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Entrevista a Rosa Villacastín, autora de "La princesa Paca"

La historia del gran amor de Darío

Una biografía novelada cuenta la relación entre Francisca Sánchez del Pozo y Rubén Darío, cuyo amor rompió las ataduras convencionales de inicios del siglo XX. "Esta no es solo una historia de amor, es también la historia de una tragedia", dice la autora

Cinthia Membreño | 28/5/2014
@LaMembrete

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  • Primer capítulo de "La princesa Paca"

    Descargue en PDF el primer capítulo de la obra, cortesía de Plaza & Janés para Confidencial.
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Rosa Villacastín tenía nueve años cuando descubrió quién era Rubén Darío. Lo supo de boca de su abuela, Francisca Sánchez del Pozo, la misma que acompañó al afamado “Príncipe de las Letras Castellanas” durante diecisiete años de su vida. Enterarse de que aquel hombre había sido la anterior pareja de su adorada pariente le resultó desconcertante.

- ¿Y tuviste hijos con ese señor? ¿Era tu marido? ¿Y qué hacía? ¿Y por qué el abuelo (José Villacastín)? ¿Entonces fue antes del abuelo?- preguntaba Rosa con la preocupación urgente de una pequeña que desea saberlo todo.

Su abuela Francisca, a quien la Historia describe como la hija del jardinero que trabajaba para el Rey Alfonso XIII, una mujer sencilla que no sabía leer ni escribir, tenía en sus recuerdos un romance de novela del siglo XIX. Había conocido a Darío, quien para 1899 fungía como corresponsal del diario La Nación de Argentina, mientras éste paseaba por la Casa de Campo de Madrid, acompañado del dramaturgo español Ramón María del Valle-Inclán. Ella les regaló unas flores. Él quedó flechado por la belleza de aquella joven de 24 años, a quien visitó días después, pero sin compañía.

- ¿Quién era ese señor, Rubén Darío?- recuerda Rosa que le preguntó a su abuela.

-Ha sido el gran amor de mi vida- respondió Francisca.

Esa curiosidad infantil nació en el otoño de 1956. Una tarde, el poeta Antonio Oliver Belmás y su pareja, la escritora Carmen Conde, visitaron a Francisca en la casa donde ambas vivían, en la provincia de Ávila (España). Trataron de convencerla para que abriera un baúl azul donde tenía guardado miles de documentos -entre cartas, objetos, cuadros y manuscritos originales- que pertenecían a Darío. Le preguntaron varias veces dónde los guardaba, pero su abuela se negaba a revelarlo.

“Les decía que estaba fuera, en otro lugar. Yo sabía que ese baúl azul del que ellos hablablan estaba guardado en mi casa, pero nunca me habían dejado abrirlo. Y yo me preguntaba, ¿Por qué mi abuela les dice que está en otro sitio si yo sé que está aquí?”, relata Rosa Villacastín, en una entrevista telefónica concedida a Confidencial.

-Menos mal que a usted nunca se le escapó el dato- le digo

-Claro, porque con mi imaginación de niña, pues me parecía increíble que mi abuela no lo dijera. Por qué no lo querrá enseñar, me preguntaba. Les dice que no está, ¡pero sí que está!- recuerda Rosa.

Después de reiteradas visitas, Carmen Conde y Antonio Oliver lograron convencer a Francisca de abrir el baúl. Ésta le pidió al padre de Rosa que lo bajara de la buhardilla de la casa en la que vivían. Cuando por fin develaron el tesoro, la niña tuvo sentimientos encontrados.

“Para mí una parte fue de sorpresa, pero también de desilusión porque lo que había allí no era lo que yo -en aquellos momentos de mi infancia- podía imaginar que había en ese baúl”, confiesa entre risas.

En su lugar, lo que la niña descubrió fueron cartas originales del puño y letra de reconocidos escritores como Miguel de Unamuno, Antonio Machado o Gabriela Mistral. En el baúl también habían otras misivas que Darío le había enviado a Francisca. Aquello era como una varita mágica, explica Rosa, la pequeña curiosa que se convirtió en periodista y escritora, y quien también se encargó de la publicación del Catálogo bibliográfico del Archivo Rubén Darío; publicado por la Universidad Complutense de Madrid.

El pasado 22 de Mayo, Rosa Villacastín lanzó -junto al escritor español Manuel Francisco Reina- una novela llamada “La Princesa Paca” (Plaza & Janés) , título que corresponde al apodo que el escritor mexicano Amado Nervo le otorgó a su abuela cuando vivieron juntos en París. La periodista, quien describe la publicación como una biografía novelada del romance entre Sánchez y Darío, asegura que este es un homenaje para su abuela y para todas las mujeres que, siendo compañeras de hombres importantes, no han sido reconocidas por la Historia de la manera que se merecen.

¿Cree usted que la apertura de ese baúl fue la semilla que le motivó a catalogar la obra de Darío durante los ochenta, en la Universidad Complutense de Madrid?

Cuando tenía nueve años, yo no era consciente de la magnitud de lo que había en ese baúl, ni de lo que podía significar. Ni siquiera tenía idea de quiénes eran todos los personajes de los que allí (en los documentos) se hablaba. Fue tiempo después, cuando empecé a estudiar, que me entero quién es realmente Rubén Darío. Para ese tiempo mi abuela ya me había contado cosas de él, sobre cómo le gustaba vestir o los hijos que había tenido con él.

La verdadera conciencia la tomo cuando entro al archivo de Rubén Darío a trabajar, empiezo a darme cuenta del valor que eso tiene en todos los niveles: sentimental, literario, intelectual. Para mí, cada documento era un descubrimiento. Cada carpeta que abría implicaba descubrir algo maravilloso. Ver una carta escrita de Unamuno, de los Machado, de Gabriela Mistral, de Amado Nervo. Imagínate lo que eso supuso para mí.

Cuando le tocó revisar aquellos documentos, ¿hubo alguno que llamó su atención o le sorprendiera descubrir?

Pues hubo uno. Es un cuaderno que tiene las tapas de hule negro. Es muy gracioso, porque en las primeras páginas están los deberes que a ella le habían puesto. Entonces, imagina una frase. Le dicen que debe repetirla veinte veces para que aprenda cómo se escribe. Allí están esos deberes, como si fueran los de un niño. Después, en ese mismo cuaderno, en la parte de atrás, están los dibujos de Güichín (como cariñosamente llamaba Rubén Darío a su hijo, Rubén Darío Sánchez). No debieron estar muy sobrados de dinero, porque el mismo cuaderno les servía para todo. Hay dibujos del niño dedicados a su papá. Y en el centro del cuaderno, hay una parte de la Isla de Oro (crónica novelada), escrita por Darío. Es una belleza, como si fueran tres vidas: la del niño, la de la madre y la de Rubén.

En aquel momento, cuando era consciente de quién era Darío, de lo que significaba para su abuela y para la Literatura, seguro se sintió privilegiada de catalogar los documentos usted misma...

Claro. Lo que pasa es que para mí también fue muy triste. Ya mi abuela había fallecido. Yo con mi abuela (la relación con ella) fue pasión. Recordemos que ella había perdido a todos sus hijos, porque Rubén Darío Sánchez murió en 1948. Los tres hijos anteriores habían muerto, y del segundo matrimonio también había muerto un hijo y había quedado sólo mi madre. De seis hijos sólo sobrevivió ella. Entonces mi abuela se entregó totalmente a mí, me dio todo ese afecto porque me pudo criar, me dio esa ternura que no le pudo dar a sus hijos fallecidos. Cuando hablo de mi abuela todavía me emociono muchísimo. Escribir sobre ella con la distancia que requiere un libro como “La Princesa Paca” resultaba muy difícil.

Pero logró escribir la novela. Y es aquí donde entra en escena el novelista Manuel Francisco Reina, con quien coescribió la obra. ¿Cómo se plantean este proyecto?

Bueno, él entra en el proyecto porque es un gran novelista, ha escrito varios libros sobre Federico García Lorca y es muy amigo mío. Una noche, cenando con él, le hablé del proyecto. Pero le dije que quería una historia que se ajustara a la realidad. Lo que yo tenía, o bueno, lo que sabía, era una historia un poco edulcorada. Por ejemplo, mi abuela siempre negaba que Rubén bebiese, decía que no lo hacía, que bebía lo normal, cuando todo mundo sabe que bebía, como cantidad de escritores en aquella época. Yo hubiera dicho lo que hubiera querido mi abuela que apareciese. Lo que yo quería era que saliera una historia muy ajustada a la realidad. Por eso él se presta a hacer este libro conmigo. Y lo hemos tenido que novelar por una exigencia de la editorial.

¿Entonces no se plantearon que fuera una novela desde el principio?

En principio yo iba a ser el hilo conductor. El primer proyecto era que a través de mi memoria saliera la historia. Pero según fuimos revisando los documentos que yo tenía, mis recuerdos, las cartas, la editorial pensó que era mucho mejor empezar la historia por donde lo hizo, que es por el principio (del romance entre Francisca y Rubén). Y novelarla. Es una biografía, pero novelada.

De aquellas conversaciones con su abuela Francisca, ¿qué le contó sobre la vida que ella llevaba con Darío?

Me hablaba mucho de la vida que llevaron en Madrid y París. De cómo fue para ella, una persona que no sabía ni leer ni escribir y a quien le enseñaron a hacerlo. Me hablaba de su valentía para irse de Madrid (a París), recién muerta su hermana y su padre. Escogió un tren para irse a esa ciudad, donde Rubén Darío la estaba esperando.

Imagínate lo que debieron ser para ella esos ferrocarriles, costearse su propio viaje y a base de preguntas llegar allá, que el tren lleve retraso y no encontrar ni a Amado Nervo ni a Darío esperándola. Tener que atravesar toda la ciudad para ir al lugar donde ellos estaban. Y al llegar, darse cuenta que no tenían calefacción y que estaban quemando libros. ¡Pensó que era una salvajada que estuvieran haciéndolo! Que lo hiciera una persona que se dedica a escribir.

Todas esas cosas, relatadas por ella, las comidas que le hacía, cómo él se vestía porque debía ser un hombre muy cuidadoso, los colores que usaba. Claro, a ella le sorprendía mucho los colores de sus batas de seda, porque mi abuela era de Castilla, donde el negro era el color que abundaba. Todo le sorprendía. Debemos recordar de dónde venía, de una familia humilde. Para ella todo era un descubrimiento.

En aquel tiempo en el que Francisca y Darío empiezan su relación, probablemente era mal visto que una mujer viviera con un hombre que no fuera oficialmente su esposo. ¿Siente que la Historia fue injusta con ella por ese estatus o por su origen?

Yo creo que en los ambientes donde ellos se movían, consideraban a Francisca la esposa de Darío. Ella nunca se sintió relegada por no ser una mujer culta. También hay que entender que, en aquella época, habían muy pocas mujeres cultas en España. Se daban los extremos, criticaban porque eras muy culta o por no ser nada culta.

Darío la conquistó con la palabra, porque el dinero… pues todo mundo sabe que pasaron situaciones difíciles de no tener un céntimo (...) Tuvieron que hacer frente a situaciones difíciles. Si a ella sólo le hubiera interesado esa parte, no hubiera estado con él. Se enamoró locamente de un hombre que la sedujo con la palabra, por cómo era, porque debió ser muy seductor. Él tenía esa parte de poeta sensible con lo que estaba pasando con España y sus colonias, sensible con la política. Una convivencia con él no debió ser nada fácil.

¿Siente que esta novela es una reivindicación para una mujer que fue pareja de un hombre importante? Porque con mucha más frecuencia escuchamos decir “la mujer de”, en lugar de “la musa de”...

Claro. Eso lo digo al principio del libro. Este es un homenaje a Francisca Sánchez, pero también para todas esas mujeres que han vivido con hombres que eran genios, grandes poetas, escritores y pintores, y a las que sin embargo la Historia nunca les ha dado la importancia que tienen.

Si Rubén Darío encuentra el equilibrio, es porque Francisca le facilitó un hogar, la tranquilidad de no darle problemas, de estar con él pendiente de sus comidas, de que todo ese mundo familiar esté en función de sus deseos. Y como Francisca hay millones de mujeres (...) Siempre se trata de desprestigiar a la mujer o de no darle el valor que merece. Me da igual que sea una intelectual que no lo sea, porque una ama de casa puede hacer un papel fantástico, no todas tienen por qué ser intelectuales. Es un homenaje a Francisca y a todas esas mujeres.

Un tema del que muy poco se habla es el papel que jugó José Villacastín, su abuelo, en la recopilación de la obra de Darío...

Eso merecería un libro aparte. Que mi abuela conozca a Rubén Darío y viva esa historia ya es fantástico, pero que además mi abuelo se enamore de mi abuela y se gaste todo su dinero en recopilar la obra de Darío para publicarla, eso ya es la mayor prueba de amor que te puede dar un hombre.

Tal vez otro no hubiera visto la importancia cultural que había allí...

Es que él era un hombre muy culto, un hombre de negocios, que pone una editorial en Madrid llamada Rubén Darío Sánchez (...) La generosidad de José Villacastín, la admiración que tenía por Rubén Darío, el guardarlo todo, que no se desperdigase, porque el miedo de mi abuela era que eso pasara, que al morir ella vinieran unos u otros, y que cada uno se los fuera llevando (los documentos).

Con la buena acogida que ha tenido su novela en los medios españoles, imagino que ese miedo de retratar la relación entre Francisca y Darío se ha disipado...

Claro. Ha merecido totalmente la pena. La obra está basada en documentos, no es que yo diga: voy a dejar bien parada a mi abuela. Cada uno puede tener la impresión que quiera una vez que lea la novela. Es una vida real que está allí. También es una vida muy conocida. En el libro aparecen las cartas que Rubén le escribe a Francisca, las recomendaciones que le hace por si un día tiene que morir. Los testamentos, los cuatro testamentos que Rubén hace son a favor de mi abuela. Y el último lo firma en Nicaragua dos días antes de morir. Si un hombre no hubiera querido a una mujer y a un hijo así, pues no lo hubiera hecho. El amor de Rubén… bueno, él venía de un matrimonio (con Rosario Murillo) que era una farsa, él mismo lo reconoce. Era un matrimonio muy desgraciado. La historia es ésa. Yo creo que todos sufrieron mucho.

En realidad fue un conjunto de malas circunstancias. Debió haber sido muy frustrante para Darío querer divorciarse y no poder…

Sí, claro. A mí siempre me preguntan, ¿tú crees que tu abuela lo hubiera vuelto a vivir todo de nuevo? Y yo les digo: seguro que sí. Porque mi abuela se murió con el nombre de Rubén en los labios. Es que ella fue su gran amor. Pero no es sólo una historia de amor, fue también la historia de una tragedia por todos los condimentos que tiene, la pérdida de sus hijos, de su padre, su hermana, su madre, ella fue perdiendo a todo el mundo luchando por ese amor.

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