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Fue la época de oro de la música comprometida

La efervescencia creativa en los ochentas

La falta de material del exterior motivó a los artistas a crear

Brígida Castro | 18/7/2015
@BrigiCastroale

Era la época del Chocoyito Chimbarón, de los pantalones de colores chillantes, las primeras discotecas, los cantos revolucionarios de un Carlos Mejía de pelo largo, las novelas brasileñas, del pop de Michael Jackson y la trova de Silvio Rodríguez. Fue una época en la que artistas internacionales  como Mercedes Soza y escritores como Eduardo Galeano y Graham Green apoyaron al pueblo nicaragüense.  

Desde los setentas y durante los ochentas, Nicaragua experimentó una “efervescencia creativa” en la que artistas nacionales contribuyeron a la cultura de un país en reconstrucción, explicaron Francisco Cedeño, quien fue miembro del Grupo Pancasán, y el publicista Óscar Miranda –ex Agente de Ventas en Canal 2–, en una entrevista concedida al programa Esta Noche en la que también se analizó el papel de la televisión durante la década de los ochentas.

Según Cedeño, la música comprometida con la revolución tiene sus antecedentes desde la mitad de los setentas, cuando los hermanos Mejía Godoy, el Grupo Pancasán, Norma Elena Gadea, Mario Montenegro y otros artistas, empezaron a componer sus primeras canciones; así como, “muchos  trovadores populares de los barrios que contribuyeron con estas canciones a la movilización contra la dictadura de Somoza y a la toma de conciencia de luchas contra su derrocamiento”, afirmó.

Cedeño explicó que la música comprometida con la revolución era escuchada y se cantaba en medio de las movilizaciones populares; no obstante, la influencia de las luchas sociales, los movimientos guerrilleros y la contracultura hippie tuvo un efecto en el comportamiento de la juventud de América Latina, entonces “no era extraño que vos tuvieras un póster del Che Guevara y un póster de Jimmy Hendrix al lado”, dijo.

A partir del triunfo de la Revolución, cuando el pueblo creía estar libre del sistema represivo de una dictadura, hubo “un ambiente de celebración que propició la creatividad artística”, explicó.

La televisión de los ochentas

Durante el bloqueo económico de los años 80, la variedad de canales y de programas de televisión era poca. Apenas dos canales nacionales -Canal 2 y Canal 6- transmitían series provenientes de otros países y programas de producción nicaragüense, en su mayoría producidos por el Sistema Sandinista de Televisión. Los anuncios comerciales no existían y en su lugar la programación era interrumpida por recomendaciones de convivencia cívica.

“Después del terremoto, y como consecuencia de una demanda de publicidad, los dos canales 6 y 2, tuvieron que sacar uno cada uno individual. El 2 saca el 12 y el 6 saca el 4. Llegamos al 79 y es cuando se da el paro del comercio”, relató Oscar Miranda

“Era complicado contratar material de afuera. En ocasiones se grababan otros canales extranjeros desde El Crucero para transmitir aquí y llenar un espacio determinado”, afirmó Miranda.

La recepción de material del exterior era difícil. Bayardo Arce, William Ramírez y otros dirigentes de la Revolución, deciden ubicar Canal 6 en las instalaciones donde se transmitía Canal 2, dejando al segundo como una pequeña repetidora, que también transmitía programas antiguos. Al principio, Lorenzo Cardenal se hizo cargo de la administración y meses después Iván García asumió el cargo de gerente general durante los 80.

Debido a la línea de editorial del Sistema Sandinista, a muchas series y películas les fue negada su transmisión en los canales nacionales.

De acuerdo con Cedeño y Miranda, en la década de los 80 en Nicaragua hubo una gran cantidad de formas de expresión creativa, representada en festivales de música, cine, teatro y espacios musicales, los cuales eran cubiertos por los medios de comunicación nacionales. Así como la producción de documentales de rescate histórico.

Probablemente esta época de creación “coincidió con la falta de materiales de afuera y la necesidad de darle espacio a la producción nacional. Pero, también coincide con toda una efervescencia creativa, artística, que fue una buena coincidencia, que fue ese fenómeno, afirmó Cedeño. Esta prolífica producción se hizo “en medio de la guerra y con menos recursos de los que se pueden contar hoy en día”, señaló.

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