Opinion

Contra dictadura, unidad y realismo

El punto más cercano y elemental de nuestra lucha, porque es algo inevitable para avanzar, es derrotar a la dictadura

El último de los actos procaces del par de dictadores, no dejar entrar al país a la comisión de la OEA, más que un reto para este organismo y la opinión internacional lo es para los nicaragüenses que se enfrentan a su demencial creencia de que son dueños de Nicaragua y de sus habitantes. Actúan como señores de horca y cuchillo en el feudo que pretenden eternizar en nuestro país, sin reparar en muertes y torturas en sus ergástulas medievales, con su deshumanizada y deshumanizante sevicia.

El qué hacer ante la continuidad de esta situación, también adornada de asedios, persecuciones e injusticias sociales a granel, es del interés de todos, pero hacer la definición de la lucha y llevarla a la práctica junto al pueblo, no le corresponde a los comentaristas, sino, en primer lugar, a las dos alianzas destinadas a forman una sola unidad, porque ya cuentan con el aval popular.

Y para eso, ha sido oportuno el nuevo estímulo a la unidad y armonía de propósitos que reanimará la lucha popular ante la sostenida crisis de más de un año y que los dictadores pretenden prolongar indefinidamente. Ese nuevo estímulo, ha llegado con las propuestas del Cosep y la UNAB .

Oportuna también, porque comenzaba a manifestarse brotes de impaciencia y expresiones no adecuadas ni convenientes para la profundización del consenso y la unidad.

No solo es la coincidencia en fechas, pues uno se pronunció el miércoles y la otra el jueves de la semana anterior, sino el resultado del consenso con la Alianza Cívica, para consolidar la unidad, y ahora sobre la base de puntos programáticos que podrían constituir también el programa del futuro gobierno democrático.

Este esfuerzo unitario para la reactivación con miras al futuro, deberá ser paralelo con las sugerencias acerca de cómo proceder a enfocarse hacia la aceleración de la lucha popular para alcanzar el objetivo inmediato, sin el cual no podría avanzarse hacia la formación de la nueva Nicaragua.

Para eso, ya se ha manifestado la idea, pero falta que más sectores populares la asuman para que tengan claridad sobre la posibilidad de que, después de la dictadura, de que para superar los obstáculos políticos que surgirán dentro de un nuevo sistema democrático de gobierno, será necesario postergar las gruesas aristas de la confrontación de intereses clasistas entre los aliados, aunque sea solo para el momento histórico en que se libre al país de las irregularidades constitucionales bajo las cuales la dictadura nos ha obligado a vivir a todos.

Esa posibilidad no debe concebirse como un ilusorio oasis de paz social, sino como una tregua mientras se trabaja para crear las condiciones políticas con todas las libertades, el saneamiento y la normalización de las vías constitucionales, para que cada sector social y político discuta sus diferencias con respeto al derecho de todos, no solo de los sectores dominantes tradicionales, como sigue siendo hasta hoy.

Para avanzar seguros hacia esa posibilidad, junto a lo que pueda contribuir la solidaridad internacional – sin depender mucho de ella—, hay que ponerse de acuerdo sobre las coincidencias y luego sobre su ordenamiento para llevarlas a la acción, según el carácter y la importancia de cada una. En otras palabras, priorizar entre los quince puntos del Cosep, los veinte de la UNAB y los que pueda aportar la Alianza Cívica, las que de hecho y por compromiso, ya forman una alianza política.

Esas son las fuerzas principales que con su lucha unitaria crearán las condiciones para derrotar a la dictadura y acercarse al más importante momento de nuestra historia, porque se trata de practicar nuevos conceptos sobre un nuevo poder político para forjar una nueva república.

Ni en septiembre de 1856 se creó una oportunidad igual, porque entonces no solo estábamos en una época atrasada respecto a la actual, y era una república pre capitalista con fuertes resabios políticos y sociales de la colonia en sus conductores. Algo parecido sucedió en 1893. Tampoco julio de 1979, fue una oportunidad igual a la de hora, porque entonces lo del pueblo fue un gran entusiasmo sin el nivel de la conciencia política actual. En todos los casos, el pueblo fue víctima del caudillismo militar que, después de ilusionarlo, hacerlo participar y sacrificarse, degeneró en varias dictaduras.

Hoy están mejor definidos los objetivos comunes. De los quince puntos del Cosep, trece son propios para un programa de gobierno, al que solo se podrá llegar cuando se derrote a la dictadura, y dos son puntos de posible aplicación inmediata: “Exigir el cumplimiento de los acuerdos firmados en marzo del 2018, entre el gobierno y la Alianza Cívica”, y “Elecciones libres, transparentes y observadas”.

En esos dos puntos coinciden con la UNAB, y en otros también, de posible aplicación previa a la caída de la dictadura, como el de la no reelección. Pero hay otros puntos que solo son aspiraciones, porque son objetivos permanentes bajo cualquier sistema político, tal es el caso de la Democracia.

Ese objetivo, saldrá del mundo de la fantasía política actual para ser abordado en una futura realidad democrática; saldrá de ser un concepto y una aspiración colectiva y un objetivo tras el cual habrá que trabajar en un futuro gobierno. Pero ahora, solo es un argumento político para la lucha anti dictatorial.

Algo similar puede decirse del punto acerca de la Nueva cultura democrática. Un tema más, pero de siempre, para un proceso permanente, que no nace del capricho de nadie, sino como consecuencia y la acumulación de la experiencia humana de cada día.

Y en cuanto a la cultura democrática en Nicaragua, ¿de dónde se podrá traer empaquetada para cada uno de sus habitantes, y que, de la noche a la mañana, aparezcan cultos? ¿Es necesario decir que nuestra cultura es también producto de nuestro quehacer histórico, y que, para iniciarse, se necesitará de una transformación radical del sistema de educación pública?

No estoy criticando nada, solo señalo ejemplos de puntos no prioritarios, y no porque no sean importantes, sino porque solo serán realizables como resultado de un proceso humano que nunca termina, son objetivos de mejoramiento histórico constante.

El punto más cercano y elemental de nuestra lucha, porque es algo inevitable para avanzar, es derrotar a la dictadura. Se trata, pues, de poner un orden lógico a los objetivos para mayor claridad y entendimiento de los sectores populares, fuerza vital de la lucha contra la dictadura Ortega-Murillo.

He mencionado que “comenzaba a manifestarse brotes de impaciencia y de expresiones no adecuadas ni convenientes”, y lo confirma el hecho de que una apreciable y combativa dirigente del sector estudiantil, declaró en medios independientes, que estaban en pláticas con diputados de los partidos zancudos para introducir un proyecto de ley “prohibiendo la existencia de presos políticos”.

Lo menos que se puede pensar de esa idea, es que hay mucha ingenuidad, además de impaciencia, porque omite la realidad de una Asamblea Nacional de mayoría oficialista que acostumbra pasar sobre cualquier proyecto de ley que no tenga el aval de los dictadores.

Además, en la Constitución Política ya se prohíbe la cárcel por motivos políticos, y no se puede olvidar que si la Constitución, la máxima ley del Estado, es violentada sin reparos por los dictadores… ¿qué no puede hacer con las leyes secundarias, aun cuando fuera inspirada por ellos?

Pienso que sobrará compañeros entre el estudiantado, y otros dirigentes políticos, que con respeto pueden hacerles las observaciones pertinentes a su impaciencia o ingenuidad. A todos conviene para unidad del movimiento cívico y la buena orientación de esos valiosos elementos juveniles, indiscutibles pioneros de esta lucha cívica, patriótica y heroica iniciada el 18 de abril del 2018.

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