Opinión

Assange, periodismo e infotecnologías

Lo que no perdona el establishment estadounidense es que Assange haya evidenciado su doble moral



“Assange hizo lo que yo hago para ganarme la vida:
pedir a la gente que me dé información secreta”.
Seymour Hersh

I

 La detención de Julian Assange por Scotland Yard en Londres, el pasado 9 de abril de 2019, abrió a consideración si la cabeza más visible de Wikileaks debería ser o no considerado como periodista. La interrogante surge en momentos que el estatuto del periodista se encuentra en proceso de cambio, ante la hegemonía informativa de las infotecnologías. Los expertos en mediciones han determinado que más del 75% de las informaciones que circulan en la red han sido producidas por personas ajenas al periodismo. Como corroboró Beatriz Cerviño Queiroz: “Internet no sólo crea nuevas formas de periodismo, sino también de periodistas”. Es una fuente acreditada. La experta graduada en la Universidad Autónoma de Barcelona, comprobó cómo algunos medios se mantienen “conectados 24 horas al día día buscando tendencias en las redes”. La causa es más que obvia: las redes son el eje de gravitación de estas transformaciones.

La controversia sobre el estatus profesional de Assange sigue su curso, las opiniones están divididas. Buena parte del gremio se encuentra polarizada. En uno de los polos, periodistas de medios de comunicación tradicionales han ratificado su condición de periodista. En la otra punta, periodistas que laboran para esta misma clase de medios se niegan aceptar que Assange deba ser considerado como periodista. En esta misma línea de argumentación coinciden personeros del gobierno de Estados Unidos. Las razones obedecen a que el jaloneo tiene consecuencias jurídicas. Objetan su carácter de periodista con la intención de evitar que los abogados aleguen que Assange se encuentra protegido por la Primera Enmienda. Un parasol que lo pondría a salvo de penas severas ante la justicia estadounidense. El debate roza con el tema de la libertad de prensa y las redefiniciones que experimenta el periodismo.

El vice fiscal general para la División de Seguridad de Estados Unidos, John Demers, adelantó una tesis similar a la esgrimida por funcionarios y periodistas estadounidenses. De manera categórica se niega a reconocer el carácter de periodista de Assange. El Departamento de Justicia argumenta que toma muy serio el papel de los periodistas dentro de la democracia de su país. A renglón seguido dijo que “Julian Assange no es periodista”. Vertió su criterio en vísperas de la extradición de Assange hacia Estados Unidos. El experimentado Antonio Caño cree que Assange no reúne las condiciones para ser periodista. Vinculado con El País de España, Caño argumenta: Los periodistas no roban información legalmente protegida, no violan las leyes de los Estados democráticos, no distribuyen los documentos que les facilitan los servicios secretos sin haberlos verificado”. Su impugnación se atiene a la regla general. Omite la excepción.

II

Hay un conjunto de interrogantes que no pueden obviarse. ¿Qué hacer cuando un gobierno tiene como práctica clasificar información que lo incrimina? ¿Por qué vía o atajos transitar? James William Fullbright, temeroso por la secretividad con que actuaban miembros del senado estadounidense —del cual era miembro prominente por el partido demócrata— se quejaba qué eran más las sesiones a puerta cerrada, que de cara a la ciudadanía. El italiano Norberto Bobbio define la democracia como “el gobierno público en público”. El País publicó en la portada de su primera edición del 24 de enero de 2013, una fotografía falsa de presidente venezolano Hugo Chávez. ¿Qué hubiese pasado si su jefe de redacción hubiera consultado con la oficina de prensa de la casa presidencial venezolana, sobre la veracidad de dicha fotografía? Ni siquiera lo intentaron. Los directivos de El País conocían de antemano la respuesta.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos —conocedor del alcance de la Segunda Enmienda— cuando The New York Times publicó los Documentos del Pentágono (1971), resolvió condenar la filtración del material clasificado, no así la publicación. Partieron que lo publicado era de interés público. Las filtraciones de Wikileaks eran de interés mundial. La opacidad con que actúan muchísimos gobiernos volvió imperativa la promulgación de leyes de acceso a la información. El secreto de Estado se ha convertido en escudo para no dar a conocer informaciones reprobadas por la ciudadanía. En Estados Unidos, una vez vencido el plazo para desclasificar información reservada, buena parte de dichas informaciones no lo son, pretextando que no pueden publicarse. ¿Qué hubiese ocurrido si Wikileaks consultaba con el gobierno estadounidense sobre la posibilidad de la publicación de los documentos?

La periodista mexicana Carmen Aristegui, razonó que la divulgación hecha por Assange de los informes de la llamada Guerra de Afganistán, implican un cambio radical en la forma de conocer los asuntos de Estado. De otra forma nunca hubieran sido conocidos. El giro es copernicano. Muchos gobiernos violan los derechos humanos. No se atienen a ninguna regla. Aristegui, conductora de entrevistas en CNN, puso el dedo en la llaga al destacar los resultados de las filtraciones. “¿Qué debería prevalecer, argumentó, la actuación en contra de los secretos de Estado del gigante estadounidense o la obligación de uno o varios ciudadanos de dar a conocer lo que eventualmente podrían ser delitos o crímenes de guerra”? Las revelaciones de Wikileaks reúnen muchísimas características del periodismo investigativo, premisas que corroboran las causas por los cuales Assange ha sido considerado periodista desde 2009.

III

El español Pepe Rodríguez, especialista en periodismo investigativo —autor y docente universitario— enumera aspectos que confluyen en quienes practican el periodismo investigativo. El periodista investigador, “utiliza técnicas habituales de la profesión u otras específicas y/o habitualmente atribuibles a profesiones ajenas a la suya (detective, policía, abogado, historiador, etc.) elabora una información producto de un número indeterminado de fuentes (atribuibles o no) y de un análisis personal de datos, contrastados con mayor o menor eficacia, le conducen a comunicar una noticia sobre una realidad, que por su configuración y naturaleza, estaba destinada a permanecer oculta durante un período de tiempo indefinido (…)”. Añade un elemento crucial. Sin la revelación de dicha información, “nunca o muy difícilmente hubiese podido aflorar”. Las filtraciones de Wikileaks reúnen todas estas características. No hay por donde equivocarse. Assange es periodista.

Durante la campaña electoral de 2016, que condujo a la presidencia de Estados Unidos al magnate financiero Donald Trump, elogió las filtraciones de Wikileaks. El uso y abuso de las redes sociales y la posibilidad de interferencia rusa a su favor, originaron una amplia disputa acerca de cuál es el verdadero estatuto de las plataformas digitales. Académicos y periodistas estadounidenses reconocieron que se trata de plataformas informativas. El ascenso vertiginoso de las infotecnologías, volvió obtuso negar las mudanzas ocurridas en el ámbito de la información y comunicación. Como acredita Cerviño Queiroz, internet no solo creó nuevas formas de hacer periodismo, también terminó creando nuevos periodistas. El ciberperiodismo se enseña en las universidades. La integración y convergencia de redes y medios tradicionales no hay manera que puedan escindirse. Constituyen un todo.

El reconocimiento de periodista hecho a favor de Assange, por prestigiosas organizaciones internacionales, bastaría para no continuar con una discusión bizantina. En 2009 Amnistía Internacional (AI), le confirió el Premio Amnistía Internacional de los medios británicos por dar a conocer los asesinatos extrajudiciales en Kenia. La presea fue por su investigación periodística El llanto de la sangre. Dos años después —en febrero de 2011— la Universidad de Sídney le otorgó el Premio Sídney de la Paz, destacando su coraje en la defensa de los derechos humanos. Ese mismo año Assange fue galardonado con el Premio de Periodismo Martha Gellhron. El jurado calificó que “WikiLeaks ha sido retratado como un fenómeno de la era de la información… Su objetivo de justicia a través de la transparencia es el más antiguo y de la mejor tradición del periodismo”. Las credenciales de los periodistas siguen cambiando.

Comparto la crítica que formula Caño a la generación de periodistas formados al margen de las infotecnologías. Con honradez afirma que les está costando muchísimo adecuarse a este cambio de época. Sus reflexiones acerca de que “los creadores de tecnología están interesados en adaptarse a las necesidades de los periodistas como los periodistas deberíamos estar interesados en adaptarnos a las exigencias de esa tecnología, principalmente porque no hay vuelta atrás”, son pertinentes. Atrincherarse como lo hacen algunos periodistas —negando a las redes su carácter de medios de comunicación— constituye un anacronismo. Assange forma parte de la nueva camada de periodistas que utilizan las infotecnologías como dispositivos para develar aspectos oscuros que muchos gobiernos no quisieran que se conozcan. La labor de Wikileads ha sido meritoria. Otra vez se pretende castigar al mensajero. Aun así, mucho se ha avanzado.

IV

Lo que no perdona el establishment estadounidense es que Assange haya evidenciado su doble moral. Las filtraciones develaron como opera su diplomacia a escala mundial. Su pecado fue demostrar que el verdadero trato de sus diplomáticos no es que ofrecen de cara a la prensa, lo manifiestan a través de sus reportes diarios a las distintas secretarías de Estado. Sin las revelaciones de Wikileaks tampoco se podría entender el significado de los Panamá Papers. Desnudó sus formas operativas. Se quiera o no, Assange inició una cultura de transparencia. Dio origen a un movimiento que incorporó a sus filas a numerosas personas y organizaciones de diversas partes del planeta. Las sanciones que pretenden imponerle se combinan con los argumentos esgrimidos de considerarlo o no periodista. ¡Saben que lo es! La falta cometida la consideran inadmisible. Ahora pretenden lapidarlo. El silencio aturde.