Opinión

Condenados por la historia

Historia

Con la UNEN desaparecieron los líderes naturales, más bien fueron sustituidos por estudiantes que trabajaban o trabajan para el FSLN.



“Nunca en el Movimiento Estudiantil hubo una
organización más representativa y nunca una que
todos los estudiantes sintieran como suya…Ellos eran
los que decidían y así lo sintieron, porque las decisiones
más importantes recayeron sobre ellos”.
Elena Poniatowska—La noche de Tlatelolco

Fijando el tema. En la historia de los pueblos, cada vez que ocurren convulsiones y estremecimientos encaminados a lograr transformaciones políticas y sociales, los liderazgos quedan a prueba. No existe momento más propicio para conocer y evaluar el comportamiento de los distintos actores involucrados en estas contiendas. Las acciones emprendidas por los estudiantes y la pasividad manifiesta de los partidos políticos y algunas organizaciones gremiales, son un fiel termómetro para comprobar si estaban o no a la altura de los tiempos. Nada de lo que hicieran o dejaron de hacer será pasado por alto. Su participación en las jornadas de mayo y abril o su renuencia por asumir las responsabilidades que les atañen, serán juzgadas de manera severa. Se esperaba que mantuviesen una posición rectilínea; coherentes en su proceder.

Los motivos por los cuales sus dirigentes fueron puestos al frente de las instituciones que representan, están claramente definidos en los estatutos que sirvieron de base para su elección. Su escogencia se debió a que la mayoría creyó que eran las personas más dignas para asumir su representación. Cada uno de los electores tuvo la oportunidad de valorar las cualidades que les calificaban para ponerles al frente de las instituciones a las que pertenecen. Las reivindicaciones y los compromisos adquiridos eran su tarjeta de presentación. Algunos tuvieron oportunidad de hacer proselitismo para ganarse el derecho de ser electos. Todos tuvieron la prerrogativa de exponer los programas que determinaron su escogencia. Sus fórmulas resultaban convincentes. Las protestas y cierre de medios permiten evaluarles de la mejor manera.

El procedimiento utilizado para asumir cualquier representación —ya se trate de partidos políticos o de organizaciones gremiales— siempre es el mismo. Se convoca elecciones, hacen propaganda con la intención de convencer a su membresía. Se presentan como los dirigentes más efectivos. Con sus propuestas buscan convencer a cerca de los beneficios que obtendrían, si son seleccionados para ocupar los cargos directivos. Una puja en la que su capacidad de ser los candidatos más idóneos, tendrá que ser corroborada en la práctica. En algún momento de su mandato surgirán o podrán surgir situaciones que les exigirán demostrar su grado de apego con el mandato recibido. Las contradicciones político-sociales exigen siempre lo mejor de cada dirigente. Constituyen la prueba de las pruebas. Aludo a tres organizaciones:

1- Los partidos políticos. Durante los últimos años los partidos políticos en Nicaragua, viven una crisis terminal. Cada día que pasa muestran su poco interés por las aspiraciones de las bases que les pusieron o eligieron para representarles. Su pasividad o ausencia en acontecimientos que demandaban su presencia ha sido hiriente. Un silencio cómplice. Una claudicación vergonzosa. Una constante a través de la historia de Nicaragua, ha sido caer seducidos por las migajas que les ofrecían quienes necesitaban de su venia para enquistarse en el poder. El pactismo y los arreglos políticos bajo la mesa, han terminado en componendas ajenas a los anhelos de los pueblos. Los engaños son infinitos. Carecen de capacidad autocrítica y visión de futuro. Son cortoplacistas y entreguistas.

A pesar de los reveses y los cuestionamientos en contra de estas actitudes, no hay forma que se corrijan. El prebendarismo político ha sido un mal mayor en la política nicaragüense. El zancudismo —aceptar cargos o puestos en el Estado, a cambio de claudicar— no se debe únicamente a fragilidad ideológica o falta de principios. Más bien obedece a que históricamente son muy pocos los partidos que no han sido creados para enriquecerse en el poder. Poco les ha importado el riesgo de ser posteriormente descartados. Por unos y otros. Eso ocurrió con Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y más reciente con los directivos del Partido Liberal Independiente (PLI). Al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), no le costó mucho atraer hacia sus filas a sus dirigentes y a otros partidos políticos.

Ante la reiteración de este proceder, Daniel Ortega Saavedra supo abultarles el bolsillo. Los sometió a base de plata y otorgándoles puestos públicos. En la historia nacional, el bipartidismo tiene su origen en la repartición legal de cargos.  Desde el ensayo fallido realizado en 1924 con la elección de Carlos Solórzano (Conservador) y Juan Bautista Sacasa (Liberal), impuesto por las fuerzas de ocupación estadounidenses, seguido por los pactos Somoza García-Cuadra Pasos; Somoza García-Chamorro Vargas; Somoza Debayle-Agüero Rocha; hasta el pacto Ortega Saavedra-Alemán Lacayo, todos estos acuerdos devinieron en repartideras de privilegios. La burocratización y el prebendarismo ha metido a los partidos en callejones sin salida. Hoy desfallecen por su falta de consistencia.

2- Las organizaciones de periodistas. La Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), la Asociación de Periodistas Nicaragüenses (APN) y el Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN), organizaciones creadas y llamadas a defender a periodistas y medios de comunicación, no han podido librarse del lastre partidario y la seducción política. Todas han sido arrastradas hacia el redil partidario. No existe una sola que se salve. Arnoldo Alemán cooptó a la APN. Les ofreció cargos y otras regalías. Se subieron entusiasmado a su carro y bendecían todo cuanto hacía. Jamás se propusieron ni quisieron tomar distancia del caudillo liberal. Gustosos orbitaban a su alrededor. Supo conquistarle a base de dinero y nombramientos en los ministerios de gobierno. Una inversión barata y de altos réditos.

La UPN nació el 1 de marzo de 1978, en medio de la crisis político-militar para derrocar al somocismo. Sobraban razones para oponerse al último representante de la dinastía. La saña con que los Somoza persiguieron a los periodistas, destruyeron y confiscaron equipos de transmisión de radioemisoras e impresoras, las multas recurrentes, las censuras persistentes, el destierro y el asesinato de periodistas —el más próximo, después de Gahona, se revirtió en su contra, fue Pedro Joaquín Chamorro— bastaban para que surgiera una prensa opositora. El problema de raíz fue que la UPN, una vez que el FSLN conquistó el poder, se echó en sus brazos. Jamás ha actuado al margen de sus dictados. Al regresar el caudillo sandinista al poder (2007), siguieron orbitando a su alrededor. Continúan haciéndolo.

El mismo camino siguió el CPN; jamás imaginé que eso ocurriría. Cuando los dirigentes de la UPN (Olga Moraga) y la APN (Luis Mora Sánchez), decidieron ponerse de acuerdo para crear una instancia que trascendiera la supeditación partidaria, surgió la esperanza. La nueva generación de periodistas tenía la posibilidad de adscribirse a una organización estrictamente gremial. En menos de lo que cruza una estrella fugaz sobre el firmamento, las ofertas partidarias cooptaron a la dirigencia del CPN. Incurrieron en los mismos vicios de las organizaciones que le dieron vida. Comenzaron las purgas y exclusiones de periodistas que clamaban por su independencia. Desde 2007 a esta parte, jamás han protestado ante los atropellos sufridos por medios y periodistas.

3- La Unión de Estudiantes de Nicaragua. En ningún momento de su largo discurrir, UNEN ha funcionado con autonomía de vuelo. Nacida en el fragor de la lucha contra el somocismo, más temprano que tarde recorrió el mismo camino de los partidos políticos y las organizaciones de periodistas. Con un pasado honroso de oposición y enfrentamiento al somocismo, al más alto de los precios —la masacre estudiantil en León, el 23 de julio de 1959— con decenas de estudiantes torturados y asesinados por los dinastas, sus dirigentes actuales y pasados, ni siquiera intentaron actuar con la independencia relativa que requiere una organización representativa de los intereses estudiantiles. Se empecinaron por auspiciar el pensamiento único. Se alejaron de sus bases. Se agarrotaron.

Con la UNEN desaparecieron los líderes naturales, más bien fueron sustituidos por estudiantes que trabajaban o trabajan de tiempo completo en función de las posiciones del FSLN. Muchos de estos dirigentes han envejecido en los cargos. Son cuadros profesionales al servicio del partido gobernante en las universidades públicas. En vez de comportarse como auténticos dirigentes, rehuyeron el debate y discusión de los problemas más sentidos del país. En ocasiones han servido incluso como fuerzas de choque. El disentimiento —tan necesario en la formación de los estudiantes— fue expulsado de las aulas. Con poder de decisión, profesores que demostraban ser desafectos del FSLN, eran acorralados o despedidos. La fidelidad partidaria priva sobre los conocimientos académicos.

La cuantía de los recursos disponibles, eran utilizados para acallar voces discrepantes o para comprar voluntades. La libertad de cátedra y la autonomía universitaria fueron confiscadas. El lema A la libertad por la universidad, desapareció como principio. La expulsión del profesor Salomón Manzanares en la UNAN-León —para citar un hecho reciente— fue por creer en la libertad de cátedra y aplazar a representantes estudiantiles de la carrera de comunicación, debido a su bajo rendimiento académico. A Alejandro Serrano Caldera, miembro de la Generación de la Autonomía, sobreviviente de la masacre del 23 de Julio de 1959, y exrector de la UNAN-Managua, no le permitieron ingresar a la UNAN-León. Su delito consiste en que sus ideas no coinciden con las del partido gobernante.

Conclusión. Por donde se analice la conducta de los partidos políticos, la actuación de las organizaciones de periodistas y de la UNEN, constatamos que su dirigencia actúa a contrapelo de las razones por las cuales fueron electas. Sus más altos representantes traicionaron el mandato recibido. Las jornadas estudiantiles de abril y mayo han demostrado que ninguna de estas instituciones representa el verdadero sentir de sus bases. Son instituciones conchas. Sin otras aspiraciones que servir como furgón de cola de los intereses del partido en poder. Los acontecimientos ocurridos durante un mes —a lo largo y ancho de Nicaragua— les han sobrepasado. Se quedaron como guardianes de unos intereses que no son los de sus representados. ¡Los rebasó la historia! ¡No representan a nadie!