Opinión

Un concepto sin valor en la realidad

La educación a cualquier nivel no debe ser vista como un negocio más



Una noticia aparentemente inocente, como muchas de las noticias que de ordinario se publican en cualquier periódico, se publicó en un diario local el miércoles del 28 de febrero una noticia que nada tiene de inocente. Se trata del propósito del Cosep –máximo y más viejo organismo patronal en el país— de organizar en una cámara mercantil a las universidades privadas para integrarla a esa institución. En la misma noticia se registró la opinión del presidente del Consejo Nacional de Universidades, argumentando que la educación no es un negocio y, por lo tanto, un centro educativo no debería estar en una institución empresarial, aunque, “si van asociar o no, esa es una decisión que ellos tienen”.

Esas últimas palabras reflejan falta de firmeza en la defensa del concepto de que la educación a cualquier nivel no debe ser vista como un negocio más, pero calzan a la perfección en el esquema demagógico del gobierno que tenemos, el cual reconoce que la educación no es una actividad mercantil, pero el concepto nunca ha trascendido a la realidad social. Sigue siendo una vanidad teórica. En nuestro país, la educación privada a todos niveles –preescolar, primaria, secundaria y universitaria— ha sido y es una actividad comercial, además, de muy elevado costo para los padres de familia.

Como complemento de esos hechos, está otra realidad: que el sacrificio de los padres que aspiran a una mejor educación para sus hijos, pagan aranceles exorbitantes y a veces inútilmente, porque muchas veces resulta que la tal superioridad de la educación en los centros privados… ¡solo es cierta si se compara con la pésima educación pública! Y es de esa realidad que los comerciantes privados se aprovechan para acrecentar sus negocios. Pero no solo lo hacen los tradicionales negociantes en el área de la educación, pues hay muchos individuos vinculados a funciones de este gobierno que, conociendo lo productivo de la educación privada, también hacen negocios instalando sus propios centros educativos. Esto, escarnece aún más el concepto oficializado del carácter no mercantilista de la educación.

A todos esos problemas en el área de la educación nacional, apenas insinuados aquí, se le ha sumado el interés en esa área de parte un organismo especializado en desestabilización institucional del gobierno norteamericano, como es la Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos (Usaid). Se mete con la educación, con el cuento de dar impulso al desarrollo de los países que han perdido su independencia económica y política ante ese mismo país, o en los países donde quieren reforzar esa dependencia.

Por eso es que este organismo ha montado con el Cosep el llamado “Foro Avances Desafíos de la Educación Técnica”, en donde surgió la iniciativa de integrar las universidades privadas a este organismo patronal como un ente comercial más, lo cual ya es un hecho, pero choca con el concepto sobre la educación sin fines de lucro. Según lo ha reflejado el mismo diario, destacados educadores en educación superior se han pronunciado en contra de ese proyecto, aunque han sido muy pocos y con argumentos no tan básicos ni han querido mencionar al organismo extranjero promotor de la idea. Esta actitud es lógica en ellos, porque están identificados con las políticas del gobierno norteamericano.

Esta injerencia disfrazada de obras de caridad educativa, no es un fenómeno solo en nuestro país, ni la Usaid es el único instrumento para la injerencia norteamericana que funciona en el mundo, pues es como la hermana mayor de otros como la Fundación Nacional para el Desarrollo de la Democracia, conocida como la NED. A esta se le conoce por financiar actividades desestabilizadoras allí donde un gobierno se resiste a tolerar la intromisión en sus asuntos internos, responde a los intereses nacionales y protege la cultura de su pueblo.

Nicaragua, por razones bien conocidas, no es uno de sus blancos preferidos, por hoy, sino un campo libre para el reforzamiento de la penetración estadounidenses en la vida nacional y garantizar su continuidad. Por eso es que las organizaciones locales identificadas con las políticas del país de origen de esos organismos, no se proponen la lucha en serio en contra del gobierno de Ortega, porque mantienen la esperanza de que sea el gobierno norteamericano el que les facilite la llegada al poder. La OEA –que aquí está presente— es el organismo a través del cual, también se desarrollan, digamos, sus actividades más diplomáticas en contra de los países latinoamericanos.

Según análisis del lingüista y filósofo norteamericano Noam Chomsky, la política de su país, pese a todo su poderío, no está en condiciones de intervenir militarmente como antes, o con golpes de Estado tradicionales en América Latina, porque no hay muchos ejércitos nacionales dispuestos para esa aventura. Sin embargo, impulsa la desestabilización, con las nuevas tecnologías de la comunicación. Las campañas del terrorismo ideológico a través de los medios de comunicación para desestabilizar a los gobiernos no deseados, como ahora el de Venezuela, como antes en Brasil y Argentina –donde tuvieron éxitos—, y como lo hacen con mucha fuerza en Ecuador y Bolivia. Chomsky opina, incluso, que la OEA que antes en cuerpo apoyó descaradamente las intervenciones armadas y los golpes de Estado, ahora no tiene la unanimidad de antes, y ha tenido que hacer una fracción con gobiernos serviles –y los más corruptos, o sea, el “grupo de Lima”—, para actuar con otros métodos.

El trabajo de la Usaid en el campo de la educación, no está desvinculado de sus propósitos políticos. En nuestro país, no tiene en lo inmediato un plan de desestabilización –a pesar de las leyes que promueven las Ros-Lhetinen y otros buitres reaccionarios del congreso yanqui— porque las características del gobierno de Ortega no se lo aconsejan, como es su alianza con el gran capital (cuyo modelo que la “izquierda” salvadoreña quiere copiar) y su docilidad ante el FMI. La actividad “educativa” Usaid, busca “formar” líderes con un nivel político superior al de los políticos tradicionales, y no “contaminados” como estos, para que les permita ganar simpatías y, en su momento y desde un futuro gobierno, desarrollen políticas que interesan a Estados Unidos.

Así es que, los maestros que dicen oponerse a la integración de las universidades privadas al Cosep, si lo hicieran con sinceridad, verían el asunto… un poco más allá de sus narices burocráticas, o comprometidas.