Opinión

Concertación metafísica

Entre democracia y dictadura no ocurre una conciliación integradora, sino una reacción semejante, que produce un salto cualitativo en el orden jurídico



Alejandro Serrano Caldera, en un artículo publicado en La Prensa, el pasado 10 de abril, explica que para él concertación es cuando perspectivas diversas pueden ser complementadas mediante una actitud integradora.

¿Qué es actitud integradora? Probablemente, es una disposición a renunciar a lo que el resto de perspectivas contrarias no estén dispuestas a aceptar de las otras. ¿Por qué habría esa disposición claudicante? Serrano explica que sería por la necesidad de alcanzar un acuerdo. De modo, que cada perspectiva perdería su propio objetivo, con el fin de alcanzar un acuerdo mínimo común, como fin en sí mismo. Obviamente, sería un acuerdo ambiguo, una actitud integradora que favorecería al estatus quo. Serrano conduce los conflictos sociales y políticos fuera de la ruta del cambio.

Esta idea integradora de Serrano fomenta el atraso político, y contribuye, por desgracia, a embotar la conciencia del pueblo sobre la necesidad de una coherencia estratégica en la lucha contra la dictadura.

Máximo Común Divisor de perspectivas diversas

La concertación, dice Serrano literalmente, parte de la necesidad de alcanzar un acuerdo en el que estén representados los intereses de los distintos sectores, de forma tal que se construya un consenso en el que todos conservan u obtienen parte de sus aspiraciones y ceden otras de sus expectativas.

Es una descripción sorprendente, producto de un pensamiento metafísico muy pobre. De pronto, para Serrano, surgiría una actitud que buscaría, por necesidad metafísica, un interés común entre los intereses diversos, a pesar que lo que resulte común carezca de coherencia. Despojado cada interés repetidamente de su objetivo esencial, a medida que se busca el máximo común divisor entre perspectivas distintas, seguramente el resultado carecerá de utilidad práctica.

Por ejemplo, si alguien debe viajar a Jinotega, y otra persona debe viajar a Matiguás, y no hay más que un vehículo, Serrano les dirá que viajen juntos en el único vehículo hasta Puertas Viejas, que es el trayecto en común, y que permanezcan juntos allí, concertados, desechando el resto del trayecto de sus respectivos viajes sobre los que no hay consenso. Puertas Viejas se convertirá, así, en un fin en sí mismo, ya que ninguno de los viajeros tendría algo que hacer allí.

La coherencia no se obtiene por medio de la selección de lo que tienen en común perspectivas diversas, a las que se recorte todo lo que resulte excluyente. La coherencia se le debe pedir a un planteamiento o a una idea integral, no a los pequeños pedazos comunes de ideas diversas. Obviamente, Serrano no busca un conocimiento coherente, o un resultado útil. No es esa su misión, sino, lograr un acuerdo como fin en sí.

Serrano eliminaría el conflicto de ideas o de perspectivas cortando simplemente las secciones irreconciliables de las ideas diferentes. Esto convierte a Serrano en un profeta del atraso intelectual y de la mediocridad.

Para un estratega, por el contrario, si las condiciones objetivas de la crisis demandan un cambio político radical, la negociación sería la continuidad de la lucha por otros medios, y buscaría en la negociación, no el consenso por la supuesta necesidad de un acuerdo, sino, mejorar la correlación de fuerzas a favor del cambio.

La verdad científica tampoco concierta con el error

A Serrano no le importa que las perspectivas diversas no se integren ni en el arte, ni en la técnica, ni en la política, ni en física, ni en química, ni en biología, ni en filosofía. La ciencia no integra perspectivas diversas. Sería el fin de la ciencia, dejaría de avanzar el conocimiento humano, que por principio metodológico desecha las perspectivas que se demuestran erróneas, ya que el principio epistemológico más elemental de la ciencia es su falsabilidad, o sea, que toda verdad científica, con el avance del conocimiento, pueda ser desechada como errónea.

En las ciencias no existe el acomodo de las discrepancias. Obviamente, Serrano carece de formación científica. Y su concertación no se orienta en ese sentido.

La unión de dos sustancias, en química, no produce una integración en el sentido que le da Serrano, como suma complementaria de las propiedades parciales de las sustancias originales, sino, que produce una reacción termodinámica que, por el cambio de las estructuras moleculares de los reactivos y de sus enlaces, genera nuevas propiedades químicas, físicas, eléctricas, del producto resultante, que casi siempre son irreversibles, como al unir el papel con el fuego. Es decir, ocurre un salto de calidad no una integración conciliadora de partes de las propiedades originales.

Entre democracia y dictadura no ocurre una conciliación integradora, sino, una reacción semejante, que produce un salto cualitativo en el orden jurídico de la sociedad.

La naturaleza no hace concertación

La naturaleza procede también por saltos de calidad, no por concertación. El conocimiento humano, en las distintas disciplinas, no avanza por integración, sino, por la confrontación dialéctica. La realidad misma es contradictoria, y la política resuelve la contradicción social con un salto de calidad, por un cambio cualitativo de la esencia del orden social, no por integración de perspectivas. La historia dejaría de existir si se integrasen las perspectivas diversas, como propone Serrano.

Si en la sociedad se desechara lo que no es compatible, como propone Serrano, se anularía el cambio cualitativo.

El eclecticismo que propone Serrano como novedad es una manifestación de decadencia, desde el tiempo de los griegos.

La concertación como imperativo categórico

¿De dónde surge la necesidad de un acuerdo? Del pensamiento metafísico. ¿De dónde proviene ese imperativo categórico, capaz de regir el comportamiento humano? Es autosuficiente, surge de la metafísica.

Serrano propone superficialmente la idea de Salomón. Ofrece partir a mitad, con su espada, al niño disputado, para que ambos litigantes conserven parte de sus aspiraciones y cedan otras. No le importa a Serrano que la coherencia vital del niño entero se pierda en el proceso de concertación.

Concertación y contrato social

Concluye Serrano con un disparate histórico. Dice que la síntesis que resulta de un ejercicio de esta naturaleza es la unidad en la diversidad, la esencia del contrato social.

En realidad, ningún contrato social es producto de la unidad en la diversidad, ni resulta como síntesis de un proceso de consenso. La Constitución política es un producto histórico de la sociedad, que ocurre cuando la modernidad se impone al feudalismo, destruyéndolo de raíz, por la lógica del comercio y de la producción industrial incipiente que, a mediados del siglo XVIII, incide en los pensadores de la Ilustración que formulan la filosofía del derecho moderno.

La abolición de la esclavitud y de la servidumbre no es producto del consenso, sino, de la necesidad impelente para el desarrollo industrial, de mano de obra contratable. En todas partes, la formación de la nación fue producto de revoluciones, de choques de intereses irreconciliables, no de concertaciones, ni de consensos, ni de un proceso en que los adversarios cedieran sus demandas esenciales más excluyentes.

Alguien imagina a Serrano durante la revolución francesa. Sin la astucia de Tronchet y sin la habilidad del Comte Desèze, quienes salieron indemnes luego de defender al rey en el proceso ante la Convención, probablemente habría escupido la cabeza en la cesta si proponía una concertación con la monarquía.

La concertación con Ortega

Una verdadera concertación –dice Serrano, refiriéndose a la situación actual en Nicaragua- puede superar la crisis política. Es posible, si la crisis política no se resuelve con un cambio de régimen, se puede resolver, piensa Serrano, con una derrota concertada, si es que el pueblo –influido por Serrano- desiste de la lucha por la libertad. Para Serrano, el consenso con Ortega sería una verdadera concertación si se acepta que conserve parte de sus aspiraciones. O sea, que Ortega llegue al 2021 en el poder, y que permanezca impune.

El consenso con un esclavista tiene que ser una especie de esclavitud resignada. Y con un dictador, debe ser alguna forma de sumisión.

En contraparte, la naturaleza impone sus leyes, no hace concertaciones. Y el ser humano aprende esas leyes para transformar la naturaleza; y aprende las leyes sociales para transformar políticamente la sociedad. No va por la vida proponiendo acuerdos por consenso, ni a quienes creen que para que llueva se deba danzar en torno a la fogata, ni a quienes, cuchillo en mano, nos piden la bolsa o la vida.

*Ingeniero eléctrico.