Economía

Crisis económica golpea a la exigua clase media

Miles de nicaragüenses de clase media habrán caído en la pobreza al finalizar el 2019, según previsiones de Funides

El horario de ocho de la mañana a cinco de la tarde es cosa del pasado para la pareja de “Marcela” y “Octavio”. Ambos fueron despedidos, con cuatro meses de diferencia, de sus empleos en el Estado y la empresa privada, respectivamente. Ahora venden queso, pan o aguacates en las entradas de supermercados en Managua. A unos 50 kilómetros de la capital, el diriambino “Enrique” perdió su trabajo como maestro en una universidad de Jinotepe, Carazo; ahora vive de “rumbos” y clases privadas.

“Enrique”, “Marcela” y “Octavio” pertenecían a la exigua clase media nicaragüense, que según el informe Latinobarómetro de 2018, es la más pequeña de Centroamérica, con menos del 20% de la población. Por su nueva situación económica, los tres han bajado un escalafón en la clase social, y el pronóstico de los economistas es que al finalizar el año la situación empeorará para al menos 325 000 nicaragüenses.

La crisis económica que vive el país, derivada de la intransigencia del régimen hacia cambios políticos y democráticos, ha golpeado a todos los sectores sociales, pero en el caso de la clase media, según un análisis del Funides: “El 2.15% de las personas en este estrato económico se encontraban en situación de pobreza en 2018. Esto representa alrededor de 56 000 personas que cayeron bajo la línea de pobreza el año pasado”.

La pareja de treintañeros, “Marcela” y “Octavio”, no se consideran pobres, aunque reconocen que han reducido sus gastos a lo esencial. “Ya no tenemos televisión por cable, solo tenemos un teléfono celular, ya no salimos los fines de semana y no podemos pagar para que nos cuiden a nuestra hija”, comenta “Marcela”, quien laboró desde el 2010 en el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI).

Los entrevistados solicitaron resguardar sus nombres verdaderos, ya que temen represalias de simpatizantes orteguistas por brindar declaraciones a un medio crítico con la dictadura. Igualmente, guardan la esperanza de ser recontratados.

Nuevas funciones, misma paga

“Soy ingeniero en computación, graduado en la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería), con un posgrado en Gestión y Seguridad de la Información (ITIL). Mi trabajo ha sido de programación y administración de bases de datos”, se describe “Enrique”, quien previo a 2018 trabajó en instituciones estatales como el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Al inicio de la crisis, el caraceño dividía su tiempo entre clases privadas de matemática y física, con su empleo de docente horario en una universidad de Jinotepe, donde impartía una clase en la carrera de Ingeniería en Sistemas.

“A los estudiantes los hacían llegar a pesar de la situación y los tranques, que dificultaba el transporte. Esa universidad nunca suspendió sus clases y era patente la queja de los estudiantes. Entonces los profesores estábamos obligados a llegar a como sea”, recuerda “Enrique”.

El caraceño narra que con la crisis, el centro de estudios despidió a maestros de planta, que recibían un salario fijo, e inició a subcontratar a otros con sueldos menores —60 córdobas la hora—. El problema es que los pagos también se retrasaron hasta por dos meses. “Entonces, el pago de la hora de clase era muy barato, y encima lo pagaban cuando ellos querían”, critica.

“Enrique” agrega que la universidad fusionó plazas. “Por ejemplo, a la secretaria académica le agregaron otras funciones, por el mismo salario. Uno acepta para no perder su salario y termina haciendo doble o triple función”.

“Enrique” fue despedido, aunque ha proseguido con las clases privadas y “rumbos” de mantenimiento de computadoras. “Si una laptop no enciende, si se le daña el sistema operativo o el disco. Si se les moja un equipo. Si necesitan alguna solución en red, pues me llaman”.

Actualmente, los ingresos mensuales del diriambino superan los cien dólares, “a veces más, a veces menos”. Pero hubo un tiempo en que “Enrique” ganaba hasta 1000 dólares por mes.

Pérdidas de empleo

El economista Alejandro Aráuz explica que la drástica reducción de empleos, que él calcula en un 24.8%, ha impactado “con dureza” al segmento social medio, que es conformado por profesionales, pequeños y medianos empresarios, obreros, vendedores y gestores en actividades y servicios.

“Esta situación ha reducido la dinámica de la economía, especialmente en el sector formal del comercio, los servicios, la industria y el comercio exterior. De ahí, que las cancelaciones del seguro social y la reducción de la población activa cotizante nos refleja el deterioro de la situación de la clase media en el país”, expresa el catedrático universitario.

La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) ha calculado que por la crisis, durante 2018, fueron despedidas o suspendidas de sus empleos unas 450 000 personas, de las que al menos 130 000 tenían trabajos formales.

“Hay que destacar, que el efecto de la crisis ha sido amplia y general en todos los segmentos de la sociedad nicaragüense, y es muy arriesgo asegurar con números concretos el segmento de ‘clase media’ que ha ingresado por debajo de la línea de pobreza, desde el punto de vista de ingresos generado”, valora Aráuz.

Con rostro de mujer

El desempleo tiene rostro de mujer, ya que las actividades más afectadas por la crisis son aquellas donde las mujeres tienen mayor presencia como el sector comercio, turismo y hostelería, según el informe del Funides.

“En el contexto de la crisis política y socioeconómica, la situación de las mujeres en el mercado laboral se ha visto deteriorada”, apostilla.

Unas 71 000 mujeres han dejado de cotizar en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), quienes han pasado a la informalidad.

“Marcela” se identifica con esas mujeres. Ella fue despedida en septiembre de 2018 y desde entonces no ha cotizado. “Tuve dos meses más de atención médica. Creí que con el seguro de mi marido estaríamos bien, pero a él lo corrieron también; entonces nos quedamos en el aire”.

La mujer trabajaba en el área administrativa del MTI, mientras “Octavio” era técnico en una empresa de telefonía celular. Ambos salarios sumaban casi 40 000 córdobas mensuales.

“Marcela” esperó cuatro meses para recibir su liquidación, cuyo pago coincidió con el despido de su marido, a quién lo liquidaron automáticamente. Usaron parte del dinero para pagar la deuda de su vehículo, y el restante lo dejaron como ahorro para mientras conseguían trabajo.

Enero y febrero fueron meses de prueba, ya que en marzo se comenzaron a plantear qué hacer con los 20 mil córdobas que todavía tenían de ahorro. Era todo su capital. Emigrar no era opción porque necesitarían un préstamo y en sus condiciones no eran elegibles para uno. Además, tienen una niña de dos años, con quien difícilmente se aventurarían a viajar o dejar al cuido de un familiar.

Las opciones y el dinero se acababan. En abril decidieron lanzarse a la calle a vender pan recién hecho. El mejor punto de venta eran las entradas de los supermercados. Luego vieron que otros ciudadanos vendían queso, así que agregaron eso producto a su lista.

“Casi todos los días andamos los mismos productos. Aunque le sacamos más al queso, porque nos aguanta más. El pan si no es recién hecho, no lo quieren los clientes. También andamos aguacates. Ofrecemos una comida completa”, detalla entre risas “Octavio”, que añade: “Nuestro horario de trabajo depende de cómo esté la venta y de cuánto producto nos queda”.

La pareja ya no tiene ahorros, pues casi todo su dinero lo invirtieron en productos. Las ganancias las dividen entre pagos de la casa y reinvertir en la venta. “La idea es sacar, por lo menos, para los gastos. Cuando se pueda expandir la venta, lo haremos”, comenta “Marcela”, de baja estatura, piel blanca y ojos color miel.

Bajan los ahorros

Aráuz expresa que a medida que se alarga la crisis se deterioran los ahorros, que han acumulado familias o personas solas, durante su vida laboral. “Hay ciudadanos que pueden sobrevivir tres o cuatros meses con sus ahorros”, acotó.

Datos de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif) muestran que los depósitos bancarios cayeron al menos un 32%, entre el 31 de marzo de 2018 y el 30 de abril pasado, lo que equivale a unos 1765 millones de dólares.

El economista ejemplificó que una familia con un ingreso promedio de 1500 dólares, puede catalogarse de clase media, siempre y cuando tenga cubiertas necesidades como casa, educación de los hijos, salud privada y transporte propio.

“Sino tenés esos ingresos, caés en una especie de pobreza financiera porque, aunque tengas ahorros, se te irán acabando en la medida que el desempleo aumente”, refiere.

“Enrique” tiene la responsabilidad de mantener a dos hijas estudiantes, una en secundaria y otra en la universidad, por lo que busca la manera de aumentar sus ingresos. “Mi responsabilidad es sacar adelante a esas dos hijas que aún estudian”.

El caraceño indica que el gasto de sus hijas lo divide con su exesposa, quien es doctora en una clínica privada. Igualmente, su nueva pareja también trabaja, por lo que tiene apoyo para los gastos de su vivienda. “Así es cómo he salido adelante en esta crisis de desempleo”, comparte.

Nueva realidad

El Funides en su informe revela que las personas y las empresas se han adaptado a una “nueva realidad”, que conlleva no invertir y reducir los costos y gastos.

Los productos de consumo interno han sido los más golpeados con esta nueva realidad. En 2018, el consumo disminuyó un 4.5% y se espera que este año se mantenga en la misma línea.

Un análisis, elaborado por un economista del Funides para CONFIDENCIAL, concluyó que dentro de la clase media “el consumo promedio per cápita anual se redujo en 1350.89” córdobas.

El economista Alejandro Aráuz señala que otro factor importante para analizar la contracción y el deterioro de la clase media, es que “la carencia y la falta de ingresos reduce su estatus de motor activo de la economía, a través del consumo, los servicios y el eslabón entre la transformación productiva, las inversiones y el comercio interno e internacional”.

Añade: “La caída del aporte de este sector (clase media) afecta directamente las inversiones mobiliarias, los servicios técnicos, el ahorro nacional, la educación y lo más importante la capacidad de generación de activos de inversión”.

Larga recuperación

“Tengo ya casi 54 años. Pienso que por mi edad me discriminan para no darme una oportunidad en un trabajo serio”, se lamenta “Enrique”, quien explica que las clases privadas son cada vez menos porque “solo muchachos cuyos padres aún tienen trabajo y un buen salario pueden pagar o alguien que recibe remesas”.

La hija mayor de “Enrique”, que no depende de él, le ha ayudado a buscar trabajo. Ha puesto en las redes sociales que su padre da clases en inglés de física y matemáticas. “Siempre hay alumnos o padres interesados en que sus hijos reciban asesoría en esas materias, nada más que uno tiene que ser considerado con el precio”, comenta el maestro.

El Funides en su análisis advierte que “de continuar la crisis a lo largo del año, al finalizar 2019, el 12.29% de la población en estrato económico medio se encontrará en situación de pobreza. Esto representa alrededor de 325 000 personas”.

Para Aráuz, la recuperación pasa porque el Gobierno desista de su intransigencia y acepte adelantar las elecciones y retomar la constitucionalidad. “La madre del cordero de los salarios y del crecimiento económico se llama ahorro nacional e inversión, y eso está paralizado”, señala.

El catedrático subraya que si la crisis se prolonga, la clase media quedará “bien golpeada”. “Una persona de la clase media necesitará por lo menos de unos cinco años para volver a reinsertarse y recuperar los activos (ahorros) que ha perdido durante el periodo de la crisis. Esto porque la generación de empleos y el crecimiento de la economía va a ser muy lenta”.

Economistas nacionales y el Funides calculan que el Producto Interno Bruto (PIB) nicaragüense se contraerá este 2019, entre un 7% y 11%.

La publicación británica The Economist Intelligence Unit (EIU), en su último informe sobre Nicaragua, pronostica que el PIB nicaragüense seguirá cayendo por los próximos dos años. La recuperación iniciará en el 2021, aunque sería hasta después del 2023, que la economía crezca a los niveles anteriores al 2018, que era del 5%.

“Marcela” y “Octavio” no tienen hasta el 2023. Su falta de seguro y de ahorros les preocupa ante una eventual enfermedad de su hija. Además, la venta de pan, queso y aguacate no es un ingreso seguro. “Siempre hay más gente vendiendo, además, cada día compran menos”, observa “Marcela”. “Mi única esperanza es que uno de los dos consiga un trabajo fijo. Rezo todas las noches para que eso suceda”.

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