Cuatro rostros de la comunidad nica en Costa Rica

El fundador de Upala, un obrero agrícola de las plantaciones de piña, una mujer trabajadora que huyó de la violencia y un empresario destacado

¿Cómo son los nicas que viven en Costa Rica? La nicaragüense es la comunidad migrante más grande del país con una de las mayores proporciones de inmigrantes de América Latina.

Los expertos y estudiosos de los fenómenos migratorios han manifestado que éstos son difíciles de retratar en su totalidad en cifras, debido a que gran parte de estos procesos no son regulares o formales.

En la década de 1990, incluso, se llegó a decir que en Costa Rica había un millón de nicaragüenses, un rumor que coincidió con uno de los picos de xenofobia en el país. El investigador Gilberth Brenes desmitificó ese dato, aunque desde ese entonces ya la comunidad nicaragüense era de más de 300 000 personas, incluyendo migrantes estacionales.

Sin embargo, de acuerdo con la Encuesta de Nacional de Hogares de julio de 2019, en Costa Rica viven 376 611 personas nacidas en Nicaragua, las cuales conforman el 7.4% del total de la población. A ellos se les suman los migrantes estacionales, especialmente los trabajadores agrícolas, que llegan por algunos meses del año a trabajar y luego regresan a Nicaragua.

El flujo regular de nicaragüenses que llegaban a Costa Rica durante los últimos años rondó las 10 000 personas por año. Eso cambió a partir de 2018. Con la crisis provocada por la represión del régimen Ortega Murillo, la Dirección de Migración y Extranjería registró de abril de 2018 hasta finales de 2019, unas 80 000 solicitudes de refugio hasta finales de 2019.

Aunque la población nicaragüense en Costa Rica no esté completamente incluida en las encuestas, censos y bases de datos institucionales, se saben datos importantes como que la mayoría es joven y de sexo femenino. Un 39%, está entre los 26 y 40 años. También se sabe que las mujeres representaron, en 2016, 54% del total de los migrantes procedentes de Nicaragua.

En cuanto a la escolaridad, el 81% tiene la secundaria incompleta o menos, y un 6% tiene algún grado de educación superior. Las mujeres nicaragüenses tienen un nivel educativo mayor al de los hombres.

La mayoría vive en zonas urbanas. Las cuatro provincias con mayor concentración de nicaragüenses son San José, en primer lugar; Heredia, en segundo; Guanacaste, en tercero; y Alajuela, en cuarto.

En esta serie de perfiles presentamos rostros diversos de la migración nicaragüense en Costa Rica. Son historias personales que cuentan también las historias de Nicaragua y Costa Rica, que explican las causas de la migración y los efectos que ha tenido en ambas sociedades.

Los orígenes nicas de Upala

Upala es un cantón de la provincia de Alajuela, ubicado a unos 240 kilómetros de San José y a tan solo unos diez kilómetros de la frontera con Nicaragua.

Pablo Ortiz
Pablo Ortiz, nicaragüense, fundador de Upala. // Foto: Carlos Herrera.

Es un lugar sencillo habitado por menos de 50 mil personas y fue fundado a mediados del siglo XX por varios nicaragüenses, entre ellos Pablo Ortiz, originario de la Isla de Ometepe. Llegó en busca de trabajo e hizo de este cantón costarricense su hogar y el de sus descendientes que, como muchos de la zona, se sienten orgullosos de sus raíces nicas.

Ortiz es de aquí y también de allá. Su historia, como la muchos otros, muestra la relación antigua y estrecha entre las dos naciones. Feliz de haber vivido en este país, 68 años después de haber salido todavía añora el que le vio nacer. “Yo no sueño con otro lugar. Solo Nicaragua… las cosas de Nicaragua siempre las tengo y en mi corazón nunca se me olvida”.

Los migrantes que salieron a buscar trabajo

Migrante nicaragüense en Costa Rica
Diógenes Narváez, de Malpaisillo, salió hace 20 años de Nicaragua para trabajar en Upala en una piñera. // Foto: Carlos Herrera.

La contribución de los migrantes a la economía de Costa Rica representa un 12% del valor agregado, según lo describe el estudio Cómo los inmigrantes contribuyen a la economía de los países en desarrollo. Al ser los nicaragüenses el 77.3% de esa población migrante, son precisamente quienes hacen ese aporte.

Por otro lado, el salario de los trabajadores originarios de Nicaragua equivale al 60% de los salarios que ganan los trabajadores nacidos en Costa Rica y la diferencia es más marcada en el caso de las mujeres, revela el mismo estudio.

¿A qué se dedican los migrantes nicas que llegan a Costa Rica? Los inmigrantes nicaragüenses hombres están muy representados en cultivos tradicionales, como el café, la naranja y la caña de azúcar, pero también en el cultivo y producción de la piña, la mandioca y los cítricos. También trabajan en construcción; mientras que la mayoría de las mujeres trabaja en servicios domésticos y en el comercio.

En porcentajes, el 16.6% trabaja en la agricultura, el 16.7% en la construcción, el 15.7%, en el trabajo doméstico, el 15.1% en comercio y, en menor medida, el 10.5% en la industria. Menos de un 5% ocupa puestos de trabajo profesionales –a nivel científico e intelectual, así como técnico y profesional de nivel medio, describe el estudio elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Diógenes Narváez es parte de esos trabajadores nicas en Costa Rica. Salió en el año 2000 de Malpaisillo, León y ahora trabaja en Upala Agrícola, una piñera localizada en este cantón de Alajuela fronterizo con Nicaragua.

Las mujeres que huyen de la violencia de género

Las mujeres son la mayoría de la comunidad migrante nicaragüense en Costa Rica. Además de migrar por las mismas razones que los hombres, se le suman las vivencias que experimentan a raíz de su género.

Cada vez se investiga más sobre las relaciones de género y las dinámicas de la migración, en particular sobre la feminización de la migración, es decir el aumento de la cantidad de mujeres que salen de su país de origen. Organizaciones de sociedad civil que trabajan con migrantes nicaragüenses han denunciado que las mujeres nicas huyen de la violencia de género en un país cuya mayor expresión del machismo, el femicidio, alarma por las cantidades que registran las organizaciones defensoras de derechos humanos. Solo en 2019, hubo 63 mujeres asesinadas por razones de género.

La violencia sexual es también un problema grave cuyas principales víctimas son las niñas. Unicef reportó en 2019 que en Nicaragua las niñas entre 7 y 12 años fueron las principales afectadas por la violencia sexual, física y psicológica. La Federación Coordinadora Nicaragüense de ONG que trabajan con la Niñez y la adolescencia (Codeni) reporta que el 76% de las denuncias por el delito contra la libertad e integridad sexual ocurrieron en niñas, niños y adolescentes.

Carito es una de esas niñas nicaragüenses que vivió violencia en su casa y no tuvo otra opción más que salir de su país rumbo a Costa Rica en 1993.

Migrante nicaragüense en Costa Rica
Carito Castillo salió de Nicaragua huyendo de la violencia. Llegó a Upala en 1993. // Foto: Carlos Herrera.

“Yo sé que hay muchas mujeres en Nicaragua que quizás están viviendo el maltrato, la violencia, como lo decía el abuso, y son cosas que uno como mujer no debe permitir y no debe tener miedo a hablarlas. De las mejores decisiones es hablar, romper con esas cadenas. Valió la pena, digo yo, cruzar esa frontera en medio de tanto barro.

Que esta historia les sirva de lucha de esfuerzos a otras personas, a otras mujeres, que sí se puede salir adelante. Uno como mujer vale mucho y debe de enfocarse en sus valores, en lo mucho que uno vale y que no debe callar”, dice con firmeza y orgullo.


Alfonso Robelo: el pionero de los empresarios

Un ciudadano binacional, destacado empresario en el café y el azúcar en Costa Rica

Si bien mucho se ha escrito e investigado de la gran comunidad nicaragüense que vive en Costa Rica, el enfoque ha estado basado, principalmente, en la población de baja escolaridad y recursos económicos que llega en busca de empleos y oportunidades. Poco se conoce de los migrantes nicaragüenses empresarios y profesionales, que son menos, pero los hay.

Uno de los pioneros de los empresarios nicas en Costa Rica es Alfonso Robelo Callejas, también una de las figuras políticas relevantes en la historia reciente nicaragüense, quien fuera miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979 y líder de la Contra, y un destacado empresario de la agroindustria que decidió invertir su capital en Costa Rica, donde ya lleva casi 40 años de vivir.

Robelo nos recibe en su casa en Escazú, uno de los barrios más caros de San José. De carácter amable y abierto, cuenta su vida entre los dos países.

Su historia en este país empieza a mediados de la década de 1940, cuando sus padres decidieron migrar a Costa Rica, donde cursó parte de su primaria. Regresó a Nicaragua a terminar su secundaria y luego se fue a Estados Unidos a la universidad. De vuelta en Nicaragua, desarrolló negocios agrícolas y agroindustriales en occidente y fundó en Chinandega la empresa Grasas y Aceites SA (Gracsa).

A finales de los 70, Robelo era uno de los principales líderes gremiales del sector privado y durante la crisis de la dictadura de Somoza fundó en 1978 el Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), un partido socialdemócrata que agrupaba a empresarios, profesionales y ciudadanos de clase media opositores del somocismo, que formó parte del Frente Amplio Opositor (FAO). “Tradicionalmente, había un bipartidismo: los conservadores y los liberales. Yo llegué con una mentalidad un poco distinta. Era un movimiento que quería unir y trabajar con todas las clases, borrando conservadores y liberales, borrando ricos y pobres, pensando en el beneficio de Nicaragua”.

Alfonso Robelo
Alfonso Robelo fue parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979. En la fotografía aparece junto a Sergio Ramírez, Daniel Ortega y Violeta Barrios, miembros de la Junta.

Pronto tuvo que volver a Costa Rica, esta vez como exiliado político, junto a decenas de otras figuras de la lucha antisomocista. Regresó a Nicaragua en 1979 ya como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional que asumiría el poder tras la caída de la dictadura de Somoza producto de la insurrección popular. Sin embargo, el cambio que se avecinaba no era el que Robelo ni muchos otros esperaban. El proyecto político que el Frente Sandinista impuso alejó a varios miembros de la Junta, incluyendo a Robelo. “El Frente Sandinista tenía claramente su proyecto muy definido y era un proyecto de monopolizaba todo, que todo lo controlaba y que tenía un movimiento de una izquierda no democrática”, explica.

Su pronta disidencia con el Frente Sandinista le trajo atentados contra su vida que recuerda con claridad: un accidente automovilístico provocado por el corte del eje del carro en que viajaba, un grupo de fanáticos enfurecidos que atacaron y apedrearon su casa en Managua y hasta una bomba que estalló en el vehículo en que se movilizaba en San José, Costa Rica, donde se tuvo que exiliar nuevamente en la década de 1980.

De vuelta en Costa Rica, fundó la Alianza Revolucionaria Democrática (Arde), junto a Edén Pastora, movimiento armado antisandinista. Más tarde formó parte también del directorio de la Resistencia Nicaragüense hasta que renunció a su cargo en 1988.

Actualmente, se encuentra alejado de la política y no ha regresado a Nicaragua más que de visita. “Me desencanté de la política nicaragüense, sí; de la política, en general, no”, dice, a la vez que admite que le entristece el rumbo que Nicaragua ha tomado.

Su última participación en política fue en la década de 1990, cuando sirvió como Embajador de Nicaragua en Costa Rica, bajo el Gobierno de Violeta Barrios. En ese tiempo fue secuestrado en la embajada por unos hombres que pedían 50 mil dólares de rescate. Finalmente, la presidenta Barrios pagó 25 mil y los rehenes salieron ilesos.

Alfonso Robelo
El empresario Alfonso Robelo en su oficina, en su casa en San José, Costa Rica. Foto: Cindy Regidor

Este nicaragüense- costarricense de 80 años tiene también una larga trayectoria como empresario y es uno de los pocos inversionistas nicas en Costa Rica dispuesto a contar de su vida y de sus negocios en el café y el azúcar. Cuenta que cuando llegó había otros empresarios nicas, pero muy pocos, la mayoría en la zona de Guanacaste.

“He sentido mucho mi formación de empresario y he tenido éxito. La base del éxito ha sido tratar a los trabajadores bien, con buenos salarios, con mucha amistad, con mucho compañerismo. Yo hoy en día todavía tengo una finca de café. Tenemos también un ingenio. El ingenio Taboga”, revela.

Asentado de forma permanente en este país, Robelo se enorgullece de haber cultivado una doble nacionalidad. “Tengo pasaporte nicaragüense, pasaporte costarricense y me duele cuando Costa Rica pierde en fútbol, me duele cuando Nicaragua pierde en béisbol. Mi esposa es costarricense, mis hijos son nicaragüenses y costarricenses. Hay una nacionalidad muy sabrosa, muy compartida. Lo único es que, cuando hay dificultades entre los dos países, ahí me siento más bien preocupado, ¿verdad?”.


¿Le gustó la tercera parte de nuestro especial sobre migración? Puede leer las demás entregas aquí:

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