Reporte ciudadano

Adri Kemps, el compromiso humanitario con Nicaragua

"Con el Comité de Apoyo, este holandés volvió a multiplicar su energía por Nicaragua"

…Un cortejo fúnebre avanza por las calles de Haarlem. Una carretilla fúnebre empujada por hombres y mujeres, la mayoría de pelo blanco, transporta un féretro sencillo de color claro. Llevan a su última morada los restos de Adri Kemps, el hombre que vivió entre las dos orillas del Atlántico…

En Holanda, su otro país, murió Adri Kemps el pasado 13 de mayo víctima de un cáncer traicionero. Adri se dedicó a promover y defender los derechos humanos los 65 años de su vida, buena parte de la cual la comprometió con Nicaragua, el país que tanto quiso y por el que nunca dejó de luchar.

Todo empezó con los epigramas de Ernesto Cardenal con los que Adri tropezó en 1976 en un folleto mimeografiado en alguna oficina de Amnistía Internacional Holanda, donde fue voluntario entre 1974 y 1981. Le sonaron a las mismas palabras de Dom Helder Camera al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad Libre de Ámsterdam en la que estudiaba. Desde entonces empezó su relación cercana con Nicaragua que lo llevó a participar activamente en el Nicaragua Komitee Amsterdam, desde el cual emprendió, entre otras acciones, el envío de un contenedor de mochilas con material sanitario para promotores rurales e impulsó años más tarde el hermanamiento Amsterdam-Managua.

Con la mitad de su familia en Nicaragua desde 1983 (su compañera se había a trasladado al Programa Alimentario Nicaragüense), Adri llegó a Managua en 1984 para trabajar en distintos proyectos en Honduras y Nicaragua, entre otras organizaciones en el Servicio Holandés de Cooperación al Desarrollo (SNV), y en la apertura de la Embajada por la Paz en Managua auspiciada por Pax Christi en 1987.

Después de regresar a Holanda en 1991 se incorporó a la Junta Directiva de la sección de Amnistía Internacional, de la que fue su Director Ejecutivo entre 1993 y 2001. En este año volvió a Nicaragua para trabajar en la ayuda a las comunidades rurales de Rivas y Ometepe hasta 2004.

A su nuevo regreso a Holanda pasó a ocupar responsabilidades en organizaciones civiles internacionales, pero ello no implicó que se olvidara de Nicaragua. Entre sus planes postergados estuvo escribir un libro conjuntamente con un amigo de Tola intitulado “Los hermanos mayores”, sobre la importancia de los grandes árboles en la cultura de los habitantes del municipio.

Cuando supo las noticias de la rebelión de abril de 2018, “sintió en su cabeza cristales molidos” y, siendo fiel a la convicción de que los derechos humanos son la paz del futuro, se colocó al lado de los masacrados; volvió a activarse en la solidaridad con Nicaragua. Entonces se convirtió en motor de la convocatoria de los miembros históricos del movimiento de los años 80. Pero no quedó allí su empeño. Consciente de la necesidad de fomentar el relevo generacional, promovió la incorporación de jóvenes entre los que estuvieron tanto los nicas residentes en Holanda como los exiliados llegados después del 18 de abril. Si por una unos fue foco inspirador, para otros actuó como puente entre veteranos y nuevas camadas. De la mano de Adri nació el Comité de Apoyo a Nicaragua, una organización por la defensa de los derechos humanos en la que logró que se implicaran personas de distintas corrientes políticas.

Con el Comité de Apoyo, volvió a multiplicar su energía por Nicaragua. Fue clave en el lobby político para que las instituciones holandesas, en particular el Gobierno y el parlamento, conocieran la versión de las víctimas de la dictadura; organizó a médicos holandeses para apoyar a sus colegas represaliados en Nicaragua; impulsó la reagrupación de las ONG holandesas con fines denunciativos; y ayudó en los trámites migratorios para que los nicas refugiados regularizaran su situación.

…Mientras pasa el cortejo dos personas sostienen una manta que grita “Viva Nicaragua Libre. Justicia. Basta de represión”. Es el mejor homenaje a la memoria de Adri. Ambos, una joven y un señor mayor, representan los frutos de su compromiso, del amor de ida y vuelta; el que sembró por donde pasó y supo cosechar con las primeras lluvias de mayo, cuando la tierra mesoamericana reclama la semilla y el sacrificio de sus mejores hijos.

Aunque terminó su vida en su Holanda natal, seguirá palpitando en su Nicaragua vital, por la que tanto dio en nombre de la libertad y el bienestar de su gente.

Hasta siempre, compañero.

 

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