Reporte ciudadano

CANVAS: El poder de la formación política de los activistas

Transferencia horizontal del conocimiento jugará un rol clave en los movimientos políticos de estos tiempos, y CANVAS está comprometida con facilitarla

En julio del 2018 crucé la frontera de Peñas Blancas hacia Nicaragua caminando, mientras miles de personas huían en la otra dirección por la violencia del gobierno contra las protestas y el retroceso democrático en el país. La velocidad con la cual el régimen de Ortega escaló la situación fue chocante para los nicaragüenses y la comunidad internacional por igual. En respuesta, países aliados buscaron repatriar a sus ciudadanos en territorio nicaragüense y países vecinos expresaron su preocupación por el flujo de refugiados, mientras el mundo volteó la mirada. Vi a Nicaragua en uno de sus momentos más bajos y aislados de la historia reciente, que se extiende hasta el día de hoy. Sin embargo, el poder y la resiliencia del pueblo nicaragüense fueron inspiradores.

Cuando los nicaragüenses necesitaron de la comunidad internacional en el 2018, la ayuda que recibieron fue insuficiente. Al presidente Daniel Ortega le sirve bien repetir el discurso nacionalista contra los Estados Unidos del FSLN, estancado en la Guerra Fría, pero parece que efectivo para mitigar el éxito de intervenciones internacionales recientes, y sus lazos con China y Rusia lo han protegido de la fuerza completa de la presión Occidental. Aunque previamente había esperanza de una diplomacia más callada, la fragilidad del orden mundial y las crueles agresiones del régimen de Ortega durante la pandemia retan este acercamiento. Ahora, con una amplia incertidumbre global, el peso de esta lucha sigue en el pueblo de Nicaragua, pero deben saber que no están solos en esto.

El mundo es un lugar muy distinto al que fue durante el tiempo que estuve en Nicaragua, y sé que solamente seguirá cambiando drásticamente antes de que veamos el fin de esta crisis. Acompañando a la muerte y destrucción económica que deja el virus, también viene una invasión de las libertades civiles y los derechos humanos a nivel global, que ha escabullido la mirada siempre presente del orden liberal internacional en medio del caos que reina. No hay duda que la pandemia tiene la atención del mundo, diluyendo el enfoque que históricamente caía sobre el retroceso de las normas democráticas; la duda está en si la anarquía geopolítica en la que nos encontramos actualmente será un paradigma duradero. No hay consenso sobre esto, y no puede haber todavía, pero tampoco hay libertad de esperar y ver.

El retroceso democrático en Nicaragua no es algo único; gobiernos en todo el mundo, incluyendo el de los Estados Unidos que alguna vez fue el fuerte del sistema liberal Occidental, han elegido ser negligentes con las realidades del virus y favorecer la expansión oportunista de la autoridad, que tiene el potencial de reformar las normas políticas por décadas futuras. Simultáneamente, estamos viendo un descontento global masivo, a medida que los pueblos han inundado las calles en protesta. Aunque los últimos meses nos han aislado, individualmente y en general, la experiencia común de la pandemia también nos ha unido sin duda. Nunca durante mi vida el mundo había visto tanto hacia afuera, nuestros destinos están conectados; no son solamente los gobiernos que, para bien o para mal, han estado dispuestos a aprender unos de otros, los individuos y los movimientos también.

No es necesario ver más allá de la expansión reciente del movimiento Black Lives Matter para ver esta conexión en acción. Después de resurgir en los medios americanos después de la muerte de otro hombre Negro Americano, George Floyd, a manos de la policía, el movimiento rápidamente incitó protestas en los 50 estados y numerosos otros países en todo el mundo. La experiencia global de esta pandemia ha incrementado la transferencia horizontal del conocimiento, motivando a movimientos de participación masiva en todo el mundo. Como pasante este verano del Centre for Applied Nonviolent Action and Strategies (CANVAS), una ONG dedicada a hacer que la revolución no violenta sea más “amigable para el usuario”, me ha impresionado el poder de la formación entre pares, y no tengo duda del rol clave que jugará en los movimientos políticos de este periodo de la historia.

Basada en el éxito del movimiento Otpor! en Serbia en el año 2000, CANVAS está comprometida en darle a activistas de todo el mundo las herramientas para lograr revoluciones no violentas. Aunque ha tenido que adaptar sus esfuerzos educativos al nuevo panorama de trabajo creado por la pandemia, el boom de la comunicación virtual ha creado oportunidad sin precedente para facilitar el aprendizaje entre pares que la organización promueve. A medida que la comunidad internacional tiene dificultades bajo el peso de esta crisis, hay un vacío de poder que CANVAS quiere llenar con el siempre subestimado poder de las personas. Sé que los nicaragüenses tienen mucho que aprender del trabajo de CANVAS, pero nosotros tenemos mucho que aprender de la experiencia nicaragüense también.

Kyra J. Colbert es estudiante de Gobierno en Harvard University, originalmente de Toronto, Canadá. Es pasante de análisis e investigación en CANVAS.

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