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Cuando mi pareja miente

Las parejas de este tipo de personas sufren mucho. Si usted es una de ellas, puede seguir los consejos que aquí comparto



La tendencia a mentir, especialmente el mentir por tonterías, es síntoma de falta de estructura moral. Se supone que un niño, a los tres años, tiene que haber aprendido las bases de la moralidad, es decir, saber distinguir el bien del mal. Si este proceso no se da, el niño se convierte en un adulto que miente compulsivamente, sin razón y sin consciencia (se cree sus mentiras).

Las parejas de este tipo de personas sufren mucho. Si usted es una de ellas y quiere conservar su relación necesita:

Desenfocarse de que tiene una “pareja”: Las palabras “pareja”, “esposo o esposa”, “novio o novia” vienen con muchas expectativas. Si alguien es mi pareja, espero que ésta sea una persona que no me miente. Si vivo con una persona que miente, ésta no es capaz de llenar las expectativas que tengo con respecto a una pareja y por tanto, me toca entender que vivo o tengo una relación con alguien y que eso no es lo mismo a tener una pareja.

Aceptar: que no es lo mismo que creer. Si no me quiero salir de esta relación, tengo que estar feliz donde estoy, sin esperar que la otra persona deje de hacer lo que no puede dejar de hacer (mentir).

La necesidad es mía: Reconocer que la que necesita estar en esa relación soy yo (por dependencia, creencias, los hijos, entre otros) y por tanto no puedo pedir nada más allá de lo que la persona me puede dar. Lo que la persona me puede dar no es lo que me pueda decir, esa persona no me puede dar confianza.

Soltar la palabra “creer”: La palabra no puede ser creer porque me voy a desencantar a cada rato. Cuando me dice algo, no me tomo el tiempo de pensar si es cierto o no. Si en el camino aparece que no es cierto, no veo a la persona, veo su perturbación, que es su compulsión a mentir. La persona no tiene control sobre ella, porque su adicción es la mentira, por tanto lo miro como un enfermo en esos momentos. No puedo molestarme ni ofenderme con un enfermo.

Protegerme del sufrimiento: absteniéndome de juzgar si me está mintiendo. No tengo que preguntarme ni decirle “no me mintás” ni pensar ¿me está mintiendo o no? Esto no tiene cabida si yo decido estar con una persona mentirosa. En estos casos, lo que necesito juzgar es si es algo que tiene importancia vital. Si no lo tiene, lo dejo pasar. Si es vital ahorita (lo que considero vital va cambiando con el tiempo), me preparo para tomar decisiones al respecto sola (sin quejarme).

Todo esto aplica si y solo si quiero estar con esta persona. Si no estoy dispuesta a vivir una vida así, pues me tengo que salir de ésta relación. Desafortunadamente, el pronóstico para un paciente que miente compulsivamente no es bueno. Es un proceso terapéutico largo, de años. Es difícil encontrar a una persona que esté motivada a hacer un proceso tan largo, especialmente si tiene la creencia de que mentir le sirve para algo (“así los demás no se molestan conmigo”, “evito lastimar a los demás”, “me evito problemas”).

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