Opinion

Los gritos de la otra rebelión

La rebelión de estas muchachas ataca el corazón del modelo opresor implementado por casi una década por Los bbcitos, los de La Liga, y muchos otros

En Nicaragua, nuevamente abril sigue siendo un mes intenso. Una rebelión en contra de abusos, acosos y violaciones está en marcha, y ha estallado principalmente en Twitter. La respuesta de los hombres acusados, y de otros que no lo son, ha sido grupal y verbalmente violenta.

Las denuncias habían empezado el año pasado con la versión nica del #MeToo, pero, en enero de este año, mujeres de diversas edades, poco a poco decidieron nombrar y documentar abusos, acosos y violaciones sexuales, y en algunos casos, revelar nombres y ocupaciones actuales de los incriminados.

Hubo plantones y murales de denuncia en universidades y otros espacios. La cuenta de @brujamistica en Twitter, comentó que el incremento de las denuncias comenzó cuando en la misma red, El blog de la denuncia (@Sorora28) publicó un arte que decía textualmente:

“Sobre los grupos de abusadores/delincuentes:

Dropbox/carpeta: Se crea hace más de diez años. Los participantes son chavalos que hoy en día, tienen más de 25 años (también hay de edad, 23. Y menores por la relación de los mismos chavalos con otros).

La Liga (Grupo de WhatsApp): Se creó en el 2013. Los partícipes son algunos de la famosa carpeta, pero hay nuevas generaciones (23 años aprox).

Los bebecitos: Se creó con el mismo propósito que los dos anteriores, con la diferencia de que los partícipes son menores (17 años), aún están en el colegio”.

Más de 100 mujeres y algunos hombres habían publicado denuncias el lunes 13 de abril. La denuncia ya pasó de novios, parejas o ex a familiares, docentes, curas, políticos y más con un listado de delitos que se diversifica: propalación, abuso sexual, violaciones individuales y en serie, violencia intrafamiliar, acoso…

Las mujeres se enfrentaron con sus memorias dolorosas, se expusieron al escarnio y rompieron el silencio, algunas amparadas en el anonimato, otras con su identidad y así se fueron desgranando las denuncias, compartiendo capturas de pantallas con amenazas, fotos de penes y grabaciones airadas de sus parejas reclamándoles por qué los rechazaron, por sus llantos o acusándolas de feas y zorras.  Es decir, empleando en plena era digital, discursos analógicos de los años 50 del siglo pasado, en los que al estilo de la serie Mad Men, los hombres utilizan como armas para oprimir a las mujeres sus estándares de sexualidad, pudor, belleza y domesticidad.

Los varones que se sintieron cuestionados por las denuncias empezaron a burlarse de las chavalas, las acusaron de locas, mentirosas, borrachas o drogadictas, de ser las culpables, o incluso, desear el abuso. Sintiéndose atacados en su masculinidad, respondieron colectiva y “autoconvocadamente” a defender los privilegios de su grupo. A ellos también se sumaron mujeres que han interiorizado valores machistas, y una hasta se atrevió a denunciar la supuesta identidad de una de las administradoras de El blog de la denuncia.

Fue contestación de grupo, aunque con excepciones, como siempre. Los ofendidos no necesitaron de oenegés, charlas o grupos de apoyo y concientización. Los bbcitos anunciaron que ya que las mujeres empezaron a denunciarlos, para vengarse de ellas, crearían un grupo en Instagram. De 30 crecieron en pocas horas a mil integrantes. ¿Qué hay tras semejante respuesta?

El australiano Robert Connell y otros autores describen la masculinidad hegemónica como el miedo de los hombres hacia las mujeres y la huida de ellas, a partir de un ideal cultural centrado sus roles de proveedor viriles. Este es un papel que termina causándoles ansiedad por el temor de no llenar el molde, un modelo que es, además, excluyente, brutal y violento. Dicen los autores que, aunque con diferentes manifestaciones dependiendo de clase, etnicidad, no todos los hombres practican esa masculinidad hegemónica, pero todos se benefician de la misma.

El problema de las relaciones entre hombres y mujeres está cruzado por cómo nos han criado. Las mujeres tenemos décadas desmenuzando los mitos que relacionan amor con sufrimiento y entrega total (nuestra por supuesto), o que ejercer la sexualidad y querer placer se define entre el querer y el deber. Debemos ser domesticadas, pero también inteligentes y lascivas. Los hombres no reconocen las incomodidades que le provoca la masculinidad hegemónica de la que habla Connell.

La rebelión de estas muchachas que han denunciado ataca el corazón del modelo opresor implementado por casi una década por Los bbcitos, ahora con otro nombre en Instagram, los de La Liga, y muchos otros. Romper el silencio y denunciar pone en riesgo ese sistema de abusos y la complicidad. Por eso les duele.

Pero, estamos hartas de la impunidad, las otras mujeres también están avisadas de los comportamientos que no son aceptables. Muchas más están poniendo a los abusadores en la picota, ya hay varios grupos organizados para documentar las denuncias, acuerpar como testigos, sostener a las que se descompensan emocionalmente e interpelar a quien sea para que se oiga alto y fuerte.

Por lo pronto las mujeres, víctimas o no, podemos comenzar con la solidaridad, nadie o muy pocas, se van a inventar una denuncia para sufrir más oprobio. No solo tendremos que acuerparnos, sino empezar a desmontar los estándares de sexualidad, con normas heterosexuales y en función de la reproducción, con la se quiere controlar a las mujeres.

Urge seguir desmontando los ideales de mujer buena y mujer mala, de mujer de su casa y mujer de la calle. Allí se desmonta el poder opresor masculino. ¿Te publicaron una foto de un desnudo?, ¡y qué! La dignidad de una mujer no puede depender de una pinche foto que fue tomada con consentimiento, peor aún, en el caso en que fuiste forzada a hacerlo.

Llevamos años denunciando todas las violencias frente a un sistema que más bien parece encubrir a los abusadores y enjuiciar a las víctimas; y con todo lo que ha pasado desde el 2018, tiene lógica que las jóvenes confíen más en la sanción social, a pesar y a costa, del linchamiento virtual del que pueden ser víctimas. Pero no solo toca escuchar y ofrecer nuestros abrazos virtuales, sino plantearnos qué hacer frente a un sistema patriarcal que reproduce estas dinámicas.

Abril se multiplica en esta rebelión que también es contra del poder autoritario que comienza desde abajo en nuestras relaciones más cercanas. Y aunque en unos días conmemoramos el inicio de la Rebelión de abril, ya no es aceptable postergar las denuncias de las mujeres en función de una causa mayor o la entrada a la segunda fase del Covid19. La vida de las mujeres es también una causa noble y no hay derecho a que una vez más, la sociedad se haga la sorda ante semejantes gritos de desahogo y reclamos de justicia. A esta epidemia sí la podemos controlar. #TeAcuerpamosTecreemos.

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