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Arquitectura con sensibilidad social

La XV Bienal de Arquitectura de Venecia demuestra que los profesionales del gremio pueden brindar soluciones a problemas urbanos



El pasado 26 de mayo se inauguró la XV Bienal de Arquitectura de Venecia, bajo la dirección artística del arquitecto chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker de Arquitectura 2016. Con el título de “Reporting from the Front”, la Bienal reúne 62 pabellones nacionales y la participación de 88 oficinas de arquitectura provenientes de 37 países, que han sido invitadas a presentar su trabajo en la Muestra Internacional. Entre estas, 50 firmas participan por primera vez y hay 33 participantes menores de 40 años. Todo un record.

Pero lo más interesante de esta prestigiosa muestra internacional, es que por primera vez se aborda el tema de la Arquitectura, en palabras del Arquitecto Aravena, “enfrentando problemáticas como segregación, desigualdades, periferia, falta de infraestructuras sanitarias, desastres naturales, polución, participación de las comunidades… Se presentan ejemplos en los que las dimensiones diferentes integran lo pragmático con lo existencial, relevancia y audacia, creatividad y sentido común”. No en balde Aravena ha dedicado buena parte de su ejercicio profesional a “concretar soluciones para mejorar los entornos urbanos y hacer frente a la crisis mundial de vivienda”.

Esta muestra aleja los focos de atención de la arquitectura espectacular, de las grandes firmas y los grandes nombres para centrarse, en palabras del Presidente de la Bienal, Paolo Baratta, “en la necesidad de destacar cómo han sido logrados resultados positivos… llegando a soluciones en las que es evidente que la Arquitectura hace la diferencia”.

“A contracorriente”, pabellón de Chile, muestra el quehacer de una generación de jóvenes que concibe, diseña y construye pequeñas obras de arquitectura levantadas con lo mínimo en comunidades rurales, con restos de procesos agrícolas y con los materiales que se encuentran a mano, aportando valor y ubicando a ese territorio en la globalidad, por medio de un relato regional, aunque no costumbrista”. (Texto publicado por la Bienal).

Hay un interesante proyecto para la “Isla de Chira” en Nicoya, Costa Rica, que “propone una nueva visión para Chira con el fin de crear fuentes alternativas de ingresos o mejorar los tradicionales mediante un uso sostenible del entorno ambiental excepcional”, para una población en precaria situación económica y social. (Texto publicado por la Bienal).

Los ejemplos arriba mencionados son, cuando menos, una importante referencia de lo que la Arquitectura y los arquitectos podemos hacer con creatividad, sentido común, sencillez y sensibilidad social y ecológica. En nuestra precaria realidad, nuestro quehacer debería enfatizar la necesidad de abordar el problema de la urbanización descontrolada, la falta de infraestructuras básicas, especialmente en el medio rural, la carencia de diseños de calidad para la vivienda social y la vivienda mínima. Tenemos que investigar, innovar y atrevernos a defender nuestras propuestas ante la creciente comercialización y especulación de la arquitectura.

La lucha contra el crecimiento descontrolado de urbanizaciones que carecen de un diseño integral, que irrespetan el medio, ofrecen soluciones no acordes a nuestras condiciones climáticas y se suman al ciclo interminable de la especulación, debería ser una de las preocupaciones de nuestros profesionales, tanto arquitectos y urbanistas como ingenieros, constructores, desarrolladores y demás involucrados en el provechoso negocio de la construcción.

Creo que nuestras escuelas de Arquitectura tienen, a la luz de esta interesante Bienal, un reto más al que hacer frente, incorporando lo que Aravena define así: “El avance de la Arquitectura no es una meta en sí misma, sino una manera de mejorar la calidad de vida de la gente”.