Opinion

Genocidio virósico

Los Gobiernos que condenan a sus pueblos a la muerte que en sí es el coronavirus, son Gobiernos genocidas

“El presidente del Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los derechos sociales y la Doctrina Franciscana, hizo pública una carta del 28 de marzo que le remitió el papa Francisco en donde alerta sobre el “genocidio virósico”. Podría decirse “viral”, pero el término usado por el papa es como si acentuara la magnitud de la actual pandemia de covid-19. La carta contiene importantes definiciones sobre el presente y el futuro, y alerta al mundo y a los habitantes de los países que como los de Nicaragua están en total desamparo, sobre los Gobiernos que no adoptan medidas para defender a la población; y reflexiona sobre las consecuencias sociales, económicas y políticas que deberán enfrentar.

Por ejemplo, la información del Minsa no permite análisis adecuados del covid-19. “Tal y como están las cosas en Nicaragua, dice Dora María Téllez, todos enfermaremos. Esa es la hazaña criminal de los Ortega-Murillo”.  “No defender a la gente, dice el santo padre, supone un descalabro total. Por eso sería triste que se optara por lo contario, ya que ello llevaría a la muerte a muchísima gente: un genocidio virósico”. Precisamente por eso el “sálvese quien pueda” está alejado de esta reflexión solidaria y verdaderamente cristiana del papa. El mensaje es una exhortación para que nos digamos que, al margen de cualquier Gobierno irresponsable, podemos y debemos salvarnos. Es buscar la salvación colectiva a pesar de los pesares. La independencia de la irresponsabilidad. El libre albedrío. Los Gobiernos que condenan a sus pueblos a la muerte que en sí es el coronavirus, son Gobiernos genocidas. La vida está en ser libres como la verdad que esos Gobiernos ocultan, o sepultan en sus entierros nocturnos.

Un día el escritor británico George Orwell descubrió Gobiernos para quienes los pueblos son animales que habitan una granja. Cerdos, vacas, gallinas que recuperan el uso de razón y se rebelan contra la irracionalidad. Se dan cuenta de que el Stalin venerado, era el granjero más despiadado y corrupto. El corruptor del socialismo, como quien dice el corruptor del sandinismo. Es entonces cuando, mucho antes de que escribiera “1984”, se produce, un 19 de abril de 2018, la “Rebelión en la granja”. Y se rebelan los seres más inimaginables, y gran parte de ellos son asesinados: Genocidio virósico.

El mismo que describe Daniel Defoe en 1772, en su “Diario del año de la peste”, frecuentemente aludido por García Márquez entre sus predilecciones literarias. Es “uno de los más espeluznantes frescos de una gran metrópoli sacudida por la peste. Apenas tenía cinco años Defoe para describirnos la huida precipitada de los pudientes, el horror de los menesterosos, las calles desiertas, las familias diezmadas, los lactantes contagiados por sus madres y nodrizas, los entierros nocturnos en enormes fosas colectivas…Imágenes matizadas por los actos de desesperación de los aterrados pobladores, súbitamente aherrojados en un círculo dantesco donde, ausente casi por entero la solidaridad humana, pululan como viles espectros toda clase de charlatanes y visionarios, hechiceros y nigromantes, amén de una escoria perversa y enloquecida, morbosamente exacerbada por el insistente tintinear del carro de los muertos”.

¿Es que vamos a otro mundo o estamos regresando a nuestros orígenes? “¿Y no saber a dónde vamos ni de dónde venimos?  Hasta hace poco existió un mundo raro pero aceptable. Un mundo que nos dijo: El mundo que viene no soy yo, pero vamos hacia él. ¿La nueva existencia perdida? Y uno murmura, en confinamiento: ¡El nuevo mundo! Y quisiéramos decir: ¡El paraíso perdido! Pero el paraíso que fuimos destruyendo y nos toca para morir, es sórdido: Víctima de un genocidio virósico. Y entonces comenzamos a proponernos: “Un mundo feliz”. Algo que supere el atraso del amor. Y Aldous Huxley, británico como Orwell, nos aclara: “Un mundo feliz describe el mundo futurista, utópico, altamente regulado y tecnológico, donde Marx y Lenin visitan la (nuestra) “reserva salvaje” cuyos habitantes son considerados retrógrados. Una sociedad que utilizaría la genética y el clonaje para el condicionamiento y el control de los individuos”. El genocidio del alma.

Los gobernantes no pueden ser burgueses. Capitalistas, sí. Y salvajes, por supuesto. Y así surgió inventado por el peruano Alfredo Bryce Echenique, “Un mundo para Julius”. Los ideales de la nueva burguesía en reemplazo de la antigua oligarquía, a la que pertenece la familia de Julius. La familia pero no el mundo. ¿No hay ya un mundo para todos? ¿Y si fuesen varios mundos? El de ayer, es el de hoy, que ya fue uno. El de mañana, es el que tendrá que ser después del genocidio. El mundo de los crímenes de lesa humanidad: crímenes atroces contra el ser humano como los que se dieron y se dan en Nicaragua a raíz del 19 de abril de 2018. El genocidio virásico. El que no se quiere ver ni aceptar. El de los entierros nocturnos. El de las estadísticas falseadas. Pero es también el de la misiva del papa donde afirma que se siente confortado por tantas personas, médicos, enfermeros, voluntarios que arriesgan sus vidas por sanar y defender a la gente del contagio. El mundo de los superhéroes: un sombrero, del que una niña extrae a su heroína predilecta: una enfermera con su mascarilla, su bata de trabajo “en la que deja la piel” todos los días por amar a sus prójimos. La vi en la televisión, y vi que volaba como vuela un ángel, ante el orgullo de aquella niña. Y sentí al papa apoyarse en aquel vuelo para decirnos que es justo y necesario derrotar al genocidio virósico. Que al fin y al cabo hay un vuelo hacia otro mundo sin crímenes de lesa humanidad.  Un mundo feliz; para un Julius sin mácula de clase. Hacia una granja en perpetua rebelión. Otro mundo.

Más en Opinion

Share via
Send this to a friend