Nación

Tras ataque, el clero católico “reconsidera” su mediación en el Dialogo Nacional

Murillo justifica brutal ataque contra obispos: es “cristianismo”

Obispos

Turbas ingresaron a iglesia, gritaron "asesinos" a los obispos y sacerdotes, hirieron y robaron. Murillo alega: "como cristianos damos testimonio"



Las campanas de la Catedral Metropolitana de Managua doblaron por los obispos. El envolvente tañido anunció el regreso de los jerarcas católicos de Diriamba, luego del mediodía de este lunes. Llegaron en el microbús blanco en silencio. En estupor. Las turbas del régimen de Daniel Ortega los habían atacado. Monseñor Silvio Báez traía la sotana mugrosa y salpicada de sangre. Él fue herido en el brazo derecho en medio del caos violento registrado en la Basílica Menor de San Sebastián, que fue justificado por la esposa de Daniel Ortega y vicepresidenta Rosario Murillo, como una expresión de “cristianismo”.

El cardenal Leopoldo Brenes se miraba extenuado. Su sonrisa bonachona había sido sustituida por un gesto severo. Su sotana, menos sucia y más corta que la de Báez, dejaba entrever unas zapatillas deportivas color negro polvosas. Brenes encabezó al clero católico en Diriamba y lo hizo igual cuando regresaron a Catedral. Dirigió a los obispos, sacerdotes y acólitos que lo acompañaban a la capilla del Santísimo. Fueron directo a orar. En la primera banca se sentaron Brenes y Báez. Luego se incorporó monseñor Rolando Álvarez, quien participaba en la mesa de trabajo de Comisión y Verificación del Diálogo Nacional. El obispo de Matagalpa había suspendido la mesa para ir a socorrer a sus hermanos de sotana.

Báez bajó callado del bus. Caminó aprisa hacia el Santísimo. Se postró en la banca. Apoyó su cabeza sobre sus manos, cerró los ojos y oró. Los religiosos entonaron Reine Jesús por siempre / Reine su corazón / en nuestra patria /en nuestro suelo y Báez comenzó a llorar. La manga de su sotana estaba enrollada hacia arriba dejando expuesto el corte de la cuchilla.

Fue el Cardenal Brenes quien tomó la palabra cuando la alabanza cesó. Pidió uno de sus dos celulares y leyó la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios: “Te basta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad”. “Verdaderamente nos sentíamos débiles frente aquella agresión”, dijo Brenes, parafraseando el pasaje bíblico en el contexto del ataque.

“Mis buenos hijos: Hemos ido a acompañar a nuestros hermanos sacerdotes de Diriamba y Jinotepe. Sin embargo, hemos sentido esa acción, dura, fuerte, brutal contra nuestros sacerdotes. Nunca habíamos visto en Nicaragua situaciones así”, explicó el purpurado. “Verdaderamente es triste. Sin embargo, nuestra palabra que hoy ha sido proclamada nos está dando la razón. Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Sin duda alguna nuestra palabra hoy se ha cumplido en nosotros”, profetizó Brenes.

La justificación de Murillo

En su tradicional intervención del mediodía en los medios oficiales, la vocera del Gobierno y vicepresidenta Murillo, reveló que en horas de la mañana la Conferencia Episcopal le comunicó que había una visita a Diriamba, en la cual participaría el nuncio apostólico.

Es decir que el Gobierno sabía que los obispos y el nuncio realizarían esta visita, que fue recibida por las turbas con insultos y agresiones. Murillo no dijo nada sobre las agresiones físicas y verbales que sufrieron los obispos y el nuncio, pero aseguró que “nosotros entendemos que se expresen esas emociones y ese sufrimiento,  estamos seguros que el señor nuncio, entienden como se expresan, y precisamente como cristianos damos testimonio cómo expresamos nuestros sentimientos”.

Además, añadió que “debe respetarse el derecho que tenemos todos a pronunciarnos y a dar testimonio cristiano de nuestro sufrimiento”.

El cardenal alegó que los obispos no fueron a Diriamba “en una acción violenta”, como los acusaban las turbas del Gobierno que espetaban sobre ellos insultos y acusaciones de “mentirosos y asesinos”.

“Hemos ido a las parroquias no para hacer violencia, sino para consolar a nuestros sacerdotes. Para acompañarlos en el sufrimiento. Sin embargo, hemos recibido esa agresión. Y todo lo sufrimos por Cristo, que bien nos dice hoy que la fuerza se realiza en la debilidad. Verdaderamente nos sentíamos débiles frente aquella agresión, pero allí está la palabra del señor: Te basta mi gracia, te basta mi fuerza”, remarcó Brenes.

Tendrán que explicar agresión a El Vaticano

Para el padre Camilo Díaz, conocedor del Derecho Canónico, el ataque a los obispos podría “crear tensiones diplomáticas” entre el Vaticano y Nicaragua, por “la agresión hecha a su embajador”. El nuncio apostólico es un diplomático representante de la Santa Sede ante los Estados del mundo, por consiguiente, tiene los mismos derechos y privilegios que otros cuerpos diplomáticos acreditados por el Gobierno.

“Desde luego que el canciller de Nicaragua tendrá que comparecer ante este exabrupto que han cometido los grupos afines al Gobierno”, informó el presbítero Díaz. Según el Código de Derecho Canónico, el ataque a monseñor Silvio Báez, y a otros obispos, es motivo para excomunión a nivel eclesial, pues “ha sido una agregación a personas de carácter episcopal” y esto es sancionado por el código canónico de la Iglesia católica.

Según el padre Camilo Díaz, estos actos forman parte de una “persecución religiosa cuyo objetivo es callar a la Iglesia”.

El director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Gonzalo Carrión, también condenó el ataque. “El mensaje está claro, es difundir terror al nivel de los obispos, para que ellos dejen el papel que han jugado en la crisis de Nicaragua”, comentó Carrión.

“Desde los ochenta este Gobierno persigue a la Iglesia”

Cuando Brenes dice que “nunca habíamos visto en Nicaragua situaciones así” contra los obispos católicos —quienes hoy constituyen la única autoridad moral como para ser testigos y mediadores de un diálogo nacional—, al padre Edwin Román le viene a la cabeza “la persecución de este Gobierno en los ochenta”.

“Nos dirigimos a visitar Diriamba, Carazo, y Jinotepe. Sin embargo, Nicaragua ha sido testigo de las agresiones que hemos sufrido, nuestro pueblo ha sido agredido también con tantos muertos”, dijo Román, quien lleva semanas lidiando con la represión en su parroquia de San Miguel, en la ciudad de Masaya. “El señor Ortega puede decir cualquier cosa, pero nosotros escuchamos lo que dice el pueblo. Desde los ochenta este Gobierno sido perseguidor de la Iglesia”, añadió Román, en referencia a la amenaza que hizo el caudillo sandinista en su discurso del sábado contra aquellos que “nos sentencian a muerte en nombre de instituciones religiosas”.

El sacerdote de San Miguel lamentó que el acoso y la agresión contra los obispos haya involucrado al nuevo nuncio vaticano, Waldemar Stanilaw Sommertag. “Es una agresión a un ministro de Dios. Es el representante del papa Francisco en Nicaragua. Es una persona consagrada”, criticó Román.

La Conferencia Episcopal de Costa Rica emitió un comunicado de solidaridad para sus pares nicaragüenses. Catalogaron la agresión de “cobarde”, y condenaron el “recrudecimiento constante de la represión del Gobierno contra su propio pueblo”.

“Ni el pueblo de Nicaragua ni sus pastores están solos”, reza el comunicado firmado por José Rafael Quirós, Quirós, presidente de la Conferencia Episcopal tica.

El asedio comenzó desde la madrugada

Desde las cinco de la mañana de este lunes, decenas de encapuchados empezaron a golpear las puertas de la Basílica Menor de San Sebastián en Diriamba asediando a 12 personas que quedaron encerradas en el lugar después del feroz ataque de fuerzas paramilitares a la población.

Les tiraron bombas lacrimógenas y les gritaban que salieran a entregar sus armas. Poco después de las once de la mañana, la delegación de los Obispos y organismos de derechos humanos llegaron a Diriamba para mediar y pedir el cese a la violencia.

Algunos pobladores salieron a saludar a los obispos, incluyendo una señora que de rodillas lloraba y les agradecía su presencia a unas diez calles del templo.

Sin embargo, nadie esperaba que decenas de turbas estuvieran esperando a los religiosos. Las turbas orteguistas encapuchados y armados, acompañados de mujeres que gritaban rodearon la Basílica y empezaron ofendiendo verbal y físicamente a todos los sacerdotes, incluyendo al cardenal y el nuncio apostólico.

Continuaron gritando: “¡entreguen las armas!” y “¡No eran estudiantes, eran delincuentes!”, en referencia a los universitarios que protestan contra el Gobierno de Daniel Ortega. Después empezaron a gritarles a los religiosos: “¡asesinos!”

No dejaron hablar a Brenes

A monseñor Silvio Báez le gritaban “asesino”. Junto a los obispos estaban miembros de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, específicamente los miembros de la mesa de Seguridad y Verificación, que está supuesta a velar por la seguridad en los territorios.

Todos empezaron a recibir ofensas, incluyendo los medios de comunicación. Monseñor Brenes intentó hablar en el atrio de la Basílica, pero las enfurecidas turbas no lo permitieron. Los sacerdotes decidieron entrar por la parte trasera donde se encuentra la sacristía de la iglesia, donde tras varios forcejeos las turbas lograron entrar.

Dentro del templo empezaron a revisar y acusar que el puesto médico de atención a heridos resguardaba armas.

En el interior del templo había al menos una docena de paramédicos y religiosos con batas moradas y la cara cubierta con tapabocas que esperaban ser liberados por los obispos. Ese grupo fue evacuado por una puerta lateral.

Durante el forcejeo los encapuchados agredieron brutalmente con puñetazos y empujones a los obispos, a quienes amenazaron con armas.

El destino del Diálogo, ¿cuál será?

José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada y miembro de la Alianza Cívica por la Democracia, llegó a solidarizarse con los obispos luego de que se suspendió la mesa de trabajo en el Diálogo Nacional. Aguerri dijo que el país “no había visto algo así” desde marzo de 1983. Aquella vez, la misa en plaza pública de San Juan Pablo Segundo fue interrumpida por la consigna sandinista de “¡queremos la paz, queremos la paz!”. Los sacerdotes que andaban en la misión en Diriamba este lunes aseguraron que, además de ofender a los obispos, las turbas repetían la vieja consigna de “¡queremos la paz, queremos la paz!”.

Aguerri dijo que como Alianza Cívica esperarán la decisión que los obispos tomen en torno al diálogo nacional. “Hemos señalado que estamos en este esfuerzo bajo la guía de los obispos. Ellos tendrán que tomar también una decisión sobre si esto o no debe continuar”, dijo.

Los obispos, con las mismas sotanas sudadas y sucias, se encerraron en la sacristía de la catedral tras rezarle al Santísimo para discutir cómo afectará esta agresión su papel como mediadores del Diálogo Nacional, un proceso más muerto que vivo. El diálogo sigue suspendido desde que los altos jerarcas católicos solicitaron a Ortega expresar si tiene “voluntad política real” para aceptar la propuesta planteada sobre adelantar elecciones para marzo de 2019, y discutir la democratización del país. Báez dijo en su homilía del domingo que los obispos “reconsiderarán” seguir como mediadores. Pero luego del ataque en Diriamba no han dicho nada al respecto.

Aunque el mandatario sandinista nunca respondió a los obispos de forma directa, en su discurso del sábado aclaró que no se va del poder, y que las elecciones son hasta el 2021. En cambio amenazó de forma indirecta a los obispos y a los empresarios. Las turbas en Diriamba asumieron al pie de la letra el discurso de su comandante: Agredieron a los obispos, apuñalaron a Baéz y golpearon y robaron a los periodistas independientes que daban cobertura en Carazo.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, exclamó el cardenal Brenes en la capilla de la iglesia, después de rezarle al santísimo.

Amnistía: Represión estatal ha llegado a niveles deplorables

El organismo mundial defensor de derechos humanos, Amnistía Internacional, afirmó que el “actuar represivo del Gobierno ha llegado a niveles deplorables”. Hicieron hincapié en este fin de semana sangriento, especialmente en Carazo, que dejó al menos 12 muertos.

“Los grupos parapoliciales andan a sus anchas fuertemente armados, acompañados por cuerpos policiales, cometiendo ataques de forma conjunta en contra de la población civil”, dijo Erika Guevara Rosas, Directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Según Guevara Rosas, el mensaje que envía el régimen Ortega-Murillo es que está dispuesto “a cualquier cosa para acallar las voces de quienes se manifiestan en contra de esta violenta represión”.

Amnistía Internacional se refirió al ataque sufrido por los obispos.  En especifico mencionan a Monseñor Silvio Báez, quien ha tenido “un rol medular en el proceso de diálogo nacional”,  y a los periodistas que experimentaron agresiones y el robo y destrucción de sus equipos.  “El ataque directo a figuras que denuncian públicamente los ataques de agentes del Gobierno del Presidente Ortega es sin duda una forma de represalia y un intento de silenciar a aquéllas voces disidentes”, insistió Guevara Rosas.

Agreden y roban equipos a periodistas de medios independientes

Diriamba
Momento del ataque a los obispos y sacerdotes en la Basílica Menor de San Sebastián, en Diriamba. Carlos Herrera | Confidencial

En medio de la confusión por la agresión, los sacerdotes intentaron abandonar el templo como pudieron por la puerta trasera, pero nuevamente fueron agredidos por los encapuchados que impedían su retirada.

Monseñor Báez y el cardenal Brenes se mantuvieron al pie del asedio en la sacristía. Pero las turbas empujaron tanto que desencadenaron el caos. Agredieron y jalaron a uno de los jóvenes que acompañaba la delegación de religiosos, mientras amenazaban con golpear a los religiosos.

Báez sufrió una herida en uno de sus brazos, mientras el sacerdote de Masaya Edwin Román, sufrió varios golpes. Monseñor Miguel Mántica también sufrió golpes en la cara por parte de las furibundas turbas.

A la salida también agredieron a periodistas como al reportero de 100% Noticias, Jackson Orozco, que fue herido y a su camarógrafo le robaron su equipo de filmación. El camarógrafo de nuestra redacción de Esta Semana y Confidencial, Ricardo Salgado, también recibió golpes en su abdomen y su cara para despojarlo de su cámara.

Las turbas también golpearon al fotorreportero de La Prensa, Jader Flores y le robaron el lente de su cámara, mientras al fotógrafo de El Nuevo Diario, Oscar Sánchez lo despojaron de su teléfono. También robaron equipos a periodistas de Canal 12.