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Elogio a la lectura

Gilgamesh, el primer libro escrito de la humanidad

La epopeya de Gilgamesh es un relato de aproximadamente 1 700 años a. de Cristo, escrito en acadio, en tablillas de arcilla

Eduardo Estrada M. | 6/5/2015
@gorkieduardo

“Busca su piedra angular y, debajo de ella, el cofre de cobre que indica su nombre. Ábrelo. Levanta su tapa. Saca de él la tablilla de lapislázuli. Lee cómo Gilgamesh todo lo sufrió y todo lo superó”, dicen los versos de la primera parte de la epopeya Gilgamesh, el primer libro escrito de la humanidad, hasta ahora conocido.

La epopeya de Gilgamesh es un relato de aproximadamente 1 700 años a. de Cristo, escrito en acadio, en tablillas de arcilla. Su héroe fue un rey histórico que reinó en la ciudad mesopotámica de Uruk hacia el año 2750 a. C, lo que nos da una visión de la dimensión histórica de la obra.

Gilgamesh es monarca que gobierna en forma tiránica, pero los dioses, en la búsqueda de contener sus instintos de muerte, crean Enkidu, con el objetivo de que compita con el monarca y se logre un equilibrio de poderes.

Enkidu vive en estado salvaje, pero es poseído e incorporado a la civilización a través de Shamhat, la sacerdotisa de Ishtar. Al enfrentarse con Gilgamesh es vencido por este, pero de ese combate nace una gran amistad que se traduce en una relación “platónica”, casi equivalente a la que siglos más tarde describiría Homero en su Ilíada, entre Aquiles y Patroclo.

A partir de la relación de los dos personajes empieza la parte heroica y trágica de la historia. Es la hora de ir a combatir juntos, de la rapiña y la conquista, de determinar la existencia de un enemigo para darle sentido a la vida del Gilgamesh.

Ahora hemos de emprender viaje hacia el Bosque de los Cedros, donde vive el feroz monstruo Humbaba y Debemos matarlo y extirpar el mal del mundo, le anuncia Gilgamesh a Enkidu. El enfrentamiento con Humbaba está lleno de dramatismo, y ambos personajes profundizan una amistad y la muerte los podría separar.

Pero Humbaba, el monstruo del Boque de los Cedros, es humano, demasiado humano, si nos atenemos a su súplica que hace a sus victimarios, cuando ve que está a punto de ser asesinado: “Ten compasión, Gilgamesh. Permíteme vivir aquí, en el Bosque de los Cedros. Si respetas mi vida, seré tu esclavo, te entregaré tantos cedros como desees”.

Pero con el apoyo de Enkidu, Gilgamesh mata Humbaba, el cuidador de los bosques de cedros. Antes de morir, el cuidador de los bosques, los maldice y predice la muerte de Enkidu y el desconsuelo que sufrirá el protagonista de la epopeya, el relato heroico escrito mil años que la biblia y en la que también se da un relato del diluvio.

Luego de esta acción que deja una sensación de pesar por Humbaba, posiblemente por la conciencia ecologista de la actualidad, la diosa Ishtar pide ayuda a los dioses vengarse del rechazo de Gilgamesh, de quien quería ser su amante, y solicita que envíen al Toro Celeste para que lo destruyan.

La escena de como destruyen a Toro Celeste es extraordinaria:

Cuando Toro Celeste bufó por tercera vez, se abrió una grieta en la tierra y Enkidu cayó en ella, hundido hasta la cintura. Salió y asió al toro por los cuernos, y este derramó sus babas sobre el rostro de Enkidu, alzó su cola y esparció estiércol sobre él.

Gilgamesh acudió en su ayuda gritando: “Amigo querido, continúa luchando, juntos lo venceremos”.

Enkidu rodeó al toro hasta su trasera, lo asió de la cola y le puso el pie sobre las ancas; entonces Gilgamesh, como un hábil matarife, se acercó resueltamente y le hundió su puñal entre las paletas y la testuz. Pero la maldición de Humbaba, no tardaría en llegar, días después de la muerte de Humbaba.

--Hermano amado, dijo Enkidu, esta noche tuve un sueño terrible. Soñé que habíamos ofendido a los dioses. Se reunían en consejo y Anu decía:

“Han dado muerte al Toro Celeste y han matado a Humbaba, guardián del Bosque de los Cedros. Por lo tanto, uno de ellos debe morir”. Y le respondía entonces Enlil: “Enkidu, no Gilgamesh, habrá de morir”.

Enkidu, enfermo, se tumbó en el lecho, presa de aflicción… manaban sus lágrimas como torrentes, según se describe en la epopeya.

Dijo a Gilgamesh: “Amigo querido, hermano querido, me llevan de tu lado y no regresaré. Me sentaré junto a los muertos del inframundo y nunca volveré a contemplar a mi hermano querido.”

A partir de aquí empieza el desenlace de la epopeya… Gilgamesh sale en busca del secreto de la inmortalidad, para finalmente desengañarse de toda esperanza. Como último intento cree haber encontrado la flor de la juventud, a partir del cual podrá obtener un elíxir rejuvenecedor, pero al final, también se desengaña de su ilusión.

El sentido de la vida está claramente expresado en la obra:

Saborea tu alimento, haz de cada uno de tus días un placer, báñate y unge tu cuerpo de aceite, viste brillantes vestidos de deslumbrante limpieza, que la música y la danza inunden tu hogar, ama al niño que te coge la mano y que tu esposa goce siempre en tu abrazo. Tal es la mejor forma que tiene un hombre de vivir.

Pera la muerte y la separación del ser amado se sobreponen, de ahí que después del fracaso en su intento por conseguir la inmortalidad o la eterna juventud, Gilgamesh, exclama:

“¿Qué haré ahora? Todos mis esfuerzos han sido en vano. ¡Oh Urshanabi!, ¿para esto trabajaron mis manos?, ¿para eso derramé la sangre de mi corazón?”.

 

 

Descripción

Elogio a la lectura es un blog sobre reseñas de libros y desarrollo de artículos sobre ciencia, arte y economía

Acerca del Autor

Escritor y desarrollador de aplicaciones educativas. Director del Centro de Entrenamiento y Educación Digital (CEED)

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