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40% de las denuncias que recibe la PN son de violencia contra mujeres

El 'delito' de ser mujer

* 45 asesinatos en lo que va del año; Comisiones parlamentarias dictaminan “Ley integral contra la violencia hacia las mujeres”

Carlos Salinas Maldonado | 22/6/2011

I. Una historia de terror

Hazel Pineda, 30 años, Managua.

La mañana del 12 de enero Hazel Pineda Sandino estuvo cerca de morir a manos de su marido.

Era una mañana fresca, normal, rutinaria. A las 7:30 Hazel había llevado a sus dos hijas, Hillary (7) y Valeska (12), a la escuela, a un curso de verano, dado que todavía estaban de vacaciones. Hazel, desempleada, esperaba comenzar aquella misma mañana un nuevo trabajo. Su esposo, Guillermo Vega González, le aseguró que había conseguido un puesto para ella en la empresa donde trabajaba, y Hazel estaba contenta por volver a ganar dinero.

La mañana del 12 de enero ella estaba lista para laborar. Emocionada por el nuevo trabajo se había calzado tacones, recuerda. Una llamada de Guillermo le cambió los planes. Le dijo que su patrón estaba en Cuidados Intensivos del Hospital Metropolitano Vivian Pellas. Le dijo que había pedido permiso en el trabajo para visitarlo en el hospital. Le pidió que lo acompañara.

A las 8:30 de la mañana del 12 de enero, Hazel Pineda Sandino, calzando tacones, llegó hasta el camino que lleva hasta el hospital, sobre la carretera a Masaya. Allí la esperaba Guillermo, quien cambió de nuevo los planes. Dijo que ya no iban a entrar a ver al jefe, que mejor regresarían a casa. Hazel le pidió que llamara una caponera, los ciclotaxis que transportan a la gente en la zona de carretera a Masaya. Guillermo dijo que no, que mejor caminaran. Ella se negó, porque llevaba tacones. Guillermo insistió y minutos después ambos andaban sobre el camino rural que une su casa con la carretera. Se fueron hablando, Guillermo bromeaba. “Todo estaba normal”.

Tan normal que cuando llegaron a casa Guillermo y Hazel hicieron el amor. Llevaban siete años de convivir juntos y decidieron casarse en 2009. Guillermo era un hombre celoso. No permitía que su mujer se relacionara con otros hombres, sentía celos hasta cuando ella iba a la pulpería. Un día la golpeó y echó de la casa, pero inmediatamente se retractó y le imploró que no lo dejara. Hazel puso la denuncia por agresión ante la Policía, pero al no ver daño físico, en la estación no le dieron seguimiento al caso. Todo volvió a la normalidad.

Aquella mañana del 12 de enero esa normalidad quedó suspendida, como la trama de una película durante un apagón. Hazel sintió un golpe en su espalda. Soltó un gemido y volteó hacia su esposo. Guillermo, echado a su lado, la había herido con un cuchillo en la espalda. “¿Qué es lo que te pasa?”, le dijo asustada. “Aquí me las estás pagando todas, toditas las que me venías acumulando. Me las estás pagando: este es el día”, respondió Guillermo.

El hombre tomó el cuchillo, subió encima de Hazel y le cortó el cuello. Hazel intentaba zafarse, perdoname, perdoname, le imploraba. Intentó gritar. Cayó inconsciente.

“Cuando volví en sí, sentí el corte, sentía que me ahogaba, pero me sentía pesada, como con sueño. Lo quedé viendo y le pregunté qué pasó… él también se había cortado, estaba bañado en sangre”. Hazel volvió a desmayarse. Cuando recuperó la razón de nuevo recordó a sus hijas. “Amor, las chavalas, dónde están”, dijo. “Mi mente estaba como perdida, no sabía qué pasaba”, recuerda.

Guillermo sólo meneaba la cabeza.

Ella le pidió ayuda. “Llevame al hospital”.

Intento ahogarla

Entonces Guillermo, ensangrentado por la herida que se había hecho en la garganta, se subió nuevamente encima de Hazel y metió los dedos en la herida que le había provocado. Intentó ahogarla.

Más tarde fue encontrada, ensangrentada, por una tía, Antonia.

Hazel Pineda Sandino estuvo una hora en el quirófano del hospital Roberto Calderón. Había llegado con un choque hipovolémico, la hemorragia había hecho que su corazón fuera incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo. El corte en la garganta se había producido entre el segundo y el tercer anillo de la tráquea, casi acercándose a la yugular. Los doctores le realizaron una traqueotomía. Diagnosticaron que además de la herida con arma blanca había sufrido un ahorcamiento incompleto. Tenía los ojos rojos y manchas rojas en la cara.

La tarde del 12 de enero Hazel Pineda Sandino se salvó de milagro. Ahora vive con miedo, dice. Guillermo está preso, condenado, cuatro meses después de la agresión, por violencia intrafamiliar con resultado de lesiones físicas y sicológicas graves. Hazel intenta comenzar de nuevo. Tiene un nuevo trabajo y educa a sus hijas. Y colabora como voluntaria en una organización que trabaja para combatir la violencia contra las mujeres. “El Dios al que yo le servía fue el que me sacó de la muerte. Sé que él tiene un propósito conmigo. Ese Dios está conmigo”, dice Hazel, cabeza baja, mirada perdida en el suelo de la habitación donde hace cinco meses estuvo cerca de morir a manos de su marido.

II. Un crimen en el misterio

Yerling López Moreno, 22 años, Estelí

Daysi Moreno aprieta contra el pecho la blusa beige que era de su hija, Yerling, de 22 años. Acaricia su rostro con la prenda. La huele. Y llora. Es un llanto terrible. Duele escucharla llorar. Daysi Moreno parece ahogarse, las lágrimas corren por sus mejías blancas. Intenta encontrar una respuesta, entender qué pasó, o al menos saber quién mató a su hija.

Una lluvia suave cae esta tarde de junio sobre Estelí. Ha sido un día nublado y fresco. En el barrio José Benito Escobar, en la casa donde vivía Yerling, su madre y otras mujeres de la familia se reúnen nuevamente para contar lo que pasó… O lo poco que saben de lo que pasó. Madre, hermana y tías se consuelan a un mes y 15 días del asesinato que les cambió la vida.

“Ella era la persona que a todo mundo le hablaba”, dice doña Daysi. “Mi hija no tenía enemistades; mi niña permaneció siempre en las cosas de Dios. Mi hija nunca ha andado en discos, mucho menos borracha”.

Yerling fue asesinada el 3 de mayo, entre las 10 y 11 de la mañana, explican los familiares. La muchacha fue encontrada en el pequeño patio de su casa, vestida solo con ropa interior, la mitad del cuerpo metido en un saco. Tenía golpes en la cara y lesiones en el cuello. Los familiares dicen que fue asesinada con una cadena para amarrar bicicletas.

Aquella mañana doña Deysi recibió una llamada. Le dijeron que fuera a casa de su hija, ubicada a unas cuadras de la suya. Fue. En la calle miró un alboroto, gente que se reunía alrededor de la casa, que husmeaba dentro de la vivienda. Doña Daysi preguntaba a los curiosos qué había pasado, pero nadie respondía. Una muchacha se le acercó y le dijo: “No entre ahí, doña Deysi, no entre, se lo pido por el amor de Dios”. Ella preguntó por qué y la respuesta hizo que se desmayara: “Asesinaron a su hija”.

La casa en la que habitaba Yerling López es tan segura como una cárcel. Para entrar hay que a travesar tres puertas, un portón de hierro principal, una puerta de madera del recibidor y otra más para acceder a la sala. En el pequeño pasillo que funciona como patio, adornado por unas cuantas plantas y donde fue encontrado el cadáver de Yerling, una construcción de hierro funciona como techo. No hay señas de que los hierros hayan sido violados. Ninguna persona puede entrar a esta casa, tan segura como es, sin haber sido invitada.

El día de su asesinato Yerling estaba sola con su pequeña hija, Lauren, de 15 meses. Su esposo, Darwin Pérez, de 22 años, había ido al trabajo; una pareja amiga de ellos también había salido y una amiga de Yerling que vivía en la casa estaba en clases. Nadie vio nada. Tampoco lo vieron unos obreros de la construcción que trabajaban cambiando el techo de la casa vecina, a la derecha. Una vecina, que no se identificó por temor a represalias, dijo que esa mañana escuchó ruido de música evangélica, gritos como de gente orando y más tarde oyó a Yerling vomitando. O eso piensa. No le extrañó, dice, porque la música y las oraciones evangélicas eran comunes en esa casa. Ninguno de los vecinos entrevistados vio entrar o salir a nadie de la casa. El cadáver de Yerling fue hallado por la muchacha que compartía la casa, quien alertó a los vecinos.

“El asesino de mi hija tiene que pagar este crimen atroz”, dice doña Daysi. “Se dicen muchas cosas dolorosas. Se dice que fue su esposo, se dice que fue una de mis hermanas, se dice que fue por un vínculo que tuvimos con un muchacho ligado al narcotráfico, se supone que fue la esposa de ese muchacho que la pudo haber asesinado. No se sabe qué fue lo que ocurrió, qué llevó a ese hombre a cometer ese crimen tan perverso”. Doña Daysi hace referencia a un pretendiente de su hija menor, con quien se iba a casar, y que después fue condenado por vínculos con el narcotráfico. Actualmente está en prisión.

Quién tampoco se explica lo que pasó es Darwin, el viudo de Yerling. Él también es evangélico. Darwin supo del crimen por su cuñado, quien lo llamó para contarle lo que había pasado. “Llegué 10 o 15 minutos después. Vi un tumulto, la gente se apartó para dejarme entrar… Entré a ver lo que había pasado. Ella estaba en la jardinera, yo la llegué a reconocer. La reconocí por su blúmer, sus piececitos. Pensé que alguien había entrado a robar y al ver que no había nada se frustró y la mató”, cuenta Darwin.

Darwin y la familia de Yerling exigen que haya justicia en este caso. La pareja planeaba comprar su propia casa y tener un segundo hijo, estaban ahorrando para cumplir esos planes, dice Darwin. Hasta ahora no han tenido una respuesta de la Policía de Estelí, que investiga el caso. La Policía da poca información a la prensa, para evitar obstrucciones en la investigación, asegura la inspectora Rosa Amelia Armas Lagos, jefa interina de la Comisaría de la Mujer de la Policía de Estelí.

Doña Daysi, la mamá de Yerling, se queja que la Policía no los mantiene informados de los avances de las investigaciones. Dice que ni el dictamen médico les fue entregado. Y teme que el asesinato de Yerling quede impune. “Una nunca piensa en esto, hasta que le pasan las cosas”, dice. Esta tarde, mientras la lluvia cae sobre el suelo cubierto de baldosas de la casa de su hija, doña Daysi vuelve a ver la ropa de Yerling. La acaricia, la huele, y llora. “El asesino de mi niña tiene que pagar”, dice. 

III. “Está muerta en vida”

Edda Altamirano, 42 años, León.

La madrugada del domingo 5 de junio Edda Altamirano, de 42 años, fue brutalmente atacada. Eso es lo único exacto que se sabe del caso de esta mujer de León, quien fue encontrada inconsciente en el barrio de Guadalupe de esta ciudad y que yace en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Lenin Fonseca, de Managua.

Los entrevistados sobre este caso dan versiones confusas. La familia dice que la mujer fue violada por cuatro hombres, quienes después la golpearon brutalmente. Movimientos de mujeres que trabajan el tema de la violencia de género dicen que Edda no fue violada, sino que fue atacada por un delincuente. Vecinos del lugar de los hechos dijeron que la mujer había bebido con un hombre, había discutido con él y salió a la calle de madrugada, cuando fue atacada. La Policía de León dijo que la mujer fue golpeada en la cabeza con una piedra, que el dictamen médico presentado el 8 de junio descartó violación y que están tras el rastro de Pablo de la Cruz Manzanares Romero, de 34 años y alias “El Mono”, presunto autor del crimen. Pablo supuestamente está en Costa Rica, y según la subcomisionada Carmen Montes, jefa de la Comisaría de la Mujer de la Policía de León, ya hay un plan de captura en su contra y gestiones con la Interpol.

Mientras se esclarecen los hechos, Edda se encuentra en la UCI del Lenin Fonseca con pronóstico reservado.

El caso de Edda ha estremecido León. En los barrios de la ciudad los vecinos cuentan la historia como la escucharon de otras voces, agregando detalles escabrosos. Hay quienes incluso acusan a Edda de prostitución, pero Idania Baca Somoza, para quien Edda trabajó como doméstica por 16 años, niega esas acusaciones categóricamente. “Era una mujer bien trabajadora”, asegura.

También lo asegura Juan Francisco Aguirre Silva, de 45 años, quien convivió con Edda durante 8, pero están separados desde hace cinco años. Cuando se enteró de lo que había pasado, Juan Francisco, quien también trabaja para Baca, pidió permiso y viajó hasta Managua para ver a Edda. Su rostro se llena de tristeza cuando relata el estado de la mujer.

“Los médicos dijeron que no le aseguran la vida por los golpes que recibió. Dicen que tiene inflamado el cerebro. Edda está muerta en vida. Tiene los ojos cerrados. No queda nada de lo que ella fue. Edda se terminó, se terminó”, dice Juan Francisco.

IV. ¿Y la Policía?...impunidad

Verónica Guevara, 29 años León.

En el barrio William Fonseca, en las afueras de la ciudad, Verónica Azucena Guevara ha seguido de cerca las noticias contradictorias del caso de Edda. Verónica, de 29 años y madre de dos niños, dice que tiene miedo de que lo pase algo similar. Ella dejó a su marido, quien durante cinco años la maltrató, y ahora se refugia en casa de su madre, constantemente amenazada por su esposo, dice, quien le aseguró que si la veía, la iba a matar.

Verónica dejó a Jackson Mauricio Ruiz Vásquez el 8 de marzo. Ese día el hombre la golpeó con una correa de cuero. Habían discutido porque Jackson intentó pegarle a uno de los hijos de Verónica, y ella corrió a defender al niño.  Entonces el hombre tomó la correa y comenzó a golpearla. Ella salió de la casa, corrió por el vecindario y Jackson la siguió, golpeándola con la correa.

No era la primera vez que pasaba. Estando embarazada del pequeño Nelson (que ahora tiene nueve meses), Jackson golpeaba constantemente a Verónica, cuenta la mamá de ella, Justa Urbina, de 61 años. El 8 de marzo Verónica se cansó y abandonó a su marido.

“Vino llorando, dijo que su esposo la había maltratado. Yo siempre le dije que lo dejara. Él es un hombre muy corrupto; ella ha aguantado mucho palo. Tengo miedo que me la vaya a matar a escondidas, por eso quiero que la Policía actúe”.

Las mujeres aseguran que han puesto cuatro denuncias ante la Policía. La última fue tras el maltrato con la correa. Según Justa —una mujer gruesa, morena, de carácter fuerte, que habla como si estuviera discutiendo— la Policía le pidió a Verónica que ella identificara dónde está su marido y que lo llevara a la estación. “¿Qué espera la Policía?”, se pregunta la mujer.

La subcomisionada Carmen Montes asegura desconocer este caso. Esta mañana, en el nuevo edificio de la Comisaría de la Mujer, apunta en su libreta el nombre y la dirección de Verónica y afirma que van a investigar. Al contarle la peculiar respuesta que supuestamente dio la Policía a Verónica, la subcomisionada dice en un tono de ofensa: “Esa respuesta no es correcta porque no es esa la política institucional para atender a las víctimas”.

Mientras la Policía comienza las investigaciones, Verónica teme que Jackson le haga algo malo. “Me dijo que si no estaba con él a las buenas estaría a las malas. Me sentiría segura de que él esté capturado. Tengo miedo porque en varias ocasiones me dijo que si me miraba, me iba a matar”, dice la joven, cargando al pequeño Nelson en  su regazo.

Comentarios

14
luis angel flores guevara

pues yo opino k todo hombre k maltrate a una dama no es un hombre pue para k secasan si despues las odian poco homres enbes de usar pantalones biera de usar faldas lespido k dejen de acredir alas damas ni huna mujer muerta amenlas las kiero mucho cuidense no dejen k las traten como cual kier animal de nunsienlos a esos poco hombres i ese k mato esa muchacha yesica lekito lo kemas keria esa nina

13
El Buen Leones

El ultraje a la mujer, la niñez y la adolescencia empieza en el hogar, pero desgraciadamente, en nicaragua cuando el transgresor es un politico o vinculado al poder economico siempre saldrá impune y en el peor de los casos los violadores llegan hasta la presidencia de la Republica.

12
Faby

Estps articulos son estremecedores, lamentablemente reflejan la cruda realidad que viven las mujeres, pero creo que hay que agregar la impunidad con la que actuan muchos hombres ligados al poder politico, en los ministerios y entes estatales son muchos los casos de mujeres acosadas e intimidadas por lo jefes con la complicidad de las autoridades. Sino miremos el caso de Marbelli Castillo la esposa del nieto y segura Verguenza de Sandino, la policia declara que no puede hacer nada. Ese gordo deberia estar preso por reincidente como abusador de mujeres.

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Freddy Narvaez

Es hora de crear politicas públicas para enfrentar la epidemia. En este aspecto, la mujer, la victima es el elemento mas importante, hace dias lei un reporte sobre denuncias y retiro de denuncias en las comisarias de la mujer y algo pasa. Por que una mujer dolida del alma y adolorida del cuerpo acude a la Policia para luego, despues de 2 o 3 dias dejar el caso en el aire o llegar a retirar su denuncia, que la motiva? Es cultural? Es emocional? Es económico? Quizá haya de todo un poco pero, si asi estan las cosas, hay que cambiarlas, por ejemplo que no exista posibilidad de que una mujer abusda pueda "retirar" su denuncia o "perdonar" a su agresor, o que el Estado se constituya en la victima para que no haya posibilidad de perdon.
Existe ademas un recurso que no hemos aprovechado y es la denuncia ciudadana, que sea posible que un particular ponga en conocimiento de la Policia un maltrato conocido, que pueda, mnediante el anonimato, señalar a abusadores en su barrio, como se hace con los nidos de aedes egypti, tratar esto igual que se trata una plaga. Por que no intentarlo?

10
eduardosilva_79@hotmail.com

algunos hombres, no todos, se le olvidan que ellos vienen de una mujer, que es su madre, y por eso se le debe respeto. A las mujeres se les respeta su integracion fisica y sus derechos humanos.

9
pawa

Recuerden estos mujeres de todo el mundo, el hombre llega hasta donde ustedes se lo permiten, entonces no hay que permitir ni siquiera una mala mirada hay que denunciar.

8
Carlos Briones

Comparto la opinion del legislador Pallais. En particular, porque esta pandemia aparte de ser un problema socio-cultural y socio-economico (la mayoria de victimas son jovenes de escasos recursos) requiere una costosa inversion en servicios preventivos. Desde albergues, tribunales especiales destinados a lidiar con este tipo de delito, hasta tratamiento psicologico de la victima y sus menores. Partiendo desde el punto de que, a como lo indica el legislador, la cultura nicaraguense tiene poca fe (y hasta desprecio) por las leyes, tribunales y hasta la policia misma, seria ilogico pretender que el cambio al codigo penal constituiria la solucion total a este cancer.

7
El Gato Vago

!!Increible!!!,se debe crear la cultura y educacion que cuando existe union se debe entender que nadie pasa a ser propiedad de nadie, quitemonos esos dichos de MI MUJER O MI HOMBRE,nadie tiene titulo de propiedad sobre alguna persona, si es una union basada en el amor o en la pasion se puede terminar si deja de existir la materia prima(el amor), entonces es momento de una separacion respetuosa, la infidelidad es juego para niños se debe tener la valentia de decir "ya no mas", pero hay veces creemos q es bonito andar de tontos creyendonos los machitos o las hembritas de la ciudad.que pena esto de golpear mujeres o matarlas,que pena.hay veces no nos damos cuenta q la padre o la madre reproducimos estos individuos en nuestros hogares.!!!como puta paramos esto ahora!!!!

6
El Jinchotexano

Este es un mal peor que el narcotráfico; sin ambargo, nadie lo quiere abordar integralmente. Parece que los gobernantes y funcionarios pùblicos, lo ven como algo privado, propio de las parejas, de las familias, que no compete al Estado abordarlo. Requiere un overjol, un replanteamiento sobre el nùcleo familiar, el rol de la mujer y el marido. Da lástima que se obvie un debate público, incluyente. Mientros esto se hace, a todos los abusadores de sus mujeres, hijas, madres y hermanas, hay que tratarlos con dureza, sin contemplaciones. Denunciarlo a los 4 vientos, sancionarlos. Y vean que hasta el nieto de Sandino es un sádico con su esposa y niños. Seguro que lo dejarán sin castigo. Cada hombre nica lleve en potencia a un abusador y un sádico, al menos es la impresión que dan. Presidente, actúae ya para parar esto!!!!!

5
Maryelízabeth Romero

Es horrible saber que las mujeres seguimos siendo victimas de hombres despotas que piensan que son nuestros dueños; pero más horrible es saber que muchas veces somos nosotras las mujeres las que propiciamos eso; porque querramos o no tenemos una mentalidad machista, generada por tantos años en que siempre se nos ha hecho creer que somos el sexo débil y que nos debemos a un marido o un compañero y que por traer dinerito a casa debemos aguantar todo. Y les digo a las mujeres no es así, nosotras somos muy capaces de salir adelanlante por nosotras mismas sin el respaldo de un hombre. Las mujeres debemos hacer valer nuestros derecho, no gritando, ni poniendonos a la par de cualquier estupido inculto; sino diciendo basta, no permitiendo el abuso, denunciando cualquier agresión, hablando; porque cuando callamos le damos valentía al cobarde.

4
Maryorit Guevara

Que increible, miré el reportaje en la TV, pero leerlo me hace sentir mucho más impotente. Que bueno que esten publicando este tipo de trabajos, seria genial hacerlo de forma sistemática. Les gradezco por sumarse a esta lucha que enfrentamos las mujeres contra cualquier tipo de violencia sólo por nuestra condición de género.

3
Martha Escobar

Vi el reportaje en la tele, ahora lo leo y me pone mal saber que todos los días hay mujeres y niñas que estan siendo abusadas, maltratadas y asesinadas. El feminicidio es el extremo de la violencia contra nosotras, no esperemos que llegue ese momento, protestemos por las muertas, pero tambien por las muertas anunciadas. Las autoridades tienen que reacionar y tomar cartas en el asunto. NO MAS IMPUNIDAD, no más violencia!

2
Tathiana Sequeira

Hola equipo de Confidencial.
Gracias por el artículo, por sumarse en este trajinar en el que andamos las mujeres por sobrevivir a la vida en este paísito.

1
Eugenio Garcia

Todo el cobarde que agreda manifiestamente a una mujer merece pena de muerte.

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