Economía

Según BCN, bajó al 24.9% de la población, pero usan medida para indigencia

Cuestionan datos oficiales de pobreza

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Gobierno mide pobreza general con línea de consumo diario de US$ 1.73, mientras Cepal y BM usan US$ 4.00. Economistas cuestionan metodología



Más que ser el reflejo de un esfuerzo consciente por aumentar el crecimiento económico y la distribución de la riqueza para disminuir el número de pobres que hay en el país, los resultados del ‘Reporte de Pobreza y Desigualdad’ que presentó el Banco Central de Nicaragua (BCN), pueden considerarse fruto de un ejercicio de malabarismo estadístico.

El lunes pasado, el BCN dijo que la pobreza general disminuyó 4.7 puntos porcentuales, entre 2014 y 2016, pasando de 29.6% a 24.9%, mientras que la pobreza extrema se habría reducido en 1.4 puntos porcentuales, para quedar en 6.9%.

El economista Adolfo Acevedo señala que el resultado de la medición de la pobreza “dependerá crucialmente de cómo se la defina, y cómo se la mida”. Para su colega, Néstor Avendaño, la metodología usada “es muy cuestionada, porque la pobreza no se mide por el consumo en kilocalorías que tiene una persona, sino por su capacidad para generar ingresos”.

Los expertos son escépticos sobre la manera que tiene el gobierno de Daniel Ortega de medir la pobreza que afecta a los nicaragüenses, definiendo un consumo de US$1.06 por persona por día para ser considerado en situación de pobreza extrema y uno de US$1.73 para la pobreza general, cuando la Comisión Económica Para América Latina (Cepal), las define en US$2.50 y US$4.00 respectivamente.

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Al respecto, Acevedo recuerda que “el Banco Mundial definió estas líneas de pobreza (de US$2.50 y US$4.00) para América Latina, porque las líneas de US$1.00 y US$2.00 al día fueron pensadas teniendo en mente a los países africanos más pobres”.

El reporte presentado por el BCN se basa en la Encuesta de Medición del Nivel de Vida (EMNV 2016), que elabora el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).

Los datos de las encuestas se usan para definir la línea oficial de pobreza extrema, basado en la capacidad de los hogares y las familias, de consumir alimentos que cubran 2,288 calorías diarias, según estándares centroamericanos. La línea de pobreza general se hace añadiendo a la de pobreza extrema, un monto que cubra el consumo de servicios y bienes como vivienda, transporte, educación, salud, vestuario y los de uso cotidiano en el hogar.

Usar este mecanismo genera al menos dos tipos de cuestionamientos.

El primero viene precisamente de usar ese método, siendo que también se puede hacer midiendo las necesidades básicas insatisfechas, o simplemente determinando el ingreso de los individuos y las familias. Y aún hay otros más complejos.

Avendaño enfatiza en que lo que debe medirse es la capacidad para generar ingresos, porque “es ahí donde realmente se mide la pobreza”, viendo si la gente tiene “empleo formal, empleo decente, educación técnica y general, acceso a tecnología, a financiamiento con costo adecuado; a infraestructura económica para el desarrollo de la iniciativa privada. Eso es lo que se valora para analizar qué tan pobres somos”.

El documento que presentó el BCN explica que se usa el consumo como medida de bienestar porque ese indicador presenta varias ventajas, comenzando porque “el consumo fluctúa menos que el ingreso”, que en el caso de los pobres “varía con el tiempo y de forma inesperada, particularmente en las economías rurales subdesarrolladas que dependen de la agricultura temporal”.

También porque “la información del consumo tiende a ser más fidedigna, exacta y de mejor calidad que la del ingreso, ya que el informante no la relaciona con el pago de impuestos”, y porque “las líneas de pobreza se calculan a partir de los datos de la EMNV”.

435,000 indigentes

El segundo cuestionamiento se refiere, precisamente, a la línea misma usada para definir pobreza general y pobreza extrema. A criterio de Acevedo, se trata de un “consumo per cápita mísero”. “Las líneas de pobreza se definen tan, pero tan bajas, porque con solo un ligerísimo aumento del consumo diario per cápita, la pobreza aparece reduciéndose de una encuesta a otra”.

No es el único –ni el primero- que hace una observación como esa.

En octubre de 2015, cuando se presentaron los resultados de la EMNV 2014, el ‘especialista en pobreza’ del Banco Mundial, Carlos Sobrado, señaló sin ambages que “esta medida de pobreza es la mínima medida de que realmente, el que está pobre está muy mal. Eso no quiere decir que el día que tenga suficiente dinero para comer se acabaron sus problemas”, instando a recordar que la “medida de pobreza” que estaban aplicando era “muy dura”.

“Pobreza extrema significa que un hogar toma todos sus recursos y los dedica solo a comprar alimentos, aunque no tenga casa y no tenga nada. Aun así, se irán desnutriendo. Ni siquiera les alcanza para el mínimo de calorías requeridas. ¡Imagínese qué extremo es eso! Ese es casi un indigente, que está muriéndose de desnutrición”, admitió.

Si eso es así, significa que en el país hay unos 435,000 ciudadanos indigentes, que casi mueren de desnutrición, según las estadísticas oficiales.

Acevedo recordó que en una publicación de la Cepal se señalaba que “si la pobreza se medía de manera multidimensional, se obtenía un resultado distinto al de la EMNV 2014. Si se emplea una medida mucho más exigente, como la que tiene en mente la mayoría de las personas a quienes se les preguntan qué consideran ellas que es ser pobre, la pobreza sería muchísimo más alta que como se mide oficialmente”, explicó.

El experto también llamó la atención sobre el hecho que en la EMNV 2016 “se pone de manifiesto una considerable inconsistencia con las Cuentas Nacionales del Banco Central. Según estas últimas, en 2016 el consumo promedio per cápita de los nicaragüenses fue de C$43,280.6 al año, mientras que de acuerdo con la encuesta del Inide fue de solo C$13,414.5. La inconsistencia es demasiado grande para ser ignorada”, sentenció.

Pobreza extrema podría ser de 40%

Si el gobierno quisiera, podría ofrecer una medición más real acerca de los niveles de pobreza que arrastra el país, basado en la insatisfacción de las necesidades básicas de la población, mismas que están reflejadas en la encuesta de 2014.

Entre otras, Avendaño menciona la calidad de la vivienda, el acceso al agua potable y electricidad; la dependencia económica (o sea, cuántas personas mantiene el jefe de familia); el hacinamiento… “cuando uno analiza la pobreza por esta vía, esa misma encuesta muestra que el nivel de pobreza es de 40%, no del 30%, como dice la metodología del Banco Mundial”.

“Con base en datos oficiales de esa encuesta he detectado que el 40% de las familias nicaragüenses, sumando todos sus ingresos (salarios, remesas, ingresos por cuenta propia, rentas y alquileres, intereses devengados, donaciones) no puede comprar los 23 productos alimenticios de la canasta básica”, lo que los definiría como pobres extremos.

“Voy más allá: el 62% de todas las familias nicaragüenses, con todos sus ingresos, no compra los 53 productos de la canasta básica: los alimentos, más ciertos bienes de consumo para la higiene personal, para la higiene del hogar. Puedo afirmar que esto sí es pobreza, basado en la misma EMNV 2014”, insistió.

Desde el punto de vista de los gobiernos resulta más conveniente utilizar las líneas más bajas posibles porque, como se ha dicho, con solo que entre una encuesta y otra el consumo diario per cápita se incremente en unos pocos centavos de dólar al día, la pobreza y la pobreza extrema pueden mostrar constantes reducciones. A este paso, en unos años más según esta metodología, ya no habrá pobreza extrema, y la pobreza general será mínima”.

Formas reales de disminuir la pobreza
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39% de nicaragüenses viven en pobreza, según una encuesta del Fideg. Foto: Carlos Herrera | Confidencial.

Más allá de cuál sea la dimensión de la pobreza en el país, la nación necesita preguntarse qué es lo que hay que hacer para lograr una disminución efectiva del número de pobres.

Acevedo tiene una respuesta fácil, aunque reconoce que su implementación es difícil: lograr que la economía nicaragüense, “en lugar de generar predominantemente empleos de muy baja productividad e ingresos, comience a generar porcentajes cada vez más elevados de empleos de creciente productividad e ingresos reales”.

Avendaño tiene una respuesta más elaborada, que comienza por definir lo que no se debe hacer: ajustes, “porque eso podría conducir a un empeoramiento del nivel de vida. Muchos creen que aumentando los salarios van a estar mejor, pero podrían estar peor, porque se incrementa la inflación por presión de costos por el lado de la oferta, y por el otro lado, hay que tomar en cuenta que la productividad de la economía en Nicaragua es muy baja”.

“Lo que hay que hacer es resolver problemas tan serios como el acceso a la educación técnica, a la tecnología, a crédito que no sea oneroso, a infraestructura, a la red vial, telecomunicaciones, electricidad, agua potable, etc.”.

El economista recomienda que los problemas estructurales se vinculen a un plan de desarrollo de la producción nacional. “Escuchamos a muchos empresarios decir que es necesario impulsar la agroindustria, y eso es correcto: nos hemos concentrado en producir materias primas, por lo que la falta de valor agregado y la mayor generación del ingreso ha sido un obstáculo para sacar de la pobreza a la población”.

Avendaño también quiso definir el papel del Estado en el proceso de agroindustrialización del país, “porque el mercado por sí solo no lo logrará. Se necesita que el Estado participe, coordine y regule al mercado; no que imponga, pero sí que regule al mercado, porque tan obsceno es que no haya participación estatal, como una excesiva participación estatal”.

El experto instó a crecer “al menos 6% anual, con una apropiada política de distribución del ingreso para poder reducir en un punto porcentual la tasa de subempleo y desempleo que existe en el país”, reto al que catalogó de “dramático” porque la productividad es muy baja.

“El PIB per cápita por persona ocupada, crece muy lentamente en Nicaragua, lo que es muy preocupante no solo para los economistas, sino también para los políticos y para la población en general, que es la que sufre el deterioro de su nivel de vida”, aseveró.

Avendaño señala la necesidad de crecer 7% a 8% anual, detallando que para lograrlo “hace falta que haya seguridad jurídica, respeto a las leyes, a la Constitución, división de poderes, y hacer la tarea en el plano político, para alcanzar el potencial que tiene nuestra economía”.