Opinion

Apropósito de la elección en la UNAB

Resulta fácil detectar algunas formas contrarias a la unidad en la acción, cuando quien en nombre de la lucha antidictatorial se muestra radical

La discordancia entre el avance organizativo y el rezago ideológico del movimiento cívico popular, es un fenómeno de lo más natural en de las contradicciones de todo proceso de cambio en el mundo. Mi deseo es tratar de interpretar el fenómeno, a propósito de algunas actitudes negativas surgidas a raíz de la elección interna de la UNAB.

Es real y comprobable, que a un año y diez meses de haberse producido la espontánea insurrección cívica con gran ímpetu y valor, se ha venido transformando la visión que, por casi dos siglos, se ha tenido de la política y de los partidos políticos tradicionales. En estos momentos, ya existen cambios en la visión respecto a lo que fue –en la práctica y el ideal— la política de la Nicaragua del pasado, y de la Nicaragua del futuro que se encuna en su presente.

Es como estar testificando el parto de algo nuevo, que por estar naciendo dentro del vientre de una política tiránica decadente que, en descomposición hacia su final, hace sangrar y causa dolores infinitos, porque, cuan celosa guardiana del pasado, la dictadura se empeña en salvarla, y cuyos costos se los hace pagar al pueblo nicaragüense.

Esta realidad política nacida a partir del 18 de abril de 2018, pudiera verse con mucho optimismo, pero no conviene hacerlo con absoluto optimismo, porque aún existen limitantes objetivas que, de no tenerse en cuenta, crearíamos una visión idealista de la nueva realidad.

Una de esas limitantes, es que la fuerza humana que insurreccionó y está cambiando nuestra historia, no nació a causa de una  conciencia política desarrollada, sino que entró en un proceso de aprendizaje para alcanzarla con sus actividades cotidianas que le permitirá superar la represión dictatorial que se interpone en su crecimiento y en su victoria.

Entre la acción y el aprendizaje es que la insurrección cívica popular alcanzará –junto al avance en el aspecto organizativo—el necesario avance en el área de la conciencia política de sus protagonistas.

Como bien se recuerda, primero surgieron o se reactivaron los organismos representativos del estudiantado universitario a raíz de la represión en Camino de Oriente contra quienes protestaban por las reformas al Seguro Social, lo que empató con su protesta contra  la pasividad del gobierno ante los incendios en la reserva ecológica Indio Maíz.

Esas reacciones espontáneas encontraron disgregada a la mayor parte de la población insurreccionada, y, aparte del movimiento campesino anti Canal, este movimiento apenas empezó a darle unidad a su acción.  Luego creció el interés por reactivar y coordinar la acción de todos los sectores sociales y políticos preexistentes.  Así, apenas embrionario lo organizativo, se produjo el primer diálogo político con la dictadura y la Alianza Cívica, recién creada por la Conferencia Episcopal.

Después, ya lo sabemos.  Se activaron y reactivaron los organismos estudiantiles, lo que –pese a ser un avance—aún no evita la dispersión del sector.  Algo similar ocurrió con los movimientos sociales y políticos, e integraron la Unidad Nacional Azul y Blanco, a la que se unió la Alianza Cívica. Ahora, ambas han definido sus respectivas funciones, y trabajan en la común tarea de formar una Coalición Nacional Opositora.

El avance en el terreno organizativo no podía significar el avance simultáneo en la conciencia política, y eso produjo un concierto en las bases, es algo muy natural, que no debe asustar a nadie menos  obstaculizar la lucha.

Esa discordancia entre el desarrollo orgánico y el político ideológico es porque existe una gran diversidad social, de ideas y de intereses entre los sectores que se identifican con la Alianza Cívica y la UNAB.  Esos sectores constituyen la mayor parte de la población opositora, con su unánime decisión de luchar contra la dictadura y por la conquista de un país democrático.

El desconcierto, lo reiteramos, no puede asustar a nadie, pero debe tenerse en cuenta que son solo discrepancias de criterio sobre asuntos muy específicos, como, por ejemplo, el carácter de la unidad, pues alguien ha supuesto, falsamente, que se trata de unidad ideológica para todo y sobre todas la cosas, y no es así, la unidad es para la acción contra la dictadura.

Por eso no se debe cerrar los ojos ante la labor que ejercen agentes de la dictadura en el campo de la información y dentro de los organismos, pues, estos, por ser abiertos y con prácticas democráticas, son fáciles de ser penetrados.  Y tampoco es raro que surjan todo tipo de rumores que buscan la discordia y la disociación para debilitar la lucha, más sospechas infundadas sobre alguien o algo; dudas o falsas apreciaciones en torno a las organizaciones o de sus dirigentes.  Eso podría ser espontáneo, pero también puede ser parte de algo planificado por los dictadores.

Son infinitas las formas que pueden ser destinadas a sabotear la unidad en la acción, y de la acción misma antes o después de acordarse, o cuando ya está en desarrollo.  Estos fenómenos se producen dentro de las organizaciones de cualquier clase y —en mayor medida—desde fuera.  A veces, son agentes políticos revestidos de analistas.

No obstante, cualquiera sea su nivel de influencia política, hay que tratar que solo confunda a los sectores menos informados.  Cuando un luchador cívico y patriótico se mantiene alerta si escucha rumores malignos, y refuerza la unidad en la acción como elemento básico para garantizar la victoria democrática contra la dictadura. Esta observancia ante cualquier ataque a la unidad, es parte de la superación de la conciencia política de cada quien, y su actividad es su mejor escuela.

Pero, resulta fácil detectar algunas formas contrarias a la unidad en la acción, cuando quien, en nombre de la lucha antidictatorial se muestra radical, veloz y reclama algo políticamente puro; siembran dudas sobre alguien, o piden excluir a determinado grupo o partido, descalificándolos por su antigua militancia política.

Ese mismo argumento excluyente se le puede aplicar a quien lo pregona, por el hecho de que ningún ciudadano ha cometido ni comete delito alguno por haber tenido preferencia, o militancia en un partido político determinado, y creer lo contrario, estimula la división.

Dejo constatado aquí, un hecho concreto: se ha escuchado y visto por TV a un ex comandante de la contrarrevolución del FDN declarando en contra de la presencia de los sandinistas del MRS en la UNAB, porque fueron combatientes o militantes del FSLN.  ¿Y  cuál es su pretexto?  No haber sido elegido para su junta directiva.  Imagínense: la UNAB debe elegir solo doce miembros para su directiva… ¡entre 96 organizaciones afiliadas!

¿En su “argumento” hay interés de provocar la división del movimiento opositor?  No lo puedo afirmar.  El caso es que detrás de sus palabras vino su acción: el Señor X, al mismo tiempo que le echó la culpa al MRS, anunció la separación de su FDN de la Unidad Nacional Azul y Blanco (digo “su FDN”, porque hay otros Contras aliados de la dictadura y militando en varios partidos).

Ese su “argumento”, se mal recomienda solo, porque:

*Cada quien tiene una opción política, libremente elegida; es uno de los derechos inalienables de las personas, y también, uno de sus derechos secuestrados por la dictadura;

*Hubo sandinistas y antisandinistas que escogieron la opción de la lucha armada, con lo cual, por desgracia, causó muchas muertes, demasiadas muertes;

*La mayoría de los militantes y ex militantes del Frente Sandinista no tomó las armas, ni todos los ex Contras y sus simpatizantes se enmontañaron armas en manos.

*Unificarse en torno a la Alianza Cívica y la UNAB, significa haber roto y dejado atrás los odios, el sectarismo, lo antidemocrático y lo anti nacional de la vieja política partidaria;

*Hacer algo en contra de la unidad en la acción del pueblo que busca liberarse de la dictadura y la democratización del país es, objetivamente, colaborar con sus opresores.

La discordancia entre la lucha organizada y la conciencia política es pues, un fenómeno inevitable, pero cuyos efectos se pueden neutralizar… ¡y esa es tarea de todos!

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