Política

Edmundo Jarquín y Azahálea Solís analizan toma de posesión de pareja presidencial

“Contra Ortega solo podrá la resistencia cívica activa”

Ortega y Murillo inician gobierno en condiciones adversas: sin cooperación venezolana, con masiva abstención de noviembre y Nica Act a cuestas



Daniel Ortega y Rosario Murillo, juramentados este diez de enero como presidente y vicepresidenta de Nicaragua, inician de la mano un gobierno en condiciones adversas, que no habían tenido en los diez años anteriores, según el análisis del excandidato presidencial Edmundo Jarquín y la abogada constitucionalista Azahálea Solís, entrevistados este martes en el programa Esta Noche.

Jarquín advierte que “a diferencia de los dos períodos anteriores del gobierno de Ortega, a futuro ahora se abren un escenario caracterizado, entre otras circunstancias, por tres grandes ausencias”. Estas ausencias son la falta de la cooperación venezolana, que antes le permitió consolidarse en el poder a pesar de la salida de la cooperación tradicional; la ciudadanía que se manifestó en la masiva abstención del seis de noviembre y la amenaza de las sanciones de la NicaAct, de Estados Unidos.

“Cualquier dibujo del futuro debe tener como referencia estas características”, sostiene Jarquín, coautor del libro El régimen de Ortega ¿Una nueva dictadura familiar en el continente?, publicado a finales de 2016, en el cual el economista y abogado advierte que el caudillo del Frente Sandinista ha marcado su gobierno con una “dinámica sultanística”, que define como “la confusión total entre los intereses del gobernante, el sultán, y los intereses del Estado, de la vida pública”, que a su juicio “ha contagiado a Ortega, y su entorno familiar y de la élite gobernante”.

Jarquín y Solís coinciden en que la única salida no violenta al régimen de Ortega y Murillo es la resistencia cívica activa, como la convocada durante los años de la dictadura somocista por el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Martir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional, asesinado el 10 de enero de 1978, en cuyo honor se estableció ese día para las tomas de posesión tras la dinastía contra la que él luchó.

Según Jarquín, “en la medida que asumamos el cambio de escenario que se está viviendo con la salida de la cooperación petrolera venezolana, de la manifestación que hizo el pueblo nicaragüense absteniéndose de participar en la farsa de noviembre (de 2016) y el mensaje que Ortega ha transmitido a todos los actores, dentro y fuera de Nicaragua, de que él solamente cambia de curso por presiones, por cambios en la correlación de fuerzas  y no por razones de Estado, ese es el camino más evidente de que sin resistencia cívica activa no vamos a lograr los cambios que deseamos para Nicaragua”.

Solís estima que el diálogo es una necesidad urgente. Sin embargo, advierte que el diálogo debe partir de la premisa que Ortega tenga la voluntad política para hacerlo.  “Si lo que Ortega quiere es aparecer como que dialoga para que la Nica Act, que la tenemos encima, no tenga mayores consecuencias, en ese diálogo nosotros no nos apuntamos y ese tipo de diálogo no tiene ningún futuro para el desarrollo y la buena andanza del país”, alerta.

La abogada constitucionalista y miembro del opositor Frente Amplio por la Democracia (FAD), lamenta que “Ortega solo entiende de correlación de fuerza y entiende solo cuando vamos hacia el abismo. O sea, no es un estadista que está pensando en el bienestar del país, en dejar un buen legado, sino sencillamente es agarrar lo que puede y llevar las situaciones hasta el final”.

De acuerdo con la experta, “los nicaragüenses tenemos que poner de nuestra parte para presionar por un verdadero diálogo”, que considera que se puede lograr mostrando la voluntad ciudadana y perdiendo el miedo.

Además, insiste que aunque la solución no está a nivel internacional y tampoco esperan que otros resuelvan las demandas de los nicaragüenses, si es necesario “presionar” al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, con cuya instancia el gobierno de Ortega inició una “mesa de conversación e intercambio“, en octubre de 2016, tras un informe sobre el sistema electoral y político de Nicaragua, del cual no se ha revelado el contenido.

Solís precisa que la demanda a Almagro debe ser por “un diálogo inclusivo, que no sea porque se quiere pactar, sacar provecho prebendario, que tampoco se decida quiénes son o no los dialogantes, como los muñecos de zacate que fueron a las elecciones con Ortega”. No obstante, sostiene que “no podemos dejar en manos de Almagro las soluciones, (porque) las soluciones tenemos que ponerlas nosotros”.

Para Solís el que Ortega y Murillo hayan tenido su acto de toma de posesión no impide mantener la demanda de la única salida a la situación del país, “que son las elecciones transparentes y observadas“.