Opinion

Crónica de una interrogante aNunciada

¿Vio el nuncio las escenas de la represión del sábado 16 de marzo? Probablemente sí. Pero ¿cómo las interpretó?

Cuando cumplió medio siglo de vida, Waldemar Stanislaw Sommertag recibió de la Santa Sede dos regalos: la nunciatura en Nicaragua y el arzobispado de Maastricht. No se sabe si este vino en compensación de aquella, pero es inevitable tropezarse con el contraste: Nuncio en el segundo país más pobre de América Latina y prelado en una ciudad holandesa. Maastricht es una ciudad muy mencionada por el tratado que lleva su nombre y que en 1992 fundó legalmente la Unión Europea. Después de funcionar un par de siglos, hace más de mil años Maastricht fue suprimida como diócesis. Volvió a la vida en 1971 como sede de existencia nominal, sin ovejas que pastorear, pero igual sigue siendo una oportunidad para que el papa conceda rango y lustre. Y así fue: Sommertag fue el primer arzobispo de una diócesis fantasma que hasta entonces solo había tenido obispos. Quedó convertido en arzobispo sin grey. Quizás ve en Nicaragua una oportunidad de tenerla, agarrando al vuelo la oportunidad que el Gobierno de Ortega le tiende al convertirlo en interlocutor privilegiado sin que ningún otro de los grupos en pugna le reconozca esa autoridad, ni siquiera la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que se retiró de un diálogo en el que él permanece tozudo y fiel ¿a sus obligaciones diplomáticas?

No hay certezas sobre sus motivaciones. Sommertag es una interrogante aNunciada. Aquí trato de que sea un enigma eNunciado y proNunciado, al menos en forma de hipótesis y cuestionamientos. Es bastante palpable que gran parte del pueblo nicaragüense no le concede el beneficio de la duda. El repudio es creciente. Y es bueno que él sepa por qué ocurre esto y, si es posible, reconsidere el impacto de algunos de sus gestos y los compense con otros que nos hagan ver que él representa al Vaticano ante el pueblo de Nicaragua y no solo ante quienes detentan de forma ilegítima el poder del Estado en estos momentos. Su primer acercamiento visible al régimen tuvo visos de coqueteo. Desde las pantallas de nuestros televisores y en otros medios, vimos las anchas sonrisas que en compañía de la doña y el comandante se lanzó, junto a un no menos efusivo cardenal Polito, durante la presentación de sus credenciales. Tanta afabilidad y camaradería, que el régimen ondeó ante el mundo en El 19 digital, no era nada sorprendente en Polito, siempre Polite con el régimen por razones que son vox populi. Pero sorprendieron en un hombre parco y mesurado.

Es muy probable que no fuera su primer encuentro. Fue secretario de la nunciatura en Nicaragua en 2003-2005, de donde pasó a Bosnia y Herzegovina (2005-2010) y luego a Palestina/Israel (2010-2013). Estando ahí recibió en 2011 el título de Prelado de honor de su Santidad. Después regresó a Nicaragua como consejero de la nunciatura, quizás ya montado sobre los carriles que le llevarían a un ascenso meteórico. Tras 18 años de carrera diplomática en destinos muy diversos, pero con un predominio de los países del machacado sur, Nicaragua le fue propicia. Justo un mes antes de que iniciaran las protestas en Nicaragua, el 19 de marzo de 2018 fue ordenado obispo. El próximo martes celebrará su primer aniversario.

¿Qué más vimos, primero con perplejidad y después con desasosiego? Vimos que sin pereza ni vacilación ocupó el lugar que como diplomático le correspondía en la tarima de autoridades e invitados especiales durante la celebración del 19 de julio. Desde ahí lanzó anchas sonrisas y agitó los brazos. Tuviera o no esa intención, la efusividad que ahí mostró parecía desbordar sus obligaciones y sirvieron para que los periodistas del régimen –los únicos que pueden operar con entera libertad- tomaran fotos que nuevamente fueron difundidas en todos los medios oficialistas. Las masas a sueldo del orteguismo que divisó desde la tarima quizás le impresionaron y convencieron de que sus ovejas eran las muy disciplinadas del sandinismo.

Pero el nuncio fue a Diriamba en los días más aciagos, después de que los paramilitares del régimen barrieran con tranques y tranqueros. Se vio inmerso en un bochinche no anunciado cuando acompañó a sus homólogos nacionales y arriesgó el pellejo en una situación que a los operadores políticos del sandinismo se les pudo ir de las manos. ¿Por qué la paliza ahí recibida no le hizo cambiar de opinión? Quizás porque días antes, durante una fugaz visita a la UNAN, recibió de los vandálicos que ahí estaban atrincherados una salva de hijueputazos y una invitación a mudarse a una sede escatológica. Entre hijueputazos y palizas, vivió en carne propia los ánimos caldeados. Es muy posible que esas experiencias trajeran a su memoria sus días en el medio oriente y que a su luz interpretara nuestro conflicto como una espiral de violencia irracional que solo puede detenerse trabajando estrechamente con el poder establecido. ¿Será que el nuncio nos interpreta desde una almena que da hacia la franja de Gaza? Tiene que entender que Nicaragua no es Gaza y que la legalidad que se le cuestiona al régimen se desmoronó como consecuencia de sus acciones.

Puestos a lanzar interpretaciones, tampoco hay que olvidar que Sommertag es el nuncio que vino del frío. Todas las naciones son comunidades imaginadas, como señaló Benedict Anderson. Polonia fue eso y nada más que eso durante los muchos años en que estuvo desmembrada y bajo las botas de los imperios que la dominaron. Sommertag, que significa “día de verano” en alemán, habla las lenguas de los dos últimos imperios que sometieron y humillaron a Polonia: alemán y ruso. ¿También nos interpreta en clave de las luchas en su Polonia natal? Sería la segunda vez que nos pasa.

Es obvio que en este momento no está trabajando al unísono con la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). ¿Decidió que él sabe mejor que cualquier obispo vernáculo y caitudo qué está pasando en Nicaragua y cuál es la mejor estrategia a seguir? ¿O atisba que su condición de extranjero lo convierte en un elemento menos propenso a generar anticuerpos en el régimen? Si ese fuera el caso, tiene que tener cuidado con el precio que paga por el acercamiento a los operarios del régimen. Mientras los periodistas oficialistas no dejan de tomarle fotos a las que después sacan el jugo político, la oposición no deja de lanzar conjeturas sobre esa base visual. No solo hay que ser bueno. También hay que parecerlo. Las malas lenguas trabajan día y noche en Twitter, WhatsApp y Facebook, y a veces no se equivocan. ¿Llegarán hasta el celular del nuncio?

Con el correr del tiempo y de la sangre, Sommertag ha hecho por el régimen bastante más que sonreír desde un podio. Esa es la valoración que algunos tenemos a partir de las señales públicas. Cuando los tranqueros padecían las masacres hizo llamados a una tregua. ¿Éramos acaso dos fuerzas armadas en conflicto? De nuevo, la almena de Gaza se impuso. Después se insertó en un diálogo en el que no participan sus pares nicaragüenses. Y la última anécdota que saltó de las redes sociales a los medios de comunicación tradicionales lo presenta escenificando una versión muy personal del “Estuve preso y me visitaste”: llegó a los dos principales centros del Sistema Penitenciario Nacional a reprender más que a consolar, según la interpretación de quienes fueron objeto de su visita. Recién excarcelada pero no liberada, la líder estudiantil Yaritza Rostrán reveló lo que –según dijo– otras reclusas le contaron: el nuncio les dijo que cesaran de protestar y suspendieran la huelga de hambre porque de esa forma solo retrasaban la negociación. Abarcó con sus manos el rostro de una de las reclusas y la conminó: Come. Y luego les dijo: ¿Para qué quieren salir? ¿Para seguir haciendo cosas malas?

¿Qué pretende el nuncio? ¿Tiene un trompo enrollado? ¿Qué somos los nicaragüenses para su Excelencia? En algunos medios ya circula el rumor de que pavimentará su ruta hacia el capelo cardenalicio si logra coronar con éxito esta negociación. ¿Un núcleo apreciable de éxito será suficiente? Sería más que lamentable que todo se reduzca a eso: una carrera eclesiástica edificada sobre los cadáveres y desgarramientos del pueblo nicaragüense. Algunas de estas hipótesis pueden carecer de fundamento. Pero el nuncio debe dar señales inequívocas de que así es, debido al acelerado deterioro de su imagen y, de forma concomitante, del papel del Vaticano en la política nacional. Hasta ahora muchas de sus acciones más visibles han contribuido a prolongar la vida de un régimen criminal y a colocarle una careta con la que mostrar mejor semblante ante la opinión internacional. Se habla de su injerencismo, que si fuera protagonizado por el embajador Sullivan habría sido ferozmente repudiado por el régimen y sus aliados internacionales.

¿Vio el nuncio las escenas de la represión del sábado 16 de marzo? Probablemente sí. Pero ¿cómo las interpretó? ¿En algún sitio ve indicios de que el régimen de Ortega se encamina a restituir las libertades esenciales de una democracia? ¿Cuánto tiempo más durará la escisión entre las decisiones de la CEN y las del nuncio? La gran incógnita es: ¿Waldemar será un Sommertag o una Winternacht (noche de invierno)? Doctores tiene la Iglesia que nos sabrán responder.

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