Opinión

Ortega: mal ejemplo que el FLMN quiere emular

FMLN El Salvador

Los salvadoreños se encontraron entre la demagogia tradicional burguesa y la incapacidad del FLMN para cumplir con sus reivindicaciones



En días próximos inmediatos a las elecciones del domingo 4 de marzo en El Salvador, un burócrata del FMLN hizo pública su aspiración de tener un gobierno como el de Nicaragua, donde la alianza del orteguismo con la burguesía ha producido la estabilidad política y económica para el crecimiento del país, según el esquema neoliberal. Es decir, el líder efemelenista reprodujo sin mácula el argumento ortgeguista-cosepista con el que pretenden dar licencia de progresista al esquema neoliberal, donde los beneficios de la macroeconomía es repartida entre el sector político del poder y el empresariado privado, al margen de los intereses populares y nacionales. Pero, además, ese “progreso” económico en nuestro país, es a costa de los derechos democráticos y el despojo a Nicaragua de su institucionalidad.

No hace falta insistir demasiado sobre esa democracia para recordar lo deficiente que ese sistema ha sido durante toda nuestra historia republicana –a solo tres años de sus dos siglos—, y en algunos períodos, como los 45 años de la dictadura somocista, casi desapareció. Actualmente, esa democracia está languideciendo bajo un régimen dinástico-oligárquico, que ya va para sus 15 primaveras. El camino a una democracia más real que teórica, fue abierto por la revolución con cambios iniciales (pluralismo político, autonomía política nacional frente a la histórica injerencia yanqui, reformas sociales y otras reivindicaciones populares).

Luego, después de la agresión armada pro yanqui, la crisis económica y la derrota electoral de la revolución, la democracia apenas fue ampliada en sus aspectos más formales. Con la desviación del orteguismo en el poder hacia el neoliberalismo –es decir, el orteguismo más el cosepismo empresarial—las posibilidades políticas de ampliar la democracia en la práctica se han perdido bajo el dominio absolutista, neoliberal y corrupto del poder. Como, al parecer, es este el sistema deseado para el pueblo salvadoreño por el líder del FMLN, es obligado tratar de explicar sus motivos.

A ese movimiento exmilitar y ahora político, le pasó algo distinto a los del FSLN, porque llegó al poder gobierno con las estructuras del poder burgués intacto. Y con el poder, no hicieron nada muy diferente a lo que puede hacer la derecha; no se efectuaron cambios radicales en la tradicional política económica del país, y se dedicó a administrar la estructura del poder burgués sin la burguesía, tratando de rivalizar con ella con tibias reformas sociales que no lograron cambiar nada en el orden social ni en la conciencia de la mayoría del pueblo salvadoreño.

Esa podría ser una de las causas de la derrota electoral del 4 de marzo recién pasasdo, porque el pueblo, al no ver ni sentir cambios muy diferentes a los que la burguesía le ha ofrecido siempre, aunque no le haya cumplido nunca, de nuevo se encontró entre la demagogia tradicional burguesa y la incapacidad del FLMN para cumplir con sus reivindicaciones. Pese a ello, ante el poder demagógico tradicional del partido insignia de la burguesía (Arena), y la incapacidad de cambios del FMLN, el pueblo no sucumbió ante el primero, porque Arena solo obtuvo el voto cautivo de la derecha, pero le cobró al segundo su desencanto y su resentimiento con la crítica de la abstención y el voto nulo. Es un castigo para quienes les fallaron después de haberlos entusiasmado con la lucha armada por el poder… pero ya conquistado, y en el terreno político en tiempos de paz, no le respondieron.

Lo peor para el FMLN, es que, algunos de sus políticos no resistieron la tentación del enriquecimiento fácil, hasta hacía poco un vicio solo de los gobernantes derechistas. Esos políticos vieron cuanto de “bueno”  le hacía resultado enriquecerse al grupo de Ortega, y decidieron emularlo, y en menos de dos períodos de gobierno algunos de sus líderes cayeron en la corrupción, pero sin tener la capacidad camaleónica del orteguismo ni contar con el control de todos los poderes del Estado, como lo tiene Ortega en Nicaragua.

Enriquecimiento con el poder y corrupción a la sombra del poder, en la práctica, vienen siendo actos sinónimos, pero con desventaja para los salvadoreños por no contar tampoco –como cuenta Ortega— con aliados en el campo empresarial para encubrirse mutuamente. Porque recibir millonadas en exoneraciones y otros privilegios es la forma cómo la burguesía se beneficia con la corrupción en el Estado, aunque no ejerza el poder político.

¿Será que por tener conciencia de haber perdido la oportunidad de hacer alianza con la burguesía y ante el presentimiento de que perderían las elecciones, el burócrata de esta historia recordó con envidia la soñada situación de Ortega en Nicaragua? Son tantos los factores que intervienen en los procesos políticos, que no se puede descartar esta suposición como otra de las causas de la derrota electoral del FMLN. Se dedicaron a administrar el Estado con el neoliberalismo burgués, sin contar con la burguesía, o sea, lo contrario de lo que hizo Ortega.

Hay muchos otros factores que señalar en la situación salvadoreña, y no sería menos importante este otro: las grandes inversiones de millonarios cuscatlecos en muchas áreas de economía pinolera, y reciben del gobierno de Ortega los mismos privilegios que todos los inversionistas extranjeros. Y, como es sabido, no hay capitalista cuyo sentimiento de patria le impida buscar mayores ganancias en donde sea, aunque descapitalice a su propia nación. Tampoco este hecho es desconocido por los líderes del FMLN, y este pueda ser otro motivo de envidia que los estimula a emular a Ortega, aunque parezca ya un poco tarde por el resultado adverso que tuvieron en las elecciones legislativas y municipales, y esto no le augura una exitosa campaña electoral por la presidencia.

Sin embargo, pase lo que le pasare al FMLN e hiciera lo que hiciere a partir de ahora, le podría ir mejor o peor, pero serían los obreros,   campesinos, sectores medios y trabajadores desempleados salvadoreños, quienes seguirán perdiendo si no se organizan mejor, no crean un nuevo liderazgo ni  imponen en la lucha su propia agenda política. O, por lo menos, una agenda unitaria en la que sus intereses vitales sean tomados en cuenta, y ellos pasen de  espectadores a protagonistas del proceso de lucha por venir para no seguir supeditados a los políticos profesionales.

Las lecciones que nos dejan a los nicas el caudillismo y personas endiosadas en el poder, el pueblo de El Salvador no pueden echarlas en saco roto. Y la pasividad, la marginación y la desorganización del pueblo nicaragüense ante este problema, es un espejo en el cual no le conviene verse. Aquí lo seguiremos aguantando, mientras no levantemos la cabeza y la acción reivindicadora que un día, que ya parece muy lejano, nos convirtió en un espejo. Por ahora, somos un espejo roto.