Opinión

Así terminamos…así arrancamos

Roberto Rivas

Para visualizar las perspectivas de nuestro país en el año que comienza, es prudente examinar cómo terminamos el 2017



Para visualizar las perspectivas de nuestro país en el año que comienza, es prudente examinar cómo terminamos el 2017. Con este propósito recapitularemos los principales episodios que vivimos en las últimas semanas, los cuales en buena medida configuran el escenario con el que estamos arrancando.

Comencemos con las elecciones municipales del 5 de noviembre. A pesar de contar con el control absoluto del sistema electoral y de jugar con los dados cargados, al régimen no le bastó. Se robó abiertamente las elecciones en varios municipios. Y no solo eso, reprimió por la vía de la policía o de sus grupos de choque a la población local que reclamaba respeto al voto. Muertos, heridos y presos. Decenas de opositores se encuentran procesados judicialmente a causa de las protestas, hasta mujeres embarazadas, mientras no se registra ni un solo detenido por las muertes provocadas en contra de opositores locales. Obviamente, las golpizas, detenidos y fallecidos dejan una huella de rechazo en pobladores y familiares. Y beneplácito para la misión de “acompañantes” de la OEA.

Por otro lado, la abstención masiva que volvió a manifestarse en las elecciones municipales irritó al monarca, quien la emprendió en contra de los ciudadanos que en ejercicio de su derecho resolvieron no prestarse al juego. Ortega llegó al colmo de declarar que promovíamos la guerra quienes nos abstuvimos de participar. Arremetió también públicamente en contra de uno de los pastores más apreciados del país, Monseñor Silvio Báez. Las expresiones de solidaridad y apoyo a Monseñor no se hicieron esperar. Las críticas al monarca tampoco esperaron.

Como síntoma del desgaste del régimen, los desaciertos se repitieron. Por vía de un comunicado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la CIDH, se conoció que el gobierno impidió el ingreso al país a una comisionada de esa organización. La CIDH es el órgano del sistema interamericano a cargo de velar por el respeto de los derechos humanos por gobiernos y Estados. Hasta Somoza permitió en su tiempo la visita de una misión de esa entidad. Ortega no. Campantemente despachó a la comisionada a cargo de los derechos de la niñez. La funcionaria ni siquiera venía en misión de examinar nada. Venía por invitación de organizaciones que se ocupan de la niñez. Pero Ortega optó por cancelar la visita. Por un lado se entiende con Luis Almagro, por el otro atropella a órganos del sistema interamericano.

Otro tanto ocurrió con José Mujica –el expresidente de Uruguay– quien es reconocido como una de las figuras más prestigiadas de la izquierda latinoamericana. El régimen pretendió manipular la visita del político uruguayo y hacer pasar su visita como un gesto de respaldo. Pero Mujica es una personalidad incontrolable en sus opiniones y actuaciones. Como no pudieron asegurarse que el expresidente actuara conforme sus designios, cancelaron su visita. Se impuso el temor de Ortega a ser expuesto públicamente.

Otro episodio acaeció el 25 de noviembre, Día Internacional de la Lucha en Contra de la Violencia hacia las Mujeres. Como una expresión del miedo a la movilización popular, el régimen recetó antimotines a una manifestación de mujeres que irónicamente marchaban en contra de la violencia.

Posteriormente, presentaron una iniciativa de ley para elevar el impuesto de rodamiento. Los aumentos propuestas eran verdaderamente salvajes. El rechazo a esa medida fue generalizado. El régimen se vio en la obligación de retirar la iniciativa, haciendo además el ridículo pues la dieron por desaparecida. Ni hallan que hacer para acopiar fondos, ni hallan qué hacer cuando son agarrados en curva.

En paralelo, la policía desató una feroz cacería imponiendo multas, quitando licencias y bolseando a diestra y siniestra. Arbitrariedad tras arbitrariedad. Despojo tras despojo. Mucha gente quedó lastimada en sus bolsillos e irritada con los abusos y la pérdida de tiempo. Hasta simpatizantes del régimen expresaron su malestar.

Pero falta. Como una confirmación de sus aspiraciones totalitarias, que incluyen el irrespeto y la manipulación de los sentimientos religiosos de la población, presentaron una iniciativa de ley para estatizar las celebraciones en honor a la virgen María. Hasta la gritería se iba en el saco. En este caso, los obispos reaccionaron y el régimen retrocedió nuevamente y retiró vergonzantemente la iniciativa.

Sin duda, la masacre perpetrada por el Ejército en contra de seis nicaragüenses en La Cruz de Río Grande ha representado el desgaste político más pronunciado de los últimos años. La arrogancia y el silencio ante los reclamos de una investigación sobre los hechos más bien sigue profundizando el repudio.

Por último, dos sorpresas de Navidad: el gobierno norteamericano aplicó la ley Global Magnitsky e impuso sanciones al presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, por los reconocidos actos de corrupción de este jerarca del régimen. Un golpe contundente. Primero porque, sea lo que sea, estamos hablando del presidente de uno de los poderes del Estado. Segundo, porque es un emblema de la corrupción y de la impunidad de la camarilla en el poder. Un intocable. Tercero porque todos sabemos que su complicidad ha sido clave para que Ortega llegara al poder y se entronizara por medio de fraudes. El primero de estos fraudes fue en el 2006. Recordemos que todavía no sabemos el destino del 8% de los votos.

La otra sorpresa fue la iniciativa de 7 congresistas norteamericanos que presentaron en el Senado la Nica Act con un agregado en relación a la que fue aprobada por la cámara de representantes: incluyeron una disposición sobre las relaciones con Rusia.

Así terminamos el año. Así lo estamos comenzando.