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En periodismo, no hay objetividad neutral

El buen periodismo, además de su objetividad, se mide por su capacidad y honestidad en la crítica. El mal periodismo, también trabaja con la objetividad, pero es incapaz de hacer crítica, o no la hace por temor a los poderes políticos y económicos

Onofre Guevara López | 25/8/2015

La objetividad per se, no convierte a un medio de comunicación en informador veraz, tampoco utilizar la crítica periodística es “el arte de ver las cosas mal”, porque un medio acrítico no hace verdadero periodismo ni es imparcial. La objetividad es relativa en la práctica del ejercicio del periodismo dentro de una sociedad dividida, injusta y con un gobierno que no responde cabalmente a los intereses nacionales, ni a los de todos los ciudadanos. En este ámbito social, se puede ser objetivo en la información, pero nunca imparcial.

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La objetividad –como lo indica un juicio racional— trata de la cualidad de lo objetivo, y lo objetivo se refiere al objeto que existe independiente del sujeto pensante, el ser humano.  Por lo tanto, no existe una objetividad ajena al interés de quien la utiliza, lo que indica la imposibilidad de parecer justo ante quien se siente afectado en su interés personal o político por la crítica en un medio de comunicación.  De este hecho objetivo, deriva otro hecho igual: que un periodista solo puede informar sobre hechos objetivos, pero no por eso el resultado de su trabajo tiene que responder a los intereses del sujeto o del hecho criticado. Y, desde luego, no es obligatorio que la crítica deba agradar a todo el mundo.

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Ejemplo: el tratado canalero firmado con HKND es un hecho objetivo, pero su  realización aún está dentro de la ficción, de los cálculos, de la imaginación.  Asegurar que el canal contribuirá al progreso general del país y sus clases trabajadoras, es algo imaginario, nada objetivo. Pero, desde ahora, es posible advertir que será perjudicial, porque los términos del contrato son lesivos al interés nacional en cuanto a su soberanía, su ecosistema y, lo peor, para su campesinado que está dentro del territorio del proyecto canalero. Y si tal proyecto llegara a consumarse, entonces será una objetividad dañina para Nicaragua.

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El periodismo que critica esta concesión canalera, es objetiva, porque  resulta  del estudio que se ha hecho de las condiciones que desfavorecen al país y a su gente. El periodismo que lo defiende, también está dentro de la objetividad, porque hace referencia a un hecho real, el contrato, pero con su defensa perjudica a la nación porque defiende los intereses del extranjero Huang Jim, o de quienes están detrás, y de quienes esperan beneficiarse desde su control del poder político y económico.  La objetividad en sí, no tiene partido, pero puede tenerlo –de hecho lo tiene—  en el ejercicio periodístico.

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El cuento de la objetividad como condición sine qua non del buen periodismo, es solo eso, un cuento. Existen múltiples formas de probar su irrealidad en la práctica, no en los presupuestos teóricos, vale decir, en los presupuestos  ideológicos.  Si las noticias de un medio de comunicación solo se refieren a las cosas “buenas”, y no hace crítica porque supone que es un “arte de las cosas malas”, entonces estamos hablando de un medio oficialista, de un órgano de propaganda gubernamental o de la gran empresa privada.  Es cierto que los órganos oficialistas, también se refieren a las cosas “malas”, pero lo hará sobre lo mínimo e intrascendente, como criticar el abandono de una calle o una carretera en mal estado, pero nunca criticará algo como el tratado canalero. 

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Existe otro ejemplo de periodismo veraz, pero que no critica las gestiones violatorias del orden constitucional de parte del gobierno, publicando solo las “cosas buenas” que este hace  y sobre los buenos negocios de la gran  empresa privada.  Pero eso no es hacer periodismo, sino ser, además de un medio de prensa inocuo, un simple boletín informativo de la actividad empresarial.  Si lo dicho a usted le hace pensar en la metamorfosis que sufrió hace tres años un diario capitalino, estaría pensando bien.  

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Ese diario, pasó de contar “con todo el poder de la información”, distinguido y  preferido por su posición crítica ante los desmanes del gobierno, o del cualquier sector social, a ser un diario complaciente con el poder político y de los negocios privados. A eso conduce, inevitablemente, el abandonar la crítica para adoptar la falsa posición de estar por encima de lo que suponen “pasión política”.  Y con su narcicismo informativo, ese medio aún pretende ofrecer lecciones de periodismo “objetivo”, cuando no supera la condición de boletín empresarial y para la información farandulera, la diversión de pasarela y sus múltiples vacuidades. 

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El buen periodismo, además de su objetividad, se mide por su capacidad y honestidad en la crítica. El mal periodismo, también trabaja con la objetividad, pero es incapaz de hacer crítica, o no la hace por temor a los poderes políticos y económicos.  Los gobiernos y los empresarios del gran capital tienen sus propios órganos de propaganda, y están en su derecho tenerlos.  Pero un gobierno no está para esperar alabanzas por hacer algo bueno, porque si no está para eso… ¿para qué entonces es gobierno? Y lo bueno que hace no es gratuito, sino al contrario, es frecuente que gaste en ello algo más allá de su costo real. Una práctica gubernamental de esta clase, no merece aplausos, sino crítica.

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Aunque lo parezca, tampoco el periodismo deportivo es imparcial, pues todo juego es un hecho objetivo, pero es acrítico y esconde las causas del estancamiento de los deportes, que son causas políticas. ¿Por qué creen que cada gobierno de turno convierte a algunos de sus políticos en “dirigentes deportivos”? Búsquenlos en la actividad deportiva comercial o aficionada y los encontrarán.  Están en eso, por interés político partidario e interés económico personal al mismo tiempo, y no reciben críticas, sino aplausos y hasta cepilladas.   

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En cuanto a la propaganda de la actividad empresarial, es un derecho, pues nadie invierte si no es para ganar vendiendo lo que tiene. Entonces, los empresarios pueden auto alabarse a través de sus medios propagandísticos, pero ningún empresario tiene razón de dar consejos acerca de cómo debe ser el periodismo independiente. El periodista libre de conciencia escribe buscando cómo enderezar entuertos políticos-sociales, y no se hará rico por eso, aunque tampoco se le considera un Quijote.  Pero honrado sí, está obligado a ser. El periodismo sin dignidad ni independencia de criterio, no tiene más remedio que imitar la hartura sin principios de Sancho Panza.

Cronología imperial (*)

1885.- El senado de los Estados Unidos se opuso a la unión centroamericana, porque vulneraba sus “derechos canaleros en Nicaragua y Costa Rica”.

1889.- 1) Se liquidó judicialmente, luego de un gran escándalo, la Compañía del Canal de Panamá; el ingeniero De Lesseps, fue condenado a cinco años de prisión, de los cuales se libró por su avanzada edad. 2) Ruterford B. Hayes, reiteró que un canal interoceánico en Centroamérica deberá estar bajo control estadounidense, por constituir virtualmente una parte de la costa de los Estados Unidos” (una pretensión que ya dura dos siglos y sigue como si nada). 3) Con el panamericanismo, uno de los mejores instrumentos de penetración yanqui en el Continente, que surgió de la Primera Conferencia Panamericana realizada en Washington, los Estados Unidos ofreció (aún ofrece) paz, amistad, comercio y “acción moral” (¡mejor que no siga ofreciendo nada!).   

1895.- 1) El 26 de mayo, Nicaragua recuperó definitivamente su soberanía sobre el territorio de la Mosquitia, que usurpaba la Gran Bretaña. 2) En cambio, la Gran Bretaña forzó a Venezuela a celebrar un tratado de demarcación de límites en las Guayanas en detrimento de la república sudamericana. (Hoy, la Exxon Mobil tiene una concesión que le dio el gobierno títere de la Guyana ex inglesa para explotar los recursos naturales del territorio venezolano de Esequibo, con lo cual ha creado un conflicto político entre dos países vecinos, con objetivos anti-venezolanos).

(Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.

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