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Carta abierta a Rosario Murillo

Murillo discurso

Si usted lucha por las cosas que le pido, yo seré un nicaragüense más que estará junto a usted, hombro a hombro



Excelentísima primera Dama,

Mi nombre es Diego Navas, nicaragüense y residente en mi país. Me dirijo a usted con el debido respeto, como un ciudadano más de esta nación.

Nos encontramos a las puertas de un nuevo proceso electoral y tomando en cuenta que la democracia es más una hipótesis –o una teoría política– que un método completamente aplicable e infalible, debo expresarle que jamás tendré en consideración que la alternabilidad en el Poder Ejecutivo es un componente obligatorio para la existencia de la misma. O la sustitución de un gobierno socialista por uno neoliberal podría representar el progreso y el avance hacia mejores tiempos en nuestro país.

Luego de hacer presente este breve manifiesto, reconociendo la fuerza que se emana en su personalidad y siendo usted la actual Primera Dama de la República de Nicaragua, le dejo estas letras, como creyente de que el Estado patriarcal debe desaparecer o ser equilibrado de manera efectiva.

Estas letras también albergan un profundo espíritu ligado a la lucha librada por el General Augusto César Sandino y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FLSN), una lucha ganada en 1979 y que sentó un precedente positivo en América y el mundo. Fue la lucha de una Nicaragua que siempre estuvo de pie ante el invasor, una lucha que desde una perspectiva dialéctica, reivindica siglos de sometimiento de nuestro continente, bajo las manos sucias del foráneo explotador, que se ha atrevido a pisotear a nuestros pueblos.

La democracia, más que resolver la confusa preferencia política de un pueblo por candidatos X, debe resolver los problemas primordiales que le pertenecen a todo ser humano por derecho. No está de más decir que entre ellas está una verdadera educación pública en todas sus etapas, el acceso a la tierra, a la vivienda, a la salud de forma digna, a un trabajo, a un retiro acorde al costo de la vida en la vejez. Todas estas cosas están justificadas por el simple hecho de tener una nacionalidad y pagar impuestos.

Es en ese punto donde entiendo que cierta forma de rebeldía de un gobierno, en contraposición a la dinámica socio-económica lesiva para los pobres, que son la mayoría de la población, debe ser aplicada. Considero que usted es una defensora de los principios que en algún momento defendiera Tomás Moro, el Che Guevara, el General Augusto César Sandino y muchos más, y por esa razón le expongo lo siguiente:

Solicito que mientras esté a su alcance, no permita que el capital sea más importante en las prioridades del Estado, sino la inversión social, que es lo que define a un país socialista. El neoliberalismo es un cáncer que genera espejismos de un falso desarrollo, pero enormes cuotas de pobreza e inequidad. Permitir que quienes poseen el capital gobiernen el país y pongan las reglas del juego es inadmisible. Sé que hay enormes cuotas de capitalismo en nuestro país y que está en crecimiento. No permita su avance.

Solicito que el contenido del Código de la Familia de Nicaragua, respecto a la relación progenitores-hijos sea redefinido, pues se está obligando a la mujer, quien usualmente se hace cargo de sus hijos ante la permanente paternidad irresponsable, a darle el apellido al progenitor, lo cual refuerza una estructura patriarcal arcaica y maltrecha.

Permita que las madres que cuidan de sus hijos e hijas definan el apellido que deben portar. Debemos alcanzar la modernidad en nuestra sociedad. Ya existen sociedades que han cruzado esa enmohecida frontera y las madres que dan extensión a su apellido a través de sus hijos e hijas, ya no están obligadas a ver su historia desaparecer en un par de generaciones por el apellido de un progenitor que no merece ser tomado en cuenta en la vida de la niñez. Pero sobre todo por dignidad, al menos en la vida de las madres.

Es alarmante el irrespeto que existe hacia la mujer en este país, muchas veces partiendo de un machismo que nace de la misma mujer, que es educada y preparada para ser un accesorio de caballeros.

Solicito que si la mujer sufre cualquier forma de violencia pueda proceder legalmente ante la policía o ante tribunales en contra del infractor sin necesidad de una tercería, en este caso, los CPC, que podrían estar viciados por intereses personales o políticos. Con la estructura legal idónea, con la presencia de pruebas firmes o testigos, debería de bastar en un sistema legal sólido, un sistema que no se rinda ante las influencias o el dinero. Dele poder a la mujer, que es quien por naturaleza biológica y de manera histórica se encuentra en permanente indefensión.

Le solicito, Primera Dama, que mientras esté al alcance de sus manos, recupere el ideal del General Augusto César Sandino y le quite cuotas de poder al capital y a quien lo posee, que procure dignificar de manera efectiva el rol de la mujer en nuestra sociedad, que no deje que el neoliberalismo lleve a nuestros pobres a una existencia en completa desgracia, no permita que extranjeros maltraten a los nicaragüenses, pues la inversión extranjera es necesaria, pero no a costa de vejámenes, esclavitud, ilegalidad, usura y todos los abusos que se han cometido en este continente en pro del enriquecimiento desmedido y salvaje.

Solicito que le dé poder a la ciudadanía. Ponga en manos de la gente el poder de vivir dignamente y en los términos de la verdadera libertad y no la falsa libertad que pretenden exponer los medios embutidos como CNN. Sé muy bien que la derecha internacional ha secuestrado principios universales y los ha distorsionado, entre ellos: la paz, la libertad y la justicia. Para ellos es la ley del más fuerte, es la moral de Friedrich Nietzsche la que exponen en sus medios controlados ante una generación de seres humanos sin capacidad de discernimiento ni memoria histórica.

Para despedirme, le dejo un tema de John Lennon titulado “Power to the people”. Y pongo en manifiesto que si usted lucha por estas cosas tan fundamentales en un mundo de caos, yo seré un nicaragüense más que estará luchando junto a usted, hombro a hombro.

Atentamente.

Diego Navas