Opinión

Balas y cinismo: la fórmula orteguista

Daniel Ortega

Los Ortega-Murillo disfrazan con su retórica la realidad de la Nicaragua de hoy. Lo que dicen no armoniza con lo que sale de los fusiles



Después de dos meses, cuando ya lamentamos un genocidio de casi doscientas personas y dos mil heridos, Daniel Ortega sigue desplegando su capacidad de maniobrar políticamente sobre la base del cinismo. En medio de la tragedia que ha provocado con sus policías y paramilitares, matando y aterrorizando en los barrios de todas las ciudades del país, se atreve a desmentir el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)… ¡y el testimonio del pueblo, que es mucho más valioso!

Sus delegados utilizan el Diálogo como escenario para su farsa, con un repertorio de inaudito cinismo, al pretender pasar al Gobierno de victimario a víctima. Y por orden de Daniel, no quitan el dedo en la llaga que les duele: las barricadas urbanas y los tranques de las carreteras. Nada menos que pretenden eliminar la única arma que para su defensa ha levantado el pueblo frente a sus hordas asesinas.

Al mismo tiempo, sus paramilitares no quitan el dedo del gatillo, causando más heridas y muertes, porque Ortega y Rosario Murillo suponen que con el terror y la mentira seguirán incólumes en el poder. Una tétrica ilusión: seguir mandando sobre las tumbas de sus víctimas. Es por eso, que después de haber logrado matar el tiempo con su exposición de cinismo, dizque aceptó invitar a  la CIDH, la ONU, la UE y la OEA.

Pero antes de anunciarse ese “acuerdo”, sus paramilitares continuaron la faena de matar y aterrorizar en los barrios orientales de Managua y de otras ciudades, con la intención de provocar el desencanto y la desmovilización de la gente. Incluso, llegó al máximo nivel de criminalidad: al despertar el día sábado 16/06, cuando continuaría el diálogo, paramilitares y policías… ¡asesinaron a una familia, cuatro adultos y dos niños tiernos, e incendiaron su casa en el barrio Carlos Marx, de Managua! Por estar ampliamente testificados y documentados visualmente todos estos crímenes, no vale perder el tiempo para mencionar las falsedades oficialistas.

Es lógico que, transcurridos dos meses de represión y muerte, que siga manifestándose la solidaridad internacional con nuestro pueblo en países europeos y latinoamericanos, y nicaragüenses que residen en el exterior. Tampoco la tergiversación del verdadero carácter popular y nacional del movimiento cívico totalmente desarmado, se ha hecho esperar entre los amigos externos y gobiernos aliados de Ortega, presentándolo como una conspiración derechista contra una “revolución” que aquí no existe.

Esa solidaridad con el opresor viene de una izquierda europea y latinoamericana que dan señales de haber anquilosado el pensamiento marxista, lo que les crea una visión mecánica de la realidad, además de haber burocratizado la solidaridad (de esta izquierda, en Nicaragua hay una pequeña sucursal). En el exterior, esta izquierda se expresa, particularmente, a través de TeleSur, de cuya propiedad multinacional participa el gobierno orteguista, quien nombra a sus corresponsales en Nicaragua.

En consecuencia, sus versiones sobre la situación de nuestro país, estructuradas con las mentiras oficialistas sobre las causas de la rebelión cívica y desarmada, igual que para presentarla como una conspiración internacional del imperialismo, y a sus jóvenes  protagonistas como la “derecha”. Todo con el vano propósito de ocultar la criminalidad del gobierno orteguista. Pese a todo, la verdad la conocemos y sufrimos los nicaragüenses, esto es lo que vale, para no confundir el sentir de los pueblos con los intereses de los gobiernos.

El impresionante paro nacional del jueves 14/06, confirmó lo que todos sabíamos: que el rechazo a la continuidad de Daniel Ortega en el poder es el sentir mayoritario de la sociedad nicaragüense. Un detalle: esa contundente demostración no era necesaria para convencer de ello a Ortega, porque eso él nunca lo ha ignorado.

Precisamente, por ser consciente de ese rechazo, Ortega buscó regresar al poder  utilizando maniobras politiqueras sucias, como el hecho de sacarle provecho a la corrupción de Arnoldo Alemán, convirtiéndolo en su socio político para repartirse cuotas de poder. Luego, acumuló pruebas en su contra y lo chantajeó: complicidad conmigo o la cárcel. Alemán optó por lo primero.

Por el pacto con Alemán, Ortega ganó las “elecciones” de noviembre del 2006 con el porcentaje más bajo de la historia electoral: el 35 %. En realidad, este porcentaje es el 35 % del 70 % que es más o menos, el máximo acostumbrado en las elecciones de nuestro país… ¡eso cuando no hay abstención, pero la hubo en todas las de Daniel!

Ya con el control de los cuatro poderes del Estado, especialmente la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral, preparó el camino de sus reelecciones ilegales, minoritarias y fraudulentas: las municipales del 2008 y las presidenciales del 2011 y 2016. Los demás vicios políticos vinieron en cascada, se acumularon en once años y causaron crisis, de modo que la impopularidad de ahora y la movilización cívica masiva en su contra, es la que Ortega, Murillo y secuaces quieren ahogar en sangre.

Los Ortega-Murillo disfrazan con su retórica la realidad de la Nicaragua de hoy: “paz”, “reconciliación”, “diálogo”, “armonía”, “bienestar”, “familia”, “Dios” y “amor” son palabras que salen de sus bocas, reproducidas por los propagandistas de sus medios de comunicación y por sus amigos del exterior. Pero no armonizan con lo que salen de las bocas de los fusiles de su Policía y sus turbas armadas: violencia, odio, engaño, sangre, muerte, tragedia, luto y dolor.

En el ámbito internacional, se reproduce lo mismo, según los intereses que se mueven en torno a la situación de nuestro país, aunque atenuado, o adulterado, como todo lo que se ve de lejos y no se siente como en carne propia, sino con esquemas ideológicos petrificados.

Políticos ultra conservadores estadounidenses, se manifiestan en contra de la represión de Ortega, y tras el éxito de su política exterior de tradición injerencista, a través de sus medios de comunicación –que son reproducidos aquí— reflejan muy bien los hechos que se protagonizan en Nicaragua y muestran su solidaridad con nuestra lucha.

Pero, del dicho de que lo hacen por ayudarnos a “restablecer la democracia”, al hecho histórico injerencista, hay mucho trecho. Las veces que Estados Unidos ha intervenido en nuestro país, no tuvo ninguna  intención democrática. Su paisano William Walker, nos recetó la esclavitud en 1855. Sus gobiernos intervinieron diplomática y militarmente de 1009 a 1933; impusieron “presidentes”, y nos recetaron la dictadura de los Somoza durante cuarenta y cinco años. Y con nuestros campesinos descontentos y sus agentes políticos internos, organizó un ejército mercenario en los años ochenta.

En la visita que los muchachos del M-19-4 y parientes de las víctimas de la represión hicieron a Washington y a la OEA, a principios de junio, no fue para olvidarse de nuestra historia ni confundirse con las romerías que políticos tradicionales, han acostumbrado hacer a la capital de Estados Unidos. Fueron a denuncia a Ortega ante el mundo. Porque saben que las sonrisas y apretones de manos, no eliminan el riesgo de que detrás de su “solidaridad” quieran perfilarnos un gobierno pos-Ortega que responda a los intereses de su política exterior.

Mientras el movimiento popular y estudiantil no se contamine con los partidos políticos tradicionales, como lo han prometido los muchachos, debemos confiar en su honestidad, porque nos siguen dando suficientes demostraciones de su espíritu de sacrificio, honestidad, valor y patriotismo. ¡Viva nuestra juventud!