Opinion

CMR imperecedero

A este genio no se le rinden todavía los honores que merece. Al poeta del amor —hermético y claro— hay que situarlo en el pedestal

En bata todo el santo día.
Muy sola y en sus cosas pero
con aire de saberse dos.
CMR La Sulamita.

CMR es la antítesis de Ernesto Cardenal, parco y huraño, ajeno a las multitudes. El enfant terrible pertenece a la misma generación de Ernesto Mejía Sánchez y de Cardenal. Anheló la perfección de la palabra. Escribir o no escribir ese era su dilema. Sus sequías recurrentes habrá que buscarlas en ese afán perfeccionista. Podaba, limaba, volvía a podar, hasta acercar el poema a su máxima perfección. Se empecinaba en lograrlo incluso en sus poemas de más largo aliento. (Canto Fúnebre a la Muerte de Joaquín Pasos, Eunice Odio, Memoria para el Año Viento Inconstante y Retrato de Dama con Joven Donante). El sentido de la pureza y excelencia le llevó a expresar en su Canto fúnebre a la muerte de Joaquín Pasos: “Hacer un poema era planear un crimen perfecto.”

Encontró en Baudelaire a su maestro, en el doble sentido de la palabra, como poeta egregio y como modelo de vida. Su devoción por el poeta francés fue uno de sus amores constantes, guardaba su foto como inmenso tesoro. CMR se pasó toda la vida “aprendiendo a actuar, a vivir, a beber como Baudelaire, la performance de su vida que fue toda su vida”, evoca Sergio Ramírez en su ensayo Horno al rojo vivo (Managua, agosto de 1998). CMR es tal vez el último gran poeta bohemio nicaragüense. Sin olvidarnos del poeta Edwin Illescas.

Como en esos grandes y pocos casos dentro de la literatura universal, una sola obra —La Insurrección Solitaria (1953)— lo colocó en la cima de la poesía nicaragüense y universal. Con La Insurrección Solitaria acontece igual a lo que ocurre con Ulises de Joyce. El tiempo acrecienta su fama, pero el número de lectores no crece en iguales proporciones. El rebelde desatando tormentas: Sigue amor mío, sigámonos./ Sólo estando juntos podremos despistarles./Solo juntos podemos volcar el matrimonio,/¡hacerlo saltar en astillas!/. Como si se tratara de un match que el poeta jamás rehuiría, algunos exagerados pretenden polemizar afirmando que CMR es más grande que Darío, discusión por lo demás bizantina.

Sin pretenderlo tuve la dicha de disfrutar la compañía de CMR en Costa Rica, durante un paréntesis de sobriedad lo convencí que aceptara la dirección de la biblioteca Carlos Cuadra Pasos de la Universidad Centroamericana (UCA). Antes de hacerlo lo había consultado con su rector Arturo Dibar J. S. No pude persuadirle que impartiera clases. Me dijo, yo solo puedo enseñar a quienes saben. Almorzamos juntos los siete días de la semana. Siendo un hombre sencillo —sobrio en su manera de vestir— me extrañaba verle por las tardes embutido en un saco. El eterno enamorado lo hacía para ir a ver una telenovela en compañía de una dama de sus desvaríos.

Durante los días compartidos en San José, nunca dejó de clavar dardos contra varios poetas y escritores nicaragüenses. Sergio Ramírez se lo había llevado junto a él para que trabajara en la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). Fueron sus años dorados. El poeta era especialista en ganarse enemistades. Sentía placer en incordiar incluso a sus propios amigos. ¿Una clara manifestación de su fuerte propensión autodestructiva? Asumió su condición de poeta maldito de forma consciente. Era su manera de protestar o llamar la atención.

El número 11 de la revista Hilo Azul (Diciembre-2015), constituye un puente de contacto con las nuevas generaciones de poetas y escritores. Muy a pesar que algunos jóvenes insisten que su poesía no fue hecha para ellos y que otros un tanto perezosos, alegan que para leerlo se sienten obligados a consultar a otros autores y una minoría todavía más despistada, afirma no entender nada de su creación. Hilo Azul pone frente a ellos al mito o a la leyenda que sigue siendo CMR.

Al genio de CMR no se le rinden todavía los honores que merece. Al poeta del amor —hermético y claro— hay que situarlo en el pedestal ganado a pura poesía. La Cátedra CMR en la UNAN-Managua y el homenaje en el Festival Internacional de Poesía de Granada constituyen un abono. El más caro y celoso guardián de su legado poético, Pablo Centeno Gómez, emprendió de manera exitosa en Carlos Martínez Rivas Humanidad y sensibilidad poética (2014), una exégesis digna de sus merecimientos. Un libro crucial para conocer y entender al poeta.

Leía sus poemas con una dicción clara, clarísima, tanto que todavía continúo embelesado escuchando el eco de su voz a través de la lectura de Beso para la Mujer de Lot, La Sulamita o En la Carretera una Mujerzuela detiene al Pasante. Al leer prolongaba las palabras para su propio goce. ¿Dónde estará el disco que grabó y que un día nuestro padre nos llevó de regalo a Juigalpa, para que pudiésemos escuchar a uno de los mejores lectores de poesía de habla hispana? Lo pregunto ahora que los discos de acetato han vuelto a ponerse de moda. Luzana, ¿lo guardaste?

El poeta salvadoreño Manlio Argueta, vislumbró a CMR más allá del término de nuestras vidas. Al final del poema Cumpleaños, recuerda que cuando CMR haya muerto, “estarás sin embargo: …con un trago de ron en la mano / besando a una mujer, / escribiendo poemas consultados / con otros poetas, / rodeado ya de nada / porque ya nada existirá, / sólo poemas puros / dando vueltas / como los toro-fuegos / de esos pueblecitos olvidados del mundo…” (Costa Rica, 1972). Ese y no otro es el CMR que evoco cada vez que deseo reencontrarme con él. Un oído cultivado para la música, para la perfecta harmonía.

Debemos estar convencidos, imposible decirle un adiós definitivo a CMR. Su poesía trasciende los tiempos. Me regocija esa manera de rematar sus poemas con giros epigramáticos. “Me presentan mujeres de buen gusto/ Y hombres de buen gusto/ Y últimos matrimonios de buen gusto/ Decoradores bien avenidos viviendo en medio/ de un miserable e irreprochable buen gusto/ Yo solo disgusto tengo./ Un excelente disgusto, creo”. CMR continúa entre nosotros desafiante, incómodo, incomprendido. Como lo hacía Beltrán Morales, su discípulo más aventajado, seguimos y seguiremos embriagándonos con su poesía. ¡Salud Poeta! ¡A su salud!

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