua, y solo con un celular para comunicarse, estuvo durante más de una semana Walter Juárez, de 28 años, luchando contra lo que considera fueron síntomas leves provocados por la covid-19. Se encerró para no contagiar a su esposa e hijas, y en paralelo a su batalla contra el coronavirus trataba de conseguir un tanque de oxígeno para su tía de 63 años, quien presentaba síntomas graves de la misma enfermedad.

Juárez, también excarcelado político del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, afirma que su familia ha sido gravemente golpeada por la pandemia. El primero que se contagió de sus parientes cercanos fue el esposo de su tía, un hombre de 65 años, que falleció a mediados de mayo.

“Lo llevaron al Hospital Alemán en la mañana y ya en la noche lo estaban regresando muerto. Nos dijeron que fue por un infarto, pero todos coincidimos que fue por covid-19, porque tenía problemas para respirar, temperatura, tos… además se nos exigió que se enterrara inmediatamente”, detalla.

La siguiente contagiada fue su tía de 63 años, quien falleció el primero de junio.

“Hicimos todo lo posible por atenderla en su casa”, explica Juárez. El padre del exreo político fue el encargado de cuidarla, y aunque el hombre de 51 años también se contagió, la enfermedad en él no fue grave.

“Teníamos el temor de que a ella le pasara lo mismo que sucedió con su esposo, la queríamos viva y se luchó por conseguir el tanque de oxígeno que dijo el médico que se necesitaba. Fueron 48 largas horas las que nos tomó conseguirlo. Buscamos por todos lados, pidiendo ayuda a amigos y familiares para juntar el dinero y comprarlo”, relata.

Juárez recuerda que fueron llamadas tras llamadas las que se hicieron para preguntar por los tanques de oxígeno, preferiblemente alquilados porque no contaban con suficiente dinero, pero la respuesta era la misma: “Por ahora no tenemos disponibles”.

“Yo aún con mis dolores llamaba para preguntar. Le conté a amistades para ver si me ayudaban. Le dije a amigos y amigos de mis amigos, pero gracias a Dios nos llegó ayuda de la familia principalmente: que 100 dólares, que 50, y fue así como se juntó el dinero y se logró comprar, pero en un lugar recomendado por un amigo, porque en las grandes empresas no tenían. Nos costó por todo 700 dólares: ¡Un ojo de la cara! Pero valía la pena intentar salvar a mi tía, que lamentablemente no aguantó. Pasó como diez días con el tanque de oxígeno, pero murió el primero de junio”, lamenta.

Los altos costos de los tanques de oxígeno

El doctor Alejandro Lagos explica que los pacientes con síntomas de covid-19 que ya presentan un cuadro clínico grave, pueden consumir un promedio de cuatro a ocho litros de oxígeno por minuto, mientras que los casos críticos rondan entre diez y quince litros por minuto.

“Hay cuatro niveles por donde transita el cuadro clínico de covid, los dos primeros no necesitan oxígeno… Los casos que ya se pueden considerar graves son porque tienen algún tipo de dificultad para respirar, dolor fuerte en el pecho y con una saturación de oxígeno por debajo de 90”, indica.

Mantener a un paciente grave o crítico en la casa puede ser altamente costoso, calcula, por los precios de los tanques y rellenado de oxígeno.

Los altos costos fueron constatados por un sondeo realizado por CONFIDENCIAL en seis empresas distribuidoras. El precio del tanque mediano ronda los 360 dólares, y los grandes entre 600 y 800 dólares. También en muchos sitios, están agotados.

De cuatro lugares que ofrecen tanques de oxígeno, solamente en uno tenían cilindros medianos disponibles, a un costo de 364 dólares. Los tanques grandes, que en ese momento no tenían disponibles, se cotizaban entre 600 y 800 dólares.

“No le ofrecemos nada, estimada. Todo está agotado. Nosotros vendíamos un tanque mediano que le costaba 364 dólares, pero ya está agotado”, dijo una de las recepcionistas de una empresa dedicada a la venta de cilindros de oxígeno.

Además de los tanques, hacen falta accesorios como manómetros o reguladores, que se cotizan entre 250 y 390 dólares si son usados, o más de 400 dólares si son nuevos. Igual se necesitan oxímetro para medir la saturación del oxígeno en la sangre, que puede costar entre 60 y 75 dólares.

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¿Cuánto oxígeno puede necesitar un paciente?

El doctor Alejandro Lagos estima que un paciente con una saturación menor a 90, pero por encima de 80, consumirá entre cuatro y ocho litros de oxígeno por minuto, de manera intermitente. Es decir: se le manda oxígeno por quince minutos cada cierto tiempo, cada una hora o dos, según el estado del paciente.

En cambio, un paciente en estado crítico necesitará entre diez y quince litros por minuto, y de manera permanente, hasta que muestre mejora y se estabilice su saturación de oxígeno en la sangre, explica el médico.

Un tanque grande de oxígeno, que tiene 7080 litros, puede durar a un paciente crítico unas siete horas. Mientras, un tanque mediano, de 625 litros, tendría que cambiarse cada tres o cuatro horas a los pacientes graves, según la intermitencia con la que le fue recetado.

El rellenado de un tanque de oxígeno cuesta entre 15 y 35 dólares. Si el tanque es alquilado, debe considerar que los distribuidores solicitan un depósito de 200 dólares, y ponen, como condición, que el tanque solo puede ser rellenado por ellos. El depósito se devuelve diez días después de que se regresa el cilindro.

Es importante destacar que este proceso debe ser recetado y asistido por un médico, y debe contarse con los accesorios correspondientes para el monitoreo de la saturación de oxígeno. Si el paciente no mejora, pese al oxígeno, debe ser trasladado a un centro hospitalario.

Difícil de encontrar

“María”, hija de un hombre de 65 años que falleció por covid-19 en el Hospital Bautista, sí podía costear el precio de oxígeno para su padre, pero “el problema fue encontrarlo”, relata.

Al igual que la familia de Juárez, “María” buscó por más de 48 horas, consultando en empresas de Managua, donde la respuesta era la misma: “No tenemos tanques disponibles”.

“Se fue a buscar el tanque y todos sus accesorios a los lugares más grandes, por ser más seguros, pero nos decían ‘no hay’, ‘no hay’, ‘están agotados’. Nos tomó dos días poder conseguirlo… finalmente un amigo sabía de un lugar donde alquilaban un tanque y se viajó hasta León para ir a traerlo”, recuerda.

Su padre, dueño de una empresa aduanera, no padecía ninguna enfermedad crónica y se ejercitaba jugando béisbol y levantando pesas. Sin embargo, pasó cuatro días enfermo en su casa, acostado boca abajo y conectado al oxígeno. Al quinto día, pidió ser trasladado a un hospital, y la familia se enfrentó a otro problema: encontrar cupo en un hospital privado.

“No había lugar. Se coordinó con el privado del Hospital Militar, llegó la ambulancia y luego allá nos dicen que tampoco había lugar, que lo podían estabilizar y trasladar a un hospital público. Nosotros le podíamos pagar el mejor hospital privado, pero no había lugar”, lamenta.

Finalmente, lograron ingresarlo al Hospital Bautista, pero su padre murió ocho días después, el pasado seis de junio. La causa oficial, les dijeron, “problemas en el corazón”.

“María” considera que parte de las condiciones que complicaron la salud de su padre fue también un mal diagnóstico. En los primeros cinco días, en un hospital privado, les dijeron que era una infección renal. Lo trataron así y luego se complicó. El diagnóstico no hubiera sido equivocado, estima, si los hospitales tuvieran permiso de hacer pruebas de covid-19. Sin embargo, el Gobierno mantiene centralizadas estas pruebas, y tampoco hay acceso a estas, salvo que el Ministerio de Salud (Minsa) lo autorice.

A “María”, que vive fuera de Nicaragua y no pudo viajar para asistir al entierro de su padre, ahora solamente le quedan los “buenos recuerdos” de ir a verlo jugar beisbol, y las palabras que le dijo durante una llamada, ya internado en el hospital: “Me dijo que no me preocupara y que me cuidara mucho”.

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