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Ernesto Cardenal como ministro de Cultura

"Puso a Nicaragua en el mapa del mundo cultural"

Tres ex funcionarias del Ministerio de Cultura creado tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista hablan del legado de Cardenal a cargo de esa cartera

Carlos Salinas Maldonado | 27/1/2015
@CSMaldonado

Confidencial envío por correo electrónico un mismo cuestionario a tres ex funcionarias del Ministerio de Cultura creado tras la Revolución de julio de 1979. La poeta Vidaluz Meneses, quien ahora reside en Estados Unidos, y ayudó a contactar a Amelia Barahona, ex Directora de Patrimonio Histórico-cultural, y Rosa Auxiliadora Bernheim, ex Directora de Relaciones Internacionales en los últimos años del Ministerio, cuando la guerra afectaba drásticamente el presupuesto de la cartera. Las tres ex funcionarias explican los logros alcanzados en la cultura en un país agobiado por las flaquezas económicas, la escasez y el poco interés del Estado en invertir en las artes.

¿Qué significó para Nicaragua que Ernesto Cardenal asumiera el ministerio de Cultura?

Vidaluz Meneses: El tener a una figura cimera de la cultura nacional como cabeza visible de un área muy sensible en una nación, un creador nato en el contexto de una revolución en la que el Ministerio de Cultura fue igualmente la novedad. En ese momento íbamos a crear el nuevo país. Ernesto fue uno de los grandes voceros de la buena nueva y atrajo mucho apoyo material y político al proceso.

Amelia Barahona:  Cardenal fue no solo un Ministro de Cultura, sino un Embajador Cultural de la Revolución que generó movimientos solidarios hacia Nicaragua en todo el mundo. Su prestigio como poeta, sacerdote y revolucionario comprometido fue la mejor carta de presentación de la Revolución y por extensión, del Ministerio de Cultura.

Rosa Bernheim:  En mi opinión fue un prestigio para Nicaragua contar con él, nadie más respetable que él como Ministro de Cultura de una revolución triunfante.

¿Cuáles fueron sus principales logros?

Vidaluz Meneses: La creación del Ministerio de Cultura sin precedentes en el país.

Amelia Barahona: Poner a Nicaragua en el mapa del mundo, culturalmente hablando. Hacer de la Cultura una declaración de principios, un pilar de la identidad nacional y convertirla en referente mundial de lo que se puede lograr con mística, entrega, dedicación y creatividad.

¿Había apoyo de parte del gobierno a las iniciativas de Cardenal?

Vidaluz Meneses: En una primera etapa sí, en los primeros años. Con el recrudecimiento de la guerra,  cada vez menos, pese a que Cardenal, las veces que salía fuera del país, recibía donaciones, aportes financieros al proceso revolucionario que él disciplinadamente los entregaba a la Presidencia y el Ministerio tenía que funcionar con lo que le asignaban en el Presupuesto General de la República.

Amelia Barahona: En un principio, indudablemente sí. A pesar de los pocos recursos asignados a nivel de Gobierno, el Ministerio se convirtió en un hervidero de iniciativas, ideas, actividades y programas que encontraban eco y apoyo en muchas instancias del Estado, como por ejemplo el Ministerio del Interior, el Ejército. Sin embargo, nunca se logró obtener el apoyo presupuestario adecuado a la enorme labor encomendada, se careció siempre de condiciones de trabajo dignas, no obstante ser Cardenal uno de los principales captadores de contribución económica solidaria para la Revolución.

A pesar del trabajo desarrollado durante casi una década, no logramos cambiar, en la mente de la Dirigencia, el concepto decimonónico de Cultura = Bellas Artes, actividad no prioritaria y no-productiva, artistas como parásitos, la Cultura como entretenimiento. El cierre intempestivo y autoritario del Ministerio sumió a todos sus  trabajadores en el desaliento y la frustración, alimentada por el absoluto irrespeto y falta de reconocimiento a la labor de Cardenal al frente de la institución. Nunca más la Cultura ha logrado obtener las cuotas de representatividad, calidad y creatividad alcanzadas en ese período.

Rosa Bernheim: No, no hubo.  Se tenía que insistir para lograr el apoyo para el Ministerio de Cultura y sus proyectos

¿Cuáles fueron los principales obstáculos que sufrió?

Vidaluz Meneses: Creo que la eterna confusión estado-partido no permitía consolidar la institucionalidad del Ministerio de Cultura. La competencia con ventaja de Rosario Murillo, Secretaria General de la ASTC, compañera de Daniel Ortega, siempre en el poder, que  en lugar de buscar como complementar el trabajo del Ministerio de Cultura desde la ASTC de la que ella era Secretaria General, con frecuencia boicoteó u obstaculizó el trabajo. Esta rivalidad sin sentido nos desgastaba mucho.

Amelia Barahona: La escasa o nula consideración de la Cultura como factor de desarrollo por parte de la mayoría de dirigentes y  ministros. Nunca logramos hacerles comprender el impacto económico y político que la Cultura tenía en el marco del cambio que se pretendía. El creciente clima de estéril enfrentamiento por parte de la ASTC que terminó quedándose, a la postre, con todo lo que Cardenal y el Ministerio habían creado con tantas dificultades. La asfixia económica en que la guerra sumió al país, y que para el Ministerio de Cultura se convirtió en una lucha tenaz que terminó con su cierre definitivo.

Rosa Bernheim: En mi experiencia, se trató de ignorarlo, opacar su presencia restándole valor al trabajo que realizaba a nivel internacional, porque a lo interno su nombre pesa mucho para  los nicaragüenses. 

¿Cuál creen que fue su principal legado?

Vidaluz Meneses: Preservar el estilo democrático de su dirección a pesar de la militarización que se impuso por razones de guerra, en lo que se refiere a su gestión como Ministro de Cultura. Como poeta, el contenido de su poesía  en permanente innovación que recurre a la biología, a la física cuántica promoviendo así nuevas formas de espiritualidad entre los seres humanos.

Amelia Barahona: El haber consolidado la Cultura como elemento fundamental de la Identidad Nacional. Concepto que prevalece a nuestros días.

Rosa Bernheim: Darle renombre la poesía nicaragüense.

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