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¿Por qué leer a Patrick Modiano?

El premio Nobel de literatura retrata “un periodo vergonzoso de la historia de Francia”

Gonzalo Mas | 13/1/2015

Un año más la academia sueca otorgó en 2014 el premio Nobel de literatura y  un año más no he sido yo el agraciado con la condecoración. En 2007 le fue concedido a Bob Dylan el Príncipe de Asturias de las Artes por su obra musical: ¿Por qué no agraciarme a mí con el Nobel por estos artículos literarios que les escribo a ustedes con tanto cariño? Bromas aparte, el ganador del Nobel del año pasado fue el francés Patrick Modiano.  

Las cortas novelas de Modiano están más marcadas por la ausencia de sus personajes que por la presencia de los mismos. El autor utiliza esa ausencia como un recurso literario para crear una atmosfera de desasosiego ideal para narrar sus peculiares historias. Por otra parte, Patrick Modiano ha sido acusado de escribir siempre la mima novela. Y curiosamente él es el primero en confirmar dicha acusación.

He leído 3 de sus libros. “Joyita” narra la historia de una mujer marcada por el abandono de su madre, un abandono que tuvo lugar durante la infancia de la mujer. Efectivamente, la ausencia paterna es un tema recurrente en la obra del francés: Y es que las frecuentes ausencias de sus padres, empresario él y artista ella, condenaron al joven Patrick a una infancia desamparada.

En “Dora Bruder”, su protagonista trata de recomponer el destino de la joven Bruder. Ella es una chica judía apresada por los nazis durante la ocupación francesa por parte de los alemanes. Dicha ocupación tuvo lugar en la segunda guerra mundial. Se trata de una novela casi detectivesca en la que su protagonista recorre París en busca de pistas que le lleven hasta la señorita Bruden.

Por último, “viaje de novios” narra dos historias paralelas entrelazadas entre sí: Su protagonista, un parisino de mediana edad, vive una crisis matrimonial. Él decide ausentarse de su propia vida y aclarar sus ideas. De forma paralela y a medida que avanza la novela, el parisino recuerda un viaje de juventud por el sur de Francia. En dicho viaje conoció a una misteriosa pareja amenazada por la persecución a los judíos. La historia se desarrolla también durante la segunda guerra mundial.

Creo que Modiano es un gran escritor. Él ya había sido reconocido previamente como tal: Ganó el premio Goncourt (probablemente la máxima condecoración literaria francesa) en el año 1978. Es él un enamorado de París (¿Y quién no?) y no se cansa de describirla en sus textos. Y es esta una de las características de su obra. Pero la característica que más aprecio y que más me llama la atención de sus novelas es otra: Sus novelas aportan una visión histórica particular.

Me explico: Hace unos años visité Berlín. Muchas fueron las cosas que me impresionaron de esa ciudad. Una de ellas fue la cantidad de monumentos que había repartidos por toda la ciudad para recordar (para no olvidar, mejor dicho) la segunda guerra mundial. Tuve la impresión que los alemanes querían impedir que una atrocidad como esa horrible guerra volviera a acontecer. Para ello, trataban de recordarla y, lo que es más importante, de asumir su responsabilidad en la misma.

Muchas de las novelas de Modiano representan un auténtico Mea culpa. Son el equivalente francés a los monumentos berlineses conmemorativos de la segunda guerra mundial: Esos libros recuerdan constantemente el colaboracionismo francés con los nazis durante la invasión alemana. Sus textos explican cómo fue así como las consecuencias para los ciudadanos franceses de ese colaboracionismo.

Y es que Modiano no duda en describir esa época como “un periodo vergonzoso de la historia de Francia”. El autor francés ha sido por ello muchas veces criticado en su propio país. Me alegra comprobar que, fuera de él, esos mimos motivos han contribuido a la decisión de otorgarle un premio literario tan importante como el Nobel.

Por mi parte nada más. Habrá que esperar y comprobar si el año que viene los nórdicos entran finalmente en razón y me conceden el premio. Desde ya les advierto que, como tarden mucho más, se arriesgan a que no les acepte el premio: Ya lo hizo Jean Paul Sartre en 1964 (hace ahora 50 años). Y no voy a ser yo menos. Así que ellos verán…

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