Opinión

Adiós a los “tiempos de victorias”

FSLN

También están afectados los trabajadores del Estado, simpaticen, o no, con el orteguismo



Es indudable que uno de los flancos más débiles del régimen orteguista es la economía, por dos razones principales. Primero, porque el deterioro económico provoca un desgaste político sostenido y un mayor socavamiento de las raquíticas bases de apoyo que todavía le quedan. En efecto, el deterioro económico y social repercute en los empresarios de filiación sandinista, que ven mermados sus ingresos y sus posibilidades de seguir haciendo negocios al amparo del poder. También afecta a los incautos que creyeron las patrañas del régimen o se beneficiaron de sus prebendas. Y a los trabajadores del Estado, muchos de los cuales expresan respaldo al régimen por temor a perder su empleo.

La segunda razón es que el gobierno no dispone de recursos ni de instrumentos para contener o revertir el deterioro económico y social.

En esta materia, las campañas propagandísticas se estrellan en el vacío. La gente, día a día, se percata a golpes de realidad de que con Ortega en el poder no hay solución posible a la situación económica. Los simpatizantes del régimen también sienten el ácido. El estómago y los bolsillos vacíos son sordos a los cantos de sirena que por años endulzaron los oídos de los incautos.

La parte triste de la historia es que el desgaste político del régimen tiene un precio que miles de familias nicaragüenses pagan con desempleo, aflicciones, bajos ingresos y penurias.

Por tales motivos es que debemos repetirnos, una y otra vez, que mientras Ortega permanezca en el poder no hay manera de solucionar los problemas económicos y sociales del país.

Una vez agotados los flujos de la cooperación petrolera venezolana, al régimen únicamente le quedaron los fondos del Presupuesto General de la República para beneficiar a su clientela política: Grandes, medianos y pequeños “empresarios” y testaferros. Mandos policiales y del Ejército. La cúpula de los poderes del Estado. Alcaldes, concejales y secretarios políticos. Así como aliados abiertos y encubiertos. Y los recogedores de migajas. Con la crisis económica, el presupuesto se encogió y esas restricciones están afectando a estos círculos de poder. La suspensión a las alcaldías de las transferencias de fondos destinados a inversiones, es uno ejemplo. Al cerrar el primer trimestre no habían desembolsado un centavo para obras municipales, de los más de cinco mil millones de córdobas asignados. Estos fondos circulaban entre la clientela política local por la vía de adjudicaciones de obras sin licitación, y sobrevaloradas.

Pero también están afectados los trabajadores del Estado, simpaticen, o no, con el orteguismo. Resulta que al mes de mayo todavía no se había cancelado el 5% de ajuste salarial establecido en la ley de presupuesto.

¿Cómo es esto del ajuste del 5%?

Como sabemos, una de las políticas económicas del gobierno es la devaluación del córdoba en relación al dólar, a razón del 5% anual. Como vivimos en una economía dolarizada, significa que cada año, a los trabajadores que ganan en córdobas, el salario se les reduce al menos en 5% anual. Por ejemplo, si alguien gana 10000 córdobas al iniciar enero, doce meses después, al llegar diciembre, en términos reales la capacidad adquisitiva de ese salario se habrá reducido al equivalente de 9 500 córdobas mensuales. Es como que si le hubieran sacado de la bolsa 500 córdobas cada mes. Como que si le hubieran bajado el sueldo a 9 500. Para compensar ese deterioro, aunque sea rezagado, desde antes que Ortega llegara al poder, se incorpora en la ley del presupuesto un ajuste salarial del 5% a todos los trabajadores del Estado.

Pues bien, a pesar de estar en la ley del presupuesto que ellos mismos aprobaron, resulta que al mes de mayo todavía no les han entregado el ajuste. Supongamos que lo comenzaran a entregar a partir de junio, tendrían que hacerlo de forma retroactiva, es decir, cancelar el ajuste desde el mes de enero. Y aunque lo otorgaran de forma retroactiva, ya el mal está hecho, porque la inflación se ha comido parte del ajuste. Las afectaciones se agravan porque, igualmente, se han reducido los fondos a los pocos programas asistenciales que todavía quedan.

El contexto descrito explica en buena medida los resultados de la reciente encuesta publicada por la empresa CID Gallup. Según esta encuesta, el 77% afirma que vamos por mal camino, y lo más llamativo es que más de la mitad de los sandinistas consultados expresó esa opinión, que el país va por el rumbo equivocado.

Otro dato relevante de la misma encuesta es que casi siete, de cada diez, opinan que la situación económica de su familia está peor ahora que el año pasado.

El socavamiento de las bases de apoyo al orteguismo lo vemos y sentimos todos los días. Ahora lo revelan también las encuestas. Obviamente, el deterioro de las condiciones de vida de la población como resultado de la crisis económica está haciendo mella en la clientela política del régimen. Y está claro que cada vez les resulta más evidente que con la permanencia de Ortega en el poder no hay manera de revertir la crisis.

Se acabaron pues los “tiempos de victorias”.