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El desconcierto después de la tragedia

Ayapal: ¿'muerte al diablo'?

Diez personas murieron en enfrentamiento, cuatro eran policías. Autoridades guardan silencio sobre las causas, mientras testigos señalan a campesinos en pobreza extrema y fanatismo religioso

Octavio Enríquez | 7/12/2013
@cabistan

Casi en la penumbra, los moradores del remoto poblado de Ayapal, al norte nicaragüense, se fueron acercando a la estación de Policía guiados por la mano invisible de la curiosidad o la indignación. Se ubicaron frente al cobertizo desnudo de paredes, adjunto a la delegación, donde los cuerpos de seis campesinos originarios de comunidades pobres, más al interior de la localidad, empezaban a descomponerse más de un día después de su muerte.

Una cinta amarilla plástica, indicando la escena del crimen, separaba este jueves a pobladores y extraños de los peritos haciendo exámenes, tomando fotografías y metiendo en bolsas plásticas negras a los cadáveres.

La media docena de campesinos forman parte de los diez muertos, sumando a cuatro policías sacados antes del pueblo, que perecieron enfrentados en un tiroteo ocurrido pasada  la una de la tarde del miércoles en el concurrido sector de la Boca, colmado de tiendas de abarrotes, ferreterías, y frecuentado por miles de personas todos los días.

Provenían de comunidades días a pie de Ayapal como Caño Negro, Montecristo, Parpar y Parparcito. Un lugar tranquilo en general este pueblo, cuyo  suceso trágico más reciente en la memoria colectiva fue el desplome de un helicóptero en noviembre de 1982 cuando murieron 75 niños en plena guerra civil. Parte de los restos del fuselaje de esa nave pueden verse en la entrada de la delegación, donde acaba de hacer  su ingreso el jefe de detectives de homicidios de la Policía. El comisionado Félix Villareal luce un sombrero de camping y se acaba de bajar de la camioneta rentada que recorrió los 305 kilómetros que lo separaban de Managua. Llegó escuchando a Vicente Fernández, se bajó con humor del vehículo y entró rápido a hacer su trabajo.

Tras las primeras horas desde la balacera, cuando aún circulaban distintas versiones a nivel nacional, el comunicado 20-2013 de la Policía Nacional señaló a los campesinos de pertenecer a “miembros de una agrupación delincuencial”, la misma calificación  que el gobierno aplica a las bandas cuando niega que persigan objetivos políticos y, para hacerlo esta vez, señaló que participaron en el robo a una tienda de abarrotes.

La ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales, abonó a la versión oficial con sus declaraciones, mientras los detectives hacían su trabajo en la localidad. “¿Quién destruye una maquinaria que es para el beneficio del pueblo? Un delincuente nada más. ¿Quién realiza un robo a una tienda? Un delincuente. ¿Una persona que tiene buenos sentimientos va a ir hacer un robo? No lo hace, ellos mismos se definen por eso”, se adelantó la funcionaria a los medios oficialistas haciendo referencia también a otro evento, ocurrido durante noviembre en el Caribe norte nicaragüense, atribuido a grupos armados con fines políticos.

Alcalde señala a una secta religiosa

Martín Vásquez, el alcalde de Ayapal, dijo que le informaron que los agresores, una docena en total, provenían del Río Bocay. Entraron a pie, en fila, haciendo coros cristianos y gritando “Gloria a Dios, muerte al Diablo”, lo que despertó la curiosidad local.

“Esto no tiene que ver con armados, tiene que ver con William Bran, una secta religiosa”, dice Vásquez y muy cerca está otra mujer. Darling  Herrera, hija de Justo Pastor Chavarría y hermana de Erick, originarios de la comunidad Caño Negro, dos de los campesinos a quienes los vecinos aseguran que se les metió el diablo.

Herrera dice quebrantada  que  no tenía relación con sus parientes  fallecidos y que escuchó los disparos mientras compartía con su hija pequeña. “Se oían unos gritos abajo, no sabía que estaban los dos”, dice llorando.

Las lágrimas de la mujer probablemente las observa con detenimiento Ronald Suárez, que llega en bicicleta a la estación. Dice que la presencia de estos extraños, vestidos de camisas, jeans y botas de hule, inquietó al pueblo desde que llegaron y se dispersaron en el corredor de tiendas local. Se acercó y les ofreció a dos de ellos un almuerzo gratis. “Yo dije que estos bróderes eran católicos y vinieron a una reunión”, dice.

Pero lo rechazaron, diciendo que ellos llegaron para cumplir un trabajo. Nunca dijeron cuál y el misterio se vio complementado por el comentario de los comerciantes que se avisaron  de que los forasteros entraban a las tiendas, pedían productos y finalmente  no los pagaban.

La tragedia paso a paso

Cuando  dos de estos personajes entraron a la tienda Axel, la más grande de la localidad, la misma que la Policía mencionó en su comunicado como el lugar donde originó la tragedia, Sergio Arauz, el propietario, los vio llenar los sacos de diversos víveres. Fue entonces que los increpó, exigiendo el pago después de mirar que a la bolsa metían una motosierra.

Otro forastero respondió asestando con violencia un batazo al comerciante. Salieron del sitio cargando los paquetes y, afuera de la tienda, tuvieron el primer contacto con la autoridad.  Los oficiales habían llegado poco antes, pero se dispersaron después de bajarse de la camioneta. Eran cinco los que acudieron al llamado de los comerciantes contra doce supuestos asaltantes.

Dos oficiales encontraron a los agresores de Aráuz y uno de ellos lo llamó al orden. Suárez recuerda que la respuesta fue inmediata. “El policía se le arrimó a uno de ellos y le dijo que cuál era el desorden. Vino el delincuente y le pegó con un martillo en la boca, el hombre cayó hincado, así como sosteniéndose la boca… le quitó la pistola que andaba, lo remató en el suelo”, dice Suárez.

En la calle donde ocurrió la tragedia aún se ven las manchas de sangre. Suárez dice que los asaltantes mataron a otro policía. Además del arma que despojaron, tenían una escopeta, el bate ensangrentado, pero otro apareció con un fusil Ak que quitó a otro  oficial.

“Ellos les quitaban las armas a los policías, con fuerza los agarraban. Solo le agarraban la mano y eso. Ellos estaban comprando camisas, botas, zapatillas, molinos. Ellos no andaban armados, ellos se armaron cuando se la quitaron a la Policía. Ellos mataron a los cuatro oficiales y hubo otro que salió corriendo hacia el río. Dejaron sola la patrulla, y los campesinos se subieron a la camioneta, echaron lo que se habían robado, no pudieron encender la camioneta. Entre el grupo andaba un chavalo de diez años. Andaban como endemoniados”, dice por su parte otra mujer que despacha una tienda cerca, María Esperanza Sobalvarro.

Según cuatro testigos entrevistados por Confidencial, la balacera del miércoles inició con el grito de Gloria a Dios y muerte al diablo. Wilmor Hilario López, uno de los miembros de la comunidad católica, se acerca a Ronald Suárez, para decirle que esa era la consigna que esa gente repetía.  --¿Qué decís papa, digo “Gloria a Dios”?— pregunta uno de sus hijos a Ronald. -- No seas loco, no digás esas cosas— responde, regaña.

“Agreden con garrotes y palos”

En las Asambleas de Dios guardan celosamente la copia de una carta, donde desde mayo de 2013 la población se quejaba de la secta religiosa conocida únicamente como William Bran, a la que describen como una suerte de Robin  Hood: roban a los ricos  para darle a los pobres, no se rigen por las leyes de la república.

“Estos hermanos comienzan a orar adentro del templo y cuando hay amigos salen orando para agredir con garrotes, piedra y con lo que arrebatan en esta agresión, participan mujeres, niños, mujeres embarazadas, ancianos y ancianas, esta doctrina están creciendo entre los menores, esto lo hacen en casa particular y en los caminos”, advierte la misiva dirigida al facilitador judicial de la comunidad de Sahupih donde ocurrieron supuestamente estos hechos.

El pastor David Ramos denuncia  por su parte 14 agresiones a miembros de las comunidades de parte de la secta religiosa como una forma de rechazar a quienes no piensan como ellos. Los “William Bran” tienen supuestamente varias vertientes: los que se denominan del mensaje de restauración, los salvo siempre salvos y los inmortales, el clan a quien identifican como responsable de la matanza.

“Ellos atacan. Tenemos como 14 casos de denuncias de agresiones. Ellos agarran a las personas, hay orden de quemarlos, de desaparecerlos, cuando no profesen la fe de ellos. William Bran era un profeta y luego se quedaron creyendo en ese profeta. Le ponen fecha de que se lo va llevar el señor”, dice Ramos que atestigua que varios de estos campesinos han subido a cerros a la espera de que lleguen a traerlos.

Contra todo sentido común, Ramos asegura que ese grupo puede resucitar a perros, valiéndose de un demonio y acusa nuevamente diciendo que los miembros de la secta intentaron hacer lo mismo con una señora meses atrás y tuvo que intervenir la Policía para salvarla.

La noche del jueves se respira inquietud en  Ayapal. La población pide un debido resguardo de las autoridades. Temen que los miembros de la secta regresen a llevarse a sus muertos. Una veintena de policías y militares, armados hasta los dientes, acompañan la camioneta roja donde son trasladados los cuerpos envueltos en bolsas plásticas negras. Darling Herrera no recibe el cadáver de su padre.

Una fosa común los aguarda en esta oscura noche, mientras a lo lejos el brutal silencio es roto por un pastor que canta a lo lejos, ajeno a este episodio, “Aquí se alaba a Dios, aquí se alaba a Dios”.

 

Las preguntas de la investigación

Además de la presencia del jefe de detectives de homicidios de la Policía, en el lugar se encontraba el jefe de auxilio judicial de Jinotega. “No tengo nada que decir, ya todo lo que sentíamos lo dijimos en el comunicado oficial”, dijo el comisionado Bernardino Solís.

La captura  de uno de los atacantes, Marlon Guevara, permitirá conocer  mayores detalles de lo que sucedió en este día de luto, una investigación mantenida bajo hermetismo. Se ignora si a los cuerpos se les practicó algún examen forense. Un médico privado, que asistió a las autoridades en esta noche larga para el Ayapal, dijo que no sabía si se le había practicado algún examen que determine  si estos campesinos  habían consumido algo.

Al momento del suceso, se especuló de la Policía había evitado que los armados con fines políticos se tomaran el cuartel del Ejército, ubicado a más de un kilómetro de donde ocurrieron los hechos.

“A la hora que se dio esto fue una  hora muy temprana, fue un lugar, un  poblado bastante limpio, no es un lugar de ataque militar. No le hallo ningún sentido militar. Una del mediodía, un grupo tan chiquito no es para que llegue tan libre cuando hay una base militar ahí. La gente habla de personas que lo hicieron endemoniados”, dice el antiguo comandante de la Resistencia Santos Rojas y actual concejal de la Alcaldía de San José de Bocay

La matanza despertó rápidamente el interés generalizado y atrajo la mirada de la prensa internacional. Geográficamente El Ayapal (lugar del maíz caído) está ubicado en el antiguo corredor de la Contra—en el departamento de Jinotega— donde se han reportado combates desde meses atrás entre el Ejército y bandas que se definen como opositoras a Daniel Ortega. 

Comentarios

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jose sequeira

si es lamentable lo pasa yo vivi en ese lugar gente muy trabajadorara alli viven los abuelos de mis hijas mi papa tiene finca x alli y la verdad esto da enque pensar actualmente estoy en costa rica es es muy feo ver lo q pasa y aveces pienso no volver a ese lugar nada mas a las actoridades q pongas cartas en el asunto no es pocible q los terminemos estre nosotros mismos yo conosco personpersonalmente al alcalde martin vasques y se q hara un buen trabajo en conjunto con la policia de la localidad suerte y bendiciones felis navidad att jose sequera lumbi desde costa rica

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Rigoberto Lopez

Quienes informan de esta situacion no estan siquiera documentados como escribir el apellido del personaje.....Este es un trabajo dirigido por los politicos, catolicos y denominacionales, al ver como el mensaje final va avanzando...Adelante hermanos de Malaquias 4.5....El diablo ya esta vencido de todas maneras. Dios los bendiga

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Martin

Este caso despierta cierta confusión por la manera poco profesional que las autoridades lo han tratado. Por qué no se hizo autopsia a los cuerpos de los campesinos? Si hay vinculación con aspectos religiosos (secta o no) hay una vinculación clara, pues había mayor justificación para revisar a fondo dichos cuerpos. Se aprecia que el movil de el robo no motivó la acción violenta de los agresores, sino su proclama religiosa?
Finalmente, este tipo de proclamas se asemejan de alguna manera a los slogans que usa el gobierno: "Nicaragua, socialista, solidaria y cristiana". No es que el gobierno teme a que le lleguen respuestas a su desgobierno desde la misma línea esotérica-pseudoreligiosa que hasta ahora manejan?

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Siguiendo la lógica de la ministra de gobernación, donde pregunta qué cosa es quien destruye una maquinaria que sirve al pueblo. Ahora preguntémonos que cosa es el que valiéndose de sus funciones se apropia de la riqueza que genera el pueblo trabajador y se enriquece inescrupulosamente? TIENE QUE SER UN DELINCUENTE

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