Confidencial » Centroamerica » Leer artículo

Presidente de Costa Rica define su relación con Nicaragua

Solís: "relación fría, pero respetuosa"

No habrá un acercamiento con el presidente Ortega, pero tampoco una escalada verbal como la que se produjo con Chinchilla. Migrantes nicaragüenses son muy importantes para la economía de Costa Rica.

Carlos Salinas Maldonado | Fotos de Carlos Herrera | 4/8/2014
@CSMaldonado

A las siete y treinta de la mañana de un día de julio el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, aparece en su oficina de Casa Presidencial, en el distrito de Zapote de San José, ataviado con una planchadísima corbata a rayas (rojas, azules, blancas; la bandera “tica”), un traje oscuro impecable y el rostro fresco, como recién afeitado. Se le ve relajado al Presidente. Saluda con educación, pero sin muchas reverencias, como un académico que entra al salón listo para dar la primera charla del día a sus alumnos. Se disculpa de antemano diciendo que tiene poco tiempo para la entrevista, pero también accede a dar unos minutos para una sesión fotográfica. Solís se muestra interesado en la situación política de Nicaragua y pregunta sobre lo que sucede al otro lado de la frontera. “¿Se acabó la perseguidera contra ustedes?”, se interesa el mandatario, en relación al acoso contra la prensa independiente de parte del Gobierno del presidente Daniel Ortega.

Alternative content

En torno a Ortega se centra parte de la conversación, en las relaciones diplomáticas entre Nicaragua y Costa Rica y principalmente con el Ejecutivo de Managua. Solís responde de forma franca y admite que en este momento no hay interés de su parte por acercarse al mandatario sandinista.

 — ¿Ni como un gesto político?—, le pregunto al mandatario, que desde que llegó a la Presidencia ha hecho guiños que han atraído la atención de la prensa internacional sobre su nuevo gobierno: izar la bandera del movimiento LGT en Casa Presidencial, ordenar que los ministerios no cuelguen su foto en los salones ministeriales, ni que las obras que inaugure lleven su nombre...

El Presidente responde siempre de forma pausada, midiendo sus palabras, como el profesor que explica su tesis tranquilo, esperando que sus alumnos la comprendan. Dice que no habrá acercamiento con Ortega, aunque las relaciones se mantendrán estables. Ni un gesto de más que pueda ser mal interpretado. “Creo que los gestos que no sean fundados, que no tengan hondura, se pueden volver en factores contraproducentes en la relación”, asegura. Entonces no habrá viaje a Managua, ni foto de él con Ortega. O tal vez hasta que la Corte Internacional Justicia (CIJ) falle las tres demandas interpuestas por ambos países, dos por Costa Rica, una por Nicaragua. Es decir, las relaciones se mantendrán sujetas a los tiempos y vaivenes de La Haya.

Solís mantiene parte de la posición de su antecesora, doña Laura Chinchilla, quien desarrolló una tensa relación diplomática con Ortega, escalada verbal tras escalada, que ocupó horas de debates en las salas de la Organización de Estados Americanos (OEA) y portadas en los diarios de ambos países. En lo que sí parece querer cambiar es en los comentarios incendiarios que mantuvieron Chinchilla y Ortega y que echaban más leña a la hoguera de las relaciones. El Presidente asegura que las relaciones con Ortega se mantendrán frías, pero “respetuosas”.

 

I. La política bilateral

“No me parece adecuado el gesto (de visitar a Ortega) mientras se continuaran dando, como se dieron, opiniones del presidente Ortega con reivindicaciones inadmisibles para Costa Rica”


La política es un elemento importante en las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica. ¿Qué tipo de relación podemos esperar de su Gobierno con el del presidente Daniel Ortega?

Hay diferentes planos en las relaciones bilaterales. Hay un plano que es el humano y transfronterizo que me parece que se desarrolla muy bien y con mucha calidez, independientemente de lo político y de la coyuntura diplomática. En el plano económico y comercial las relaciones son muy estrechas, porque la economía permite un flujo muy regular de intercambios de todo tipo. Dentro de pocos meses estará abierto el puerto fronterizo costarricense en Las Tablillas, ya Nicaragua tiene el suyo, lo que va a permitir que mucho del tráfico que Nicaragua enviaba por Peñas Blancas pueda moverse hacia el Este y entrar de manera mucho más rápida por el Corredor Logístico Caribe Norte hacia el puerto de Moín, de donde una gran cantidad de exportaciones nicaragüenses tienen lugar.

En el plano político no se da la misma fluidez

Donde ha habido una situación un poco más distante es en materia diplomática. Hay tres contenciosos que en este momento están interpuestos en la Corte Internacional de Justicia, dos por Costa Rica, uno por Nicaragua, eso lleva su curso. Yo le doy la bienvenida a la decisión de los dos estados de maduramente colocar en un tribunal internacional sus diferendos fronterizos. Y ahí nos parece que la distancia es necesaria. Nicaragua plantea sus reivindicaciones y nosotros las nuestras. En el caso costarricense estamos convencidos de que ha habido una invasión a territorio costarricense que ha dañado el interés y la soberanía nacional y por lo tanto he tomado distancia en mis relaciones con el presidente Ortega, aunque no tengo personalmente ningún problema ni con él ni con sus funcionarios de Gobierno. Sí creo que hay una diferencia fundamental en esos casos respecto con el resto de la agenda, que debe seguir siendo una agenda que se maneje con normalidad.

Se tiene una idea de que estamos frente a dos gobiernos antagónicos. El presidente Ortega no participó en su investidura y usted cuando visitó el resto de Centroamérica no viajó a Nicaragua. Usted ha demostrado varios gestos aquí en Costa Rica, ¿no cree que sería un gesto conciliador mantener una relación más directa con el presidente Ortega, dialogar con él, visitar Nicaragua?

Eventualmente podrá darse esa relación. El presidente Ortega fue invitado por la vía correspondiente a la toma de mando presidencial en Costa Rica, sólo que no fui a visitarlo personalmente como al resto de los mandatarios, porque no me parecía adecuado ese gesto, no mientras se continuaran dando, como se dieron, opiniones del presidente Ortega con reivindicaciones inadmisibles para Costa Rica sobre Guanacaste, los derechos de Costa Rica de navegación en el río San Juan y ciertamente la situación en Isla Portillos.

Yo creo que los gestos que no sean fundados, que no tengan hondura, se pueden volver en factores contraproducentes en la relación. Prefiero que haya una relación fría, pero respetuosa, que una relación melosa y superficial, que lo único que hace es confundir los objetivos nacionales de ambos países y nos coloca en un punto indeseable para ambos. Como le digo, no hay una situación de ruptura, las relaciones son de normalidad.

El Gobierno de Nicaragua ha anunciado la construcción de un canal interoceánico con capital chino. ¿Tiene Costa Rica alguna preocupación o expectativas sobre este proyecto?

No, mientras que no tenga que ver con los derechos de Costa Rica de libre navegación en el río San Juan y mientras no afecte la margen izquierda del río, que es hasta donde llega la frontera nacional. Nicaragua tiene una aspiración de larga data de contar con un canal interoceánico, que a mí me complace mucho, creo que es una obra de una envergadura parecida a la grandeza del pueblo de Nicaragua y creo que puede ser construida de manera muy adecuada. Creemos que es una decisión soberana del Estado de Nicaragua.

 

II. Los nicas en Costa Rica

No estoy considerando una reforma migratoria o amnistía, porque creo que existen las condiciones en el procedimiento ordinario para que los migrantes puedan acceder a los derechos de habitación en el país

Durante un viaje a Costa Rica un equipo de Confidencial pudo conocer las condiciones en las que viven miles de migrantes nicaragüenses que decidieron dejar el país en busca de mejores horizontes. No hay datos exactos de cuántos nicas viven en Costa Rica, pero las estimaciones van desde los 300 a los 500 mil nicaragüenses. Muchos se hacinan en el barrio conocido como Carpio, un gueto de las afueras de San José sin canales de agua sucia, en los que a veces falta el agua potable, de callejuelas estrechas y calientes y donde la violencia está a la vuelta de cada esquina. Desde aquí miles de nicas salen todos los días para perderse en la caótica San José, la mayoría a sus trabajos como jardineros, limpiadores, cocineras, albañiles o hacia la escuela, un derecho que todo ciudadano tiene en Costa Rica, independientemente de su estatus legal. En Carpio pudimos entrevistar a nicas que se mostraron desesperados: a pesar de llevar muchos años viviendo aquí, todavía no tienen documentos legales, lo que les impide acceder a mejores trabajos o pedir préstamos para sus negocios. Es el caso de Carlos Gómez, originario de Granada, quien regenta una tienda en el barrio. Le pregunté a Gómez con curiosidad qué le pediría al presidente Solís si lo tuviera enfrente, y esa misma petición se la hice saber al mandatario durante nuestra entrevista.

Presidente, visité La Carpio y hablé con varios migrantes nicaragüenses como Carlos Gómez. Le dije que si pudiera hablar con usted qué le pediría y me dijo que regularizar su situación en Costa Rica, porque al no tener cédula no puede mejorar sus condiciones en el país. ¿Qué planes tiene para la población migrante de origen nicaragüense?

Nicaragua y Costa Rica son dos pueblos que son hermanos y no tienen causal de divorcio. Siempre he insistido mucho en ello, porque creo que hay una cercanía, fraternidad que debemos preservar. Y eso pasa por el respeto de los derechos de quienes siendo nicaragüenses viven en Costa Rica, aportan a la economía costarricense y forman parte de nuestra ciudadanía. Son habitantes del país independientemente del estatus que tengan, y por lo tanto gozan de los derechos que les asisten: en nuestro sistemas escolares los niños nicaragüenses, incluso de padres indocumentados, utilizan los servicios escolares y médicos de Costa Rica, y por supuesto que sus derechos humanos deben ser respetados, preservados y garantizados.

¿Qué le respondería a Carlos Gómez?

Cada caso es diferente y hay que analizarlo. Ha habido una inmensa cantidad de iniciativas para regularizar a esa población, mucha de ella indocumentada, aunque no la mayoría, porque la mayoría de nicaragüenses que están en Costa Rica, cerca de 400 mil o un poco más, de ellos únicamente 150 mil no están documentados. Y siempre ha sido difícil por alguna razón, muchas veces porque no tienen los documentos emitidos en Nicaragua y por lo tanto no sabemos si quienes dicen ser son las personas que realmente son, no se tienen datos. El esfuerzo que el Gobierno de Nicaragua ha hecho para documentar a mucha de la población por medio de pasaportes o cédula de identidad no ha sido suficiente, y hay un tema económico, porque hay personas que no pueden pagar los requisitos migratorios que establece la ley y personas que no están informadas para saber cuáles son los procedimiento que deben seguir para regularizar su situación. Hay una combinación de factores que tienen que ser simultáneamente atendidos, tanto por el Gobierno de Nicaragua como el de Costa Rica, facilitando información y bajando costos ahí donde sea posible.

¿Podrían esperar los nicaragüenses indocumentados en Costa Rica una reforma migratoria en su Gobierno para regularizar su situación?

Ha habido en algunos momentos una decisión del Gobierno de producir una amnistía migratoria como una forma de resolver de manera puntual el problema de contingentes importantes de población migrante en San José. Yo no estoy considerando eso en estos momentos, porque creo que existen las condiciones en el procedimiento ordinario para que las personas puedan ordenadamente acceder a los derechos de habitación en el país en condiciones de legalidad.

 

III. Costa Rica y la integración centroamericana

En el pasado, muchas veces Costa Rica se separó del consenso regional. Nosotros hemos insistido mucho en el Gobierno que conviene estar mucho más presentes en los procesos de construcción regionales

El presidente Solís ha dicho públicamente que está a favor de la integración regional, pero Costa Rica parece darle la espalda al resto de Centroamérica. Durante la Copa del Mundo que se celebró en Brasil, parecía que el deporte había unido, al menos momentáneamente, a la región, al lograr que sus habitantes se olvidaran por un momento las diferencias y apoyaran sin remilgos a la selección tica, que había avanzado prodigiosamente a octavos de final. Acabado el torneo las aguas volvieron a su sitio y Costa Rica parece no estar muy interesada en una mayor integración regional, una que no se limite al plano económico-comercial. El presidente de Solís admite que una apertura “tica” en el tema de la libre movilidad de las personas es políticamente delicado en su país, por lo que no ve a corto plazo la posibilidad de discutirlo.

Usted ha dicho anteriormente que se define como un integracionista, ¿qué planes tiene su Gobierno para avanzar sobre este tema? Porque se tiene la idea de que Costa Rica está de espaldas al resto de Centroamérica.

Es una idea correcta. En el pasado, muchas veces Costa Rica se separó del consenso regional. Pero también ha habido momentos de cercanía, no siempre Costa Rica ha objetado ni ha sido el país que ha impedido que la integración camine, ha habido otros momentos en los que han sido otros países los que se han apartado de las estructuras regionales. Nosotros hemos insistido mucho en el Gobierno que conviene estar mucho más presentes en los procesos de construcción regionales y lo estamos haciendo en el marco que corresponde, que es el sistema de integración.

¿Qué pasos ha dado al respecto?

Acabamos de comenzar la gestión, lo que hemos hecho son algunas visitas bilaterales que se han concretado en el marco de la toma presidencial con El Salvador, con Guatemala, con Panamá y la participación en la transición de la presidencia pro témpore de República Dominicana a Belice, en la que hemos comprometido el apoyo regional al tema de niños viajando solos a los Estados Unidos, y en donde me he pronunciado a favor de la renovación y actualización tanto del Protocolo de Tegucigalpa, que le da vida al SICA, como del Tratado Marco de Seguridad Democrática, que creo que amerita también una revisión a profundidad. Así es que en los próximos meses esperamos desarrollar esos dos procesos.

¿Se podría pensar durante su mandato de que Costa Rica pueda integrarse al sistema del CA-4?

No lo sé. Creo que eso no se puede decir en abstracto, hay que mirar los tiempos, los compromisos, cuáles han sido los resultados. Hay procesos de facilitación del movimiento de personas en Centroamérica que requerirían de una política migratoria que en este momento nosotros no tenemos, por lo que habría que hacer una serie de cambios legislativos que no estoy seguro que podríamos acometer en el corto plazo. Pero lo más importante es ver cuáles son las condiciones regionales. El tema de la movilidad de personas tiene que ver no solamente con factores migratorios, sino con temas laborales, contar con seguridades suficientes para que la movilidad de personas encuentre en el ordenamiento interno y en la economía condiciones que permitan que esa movilidad no sea sujetas de abusos o de arbitrariedades de parte de quienes puedan considerar la disponibilidad de mano de obra como una fuente de enriquecimiento indebido a costas del esfuerzo de los trabajadores migrantes. Entonces hay todo un proceso delicado en el caso costarricense, particularmente con trabajadores nicaragüenses, que nosotros no quisiéramos tomar decisiones que estuvieran lo suficientemente fundadas en estas estructuras locales.

 

Los gestos no son suficiente

 

La llegada de Luis Guillermo Solís a la Presidencia de Costa Rica ha despertado un interés inusitado por parte de la prensa internacional, que más bien ve al pequeño país como una nación aburrida, en la que no ocurren hechos dignos de una gran cobertura. Solís no sólo ha ordenado izar la bandera del movimiento LGTB en Casa Presidencial, si no que se ha convertido en una suerte del anti-caudillo latinoamericano, al evitar que en su mandato se dé algún tipo de culto a la personalidad del mandatario: ordenó que no se cuelguen fotos suyas en los ministerios o que aparezca su nombre en las placas de las obras que llegue a inaugurar. “Las obras públicas son del país, y no de un gobierno o funcionario en particular. El culto a la imagen del Presidente se acabó, por lo menos durante mi gobierno”, dijo Solís. Esta decisión hizo que el prestigioso periodista Andrés Oppenheimer le dedicara una columna entera en El Nuevo Herald, de Miami, alabando la decisión de Solís. “¡Bravo!”, escribió el periodista, “Costa Rica le ha metido un gol al culto a la personalidad en Latinoamérica…. Es hora de terminar con el absurdo culto a la personalidad promovido por los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre otros”, agregó.

El romance de los ticos con su presidente parece acabarse. A ellos les gustaba ver al candidato sentado en un parque, comiendo sándwiches preparados por él, junto a una periodista que le hacía una entrevista. O verlo en su casa, junto a su familia y vestido con la camiseta de la Selección Nacional de Fútbol, “La Sele”, celebrando los goles que anotaban en el Mundial de Brasil. Pero al cumplirse cien días del mandato presidencial, los costarricense quieren ver cambios, quieren que Solís les demuestre que es una persona hecha para gobernar, que sus gestos pueden pasar a ahora a decisiones precisas, que demuestre que tiene la habilidad de acometer las reformas que modernicen el país.

Ahora que han comenzado a surgir las críticas, Solís debe de demostrar que una Presidencia no se hace con gestos, sino con hechos. ¿Está preparado para acometer las reformas que el país necesita en el plano energético, de infraestructuras, de la Seguridad Social? Se le pregunté al mandatario. Esta fue su respuesta:

"Espero que sí", dijo. "No habría participado en la campaña política si no tuviera el convencimiento de que es posible resolver muchos de los rezagos que este país ha acumulado durante los últimos treinta años. Entiendo que haya una ansiedad muy grande en la gente que vota por el cambio. No se pueden resolver los problemas de 30 años en sesenta días, que hay que proceder con la tranquilidad necesaria  para que los cambios, cuando se produzcan, sean cambios de verdad. Los gestos son parte del cambio, pero no son el cambio. No puedo tener resultados concretos en tan poco tiempo, excepto algunos que ya empiezan a demostrarse y que marcan el talante de una Administración que quiere ser responsable, que no va a evadir ninguno de sus problemas. Sí se están haciendo cosas, tal vez no con la rapidez que la gente quiere, pero vamos por ese camino", afirmó el Presidente.

Notas relacionadas

Más en: Centroamérica

Otros artículos del mismo autor