Opinión

Aplaudo con mesura la firma de los acuerdos de París

Acuerdos de París

La sociedad está obligada a vigilar, exigir y movilizarse para que Nicaragua cumpla con los Acuerdos de París



No oculto mi cauteloso júbilo por la noticia de que el gobierno pronto estaría firmando, aunque después de un año, los acuerdos de París suscritos a finales del 2016 por 197 países. Solo Nicaragua y Siria, vergonzosamente, no firmaron algo que actuaría a favor de nuestros propios interesas como nación, y por eso mi vergüenza y la de muchos ciudadanos ha sido mayúscula. Estoy segura que el mundo ni arqueó las cejas frente a ese hecho, porque no le hace mella que este pequeño país no firme tales acuerdos (las emisiones de dióxido de carbono de Nicaragua apenas son del 0.03% anuales de las emisiones globales), y por eso creo que el mundo ni se percató de ese detalle y si se enteró, seguramente los países nos disculparon atribuyéndonos una ignorancia fatal o una superchería que raya en lo tribal. El mundo sí saltó cuando este año, se retiró Estados Unidos que es el segundo generador de emisiones de CO2 (después de China), mostrando una vez más las escandalosas insensateces de Trump.

Acuerdos de París
Manifestación en París durante la COP21. EFE | EPA | ETIENNE LAURENT | CONFIDENCIAL.

Ciertamente que no todos quedamos conforme con los acuerdos de París, que se debió exigir más a los países desarrollados que son los principales responsables del calentamiento global (China, Estados Unidos, La India, Rusia, Japón y Alemania, que en su conjunto emiten más del 60% de dióxido de carbono). Sabemos que la mesa de la COP 21 fue dominada por las corporaciones mundiales de mayor hegemonía en este tema, razón por la que la meta estuvo por debajo de lo que debería: limitar el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2 ºC a 1, 5º. Sin embargo, para hacerse oír a veces hay que gritar y para pelear hay que meterse al ring, y si somos chiquitos y débiles, no queda otra que juntarnos con los otros igualmente chiquitos y débiles. Digo esto, porque parece que el acto de rebeldía de Nicaragua, había sido ese: “no firmo porque no me dan lo que quiero, entonces me voy”. Vamos a suponer que fue esa la razón, aunque el peligro de ello es, tanto el desentendimiento de esta crisis global desatada en el mundo, como la liberación de las obligaciones con el propio país. “No le exijo nada a nadie, entonces no me exijan a mí”, es lo que yo leí cuando no firmó Nicaragua y me entró miedo. Pero ha sido absurdo no firmar, además, porque en estos acuerdos los países llamados en “vías de desarrollo” tendríamos (tendremos) acceso a 100.000 millones de dólares anuales como “base”, de los montos aportados por los países ricos para apoyar financieramente a la reconversión energética de los países en desarrollo. A cambio de ello, nos comprometemos a disminuir nuestras propias emisiones, pero sobre todo a desarrollar acciones de prevención, mitigación, adaptación y resiliencia al cambio climático.

De ahí que, si el gobierno cumple con su anuncio de firmar, Nicaragua estará comprometida con dos cosas: uno, a exigir que se cumplan los acuerdos de París, y dos, a desarrollar un plan serio de mitigación y reparación ambiental. Por nuestro lado, la sociedad y los ambientalistas en particular, estamos mayormente obligados a vigilar, exigir y movilizarnos para que Nicaragua cumpla con su parte: No solo se trata de la diversificación de la matriz energética (que según entiendo se avanza), sino de exigir al gobierno que detenga los terribles procesos de destrucción de los suelos, los bosques, el agotamiento y contaminación de los acuíferos y la biodiversidad. Se trata de levantar una agenda que detenga los enclaves, la expansión ganadera, la rehabilitación de las Reservas Protegidas, la regulación de la pesca indiscriminada, detener la tala, restablecer el decreto que obliga a las empresas a realizar los estudios de impacto ambiental, derogar de una vez por todas la ley del proyecto canalero, entre otros. Yo aplaudo esta firma, pero también debemos seguir en la pelea, exigiendo acciones claras y contundentes. Los últimos eventos de la Tierra no solo son “naturales”, también son una expresión del cambio climático, y para el gobierno no debe ser solo un tema de solidaridad humanista, es también una obligación con la población, porque en cualquier momento nos arrasan también a nosotros los efectos del agotamiento de la Tierra, y también nuestras propias vulnerabilidades por los altos riesgos y degradación de nuestros ecosistemas naturales.


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