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¿Qué logró Maduro en la Cumbre?

Maduro ni logró llevar a la cita hemisférica las supuestas 10 millones de cartas prometidas en las que el "pueblo" venezolano firma contra Obama y solicita la derogación de su orden ejecutiva, ni evidenciar con pruebas en la mano la supuesta conspiración emprendida por el gobierno estadunidense para derrocarlo por milésima vez

María Teresa Romero | 12/4/2015

Como se esperaba,  Nicolás Maduro centró su discurso y su estrategia en la VII Cumbre de Las Américas recién concluida en Panamá en su arremetida contra los Estados Unidos y, en particular,  en la solicitud de derogar el decreto con que el pasado marzo  el presidente Barack Obama impuso sanciones a siete altos funcionarios de su gobierno por corrupción y violación de los derechos humanos a ciudadanos venezolanos.

También, como se esperaba, su nueva campaña antiimperialista recibió apoyo en la Cumbre. Los países miembros de la ALBA y de UNASUR, que ya antes le habían dado respaldo,  volvieron a condenar las sanciones y siguieron repitiendo el falso argumento del gobierno venezolano en torno a que ellas son contra Venezuela, no contra un grupo de funcionarios gubernamentales quienes, además, están incursos en negocios de narcotráfico.

Si le sumamos a lo anterior el hecho de que la administración Obama a través de Ben Rhodes, asesor presidencial sobre Seguridad Nacional, y de Thomas Shannon consejero del secretario de Estado que visitó Caracas antes de la Cumbre, tuvo que explicar pública y privadamente al chavismo tanto que el texto de la resolución ejecutiva  era un formato general, como que en realidad EE.UU no creía que Venezuela representase alguna amenaza a su seguridad nacional, pueden muchos creer que Nicolás Maduro le ganó esta batalla – como siempre más simbólica que real- a Barack Obama. Esta es la versión que desde ya repite con insistencia la aún enorme maquinaria propagandista chavista, nacional e internacionalmente.De hecho, el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, invito al pueblo venezolano a recibir como héroe a Maduro por su actuación en la Cumbre.

No obstante, la verdad es que para sorpresa de muchos el gran ganador de esta partida –baladí en esencia pero esencial para la imagen de ambos mandatarios cara uno a las próximas legislativas venezolanas, cara otro a las presidenciales  estadounidenses de 2016-, fue el presidente demócrata del mal llamado "imperio gringo".

Más allá de los discursos, promesas y excusas, Maduro ni logró llevar a la cita hemisférica las supuestas 10 millones de cartas prometidas en las que el "pueblo" venezolano firma contra  Obama y solicita la derogación de su orden ejecutiva, ni evidenciar con pruebas en la mano la supuesta conspiración emprendida por el gobierno estadunidense para derrocarlo por milésima vez. Ello hizo que su agresivo discurso perdiera – aún más que en los últimos meses- seriedad y fuerza, aun cuando fuera aplaudido diplomáticamente  por la mayoría de los Jefes de Estado y Gobierno allí  presentes.

Por otra parte, el Sr. Maduro tampoco logró que en el texto declarativo de la Cumbre se incluyera un párrafo contra las sanciones de los Estados Unidos, lo que derivó en que la reunión culminará sin un documento final. Aunque no se sabe con precisión qué gobiernos de la región apoyaron y cuáles no la exigencia expresada públicamente por el propio gobierno venezolano, ha trascendido que varios de los caribeños miembros del CARICOM no lo hicieron, lo que evidencia que han dejado de seguir fielmente al chavismo y que, ante la  debacle económica venezolana, están evaluando seriamente la oferta que EE.UU les viene planteando desde inicios de año y que el propio presidente Obama confirmó en su visita oficial a Jamaica un día antes de la Cumbre de Panamá.

Pero es que ni siquiera Nicolás Maduro  obtuvo de su mayor  enemigo político un apretón de manos, como si lo consiguió su camarada  mayor y más cercano aliado Raúl Castro, quien en la Cumbre se dio el lujo no sólo de cuestionar con vehemencia a EEUU con quien ahora negocia una normalización de relaciones diplomáticas, sino de enviar agentes secretos y turbas de milicianos para agredir a disidentes cubanos y venezolanos invitados por el propio anfitrión de la cita, el gobierno de Panamá.

Por el contrario, en sus declaraciones en la capital panameña, Obama confirmó sus críticas al régimen venezolano por “intimidar a sus adversarios políticos, incluido el arresto y acusación por cargos políticos contra funcionarios electos, y la erosión continua de los derechos humanos”, al tiempo que hizo caso omiso de las exigencias venezolanas de cumplir con sus condiciones para tener buenas relaciones bilaterales.

¿No sería eso lo que llevó al venezolano a que parte de su intervención decayera en un  deplorable lamento por la actitud de su par estadounidense?. “Le he enviado mensajes en  público y en privado… no responde…Me desprecia… me ignora”,  le reprochaba  Maduro a un Obama ausente, ya que poco después de terminar su alocución el mandatario estadounidense se retiró del recinto.

Lo que realmente logró el presidente de la República Bolivariana de Venezuela en el tan esperado y publicitado encuentro hemisférico,  fue profundizar su maltrecha imagen y reputación  a pesar de que ninguno de sus homólogos presentes se atrevió a cuestionar su decadente y autoritaria  gestión ni la dramática situación venezolana. En realidad, los gobiernos de la OEA no abordaron ninguno de los temas y problemas fundamentales de la región.

La tarea, sin embargo, fue asumida por la veintena de ex presidentes que previo a la Cumbre presentaron la Declaración de Panamá, la cual denuncia la “alteración de la democracia en Venezuela” y exigen a todos los jefes de Estado y de Gobierno de las Américas unir  esfuerzos para “construir una alternativa democrática” a la aguda crisis que vive el país. De igual forma,  lo hizo el centenar de opositores y representantes de la sociedad civil venezolana, cubana y de otros países latinoamericanos asistentes a los foros paralelos de la Cumbre donde, a pesar del intento de saboteo castrochavista, sí se discutieron asuntos primordiales, tales como el notorio deterioro de los derechos humanos y de las instituciones democráticas del polarizado sistema interamericano.

Publicado en Infolatam

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