Opinión

¿Conflicto bélico en ciernes?

La preocupación del estamento militar se debe que China sobrepasó a Estados Unidos en el desarrollo de infotecnologías.



“En Berlín, Pompeo llegó a amenazar con restringir el acceso
a los datos recabados por los servicios de inteligencia estadounidense para aquellos
países en los que Huawei instale su infraestructura de telecomunicaciones”.
El País, 1 de junio de 2019. 

“Si Estados Unidos quiere hablar, tenemos la puerta abierta.
Si quieren un enfrentamiento, estamos preparados”.
Wei Fenghe. Ministro de Defensa de China

 1. Guerra y tecnología. Un nuevo conflicto se avecina, subrayar que las tecnologías constituyen el soporte fundamental de las guerras no es más que un lugar común. La superioridad tecnológica ha sido crucial para resolver las luchas a favor de uno o varios países en pugna. Las tecnologías encierran un gran potencial bélico. El entrecruzamiento de los satélites, con internet y la telefonía móvil, representa un paso adelante en los juegos de guerra. Los soportes de comunicación —por muy toscos que fuesen— siempre han conferido cierta ventaja a las fuerzas beligerantes. Con el desarrollo exponencial de las infotecnologías el contexto tiende a agravarse. Vivimos ese ambiente. Desde la guerra de Vietnam, pasando por la Guerra del Golfo, el refinamiento de los artefactos bélicos y sus operadores ocupan un papel central.

2. La tecnología G5. El terreno ganado por China a través del desarrollo de la quinta generación de tecnología (G5) puso en pie de guerra a Estados Unidos. Las prohibiciones impuestas a Huawei (el smartphone chino) por el mandatario estadounidense, Donald Trump, no se limitan a la guerra comercial que viven ambas naciones. La resolución de Google de no brindar soporte a Huawei — a través del sistema operativo Android con que funciona— agudizó las hostilidades. La decisión puso un muro de contención para el futuro inmediato del gigante chino. Google es un cuasi monopolio. Controla el mercado. Cifras conservadoras señalan que posee una cuota del 80 %. La disposición agudizó las tensiones y podría desencadenar un encontronazo de mayores proporciones. Las desavenencias tienen efectos mundiales.

La postura del presidente Trump recuerda los padecimientos y dolores de cabeza de funcionarios, políticos y militares estadounidenses, cuando se enteraron que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la extinta URSS), se les había adelantado en la carrera por la conquista del espacio, al poner en órbita al primer vuelo tripulado. La reacción en la Casa Blanca fue de desconcierto. La hazaña de Yuri Gagarin el 12 de abril de 1961, conmocionó al planeta. La proeza fue superior a la perplejidad provocada por el lanzamiento del Sputnik por la URSS, el 4 de octubre de 1957. Ambos sucesos sirvieron al presidente Dwight Eisenhower de estímulo para la creación de la NASA, el 29 de julio de 1958. Su sucesor, el presidente John F. Kennedy, concentró esfuerzos para acortar distancias. No querían quedarse a la zaga.

3. China sobrepasó a Estados Unidos. La actual controversia tiene origen en una tecnología con potencialidades inauditas. Posee la virtualidad de conectase con los coches automáticos, la robótica y la inteligencia artificial, hasta empalmar con lo más relevante: “el comienzo de lo que llamamos la era de la invención”. Las interconexiones que procura son infinitas. El especialista Cristiano Amon, presidente de la compañía estadounidense Qualcomm, sostuvo en Barcelona, durante el Congreso Mundial del Móvil (MWC19), que “el 5G y la inteligencia artificial significarán miles de millones de elementos conectados, enormes cantidades de datos y todos ellos en la nube. Cambiará la forma de compartir archivos, las compras online o la reproducción de contenidos”. El logro de los chinos descoloca a Estados Unidos en el tinglado geopolítico, restándole hegemonía.

La preocupación del estamento militar se debe que China sobrepasó a Estados Unidos en el desarrollo de infotecnologías. Una realidad tangible, afirmó Ren Zhengfei, fundador y presidente de Huawei. Las maniobras de los militares estadounidenses buscan como frenar el avance chino. Cómo interprete de estos sentimientos, el presidente Trump creyó necesario tomar providencias. Contrario a la posición de Barack Obama —quien tuvo conocimiento del avance de los chinos en el diseño del G5— el mandatario republicano decidió establecer medidas radicales. Al negarse que Google preste su soporte a Huawei, trata de retardar temporalmente el progreso de una tecnología que debería estar lista para 2025. ¿Lo logrará? Los chinos mientras tanto anunciaron que están preparados para el contragolpe.

El alegato de los estadounidenses sobre las implicaciones militares del G5, tiene antecedentes históricos. Los franceses manifestaron sus reparos por el funcionamiento de los Satélites de Localización (GPS). Suscribieron que se trataba de satélites de uso militar por parte de Estados Unidos. Estaban convencidos que eran satélites dedicados al espionaje. Con el paso del tiempo tecnologías de origen militar son transferidas al sector civil. Una constante histórica. A eso se debe el uso del GPS por distintas empresas de negocios. El experto belga, Armand Mattelart, se interesó por establecer y hacer públicos estos intercambios. Basta tomar como ejemplo el uso generalizado hoy en día de los drones en el campo civil. No por eso han dejado de ser utilizados en el ámbito militar. Son sumamente eficaces. Se trata de sacarles el mayor provecho.

4. Advertencias del Pentágono. La tecnología más eficaz e importante —Internet— fue incubada en los entresijos del estamento militar estadounidense. Aparnet —predecesora de Internet— fue concebida por la Agencia de Investigaciones Avanzadas (ARPA), organismo especializado del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Aunque resulta indispensable agregar que Internet recibió el mayor impulso para su concreción, de especialistas provenientes del estamento contracultural estadounidense. Fueron artífices decisivos. Manuel Castells destaca esta participación en su trabajo pionero: La era de la información (tres tomos publicados en 1999 por la editorial Siglo XXI). Los ejércitos y grandes corporaciones de diversa naturaleza son sus mayores beneficiarios. Aunque su uso por el estamento civil continúa expandiéndose.

En el reportaje realizado para El País, por Ramón Muñoz y Amanda Mars, publicado el domingo 26 de mayo (El problema no está en tu móvil Huawei, el problema se llama 5G), ambos periodistas están más que convencidos que el veto estadounidense debe ser interpretado como una declaración de guerra que va mucho más allá de las hostilidades arancelarias”. La preocupación del Departamento de Defensa fue trasladada al Congreso de Estados Unidos. Establecieron las ventajas del G5. Sus conexiones 10 veces más rápidas que el G4; el hecho de multiplicar por 100 el número de dispositivos conectados con un mismo número de antenas. El mayor avance del G5 es que acelera las respuestas a un milisegundo. “Trump la emprendió contra Huawei porque domina la construcción de redes G5”, afirman los entendidos. No existe otra explicación.

El presidente Franklin D. Roosevelt, encargó a Vannevar Bush, director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de Estados Unidos, un reporte sobre el rol de la ciencia y la tecnología en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial (1945). El científico subrayó el papel de ambas disciplinas en el predominio militar. Por tratarse de un tema de seguridad nacional, recomendó establecer políticas públicas para su desarrollo. El Estado debía asumir esta tarea de manera especial. No podía dejarla a la libre iniciativa. Desde entonces no han dejado de intervenir, por lo que resulta sobrancero que militares y funcionarios estadounidenses, aleguen que el gobierno chino tenga intereses en Huawei. Una vez más sus gobernantes muestran su doble moral. Creen que solo ellos están habilitados para hacer lo que se les venga en gana.

Independientemente de cómo se dirima el conflicto (los chinos son el primer inversor mundial, poseen metales imprescindibles para la construcción de móviles y tienen la posibilidad de desarrollar un sistema operativo propio, con el cual podrían reemplazar a Android), lo cierto es que entramos de lleno a una nueva fase del desarrollo de armas letales. Las guerras del presente —como vaticinaron Heidi y Alvin Toffler— tienen en las infotecnologías su punta de lanza. Son las principales armas de guerra contemporáneas. Los forcejeos, rupturas y repliegues, apuntan claramente en una dirección. ¿Cuál de las dos grandes potencias se quedará con el liderazgo mundial? ¿China o Estados Unidos? La tecnología de Huawei, es más avanzada y menos costosa, advierten los expertos. Un conflicto sujeto a escrutinio público.