Política

“A Ortega no le importan los pobres ni la pobreza”

Jarquín estima que tras diez años de gobierno, Ortega no puede mencionar ninguna reducción real de la pobreza ni tiene sensibilidad para advertirla

“Arriba los pobres del mundo”, fue uno de los lemas principales de la campaña electoral con la que el comandante Daniel Ortega logró regresar a la presidencia, tras los comicios de 2006. Diez años después, en la masiva concentración anual del Frente Sandinista, en ocasión de un nuevo aniversario de la revolución de 1979, Ortega habló de imperialismo, calentamiento global, terrorismo, supuestas traiciones y sus versiones históricas, pero no dijo ni una palabra sobre los pobres a los que el partido que él controla, asegura representar.

Al economista y excandidato presidencial Edmundo Jarquín no le sorprende que Ortega haya callado sobre los pobres. “Yo creo que no los menciona porque en primer lugar, después de diez años de gobierno, Ortega no tiene nada que decir al respecto”,  afirma. La segunda razón que advierte es que “desde el observatorio blindado con el cual (Ortega)  mira a Nicaragua, a él ya no le importan los pobres ni la pobreza”.

En una entrevista con el programa de televisión Esta Noche, Jarquín citó la encuesta más reciente sobre medición de pobreza realizada por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg) y cuestionó que ésta ubicó la pobreza en un 39%, pero considerando que hay un ingreso de 70 córdobas por persona al día. “Si subimos a 85 córdobas ese ingreso (entonces) la tasa de pobreza se va arriba del 50%, de tal manera que Ortega no puede mencionar nada absolutamente de la pobreza”, sentencia.

Según Jarquín, además de que Ortega “no tiene nada que decir cuantitativamente en cuanto a reducción de la pobreza”, la otra razón es que al mandatario le falta sensibilidad sobre el tema.

De acuerdo con Jarquín, el silencio de Ortega sobre la pobreza y otros temas que afectan a Nicaragua tiene aún una explicación más amplia. “Ese discurso (del 19 de julio) no refleja en absoluto que él esté a cargo del gobierno de Nicaragua, porque él debería de haberse referido a una serie de problemáticas que ocupan a cualquier gobernante”, critica el economista, quien como ejemplo menciona que Ortega incluso pudo haber celebrado que finalmente el país tenía un buen invierno, tras las crisis por la escasez de agua y los ríos secos por todo el país.

La razón, según Jarquín, es que la celebración oficial del 19 de julio se ha convertido en un acto de culto a la personalidad de Ortega, al mismo tiempo que se ha intentado reducir la revolución de 1979 a una gesta de él y su esposa Rosario Murillo, exaltada por el mandatario durante su intervención.

El silencio sobre las elecciones

En un año electoral y a menos de cuatro meses del día fijado para la votación, Ortega también calló sobre las elecciones, aunque desde los medios oficiales se citó a la concurrencia como una muestra del “respaldo masivo” al gobierno.

Jarquín reconoce que el Frente Sandinista es una “poderosa maquinaria” de organización y movilización. Sin embargo, reclama que “eso no significa que el partido sea mayoría en Nicaragua”, pues considera que tras la convocatoria lograda hay intimidación y miedo entre los empleados públicos, falsos halagos y también nada más un ambiente festivo al que muchos solo se suman por la algarabía, el alcohol y la diversión.

El excandidato presidencial por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) en las elecciones nacionales de 2006, también se refirió a las críticas que Ortega hizo contra quienes se han separado del partido que él controla.

En su intervención Ortega llamó “ratas que abandonan el barco”, a quienes se han ido del FSLN y hoy también le critican. Según Ortega, la razón de los disidentes fue la derrota electoral de 1990, omitiendo las tensiones por la búsqueda de reformas internas a las cuales él se opuso y las purgas contra quienes criticaron su pacto con el expresidente liberal Arnoldo Alemán.

Al respecto, Jarquín considera que los argumentos de Ortega simplemente se limitan a su “concepción prebendaria del poder” y estima que en el futuro, él ve que posible que el sandinismo sin Ortega siga existiendo, e incluso sea dominante.

Además, el político interpreta el silencio de Ortega sobre el tema electoral como una consecuencia de que el mandatario se ha encargado de que los próximos comicios no sean una elección, sino una nueva unción de su mandato. Es por eso, argumentó, que Ortega anuló primero la posibilidad de contar con observación electoral y luego dirigió la sentencia judicial que arrebató la casilla a la opositora Coalición Nacional por la Democracia.

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