Opinión

Cuatro mujeres y un Canal

La lucha organizada y jurídicamente por la derogación de la Ley 840, es la más importante demostración de patriotismo de los últimos 27 años



El pasado 4 de mayo, Día de la Dignidad Nacional, y no por casualidad un día casi olvidado, fue presentado el libro en cuyo solo título se define el tratado canalero con Huang Jing: “La entrega de un país”, y el subtítulo señala su finalidad: dar a conocer el “Expediente jurídico de la concesión canalera en Nicaragua” el que, como tal, contiene “el conjunto de documentos de un asunto o negocio”.  Pero este expediente recoge documentos que van más allá de la argumentación jurídica del negocio canalero, pues refleja en detalles la reacción popular –más que todo campesina—, sus manifestaciones, las represiones policiales, amenazas y calumnias lanzadas en igual proporción a la canallada que significa el convenio canalero.

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El libro recoge el conocimiento, el estudio, la actividad, el valor y el patriotismo de cuatro mujeres frente al canal y quien lo patrocina.  Mónica López Baltodano, imagen de una juventud sana, despierta, inteligente, y ella, docta en asuntos jurídicos, quien se ha puesto, y expuesto, a defender al campesinado y la soberanía nacional, víctimas por igual del convenio que entrega al país a los negocios especulativos de un capitalista chino.  La joven Mónica representa algo más: a una nueva generación reivindicada y en pie de lucha por la reivindicación de su género, discriminado por tradición dentro de un sistema político y social de cultura parasitaria, explotadora y machista.

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Vilma Núñez de Escorcia, cuyo humanismo no se detiene en el manejo de lo jurídico solo para interpretar leyes, sino como un arma en defensa de los seres humanos sometidos a la injusticia social, la represión política y la explotación económica.  Su defensa sin banderas de los derechos humanos, no podía estar ausente en la jornada por la dignidad y la soberanía de Nicaragua, de nuevo entregada a intereses foráneos que –así no procedan de la misma región geográfica que nos ha explotado históricamente— se asemejan en sus finalidades comerciales globales, a costa de naciones y nacionalidades menores.  Vilma Núñez, está con pleno derecho y méritos entre las mujeres más reconocidas de nuestro país. Tanto hace en pro de los derechos humanos, que ella se merece el odio de los opresores y sus mercenarios.

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Francisca Ramírez, la Chica Ramírez, quien en su humidad carga todo el sentido de justicia, la verdad para merecerla y el valor para defenderla.  Doña Chica, es la que ha dado el grito inicial… ¡ni un paso atrás frente al robo de nuestras tierras!  Y ha sido escuchada, creída y seguida por los campesinos amenazados a no vivir de la tierra como lo quiso y por la que murió Bernardino Díaz Ochoa, hace años traicionado también.  Como ahora son traicionados los campesinos que no tienen más delito que defender su porción de tierra, al que con su trabajo les sacan su alimento, y nos alimentan a los nicaragüenses de las zonas urbanas.  Doña Chica, como Sandino, es de pequeña estatura, y tan grande en valor y patriotismo como él.

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“Nicaragua será libre mientras tenga hijos que la defiendan”, dijo Sandino, pero ahora Nicaragua conoce a las mujeres que la defiendan tanto o mejor que los hombres.  Lo prueba María Luisa Acosta, a quien por su entrega fiel a la asesoría jurídica de los pueblos indígenas y afro descendientes ante a las agresiones múltiples por asuntos raciales, de pobreza y de marginación social  histórica, las mafias y sus sicarios le asesinaron a su esposo, pero no mataron en ella su amor por la justicia.  Los sicarios fueron juzgados y sus padrinos siguen impunes y activos con sus agresiones a los pueblos originarios de nuestra costa Caribe, en tanto ella no cede a las presiones ni al terror del poder, y ahí está su aporte jurídico en el libro que denuncia y prueba la entrega del país.

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Esta obra documental y monumental, equivale a la formación del pequeño ejército loco de Sandino para la defensa de la soberanía nacional.  Si “fueron treinta con él”, con ellas hay muchos más, y representan a un amplio sector campesino mejor organizado de indígenas y afro descendientes que le dio pronta respuesta a quienes enajenaron nuestra soberanía, más pronta que la de los campesinos de los años veinte y treinta.  La primera acción vende patria con el pretexto del canal interoceánico de 1914, a dos años de la presencia armada de Estados Unidos pisoteando la soberanía nacional, encontró poca y sorda reacción de los nicaragüenses ante la traición de los conservadores.

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Fue 13 años más tarde, y después de una serie de atropellos a la dignidad nacional bajo la intervención extranjera, que Sandino se alzó en armas en rechazo a la traición de liberales y conservadores.  Pero hoy, el mismo día de aprobada la traición de los orteguistas con la Ley 849 –el 13 de junio del 2013— se produjo la primera manifestación de 400 personas reprobando esa ley; siguió la primera manifestación campesina en Buenos Aires, Rivas, el 19 de septiembre de 1914, previos estudios de su contenido antipatriótico, hasta sumar 89 marchas en diferentes municipios, entre ellas tres marchas nacionales, todas reprimidas por la policía, saboteadas por turbas orteguistas, la última en Juigalpa en marzo de 2017.  Se calcula la participación en todas las marchas de un cuarto de millón de personas.

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Lo más importante de la lucha campesina contra la Ley 840, fue la integración del Consejo Nacional en Defensa de Nuestra Tierra, Lago y Soberanía, ocurrida el noviembre de 2014.  Este consejo lo preside Francisca Ramírez, Doña Chica, una autoridad moral indiscutible y reconocida por los campesinos amenazados de expropiación en beneficio del concesionario extranjero y sus socios nacionales, pero con respeto a la opinión colectiva.  Ella es una mujer firme y leal, pese a las agresiones físicas contra ella y sus hijos, el secuestro de sus medios de trabajo y los intentos de sobornos y otras propuestas indecorosas de parte de los gobernantes.

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La lucha organizada y jurídicamente bien defendida por la derogación de la Ley 840, es la más importante demostración de combatividad y patriotismo de los últimos 27 años en nuestro país, la que ha dejado aún más en evidencia la cobardía, el oportunismo y la ineficacia de los partidos políticos.  Sus luchas intestinas y mezquinas los han mantenido alejados e incapaces de acercarse al movimiento campesino con fines hegemónicos, como antaño fue una práctica frecuente.  Y no es solo porque el campesinado ya no es presa fácil de su demagogia, sino también porque el objetivo de su lucha –la derogación de la ley traidora 840— significaría para los partidos tener que enfrentarse a los  intereses del capitalismo foráneo, al cual han servido históricamente.

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Del libro “La entrega de un país” –en papel bond tamaño legal y 550 páginas– extracto del último de los diez puntos con que Mónica López Baltodano resume el trabajo:

“…podrían no construir jamás el canal, y seguir manipulando una y otra vez –de acuerdo a sus intereses— esta ilusión siempre presente. De tal manera, que mientras exista la Ley 840 la concesión continuaría vigente para los demás proyectos conocidos y por conocerse, con todos los privilegios y beneficios necesarios para la apropiación privada del país, sus tierras y sus recursos. La vigencia por 116 años, les da licencia para hacer del país lo que les venga en ganas.

“Creo que este es el reto más grande que enfrenta nuestra generación: ¿seremos capaces de empujar a Nicaragua hacia un destino en que prevalezca la vida, el respeto por nuestra gente, por las comunidades y la naturaleza? ¿O venderemos humillados lo más valioso que nos queda, nuestros bosques y lago a los intereses corporativos del gran capital?

“Creo que podemos construir un país próspero en (el) que podamos ser felices sin destruir las bases sobre las que se asienta la vida. No es cierto que el precio del progreso para Nicaragua tenga que ser la más grande catástrofe ambiental, social y política en este hemisferio”.

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Ruperta y Ruperto:

–Opositores vandálicos venezolanos están usando como arma su propio excremento, Rupertó…

–Lo bueno, Rupertá, es que nadie puede negar que les están echando manos a todo, ¡hasta a su propia… alma!

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