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Los forajidos de siempre

Las bandas rurales en Nicaragua son una mixtura entre descontento político, necesidades campesinas insatisfechas, sordera estatal y armas a la disposición

Elvira Cuadra | 1/9/2015

El poder siempre los ha llamados “forajidos” y a sus acciones les atribuye la connotación de delincuencia común. Así fue en los años noventa con los grupos de ex combatientes nicaragüenses que se alzaron nuevamente en armas cuando el gobierno incumplió los acuerdos de desmovilización. Así fue antes, cuando las columnas guerrilleras del FSLN luchaban contra la dictadura somocista. Y antes de eso, “bandolero” le llamaron a Sandino aquellos que no reconocían su justa batalla contra la intervención militar en Nicaragua.

En otros lugares y otros tiempos también les han llamado “forajidos”. No es raro que ahora les llamen igual, o parecido.

Pero, como dice el refrán, “cuando el río suena, piedras trae”. Y lo cierto es que en casi todos los casos, las bandas rurales en Nicaragua son una mixtura entre descontento político, necesidades campesinas insatisfechas, sordera estatal y armas a la disposición.

Pero los tiempos cambian y la pequeña gran diferencia entre el antes y el ahora es quién suministra las armas. En otros tiempos, llegaban por el camino de la solidaridad de quienes compartían los ideales políticos de los grupos armados que reclamaban justicia y democracia. En los noventa, las armas salieron de los buzones donde se almacenaron grandes cantidades de fusiles y municiones en las mismas zonas donde transcurrió la guerra de los ochenta. Ahora, ¿de dónde vienen?, peor aún, ¿de dónde vendrán en el caso que las bandas se conviertan una realidad más permanente?

Las preguntas no son irrelevantes ni casuales. Con la amenaza del narcotráfico extendiéndose por toda Centroamérica, la existencia de grupos formados por campesinos descontentos en las zonas rurales de Nicaragua es una oportunidad invaluable para los carteles del crimen organizado, sobre todo porque el país se precia de ser su muro de contención. Adivinen quién, entonces, pondrá las armas ahora.

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