REPORTAJES

Confidencial en la ruta de la RAAN

El regalo que trajo el mar

En el duro oficio de lanzarse a las embravecidas aguas del mar caribe, los costeños nicaragüenses suelen encontrar más que langostas. En la RAAS el narcotráfico ha provocado asesinatos por encargos en una región con índice de muertes violentas casi igual a Guatemala

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Un reportaje de:
Octavio Enríquez

Fotografía de:
Diana Ulloa

Publicado:
19/09/2013

Cuatro días antes de la Navidad de 2011, cuando les faltaba una hora y treinta minutos para llegar a Puerto Cabezas provenientes de los cayos miskitos, cuatro pescadores divisaron en la tarde una bolsa amarilla mientras navegaban.

Habían pasado un mes trabajando en el duro de oficio de la sacada de la  langosta, que les permite ganarse a cada uno 11 córdobas por libra arrancada de las entrañas del mar caribe y el bulto relleno de dólares no podía ser visto de otra manera que no fuese una bendición. Wellington, a quien sus amigos en su niñez conocían como Kobe por algún parecido que le encontraban con el famoso jugador de baloncesto estadounidense Kobe Bryant, era uno de los tripulantes. “Me sentí alegre. Era la construcción de la casa de mi mamá”, dice.

De la bolsa amarilla, el pescador de 30 años se quedó con 20 mil dólares que servirían para convertir enteramente a concreto, la pequeña casa  de su madre de madera arriba y de cemento abajo, de minifalda como dicen los albañiles. Desde los trece años,  Wellington se lanzó a pescar como miles de personas  que viven de las embravecidas aguas del caribe en el mismo Puerto Cabezas, o en algunas de las comunidades del litoral norte o sur, donde los comunitarios se hallan dinero o droga que luego alguien les compra.

Ahí está la clave para entender la penetración de la droga en un paraíso olvidado por las autoridades con 32 mil kilómetros cuadrados de extensión en el caso de la RAAN, aproximadamente la cuarta parte de la extensión total del país.

Gente viviendo en la miseria, se encuentra dinero o se hace cómplice de un negocio que les hace tener mejores ganancias de lo que puede darle la pesca, o la siembra de malanga u otros tubérculos

Gente viviendo en la miseria, se encuentra dinero o se hace cómplice de un negocio que les hace tener mejores ganancias de lo que puede darle la pesca, o la siembra de malanga u otros tubérculos, el modo tradicional de sobrevivir y en el que fueron educados los comunitarios por sus padres y abuelos. Wellington, a quien la Fiscalía ha exculpado de pertenecer a algún clan narco, recuerda que en el mes de faena, en la sacada de langosta con ayuda de nasas (trampas), el día inicia muy temprano.

Muchas horas de trabajo que empiezan cuando el sol no sale. Un mes laborando que le permitió sumar cuatro mil córdobas a su bolsa, unos 174 dólares, es decir 114 veces menos que el dinero encontrado flotando. El pescador se siente preso de la indignación, pone una sonrisa con cara más de amargura cuando se le pregunta cuánto debía trabajar para lograr acumular el regalo que el mar le trajo. ─ ¡Jum! ¡Bastante!— dice.

¿“Vos no agarrarías los reales”?

El nombre de Wellington es Elvis Albert, tiene un hijo y vive en el barrio Spanish Town al que se llega por veredas en Puerto Cabezas, la capital del caribe norte nicaragüense ubicada a 565 kilómetros de Managua, donde la escena parece repetirse a medida que el conductor del taxi se adentra: casas pobres, de tambo como las hacen los miskitos, llena de gente de las más pobres del país.

“Yo le dije al policía, si vos mirás reales, ¿no los agarrarías? Yo los agarré porque los traje a mi casa y ellos me preguntaron cuántos kilos hallé, y yo les dije que solo reales encontré”, se acuerda Wellington, de camiseta crema y short, sentado en el umbral de la casa donde lo acompaña su madre, la más triste de esta historia, y quien guardaba el dinero en la funda de la almohada.

“Yo soy viuda, no tengo nadie que me ayude, solo él. Tengo tres hijos que trabajan en el mar, yo me puse a llorar, yo tenía miedo porque mi hijo no hizo nada. Soy pobre, no tengo nada en mi casa”, dice la madre. En la vivienda, se ven unos cuantos retratos, unos peluches colgados de un extremo del cuarto grande donde se juntan sala y cocina, una banca y los trastes colgados al fondo en un rústico mueble a la izquierda del artefacto de dos quemadores. Allá un televisor de 14 pulgadas, un pequeño equipo de sonido.

La suerte de esta familia acabó porque un vecino sopló a la Policía. En el operativo que ocurrió a las seis de la tarde del 23 de diciembre, y que sorprendió al pescador mientras bebía licor, los investigadores incautaron también una motocicleta que una hermana de Wellington había sacado al crédito en una casa comercial.

Kemil Evenor Coleman, abogado de Wellington, dice que la Policía se niega a entregar el dinero incautado que en el reporte oficial se redujo supuestamente hasta 15,000 dólares. Coleman insiste en que la Policía no accede a la devolución, pese a que el Ministerio Público mandó a archivar el caso después de solicitarles en más de tres ocasiones a la Dirección de Auxilio Judicial y Antinarcóticos que aportaran pruebas que vinculasen al pescador con alguna red de narcotraficantes.

La policía tras los expendios de droga

“El comisionado no quiere atender abogados. Presionando con los medios locales, él vino y entregó la motocicleta. El Jefe le dijo(a la hermana de Wellington) que llegara sola para entregarle la moto. Auxilio Judicial entregó la moto con un papel común, no utilizó ni siquiera un acta y nada de los dólares, que ni siquiera en ese caso hubo un documento de incautación con numeración y todo”, explica Coleman en su despacho.

El jefe de la Policía en la región caribe norte, comisionado mayor Yuri Valle, dice en defensa de sus oficiales que Wellington protege a alguien y luego zanja, cualquier cuestionamiento de la posibilidad de la pérdida del dinero, diciendo “eso dice él, pero yo te estoy diciendo esto. Vos verás si le crees a él o nos crees a nosotros los policías”.

“Si hay una ocupación, es porque hay una investigación de la Policía. Eso está ocupado. Él está defendiendo a alguien, no sé en qué tipo de actividad, siempre se da un recibo, si él dice que el caso lo conoció el Ministerio Público, es que estamos trabajando en esa dirección”, dice Valle.

Diciembre fue un mes de mucho dinero para la gente en Puerto Cabezas y sus alrededores. En los días que Wellington encontró los dólares, no era raro ver en el pueblo a muchos con pequeñas fortunas.  Coleman dice que conoce la historia de un señor que con más de 2 mil dólares fue increpado por las autoridades, mientras compraba en una fritanga, y luego el dinero pasó a formar parte de lo “incautado a narcotraficantes”.

“Para esas fechas, hubo varios quiebres de droga, tumbaron a otros narcos, había bastante dinero en todo el sector. Demasiado el dinero”, dice Coleman.

“Venía gente de Honduras a comprar la droga; en las gasolineras, por no ir al banco, te cambian que 500, que 600 dólares, mil. La gente andaba plata”, añade Yader Pineda, colega del mismo bufete, quien sostiene que, cuando cae droga en alguna comunidad, los comerciantes viajan hasta la lejanía sin importar las horas del viaje en panga, porque saben que ahí la gente les comprará en buen precio sus mercancías.

“Una camisa te la van a comprar (en las comunidades) en 100 dólares, una moto en 10 mil. Todo te lo van a comprar, el comerciante emigra entonces”, sostiene Pineda.

Aunque ahora el enfoque de la Policía parece dirigido al cierre de los expendios de droga-- Valle no ofrece una visión sobre la penetración de las comunidades porque dice que ahí opera el Ejército a través de la Naval-- el problema del narcotráfico es valorado como prioritario por la Policía en el caso de la RAAN desde comienzos de los noventa.

“Durante la década de los ochenta, la actividad de acopio y consumo de droga en la RAAN se limitó a la marihuana que los pobladores de los litorales del norte y sur encontraban en las playas e intercambiaban por otros productos”, relata un informe de la Policía en 1994, al que tuvo acceso Confidencial.

Las causas enumeradas en ese documento parecen ser las mismas de la explosión del negocio en esta década: “La vulnerabilidad de las fronteras, la cercanía con San Andrés (puente ideal para el traslado de la droga), las armas  de guerra en manos de civiles que son cotizadas por los narcotraficantes, e intercambiadas por droga, la crisis económica que atraviesa el país, son, entre otros, factores que han propiciado el uso del territorio nacional para el narcotráfico”.

La pobreza: el detonante

El tema de la pobreza continúa siendo el detonante.  Sentado en un cafetín de la Iglesia Morava, el pastor Marcelo Borge, uno de los líderes de la agrupación religiosa, insiste en que el narcotráfico es motivo de gran preocupación en la región. “Para nuestra gente la droga es como una bendición de Dios, porque casi la mayoría de la gente-- cada vez que entraba en las playas-- ese polvo blanco o harina, conseguían dinero fácil, pero no toda la población”, distingue Borge. El pastor hace énfasis que en la costa caribe se practica la vida comunitaria y, cuando había droga, se miraban involucrados en una suerte de complicidad “los pastores, los jueces y todo el pueblo.

Al vender el producto traía el dinero efectivo y daba una parte para la Iglesia, otro tanto para los líderes comunales y también  a los jefes de la familia”. Marcelo Borge tiene 64 años, es ciego desde los 24 a causa de un glaucoma y nació y fue criado en una comunidad en la ribera del Río Coco. Dice que debe ponerse atención a la situación de los litorales norte  y sur de la RAAN. El mismo repite nombres que han sonado en el pasado por la penetración del narco como Sandy Bay o Bahía Arenosa, Daukra, Awastara, donde se levantan enormes casas de gente que trabajan con el narcotráfico internacional según él.

“La gran mayoría no tiene mansiones, no tiene buenas casas”, reitera Borge para marcar una diferencia con los más pobres.

El territorio indígena de Asang a la ribera del Río Coco, que él conoció como una pequeña comunidad donde la gente era pobre casi en su totalidad,  también se ha visto afectada por el narcotráfico y han sido testigos de lo que pasa en poblados cercanos, en Honduras, donde tres traficantes se disputaban hasta hace poco el territorio. Eran una mujer y dos hombres que tenían  soldados propios, que ganaban 20 mil córdobas cada uno, más de lo que gana un militar a cuenta del Estado, dice el reverendo. Ella, la narcotraficante, se llamaba Mara. Borge recuerda también a un tal Marcial Maldonado y del otro ha olvidado su nombre, pero sostiene que  todos están muertos en la actualidad.

El progreso que estaba llevando el narcotráfico a esas comunidades, abandonadas a la buena de Dios, había llegado al extremo que uno de ellos había ideado construir una carretera hasta el triángulo minero y con ese fin había traslado una maquinaria desde Honduras. El plan sin embargo fue frenado con la presencia del Ejército que llegó hasta el sitio.

Ejércitos privados

“Antes era más sano porque nosotros no sabíamos que existía la droga. Pero a raíz del conflicto en la década de los ochenta la gran parte de la comunidad de Río Coco se había ido al territorio de Honduras; otra fue traída a los asentamientos, regresaron otra vez y los de Honduras ya traían otras cosas diferentes a la unidad familiar, a la convivencia comunitaria”, dice sobre el origen del negocio narco.

“Uno de los sectores donde se miraba esto (presencia de ejércitos privados) era en la desembocadura del Río Prinzapolka. Otra es en la desembocadura Río Kukalaya, en Layasiksa, donde tenían su escondite, entraban y daban toda la cobertura, protección, tenían organizados ejércitos pagados por ellos. Algunas autoridades nuestras también estaban involucradas en estos asuntos”, dice Borge.

La penetración del narcotráfico en las comunidades provocó que hubiese una reunión de pastores moravos en 2008, antes incluso que ocurriese  una emboscada contra miembros del Ejército cuando intentaban recuperar un cargamento en la lejana comunidad de Walpasiksa. En ese año, la situación se agravó por la pobreza, que era mayor a consecuencia del impacto del huracán Félix (septiembre de 2007).

A la pobreza se sumó un problema moral. “Hay muchas personas que han perdido su rostro como ciudadano digno, que en un tiempo fue parte importante de la sociedad. (Narcos) Están dañando a nuestro pueblo. La política no está trabajando para controlar esta situación, más bien como que está ayudando para que se empeore más”, explica el reverendo.

La presencia del Estado, además, es casi inexistente lo que se constituye en un problema significativo.

“Nuestro pueblo está marginado por la distancia, la educación es regular. El Gobierno, los concejales, algunos son de estas comunidades, en vez de buscar desarrollo o progreso de estos sectores, ellos son obedientes a sus partidos, no cumple con la demanda de nuestro pueblo. Cuando están en campaña prometen muchas cosas y visitan a las comunidades, pero después se desaparecen”, insiste el reverendo que pide a Dios que amarre las manos de los traficantes.

El culto a la droga

El profesor Avelino Cox, sociólogo y poeta, de cotona y pelo largo, lamenta lo que describe prácticamente como el culto a la droga en la región. Cox habita en Puerto Cabezas y es también un gran crítico de lo que pasa en las comunidades, donde dice que antes la gente era muy inocente. Recuerda que, a principios de los noventa, los primeros comunitarios que hallaron droga en Bismuna confundieron el producto con harina, hicieron tortillas para sus hijos y ellos murieron. La droga era usada, según él, en la medicina tradicional, “para trabajar con gente con problemas de salud”.

Cox está terminando esta tarde calurosa un poema al que llama “el verdadero credo moderno”, una verdadera provocación que lee ahora mismo en voz alta: Creo en la droga, Dios capital de toda  índole que gobierna a los gobiernos, que deja sin voluntad a  los políticos a los llamados líderes y a todos aquellos  que se atreven a aproximarse, que de paso gobierna la mente, la materia y el espíritu de los incautos de toda la tierra. Creo en su poder que ni el oro, el petróleo y la plata y todas las piedras preciosas  pueden contra su poder y muchas otras fuerzas quedan sin efectos, porque es el nuevo filibustero que avanza indeteniblemente hacia la destrucción total de los seres humanos. “Nuestro pueblo vivió con una fraternidad desde hace siglos, pero ahora no se puede confiar en la gente de las comunidades. A mí me molesta cómo se ha desestabilizado nuestras poblaciones, ves a la gente caminando como robots, no hay respeto a la gente mayor. Estamos perdiendo la moral desde hace rato”, añade el sociólogo.

El profesor se acuerda cuando en el pasado se quiso instalar una base militar en los cayos miskitos, el refugio actual de los narcos, el refugio de siempre porque en el pasado había sido el escondite de piratas cuando los ingleses eran aliados del caribe nicaragüense mientras los españoles gobernaban en el pacífico. “Es una piratería moderna”, aduce.

Pero lo que más lamenta es la impunidad, los narcos que por un rato les quitaron todo y luego vuelven. En ese punto señala que hay responsables arriba, gente con autoridad que pueden mandar a matar. De vida y muerte está hecha la historia del narco. Marcelo Borge cuenta que uno de los poderosos barones de la droga, a los que ubico en Honduras, murió mientras hacía una enorme transacción en el Río Coco.

El cadáver fue encontrado en una comunidad nicaragüense. Hasta ese sitio, avisada por los comunitarios nacionales,  la familia llegó en un helicóptero para recuperar el cadáver.
 

Un viaje al paraíso perdido

  • Caribe se enfrenta a un problema al que no se le ve salida por ahora, advierten expertos

 

Después de dos horas en panga, con la espalda destrozada, se avista Littledukra, la primera comunidad de Sandy Bay, localizada a 55 kilómetros desde Puerto Cabezas, la capital de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Será cuestión de cinco minutos para que la lancha con un motor de 200 caballos de fuerza, algo inusual para el resto de pescadores que se desplazan en cayucos o botes sencillos, nos lleve  finalmente a Ninayari (Nombre Largo), la entrada oficial a las diez comunidades de Sandy Bay moradas por al menos 15 mil personas, pescadores en su mayoría, aunque otra parte de la gente cultiva la tierra igual que lo hicieron sus ancestros.

El sitio es de una belleza encantadora. Palmeras, sol, niños jugando felices a la vera del camino y también lo es la costa caribe en general con sus historias de piratas, un rey gobernando durante la colonización española, y la música que en todos los tiempos invita a bailar para convertir  cuanto se vive en un recuerdo perenne.

No habrá entrevistas

La gente además es hospitalaria, dice el intérprete que nos acompaña, pero en estos días de junio la comunidad de Sandy Bay resiente haber sido engañada por un oficial de la Policía que llegó semanas antes disfrazado de vendedor de trufas, y que luego participó activamente en un operativo contra cuatro dirigentes a los que la Policía acusa de narcos, entre ellos Downly Mendoza Cisneros, el supuesto cabecilla.

Los comunitarios cuentan que el vendedor fue recibido con los brazos abiertos, no se esperaban el engaño. “Era un agente de la DEA (la agencia antidrogas de Estados Unidos)”, asegura uno de los comunitarios, el  más dispuesto a hablar en esta tarde calurosa, en la que los líderes prohíben las entrevistas y las fotografías.

La tensión entre el equipo de Confidencial y líderes comunitarios aumenta en la escuela, de donde saldremos a la pequeña casa de madera que una familia misquita nos ofreció de hospedaje. El director del colegio se niega a ofrecer datos sobre la situación educativa de las comunidades. No solo eso. Llega acompañado por sus colegas. Todos rodean a los periodistas en un pequeño rancho, donde corre algo de aire para aliviar el clima de infierno.

Algunos alzan la voz y reiteran al intérprete que no habrá entrevistas. Un hombre de camisa blanca, dientes de plata,  identificado como el líder, dice que mañana deberemos irnos de Ninayari. El resto lo apoya pese al intento del intérprete de convencerlos.

Dicen que el periodismo no es confiable para ellos. “En vos podemos confiar, pero en ellos no. Ya estamos aburridos de otras publicaciones que nos han puesto como un paraíso del narcotráfico

La razón de esta decisión es inquebrantable. Dicen que el periodismo no es confiable para ellos. “En vos podemos confiar, pero en ellos no. Ya estamos aburridos de otras publicaciones que nos han puesto como un paraíso del narcotráfico, la otra vez nos dijeron que éramos un barrio de Miami por las casas grandes”, lamenta otro.

La publicación más antigua en que se señala a la comunidad de narco se hizo hace ya más de una década en los diarios nacionales, pero a lo largo de estos años varios relatos periodísticos han ahondado sobre el trasiego de la cocaína o la posesión de miles de dólares en manos de unos cuantos. Eso ocurrió en julio de 2005 cuando, en un solo operativo por ejemplo, las autoridades incautaron más de 600 mil dólares que estaban en manos de un solo hombre, Marvin Funez.

Un pueblo de contrastes

En Sandy Bay (Bahía Arenosa) se notan los contrastes. En el pueblo se ven muchas casas de tambo y entre esa pobreza sobresalen algunas de concreto, de dos pisos y hasta tres, que las autoridades aseguran provienen del negocio de la droga.

Sus dueños construyen terrazas para tener una buena vista al mar en construcciones que impresionan, incluso en Puerto Cabezas, donde los materiales para edificarlas son más baratos.

En Sandy Bay una bolsa de cemento cuesta hasta 275 córdobas, mientras la arena es cuatro veces más costosa y hay que pagar a obreros para que la lleven desde el muelle de concreto hasta el sitio de la construcción, una vida cara que se siente en productos como la gaseosa por la que se paga diez córdobas en el pacífico, mientras vale 30 en esta comunidad.

Me dice un periodista, que no quiere que mencionen su nombre, que en diciembre era imposible encontrar cemento en Puerto Cabezas. Las ferreterías entonces mandaban la mayoría hacia Sandy Bay donde unos cuantos construían. La única opción era comprar al precio de esa bahía, sostiene. ¿Cuánto hay de leyenda en todo lo que se dice de este sitio?

Flor Abicio, contadora de la ferretería Sandy Bay, ubicada en Puerto, recuerda que es verdad que hubo mucha venta de material de construcción entonces, pero desmienten que estén ganando mucho y al contrario dice que más bien no les resulta traer cemento desde San Rafael del Sur, porque las empresas quieren llevar hasta allá no menos de 42 mil bolsas.

“Aquí casi no traemos mucho cemento. Sale más bien pérdidas. En ese tiempo (diciembre) habían bastante venta de todo tipo de materiales de construcción y por lo general la gente de Sandy Bay viene más, al que viene se le vende”, explica la contadora.

También abundan las motos en el poblado caribeño. Cuando se cruza el camino en Ninayari, se destacan en un poblado donde todos andan a pie.

La mayoría de las que vemos son marca Honda Tornado y en el mercado pueden valer cinco mil dólares, una suma difícil de pagar para un pescador.

Un joven, de playera y short, se pasea exhibiendo una cadena gruesa de plata. Tiene 15 años y la moto es un regalo de su padre. En la noche, las luces de las motocicletas alumbrarán la oscuridad generalizada.

Alberto Brooks, concejal y originario de Sandy Bay, cree que hay mucha desinformación y explica que la gente con casas grandes es porque son acopiadores de langostas que comercializan sus productos a buen precio en el exterior. Son 35, a lo sumo 40 familias. Llegan a ganar, según él, entre 75 mil y 150 mil córdobas cada quincena.

Gonzalo Paiz, el superintendente de los moravos, insiste que por cinco narcotraficantes no deben sufrir los comunitarios que se ganan lo que tienen con el sudor de la frente.

En Walpasiksa reclaman a los militares

En el paraíso perdido de la RAAN anclamos también en Piedra Negra (Walpasiksa). Está a 74 kilómetros de Puerto Cabezas, nueve horas interminables de viaje en una lancha con un motor de 8.8 caballos de fuerza. A ratos llueve.

Desde Piedra Negra se ve una laguna y la barra desde donde también se avista el mar caribe y sus tumbos, y está su gente buena. Sus niños caminando en tablas con un pescado en la mano, o jugando al futbol con una pequeña pelota de plástico.

Aquel otro chavalo corre desnudo con sus hermanitos y aquella niña se levanta una falda imaginaria, porque anda en calzoncito, para pasar una pequeña poza atendiendo una segura lección de su madre.

Aquí la gente está dispuesta a contar su versión de la historia del narco. Temíamos encontrar un ambiente hostil, porque en este sitio emboscaron al Ejército. Dos soldados murieron el ocho de diciembre  de 2009 cuando las autoridades intentaban recuperar un cargamento de droga que se sabía estaba en el poblado después que cayó una avioneta por desperfectos mecánicos.

Pero no. Lorenzo Chow, el jefe de los comunitarios, es un hombre flaco, cabeza pequeña, que camina con agilidad de deportista. Hace una reunión en una de las casas de tambo, cita al juez Daniel Gómez y a uno de los miembros de la directiva de ancianos, Jacinto Rodríguez.

En lo que mejor se ponen de acuerdo es en rechazar la presencia de los militares que se pasean por el pueblo haciendo sus rondas dos veces al día por lo menos.

Rodríguez es contundente: “Aquí no se produce la droga, aquí no hay laboratorios, eso es en Colombia”.

Chow cuenta que dos semanas antes de la visita de los periodistas tuvieron un incidente con algunos oficiales que intentaron arrebatarles una tortuga, lo que provocó una sublevación de la comunidad.

¿”Parezco yo narco”?

El juez actual relata que la Fuerza Naval registra a los jóvenes cuando llegan y la mejor manera de imponer su autoridad resulta ser  encañonarlos. Una mujer con sus 14 hijos, Mercedes Rojas, reclama su casa que está en manos de la Policía, una vivienda en ruinas que le fue decomisada porque era supuestamente de narcotraficantes. El pilar casi se desploma, igual que la paciencia que parece haber llegado a su límite. “Hemos hecho gestiones, pero hemos gastado el poco dinero que conseguimos en viajes a Puerto Cabezas, no nos han resuelto nada.  El día que los militares vinieron, todos huimos al monte y, cuando volvimos, se apropiaron de todo. Me quitaron la casa y las cosas que tenía, un pequeño motor de borda”, dice la mujer.

En Piedra Negra vive también Margaro Zelaya, de 27 años, probablemente el “narcotraficante” más desgraciado del mundo.  Pide ayuda para comprar unas inyecciones que necesita por las infecciones que dañan su cuerpo, las que dice son producto de la golpiza que le metieron los militares en 2009 cuando ocurrió la emboscada.

Zelaya está junto a la iglesia morava, donde acaba de terminar el culto dado por primera vez en mucho tiempo en dos idiomas, miskito y español, al que han asistido hombres, mujeres y las abuelas con una Biblia en la mano y un velo en la cabeza.

Margaro Zelaya se ubica junto a un predio frente a la laguna, donde dice que los militares los tiraron al suelo. Asegura que los patearon y les pedían información sobre narcos y armas. “¿Parezco yo narco?”, pregunta. Insiste.

Margaro Zelaya estuvo preso durante tres meses, igual que sus conocidos, porque las autoridades decían que ellos habían sido cómplices de los narcotraficantes.

Entonces era juez de Walpasiksa, Alejo Gómez, que recuerda la tensa relación que tenían como comunidad con los narcos, los supuestos benefactores para la Policía y El Ejército.

Gómez asegura que todos vivían bajo amenaza porque se mantenía muy bien armado el círculo que protegía al colombiano que usaba la cédula nica de Alberto Ruiz Cano, señalado como miembro del Cartel de Cali, prófugo de la justicia.

El nombre verdadero del narcotraficante era Amaury Paudd, dueño de una discoteca en Managua, usaba la cédula número  401-190865-0008X, una emisión que nunca fue explicada por las autoridades del Consejo Supremo Electoral y que se reveló  antes que a finales de mayo fuese detenido el magistrado suplente Julio César Osuna por proveer identidades al cartel de Alejandro Jiménez, alias “El Palidejo”.

Según el ex juez Alejo Gómez fue la comunidad entonces la que pidió a las autoridades que intervinieran porque ya llevaba el jefe narco más de nueve meses de permanecer en Walpasiksa, a la que iba y volvía cuando quería. Se quedaba en la casa que escogía, donde compraba a los pobladores. Escogía también a la mujer que más le gustaba. Pagaba sus caricias.

Entre la pobreza y el olvido

Piedra Negra tiene 1, 200 habitantes y aquello era algo inusual. Lo de siempre es la pobreza, el olvido. Defecan sobre excusados, algunos colocados sobre la laguna desde donde parten a pescar. La educación está por el suelo literalmente y el maestro Alfred James cuenta que algunos de los alumnos se han enfermado por lo helado del piso, adonde tienen que sentarse porque hay pocos asientos.

El profesor James dice que únicamente 250 chavalos estudian ahí y, luego que aprueben el tercer año de secundaria, deberán viajar hasta Puerto Cabezas para continuar sus estudios.  Si no hay dinero, no hay progreso.

“Como maestro de educación secundaria estoy viendo las necesidades y como anteriormente le decía al juez, esta petición se hace para que a nivel central en Managua vean que las ayudas que están mandando a la costa atlántica no nos están dando el 100 por ciento a nosotros. Supuestamente mandan ropa, lo que es el uniforme, cuadernos, pero solo mandan para diez alumnos, no podemos ayudarles a los 250”, se queja James a unos metros de la escuela de cuatro aulas que construyó la administración Somoza en 1972.

Laura Duarte es la enfermera que lamenta de que solo acetaminofén tiene que ofrecer para los pacientes enfermos y, a veces ni eso, porque la provisión de medicamentos alcanza para 15 días cuando debería durar un mes.

Muestra en un cuarto pequeño la dotación que tiene actualmente almacenada en una pana en este pequeño centro de salud, donde hasta la planta para generar energía está en cuidados intensivos. Detrás de su escritorio, pegadas en la pared, tiene las fotos de sus dos hijas, Laysha de 11 y Heysha de nueve años, uno de los pocos motivos para no perder la esperanza. Hasta hace un año esta enfermera estuvo en Alamikamba que estaba en una situación peor según ella.

El mayor problema en Piedra Negra lo tiene para atender a las mujeres embarazadas a las que prácticamente debe despachar en panga para que sean atendidas en Puerto Cabezas

Duarte dice que el mayor problema en Piedra Negra lo tiene para atender a las mujeres embarazadas a las que prácticamente debe despachar en panga para que sean atendidas en Puerto Cabezas. Aquí en este pequeño poblado no llegan los discursos gubernamentales que hablan de desarrollo. Pero aun así Felipe Mitchell, un concejal aliado del gobierno, dirá después en Puerto Cabezas que la tarea se hace poco a poco, aunque luego reconoce que la pobreza es tal que hay pescadores sin trasmallos y que la administración de Daniel Ortega les envía a treinta y 40 en las comunidades cuando son mil los que lo necesitan.

Ejército niega la represión

El día de la incursión militar en Walpasiksa, centenares de soldados llegaron al pueblo, se llevaron electrodomésticos en helicópteros y dejaron a una pequeña misión que se asienta en una casa en ruinas.

Según la versión oficial, a las 6:30 de minutos de la tarde el sábado cinco de diciembre de 2009, la avioneta colores celeste, blanco y azul, con inscripciones Firing Order 45236 y 888951, procedente de la isla de San Andrés, sobrevolaba la zona de Walpasiksa con 800 kilos de cocaína a bordo, cuando repentinamente se precipitó al norte de Walpasiksa. Otras fuentes dicen que la capacidad de la nave era para cargar tres toneladas. Según el informe oficial, recogido en Conexiones, de la Universidad Centroamericana, meses después del incidente, “19 miembros de la organización, encabezados por Persibal John Centeno llegaron hasta el lugar, rescataron a los pilotos de nacionalidad colombiana, recogieron la droga y procedieron a quemar la avioneta para eliminar las pruebas”. El ocho de diciembre, a las cuatro y media de la tarde, siete oficiales, entre militares y policías, intentaron recuperar el cargamento. “Desde las casas de tambo y ocultos desde los árboles ya los estaban esperando”, añade el relato.

Un año y seis meses después de la emboscada, la confrontación continúa pero a menor escala. Las fuerzas del Ejército exhiben muchos logros en cuanto a las incautaciones de droga a nivel internacional, pero siguen sin ser recibidas como héroes en estas comunidades.

Gonzalo Paiz, superintendente de la Iglesia Morava, toma en cuenta la guerra civil de los ochenta cuando este Ejército fue denunciado de masacrar a los miskitos. Ahora dice, durante una visita en la capital, que los militares deben actuar con sabiduría, buscar al culpable y evitar molestar a las muchachas y moradores en general como los líderes comunitarios de Sandy Bay le denunciaron a él.

El General Adolfo Zepeda, jefe de la Inteligencia Militar, niega la represión. Dice que únicamente son duros con elementos vinculados con el narcotráfico.

“Nosotros respetamos la opinión de los pobladores, tienen derecho a expresar sus apreciaciones. No somos represivos, tratamos de ser duros y enérgicos con aquellos elementos vinculados al accionar del narcotráfico. No somos tolerantes. La orden es combate al narcotráfico y en ese sentido vamos a operar”, empieza  a decir Zepeda.

“Lo más importante es que los colaboradores locales que se descubran, no importa que estén vinculados a los Zetas, Sinaloa, o Cartel del Golfo, o a carteles locales que operan en el norte de Nicaragua, si detectamos acciones sospechosas, vamos a ir encima de ellos”, advierte el jefe militar.

Pero eso no se entiende en Piedra Negra. Va cayendo la tarde con muchos reclamos, insatisfacciones. El juez actual señala a Margaro Zelaya, el que denunció torturas de los militares, y pregunta si es narcotraficante nuevamente. “Lo que estamos pagando los platos rotos somos nosotros, los narcotraficantes no están acá”, dice el juez que denuncia el abuso frente a las cámaras, con voz de regaño, exaltado, una barba montaraz, y lo hace para que quede en pie el testimonio de este paraíso perdido, olvidado desde siempre y para siempre.

900 millas que “preocupan” al Ejército

El jefe de inteligencia del Ejército de Nicaragua, general Adolfo Zepeda, reveló que en una reciente reunión de mandos militares de la región centroamericana, celebrada durante abril en El Salvador, los especialistas dijeron que en los próximos años es posible que una mayor cantidad de droga, de la que se trafica en el continente, llegue a Belice.

“Veíamos en esta reunión centroamericana que puede generarse un problema, porque la mayor cantidad de droga podría estar arribando a Belice”, reiteró el jefe de inteligencia militar.

Con solo agarrar el mapa del continente americano, explica Zepeda, se puede entender que la droga podría salir del sur del continente, donde la producción este año ronda las 1, 700 toneladas, hacia un país bodega que el general describe como Panamá o Costa Rica y luego buscar territorio nicaragüense para que luego la despachen hacia la Mosquitia de Honduras.

Honduras es un país marcada en la actualidad por el crimen organizado. Zepeda recuerda que en la Mosquitia de ese país, sus homólogos han destruidos pistas de aterrizaje en una operación bautizada como “armadillo”.

La operación se vio motivada en los constantes vuelos que, según la revista de temas militares Diálogo, citando informes oficiales de Estados Unidos, representan el 79 por ciento de la totalidad que salen de América del Sur cargados con cocaína.

 “De Belice ya está cerca de lugares donde operan ya grupos como Los Zeta, los Sinaloa en la frontera. Hay una zona gris entre Guatemala, Belice y México, Honduras también, donde la tipografía montañosa, las dificultades del territorio dificultan el accionar de las autoridades y son fácilmente utilizadas por estos grupos criminales para transportar la droga hacia México y su destino final”, continúa Zepeda.

El “muro de contención”

Según el alto mando militar, Nicaragua se sitúa en una ruta importante en la que, hasta ahora, el Ejército ejerce una estrategia que llama “muro de contención” con el que, haciendo sus operaciones vía marítima, expulsan a los narcotraficantes a aguas internacionales, mientras disminuye cada vez más las trazas ilegales aéreas.

El general precisó que le preocupa la situación de las regiones del litoral caribe por la ausencia de algunas autoridades.

“La preocupación que tenemos es la lejanía, la poca presencia de algunas autoridades. Principalmente eso dificulta de alguna manera la eficacia de las acciones que podamos tomar”, opina Zepeda.

“Estamos ejerciendo autoridad a través del Ejército de Nicaragua, no es suficiente. Quizás la presencia del Ejército ayuda a disminuir el actuar de estos grupos de narcotraficantes, pero creemos necesario la presencia de más autoridades”, insistió el militar.

El general Zepeda precisa que les preocupa una franja de 900 millas náuticas que se extienden desde San Juan de Nicaragua hasta Cabo de Gracias a Dios.

La base de operaciones de Sandy Bay

Las investigaciones de la Policía Nacional describen un panorama en el que el narcotráfico ocupa un lugar primordial en Sandy Bay. En los juzgados de Managua, el Ministerio Público acusa a cuatro de los líderes de Sandy Bay por formar supuestamente un corredor de la droga, con brazos incluso en Río San Juan.

“Es una estructura que opera en Managua, Puerto Cabezas, Bluefields, Río San Juan… Esta estructura tiene como principal base de operaciones Sandy Bay de la RAAN”, dice la acusación.

Ese documento indica que el jefe de la organización es Downly Mendoza Cisneros, aún sin detener y quien vive en Bahía Arenosa y posee otra casa en Managua. Tanto la capital como Puerto Cabezas son usadas por éste, dice el documento, como punto de reunión con narcotraficantes del sur y el norte del continente.

“Como jefe de la organización, dirige, financia la compra del combustible para avionetas y embarcaciones acuáticas, los cuales son utilizadas para el transporte de droga, dicho combustible lo almacena en propiedades en Sandy Bay”, precisa el documento del Ministerio Público.

El ejército de Mendoza posee teléfonos satelitales y radios UHF para darse aviso cuando haya presencia de las autoridades, pero también la droga viene del cielo y tiene organizado el tráfico aéreo de la droga desde Colombia, pasando por Costa Rica, llegando  a la bahía mencionada para luego despacharla hasta Bismuna.

Quien recibe supuestamente las aeronaves es José Chow Alvarado, habitante de Puerto Cabezas, con casa en Bahía Arenosa, otro personaje de esta intricada red que las autoridades mencionan como involucrado en la reciente recepción de un cargamento que venía en una avioneta que, al aterrizar con desperfectos, se vio obligado supuestamente a quemar, mientras la cocaína fue trasladada a Honduras vía marítima.

En la acusación aparecen también Owen Alexander McRea Alvarado, quien vive en San Juan de Nicaragua, y señalado de recibir, resguardar y despachar la droga que viene del sur y Junior Santiago Moncada, el encargado aparente de la seguridad. O Leonardo  Moody Demetrio, otro de los 11 involucrados.

La red tenía la astucia de mandar pangas rápidas como avanzada para ver si encuentran militares de la naval. “Una vez que hacen este recorrido de exploración llaman por radio con frecuencia UHF y teléfonos satelitales para dar el aviso y puedan salir al mar desde la barra de Sikapakia, a continuación sale una segunda lancha armada, posteriormente sale  de la misma barra la lancha cargada con droga que no es de ellos si no es la que viene del extranjero y está siendo cuidada por su organización y finalmente una tercera lancha propiedad de este grupo criminal que viene custodiando la parte de la retaguardia para evitar no solamente la intervención policial nuestra”, explica el Ministerio Público en el documento de intercambio de pruebas.

Las ganancias les permiten entonces a algunos hacerse dueños de hoteles en Managua, de propiedades, de vehículos de lujo que son objeto de un juicio que se lleva en el tribunal tercero Distrito de lo Penal de Audiencias en la capital.


La ruta de la droga

  • Por ahora no se ve una solución inmediata al narcotráfico en el caribe de Nicaragua, que se manifiesta a rasgos generales de la misma forma en ambas regiones, con la diferencia que en el sur ya hay asesinatos por encargo, advierte Roberto Orozco, investigador del Instituto de Estudios y Políticas Públicas(IEEPP).

Orozco dice en una entrevista con Confidencial que en el sur los narcos han entrado en competencia por el mercado, lo que provoca que opere allí una banda de sicarios.

Según el informe del año pasado de la Policía Nacional, Bluefields tiene un índice de muertes violentas, casi igual al de Guatemala, con 42.7 por cada 100 mil habitantes.

Orozco considera que la respuesta ante el problema del narcotráfico es limitada de parte de las autoridades y desigual si se compara el trabajo de la Fuerza Naval con la Policía.

“Esto hace que, por un lado, se golpee a las estructuras transnacionales y el tráfico internacional de drogas; pero vemos pocos esfuerzos por golpear a los narcos locales”, dice Orozco.

Miguel González, politólogo costeño y profesor de la Universidad de York en Canadá, sostiene que, para entender lo que está pasando, hay que estar claro de que en el país hay dos Nicaragua, heredadas de la época de la colonia.

“Las dos Nicaraguas siguen existiendo. Ocasionalmente se producen momentos de encuentro y reconciliación, y en otros se promueve el desencuentro y la desconfianza mutua. Una lucha contra el narcotráfico mal conducida, sin legitimidad social, corre el riesgo de levantar nuevos muros, de alimentar la desconfianza entre las dos sociedades”, añade González.

González demanda respeto a los derechos humanos de los costeños, que cese el prejuicio de considerar a todo caribeño un narcotraficante. Así lo dice en una entrevista cedida por correo electrónico, como lo hizo Orozco, para dejar su visión sobre lo que está pasando en este importante corredor de la droga.

“En Bluefields existe sicariato local”

No sólo el Caribe norte nicaragüense vive bajo el asedio del narcotráfico, el investigador de temas de seguridad, Roberto Orozco, fue quien reveló que las muertes violentas en el sur eran a consecuencia de que allí estaba operando una banda local de sicarios al servicio del crimen organizado. El estudio se llama Delitos y Drogas en Bluefields y fue publicado en marzo de 2011. Orozco, de 43 años, analiza el tema de fondo de una realidad, donde el tráfico se está expresando mediante varias modalidades. De profesión periodista, y actual investigador del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, respondió esto a la consulta por correo electrónico realizada por Confidencial. En un reciente informe la Policía reconoció que en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) el índice de muertos equivalía a 42.7 por cada 100 mil habitantes, una tasa comparable a la de Guatemala, pero no ahondó en las causas.

Después de ver la realidad de la Región Autónoma del Atlántico Norte, ¿cree usted que haya mayor diferencia con  el sur?

En cuanto a modalidad no existe mucha diferencia. En ambos casos lo que se da es el apoyo logístico y cobertura de seguridad a los narcotraficantes colombianos. Si hay diferencias es en los actores, por ejemplo, en la RAAN el narcotráfico es dominado por los hondureños, quienes reciben colaboración de algunos miembros de la etnia miskita, mientras que en las estructuras comunales que colaboran con el narcotráfico son más autónomas; es decir, hay mayor involucramiento de las redes locales con poca influencia extranjera y más colombiana que cualquier otra. Ciudadanos colombianos habitantes de la isla de San Andrés se mimetizan muy bien dentro de la población caribeña del sur porque, igual que éstos, ellos también son afrodescendientes y pasan desapercibidos por tener las mismas características fenotípicas que los lugareños. La modalidad de tráfico de drogas en el sur ocurre con cargamentos de drogas que viajan "punteando" el litoral; es decir, las pangas narcos ya no cruzan todo el litoral en un solo viaje en su tránsito hacia el norte, si no que van de comunidad en comunidad donde los narcos tienen algunos colaboradores, lo que hace más difícil su detección. Por esta razón, en el sur se han organizado pequeños grupos de colaboradores que controlan líneas específicas de tránsito de la droga. A estos les pagan con parte de la cocaína, lo que se denomina "derrame", que introducen en el mercado de drogas ilegales en Bluefields.

¿Cuál es la modalidad, de llamarlo de algún modo, con lo que los traficantes operan en el sur del Caribe? ¿Hasta dónde llega el grado de penetración?

Como consecuencia de la modalidad antes descrita, en el sur se han organizado cuatro grupos de pequeños colaboradores que las autoridades conocen con el nombre de quienes los integran. Antes eran siete, pero fueron operados y desmantelados el grupo de los Aragón (Tarzanes), los Salablanca y los Herrera. El grado de penetración más fuerte ha sido en las comunidades del litoral sur; sin embargo, en Bluefields, debido al derrame de la droga y su posterior abastecimiento del mercado local, se han estructurado grupos que controlan esa plaza en esa ciudad.

Uno de los datos que más impresiona, y es oficial, es que la violencia en el caribe sur alcanza un índice de muertos igual al de Guatemala, ¿cómo se explica esto, por qué no pasa lo mismo en la RAAN?

Esto ocurre porque los grupos que controlan el mercado local de drogas comenzaron a competir entre ellos. Más del 60 por ciento de las muertes violentas que el Ministerio Público procesó en el 2010 fueron asesinatos vinculados a la narcoactividad; es decir, las víctimas fueron personas a las que los narcos locales mandaron a asesinar por motivos relacionados con el narcotráfico. En el norte no existe aún esa competencia. Por la forma en que se registraron esos asesinatos, fue que identificamos que en Bluefields existe una modalidad de sicariato local.

¿Cómo valora usted la capacidad de respuesta de las autoridades en estas zonas tan olvidadas del país?

La respuesta institucional es muy limitada. Por un lado, el Estado aplica medidas de interdicción por la vía de la Fuerza Naval, esto es muy efectivo en incautaciones y captura de narcotraficantes; pero por parte de la Policía Nacional no se observa un esfuerzo similar. Tanto en la RAAN como en la RAAS, la Policía no está operando contra los expendedores locales de drogas y mucho menos contra los distribuidores que suministran la droga a los expendedores. Esto hace que, por un lado, se golpee a las estructuras transnacionales y el tráfico internacional de drogas; pero vemos pocos esfuerzos por golpear a los narcos locales. Por otro lado, la acción del Estado se circunscribe a la interdicción, pero no existen medidas de prevención, principalmente aquellas que son de carácter social. En la Costa Caribe no existe ningún esfuerzo estatal por reducir la demanda de drogas y mucho meno la atención a la drogodependencia. Esto hace que la demanda se mantenga siempre alta y que existan individuos que quieran suplir esa demanda.

¿Hay alguna salida al problema que tiene años de estar ocurriendo en el Caribe en general y en qué situación coloca al país en relación con la situación regional de la lucha contra las drogas?


El Caribe ha estado abandonado históricamente por el Estado y siendo que muy pocas respuestas se le ha dado a sus demandas históricas, no veo una solución inmediata al problema de la droga, el cual es relativamente nuevo en esa región

La respuesta a esta pregunta es difícil de identificar o simplificar. El Caribe ha estado abandonado históricamente por el Estado y siendo que muy pocas respuestas se le ha dado a sus demandas históricas, no veo una solución inmediata al problema de la droga, el cual es relativamente nuevo en esa región. Además que se corre el peligro de que la situación se empeore por la penetración y profundización que el narcotráfico ha logrado en el Caribe hondureño, desde donde se domina gran parte de la RAAN. La Fuerza Naval ha logrado con éxito tener mayor presencia en el litoral caribeño, pero eso es apenas una parte de la solución. Creo que deben tomarse otro tipo de acciones paralelas para poder reducir a su mínima expresión este fenómeno, pero sin duda, si sólo le dejamos el problema a la Fuerza Naval y Policía Nacional, no le veo solución a corto, mediano o largo plazo.

Lo que dice “Delitos y Drogas en Bluefields”

El estudio del investigador Roberto Orozco hace un diagnóstico de la seguridad ciudadana en la primera ciudad de la RAAS, Bluefields y muestra “cómo la situación de seguridad ha venido desmejorándose en el municipio de Bluefields, debido fundamentalmente, al alto consumo de drogas ilícitas, la presencia del crimen organizado y la débil capacidad institucional para enfrentar tanto el delito común como los delitos complejos”.

El informe demuestra que durante 2010 ocurrieron 33 muertes violentas, 11 fueron tipificadas como homicidios y 22 como asesinatos. La Fiscalía regional interpretó que estas muertes presentaron una característica común: sus móviles fueron vendettas entre estas organizaciones criminales que se dedican al narcotráfico.

Miguel González, politólogo costeño:

“El Estado tiene en el Caribe un desafío histórico importante”

El politólogo Miguel González, de 45 años,  dice que existen Dos Nicaragua, en relación a la del Pacífico y la del Atlántico, un punto toral para entender qué está pasando en este reino de la pobreza afligido por el narcotráfico, donde el Estado podría levantar muros si realiza una lucha mal conducida. Originario de Bluefields, González es doctor en ciencias políticas y actual profesor del departamento de ciencias sociales en la Universidad de York, en Toronto, Canadá. Es coautor del libro Etnicidad y nación.  Estas son sus respuestas a las preguntas de Confidencial.com.ni

¿Qué tanto ha cambiado el narcotráfico la región de donde usted proviene?

La región del Caribe Nicaragüense ha sido históricamente una zona expuesta al tráfico de estupefacientes, en una ruta de Sur a Norte, y hacia el interior del país. Cuando niño recuerdo que el comercio/consumo de marihuana era algo bastante común, nada distinto quizá al resto del país. Sin embargo, lo que vemos ahora es algo de mayor escala, tanto en el tráfico de cocaína como en el consumo local de sus derivados –por ejemplo, del crack. La ruta comercial de cocaína, cuyo destino principal es el Norte, tiene implicaciones mayores hoy día por su impacto negativo en el tejido social de la sociedad caribeña. Es decir, los volúmenes que se trasiegan por la región Centroamericana y el costo de la cocaína en los mercados del Norte, la convierten en un tráfico ilegal altamente redituable, que en un contexto de marginación y pobreza como el de la Costa, se transforma en una convergencia perversa, sumamente negativa.

¿Cómo están respondiendo las autoridades a este fenómeno?

Las autoridades tienen la obligación constitucional de hacer cumplir la ley, y me parece que en el contexto Centroamericano nuestro país ha tenido un desempeño notable en combatir el narcotráfico. Pero Nicaragua es un pequeño eslabón en una cadena globalizada muy susceptible al crimen organizado. Por tanto las autoridades nacionales necesitan fortalecer las alianzas con otros países de la región Centroamericana y con los Estados Unidos y Canadá para combatir este mal. Las autoridades nacionales también necesitan tener de su lado a la sociedad costeña y deben actuar con transparencia en las investigaciones y operaciones anti-narcótico que se llevan a cabo en la zona. Por ejemplo, la sociedad costeña en su amplia mayoría rechaza los altos niveles de violencia desencadenados por el narcotráfico, y exige que la ley se haga cumplir con observancia a los derechos humanos de los pueblos indígenas y afro-descendientes, así como a la presunción de inocencia de los detenidos por supuestos vínculos y cooperación con el narcotráfico. Tanto la Policía Nacional, como la Fiscalía, y el Ejército deben de reconocer, respetar y fortalecer la función de las comunidades indígenas y las Iglesias como entidades que han garantizado históricamente la convivencia armónica de la sociedad caribeña. Es la demanda que existe hoy día, que cesen los prejuicios y estereotipos que ven en cada costeño y costeña potenciales narcotraficantes y aplicar la ley con transparencia y respeto a las normas locales.

¿Cómo se puede luchar contra un fenómeno que ayuda a desarrollar a los pobres cuando el Estado hace muy poco?

Sin duda alguna que la renta que se genera localmente por el tráfico de la cocaína deja beneficios tangibles. Pero esto no es algo privativo o único a la Costa Caribe. Otras partes del país también han experimentado economías vibrantes como resultado del impacto del narcotráfico. Pero la renta de la cocaína, por definición, no se distribuye equitativamente en la sociedad. De allí los contrastes que uno puede observar entre quienes intencionalmente o no, perciben los beneficios materiales de la economía de la droga, y los quienes están al margen, que es la gran mayoría de la sociedad costeña y Nicaragüense. La economía ilegal solo puede combatirse eficazmente con un Estado colaborativo, que facilite la generación del empleo, la recuperación productiva, y la promoción del mercado interno. El Estado Nicaragüense tiene en la Costa un desafío histórico importante, que es lograr mayores niveles de confianza entre las dos Nicaraguas, que han existido de espaldas una a la otra. Esta confianza se debe ganar en varios frentes, tanto en la aplicación transparente y justa de la ley, como en la promoción de una Costa Caribe próspera y saludable.

¿Afecta en la lucha contra el tráfico de drogas que siga existiendo el muro de la dos Nicaragua de las que habla usted en su libro Etnicidad?

Obviamente que sí. Como decía anteriormente, las dos Nicaraguas siguen existiendo. Ocasionalmente se producen momentos de encuentro y reconciliación, y en otros se promueve el desencuentro y la desconfianza mutua. Una lucha contra el narcotráfico mal conducida, sin legitimidad social, corre el riesgo de levantar nuevos muros, de alimentar la desconfianza entre las dos sociedades. No es eso lo que quiere la Costa y tampoco lo que quiere la sociedad Nicaragüense. Las autoridades nacionales están a tiempo para actuar con prudencia y responsabilidad, comunicar a la sociedad costeña los alcances de las investigaciones – cuando ellas obviamente no entorpezcan el debido proceso y los derechos de autonomía de la Costa – y procurar aliados en las instituciones y el liderazgo costeño.

¿Cómo marca el fenómeno del narcotráfico al pueblo costeño, tomando en cuenta su historia y cómo se puede dimensionar desde el punto de vista sociológico esta realidad?

Una sociedad que tiene debilitadas sus instituciones sociales es presa fácil del crimen organizado

Esta cuestión es muy evidente en países que hoy día se encuentran en una lucha abierta, violenta y trágica contra el crimen organizado tales como Honduras, México, Guatemala y Colombia. Por ejemplo, investigaciones muy serias han reportado que Honduras, tras el golpe de Estado del 2009 que terminó abruptamente con la administración del Presidente legítimo Manuel Zelaya, las redes del narcotráfico se han instalado eficazmente en ese país vecino. Si las autoridades Nicaragüenses se concentran únicamente en un enfoque punitivo y no preventivo, se corre el riesgo de no ir a la raíz del problema. Un enfoque preventivo del combate a las drogas implicaría reconstituir concertadamente el tejido social y los niveles de confianza precisamente allí en donde ha sido dañado debido a errores en los operativos y procesos judiciales para perseguir la narcoactividad; así como aplicar la ley en una forma que dignifique a la autoridad policial, y por ello mismo, al Estado Nicaragüense. La sociedad costeña ha sido testigo de que la ley no se aplica igual para todos, y que los privilegios de unos es la condena de otros. La gente está diciendo ya basta, y es importante que las autoridades nacionales sepan interpretar esa demanda.

 

Comentarios

1
Eduardo Aguilera Muñoz

Muy buen aporte en este reportajte, a la mitad del reportaje me imagine a dos nicaraguas, muy cierto, y es de lo que hablaba el investigador. Dos nicaraguas, la nicaragua olvidada es la que ha salido adelante sin la necesidad del supuesto apoyo de la primera nicaragua. Ahi jamas se vivirá bonito sin la ayuda del gobierno, la misma gente de las zonas donde reyna el trasiego de la droga busca su propio avance. Que bueno que progresesn , pero seria bueno que tambien aporten para su propio beneficion ayudando a su pueblo, medicina, salud, Educacion. La droga genera tangibles ganancias que deberian de ser utilizadas para su progreso, y asi no estar en la misma probreza que la primera nicaragua dice apoyar a la segunda nicaragua. buen documental. Me gustó!

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