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Sergio Ramírez recrea en una 'lectura profana' la historia de Abraham y su mujer

La reinvención de la Sara bíblica

El escritor nicaragüense, Premio Carlos Fuentes, habla del proceso de escritura de su más reciente novela, “Sara”, una obra provocadora que reivindica el papel de la mujer en la religión

Juan Carlos Ampié | 25/6/2015
@juancarlosampie

Sergio Ramírez Mercado encarnó el personaje bíblico de Sara, mujer de Abraham, para reinventarlo. El escritor nicaragüense, reconocido este año con el premio internacional Carlos Fuentes, dio voz a una mujer estigmatizada por sumisa, que quiso revelarse contra una sociedad patriarcal y lograr un lugar en el mundo distinto al que se le había asignado. Con “Sara”, Ramírez reescribe y cuestiona, haciendo uso del humor, una importante parte del Antiguo Testamento.

La historia de esta saga familiar es contada con un lenguaje ameno, sosegado, con un toque de humor. “Es una lectura profana”, que pretende “estallar el libro en fragmentos, para que se componga de otra manera y podamos obtener otra lectura”, dice. En esta entrevista, el escritor habla sobre cómo amasó la novela basándose en el texto bíblico de mil 500 palabras, su interés por las historias de la biblia y preferencias religiosas. “Creo que la Biblia está llena de historias deslumbrantes, inquietantes. Para un novelista son historias que provocan la imaginación”, dice.

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Otros novelistas recientemente han acometido la idea de recrear historias bíblicas. ¿Qué le llevó a acometer este desafío?

La fascinación por el texto. Las reiteradas veces que he entrado al Antiguo Testamento: el libro de Éxodo que lo he leído muchas veces, y el de Génesis, que es de dónde saco la historia de Abraham y Sara. Lo que encuentro es una multitud de historias que se suceden con otras bajo patrones similares o diferentes. Son sagas familiares que son lo más atractivo que hay en la literatura. Extraje la saga de Abraham y la parte que se refiere a la pareja fundadora de esta dinastía. Pero después viene la historia de Isaac y los demás descendientes. Todo conforma una gran historia familiar.

Entre todas las historias bíblicas, ¿por qué escogió la de Abraham y Sara?

Por su capacidad de conflicto. Tenemos una pareja santa: El patriarca fundador de tres religiones en el desierto, y una mujer sumisa que anda tras él en esta travesía. Ella parece sumisa, pero si uno abre las líneas de la biblia y entra en ellas, se dará cuenta que esta sumisión es imposible. Una mujer puesta en esta situación no puede permanecer ni callada ni quieta. Y esa es la posibilidad que exploro: la rebeldía frente a la situación que le están presentando. Esta mujer que vive siempre detrás de las cortinas, marginada y compadecida de su marido, cuando le dice que se meta con la esclava para que pueda tener por fin la descendencia que tanto le ha prometido, no es un acto inocente. Y la reacción de ella cuando la esclava se vuelve orgullosa, altanera y empieza a sentirse dueña de la casa, es echándola de la casa. Es un conflicto muy humano, nada divino.

¿Por qué decidió asumir el punto de vista en la mujer (Sara) y no en el hombre (Abraham)?

Abraham me parece demasiado sumiso. Él está cumpliendo con un plan que le ha sido trazado. La relación del “mago”, como yo llamo a Dios en la novela, es muy directa. Él es el que escucha esta voz, que le habla en sueños, los enviados llegan a hablar con él. A mí me pareció atractivo hacer hablar a la mujer de él desde la marginalidad, desde la falta de voz que tiene, darle una voz y hablar muy cerca de su oído, comprometiéndome con ella, saber lo que piensa, encontrar lo que piensa, cómo reacciona, ir midiendo sus respuestas a la vida que le ha sido asignada. Y en este sentido no hay más camino que el de la imaginación.

¿Supuso cuál fue el balance entre investigación e imaginación a la hora de crear esta novela?

Si uno va a leer el texto bíblico dedicado a la historia de Abraham y Sara, calculo que serán unas 1,500 palabras nada más, esa es mi fuente. Lo que hice fue abrir las líneas y meterme e interpretar estos silencios, o interpretar lo que dice la Biblia de la manera más normal: que al llegar a Egipto, Abraham le dijo a Sara: “hazte pasar por hermana mía, porque si no nos pueden matar y el faraón se puede enamorar de vos”. Ocurre precisamente eso: el faraón se enamora de ella, y Abraham cobra por eso. Lo que hago es agarrarme de ahí para poder enseñar dónde estaba realmente el conflicto: una mujer que la meten a la fuerza en la cama de otro por dinero, no va a quedarse tranquila y callada.

Sin embargo, la textura de la vida cotidiana es muy persuasiva, ¿esta fue una de esas mentiras verdaderas que ha destacado en sus ensayos sobre su quehacer literario?

Fue de los mayores desafíos que tuve y también el más atractivo, porque es un paisaje muy mínimo, de un ambiente familiar que se tienen muy pocos datos. Investigué la vida en el desierto en esa época, me encontré un libro sobre cómo se armaba una tienda, cómo estaba dividida, los cacharros de cocinas que tenían, los instrumentos de la vida diaria. No hay mucho. Es por eso que la novela es muy simple en el sentido que no hay ninguna parafernalia de datos. No puede ser barroca en esa simpleza. Lo que hago no es solo meterme en la cabeza de Sara, sino verlo desde las cámaras, como que si fuera un director de cine, que lo que está narrando es a través de imágenes.

El narrador de la novela llama la a atención sobre incongruencias, datos contradictorios, edades que no encajan entre una historia y otra. ¿Eso no corre el riesgo de menoscabar la credibilidad del relato?

Quiero que el lector se divierta conmigo. No cuento un relato con la seriedad del escriba que narra un hecho sagrado, sino metiéndome como profano a un territorio, que no es el mío, pero haciéndolo con la gracia que Sara lo haría, porque yo me imagino a Sara como una mujer muy imaginativa, creativa y llena de humor.

¿Fue difícil encontrar el lenguaje de la novela, las palabras apropiadas, porque el narrador puede sonar muy contemporáneo, pero no pareciera que pertenece a un tiempo específico?

Una novela son las palabras, el lenguaje en que está escrita. Es el instrumento que hay que elegir de antemano. A mí me pareció que tenía que elegir un tono que debía de ser muy sosegado, de palabras que tratan de meterse en lo arcaico del lenguaje, pero también ciertas incongruencias que son las que les da el sentido de humor. El lenguaje que elegí no es nada complicado y muy visual.

¿El humor y lo irreverente lo contempló desde un principio o lo descubrió en el camino?

Quería encontrar la clave humorística para narrar estás historias, que quien las lee desde la perspectivas bíblicas las encuentra solemnes, y si uno no cuestiona lo que está puesto ahí a través del humor, no tienen explicación. Esta no es una lectura sacra. Es una lectura profana, y por lo tanto tiene que hacer estallar el libro en fragmentos, para que se componga de otra manera y podamos obtener otra lectura.

¿Teme ofender a las personas que favorecen una interpretación más literal de la liturgia?

Es probable que cierta gente tradicionales que ven la biblia como la palabra única de Dios, digan que no se puede cambiar lo que Dios escribió. Pero estas son interpretaciones que se hacen más bien de El Corán. Creo que la biblia está llena de historias deslumbrantes, inquietantes. Para un novelista son historias que provocan la imaginación.

¿Usted profesa alguna religión y esta visión influyó la novela de alguna manera?

Fui criado en la religión católica por disposición de mis padres, que formaban un matrimonio mixto: mi madre era bautista, mi padre católico. Mi madre estuvo de acuerdo que fuéramos educados en la religión católica, que siempre fue más atractiva para mí que la protestante, porque era muy austera, muy desnuda, un rito muy simple. Mientras que me fascinaba el rito católico: las procesiones, los santos, la Semana Santa, la pólvora, el incienso. Yo vivía frente a la iglesia y metido ahí.

¿Ha tenido reacciones de sacerdotes o teólogos que han leído la novela?

Hasta ahora ninguna. Estoy entusiasmado porque Monseñor Silvio José Báez va a presentar el libro. Sobre todo porque él, además de miembro de la jerarquía eclesiástica, es doctor en teología y uno de los traductores nombrados por el vaticano para la nueva versión de la Biblia.

¿Qué le deja Sara?

Un personaje con el cual me identifiqué mucho. Me deja la experiencia de acercarme a ella y de construir un nuevo personaje femenino entre los personajes que he construido en otras novelas. Quizás, Sara sea una versión distinta de Amanda Solano en “La Fugitiva”.  Un personaje que se revela contra su tiempo y quiere buscar un lugar en el mundo distinto al que le ha asignado. A Sara le toca enfrentar esta sociedad patriarcal en vivo y a todo color.  

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Sergio Ramírez presentará hoy a las 6:30 su nueva novela, en un conversatorio con monseñor Silvio Báez en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, de Managua.

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