Opinion

Carta abierta a la Alianza Cívica

La fortaleza de ustedes no dependerá de las tácticas negociadoras, sino del apoyo de toda la sociedad a su gestión

  1. La aceptación de Daniel Ortega a la demanda de la oposición democrática, respaldada por muchos países y organizaciones internacionales, es un reconocimiento de que su política de represión y su narrativa de golpe de Estado han fracasado. Acepta el diálogo porque está débil y no porque está fuerte.
  2. La aceptación de Ortega sin embargo, no significa que acudirá al diálogo de buena fe en busca de una auténtica solución a la crisis. Sus objetivos no son los mismos que los nuestros, él buscará neutralizar el aislamiento y las sanciones internacionales, preservar su poder y mantenerse en la Presidencia hasta el 2021, evadir la justicia y asegurar impunidad para él y los suyos, entre otros.
  3. También tratará de aprovechar el diálogo para confundir, dividir y establecer negociaciones separadas con distintos grupos para debilitar el gran frente de la oposición democrática. Tratará de utilizar a los presos políticos como rehenes y cartas de negociación para ofrecer como concesiones lo que debe ser el respeto a nuestros derechos humanos y ciudadanos.
  4. La Alianza Cívica ha aceptado el desafío de asistir a esa negociación compleja y llena de riesgos y en esa decisión la hemos acompañado la mayoría de los sectores y organizaciones de la oposición tanto dentro como fuera del país y los hemos reconocido como interlocutores legítimos.
  5. Considero que el equipo negociador de la Alianza Cívica para mejor cumplir su difícil misión y neutralizar las inevitables maniobras de Ortega debe tener en cuenta que:
    1. La negociación es un triunfo de la lucha cívica sostenida por más de 10 meses, a pesar de la represión y los crímenes de la dictadura. Esa lucha permitió conquistar el reconocimiento y la solidaridad internacional de pueblos, gobiernos y organismos internacionales.
    2. La ACDJ tiene de su parte, además del amplio acompañamiento de la sociedad nicaragüense, la certeza de que tenemos la razón y la justicia de nuestro lado, y en tal sentido acuden al diálogo representando la inmensa dignidad del pueblo cuyos mejores ejemplos han sido nuestras presas y presos políticos.
    3. Sin importar de qué sectores provienen los miembros del equipo de negociación o de cómo llegaron a esa comisión, ustedes representan los intereses y necesidades de la nación y de ninguna manera los de un grupo o sector, por importante que éste sea.
    4. La fortaleza de ustedes no dependerá de las tácticas negociadoras, sino del apoyo de toda la sociedad a su gestión, pero para mantener ese apoyo a lo largo de un proceso en el que posiblemente se deban tomar decisiones difíciles tienen que asegurar la transparencia y rendir cuentas sistemáticamente. Esta negociación debe romper la tradición de los pactos y componendas a espaldas del pueblo como contribución vital a los valores democráticos que prevalecerán en la nueva Nicaragua.
    5. Existen desconfianzas y suspicacias de muchos sectores que se manifiestan a veces en planteamientos extremos y afirmaciones descalificadoras pero este es un fenómeno normal dada la diversidad de actores en el movimiento azul y blanco, las noticias falsas y las opiniones interesadas de quienes quieren dividir. La comunicación amplia y honesta con la sociedad que implica también escuchar a los demás es la mejor forma de construir confianza, ir disipando las dudas e inquietudes legítimas y aislar a las voces más destructivas y disociadoras. Si no lo hacen así las críticas se multiplicarán, se volverán extremas y ustedes se debilitarán.
    6. La comunicación y consulta con las organizaciones de las víctimas en todos los temas de justicia es un compromiso ineludible. Ellos son los que más han sufrido y tienen derecho a ser escuchados y tomados en cuenta en estas negociaciones.
    7. No pierdan de vista que ustedes no van a esa mesa con debilidad, ustedes tienen poder y así deben reconocerlo. Tienen el poder de levantarse de esa mesa cada vez que Ortega pretenda manipular la negociación y convertirla en una farsa o incumpla los acuerdos y compromisos que se vayan logrando. Usen ese poder con responsabilidad para frenar las maniobras y abusos del régimen y aumentarán la posibilidad de que la negociación llegue a buen suceso.
    8. Vamos a acompañarlos paso a paso pero también vamos a pedir cuentas y a demandar que ustedes respondan a la confianza que les estamos depositando.
  6. La agenda de la negociación, sin embargo, es la cuestión crucial y afortunadamente sobre eso el consenso es casi universal y ya ustedes los han recogido en su comunicación.

Lo primero es crear el ambiente necesario para que pueda darse una negociación constructiva y eso implica:

  • Libertad de todos los presos políticos
  • Cese a la represión
  • Restablecimiento de los derechos y libertades públicas
  • Retorno de los organismos internacionales de derechos humanos

Sin libertad de expresión y movilización, sin que cesen los secuestros, amenazas y agresiones, sin que los exiliados puedan regresar al país con seguridad y mientras continúen en las cárceles nuestras hermanas y hermanos, no puede haber una negociación que conduzca a una solución real de la crisis.

Una vez creadas las condiciones mínimas se puede avanzar en el siguiente punto de agenda que es la realización de elecciones adelantadas libres, limpias y transparentes con plenas garantías.

  1. Al final la prueba ácida de los resultados de la negociación es que pueda dar una solución legítima a la crisis, es decir, la que nos asegure a todos los nicaragüenses el restablecimiento de nuestros derechos y libertades, la construcción de una sociedad democrática y una justicia integral para todas las víctimas incluyendo a los que han tenido que huir del país. El ciclo de las dictaduras recurrentes debe romperse de una vez y para siempre y no tenemos derecho a fallar.

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