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¿Cómo definimos la maternidad?

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Dicen que la ignorancia es atrevida. Es cierto. Muchas personas te dicen que si te convertiste en madre vía cesárea realmente “NO SOS MADRE”. Lo hacen desconociendo el enorme dolor que se siente con una cesárea.

Sos primeriza y vas a ‘dar a luz’. Llegas dónde el doctor con dolores de parto. Estás hinchada de la cabeza a los pies. No podés ni ponerte las chinela. Te pesa todo, casi que sentís que andás un camión en la nuca. Parece que vas a reventar y te andas quemando por la llamada Preeclampsia. Quien nunca ha estado en esos zapatos, fácil puede hablar.

¡Sí!, Te dicen: “eso fue que no te cuidaste, mucho comiste, segurito no parabas de tragar todo el tiempo” o “sos una cobarde, no aguantaste los dolores, por eso pediste una cesárea para que te lo sacaran cholito y sin dolor. Estás cuero todavía porque no sabés lo que es parir”. Lo escuchás muchas veces, pero si en el hospital te dicen que es la única manera de que tu hijo venga sin complicación, ¿qué podes hacer?

Les cuento. En el quirófano te agarran como una muñeca de trapo. Y a manera de advertencia que sabe a amenaza te dicen: “si te movés quedás en silla de rueda” o al menos eso fue lo que me dijo la anestesista. Entra esa gran aguja por tu columna y sentís que se te quema toda la espalda, pero ese solo es el comienzo de una gran batalla. Es un tormento de casi un mes (o al menos eso fue lo que me costó) recuperarte, pues no todos los casos son iguales.

Después de salir del quirófano no podía ni moverme, ni voltearme de un lado para otro. Una vez que pasan los efectos de la anestesia el dolor es tremendo, sentís que te han partido en dos. Pero créanme, lo que más duele es no poder atender a tu hijo en ese momento especial. No poder bañarlo, abrazarlo, hasta para darle de mamar te duele. No las quiero asustar ‘mujeres en potencia de ser madres’, solo les cuento la enorme travesía que uno pasa por la vida de un hijo y la propia, porque prácticamente te cortan las entrañas para poder rescatar a un ángel.

Los dolores son intensos por días y a veces se prolongan por años. Tengo seis años de mi primer cesárea, y 21 meses de la segunda, y ambas cicatrices me duelen. ¡Si! Cuando llueve, cuando hace frío, cuando mi bebe de casi año y medio se me para en el vientre para darme un apapacho o un beso, aunque ver a mis hijos me hace olvidar esos terribles días. Nada fue color de rosa.

La presencia de tu familia es muy importante, el apoyo de una madre y del padre de tu hijos es esencial en ese momento, pues te cuesta valerte por vos misma. Yo no me puedo quejar, pero imagínense esas mamas que están solas pasando por esto y todavía tienen que soportar que no valoren ese sacrificio personal para tener a su hijo en sus brazos.

Por eso cuando alguien te pregunte que si pariste normal contestá: “Sí fui valiente, pues con ayuda de Dios salvé la vida de mi hijo y la mía”. Dejemos de estereotipar. Se es madre no sólo por parir natural o por césarea, las mujeres que adoptan también son madres. El sufrimiento en el parto no te hace ni más, ni menos madre.

Ser madre es el vínculo que desarrollás con tus hijos, significa ser responsable por una criatura, apoyarla, orientarla, darle amor, cuidarlos, dar cariño, enseñarles a vivir, llorar o reír, compartir e incluso anteponerlos (en ocasiones) a tus propios sueños, deseos y experiencias. Y cuando sentís que el corazón te duele tanto al ver a tus hijos enfermos o sufriendo. Te convertís en madre cuando te haces responsable de una nueva vida.

*Odilena Mejía, es doblemente madre. 


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