Opinion

Ataque, defensa y contraataque: ¿qué hacer?

La oposición se mantendrá en desventaja, si sus referentes principales, la Alianza Cívica, UNAB, y MC no se coordinan y cooperan en unidad en la acción

Los asedios, allanamientos y detenciones de la semana patria obligan a grupos opositores a dar pasos agigantados hacia el frente. Empezando por hacer a un lado los emplazamientos públicos y apalancar sus capacidades movilizativas. Deponer sus diferencias y construir una visión conjunta del mañana. Demostrar que son capaces de jugar en equipo en un campo minado e inclinado. De ganar elecciones y gobernar.

La Alianza Cívica por la Justicia y Democracia tomó iniciativa. En una semana bien planificada lanzó una campaña de protesta efectiva con la cara de Daniel Ortega de forma sincronizada en varios municipios. Acto seguido, presentaron el lanzamiento de su plan de país que sientan las bases mínimas de una patria posible.

La dictadura se defendió y atacó. Detuvo temporalmente a algunos de sus miembros y asedió a personas excarceladas, periodistas, y liderazgos de la lucha de abril. Además, asestó otro golpe a los últimos bastiones de canales televisivos independientes que quedan en el país al embargar bienes de Canal 12 y amenazar con persecución fiscal al Canal 10.

La Unidad Nacional Azul y Blanco, movimientos autoconvocados y feministas contraatacaron. Lanzaron campañas de protestas para dispersar la persecución. Pinturas, banderas y pegatinas inundaron las calles, postes y buses del país. Además, el hashtag #PolicíaCriminal generó tracción en redes el día del aniversario de la Policía Nacional.

¿Qué procede?

La ferocidad del régimen sandinista, que no da señas de ceder un ápice sus posturas dictatoriales, y la evidencia empírica de movimientos cívicos exitosos le deja solo una vía a la oposición: mayor coordinación. Esto no significa una unidad completa. A estas alturas es imposible unificar a todas las fuerzas opositoras o hegemonizar la lucha. Pero si es posible montar un equipo que pueda correr cuesta arriba.

Si hay coordinación, las propuestas de resistencia cívica pueden ser más “contundentes”. Palabra que en el imaginario nicaragüense se traduce en darle al régimen donde más le duele, lo que lo sostiene. Propuestas hay de sobra pero la que más une a varios sectores por su impacto, riesgo y viabilidad, gira alrededor de una campaña de desobediencia tributaria para acabar con la extorsión fiscal. Es lo que preocupa a varias cámaras empresariales, a grandes y pequeños, a los de derecha e izquierda, y al 70% de en medio.

El momento no podría ser más propicio. Una vez aprobada la infame cadena perpetua, la oposición civil puede contrarrestarla lanzando una campaña de desobediencia civil. Comenzando por un llamado conjunto de las agrupaciones referentes de abril, seguido por pancartas en las calles y la adhesión de algunas cámaras empresariales.

Solo con la unidad en la acción se va a nivelar el campo. La falta de ingresos puede a obligar a Daniel Ortega a ceder la salida de personas injustamente presas, nuestras libertades civiles y reformas electorales. Y con campo nivelado y árbitro decente, play ball!

Uno de muchos

Tanto las campañas de desobediencia como las mismas elecciones son uno de muchos medios, no el fin. Votar o no, con o sin condiciones, es un falso dilema. El voto es apenas un camino concreto dentro de muchos para unir fuerzas, no atomizarlas.

No debemos ser deterministas con elecciones como única salida. Si no estaríamos obviando la historia reciente de Venezuela, Bielorrusia y Nicaragua misma. Lo más importante es el apoyo de la gente. Por eso es imprescindible involucrarles en las acciones y decisiones.

Al final, cada nicaragüense debe ser dueño de sus riesgos y posiciones en un momento histórico, a un año de cumplir 200 años de independencia. Quien manda últimamente es el pueblo. Lo hizo hace 199 años, hace 40 años y lo seguirá haciendo mañana y pasado.

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