Opinion

Antonio Lacayo en la historia laboral de Nicaragua

Su don de gentes y su gran capacidad de aguante y tino, permitieron una nueva modalidad de propiedad para los trabajadores

Los seres humanos se miden por sus acciones y por sus actitudes y para ello, es necesario conocerlos en las actividades que les tocó vivir. A Antonio Lacayo ya lo conocía como esposo de Cristiana Chamorro, pero correspondió conocerlo más como Ministro de la Presidencia en las discusiones, contra discusiones, arrebatos, explicaciones, aprobaciones y desaprobaciones que se dieron en un momento muy particular de la historia de Nicaragua. Se trataba de las discusiones de los Acuerdos de la Concertación Económica y Social.

Unos ministros discutían de una manera y defendían sus argumentos con mucha fuerza y otros los refrendaban, pero Antonio Lacayo los escuchaba y les daba a cada quien su espacio y los presentaba ante los miembros del Frente Nacional de los Trabajadores y resto de acompañantes, asesores y representantes de los diferentes sindicatos. Sugería, explicaba, llevaba sus cuadros, sus power point y sus documentos y muy particularmente unos modelos que presentaba como “el agua limpia”. Era didáctico para los que nos encontrábamos en la sala.

Pero cuanto tenía que defender algo que él consideraba que violaba sus normas era enérgico y contundente sin llegar a la altanería. Siempre trataba de negociar. Porcentajes, modalidades, y corregía imprecisiones para dejar clara las cosas y los acuerdos. Era meticuloso con el lenguaje para evitar malas interpretaciones. Quería hacer bien las cosas y que el Gobierno que él representaba fuera escuchado con respeto.

Fueron muchas las discusiones, pero lo que más temíamos era que no fuera aprobar el área propiedad de los trabajadores, o como le llamamos en ese entonces, el APT, y haberla aprobado es su contribución a la historia laboral de Nicaragua, aunque bromeaba sobre el tema y decía, dentro de 20 años no sé si seré visto como villano.

Todos los Ministros estudiaron la propuesta, pero él se asesoró muy bien y exponía con propiedad su conocimiento sobre los sindicatos europeos, sobre los norteamericanos, sobre los sindicatos de los países del Sur y sobre la historia de los sindicatos de Nicaragua. Pensaba que había llegado el momento de discutir con los sindicatos, pero era del criterio que no era necesario “armar alboroto” y siempre refería el tema como decía Doña Violeta, que era necesario el diálogo hasta con los “cabecitas calientes”, como acostumbraba llamar a los líderes del FNT.

Así como hacía con los Ministros de gobierno, también le daba su lugar a cada uno de los líderes del FNT; a Lucío Jiménez (CST): a Edgardo García (ATC), a José Antonio Zepeda (ANDEN), a Gustavo Porras (FETSALUD), a la Unión Nacional de Empleados, a José Ángel Bermúdez (UNE), a Ronaldo Membreño (ENEL) o a Freddy Cruz, o al resto de compañeros y compañeras, o a su servidora, siempre con respeto.

Considero que su don de gentes y su gran capacidad de aguante y tino, permitieron que los acuerdos fueran firmados y con ello, una nueva modalidad de propiedad se inició en Nicaragua, un área que siempre podrá someterse a escrutinio, analizar y evaluar su desarrollo. Sirvan estos recuerdos para honrar a Antonio Lacayo Oyanguren y como parte de las condolencias a las familias dolientes y de manera especial a Cristiana y a sus hijos.

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