Indígenas rama denuncian y el Estado calla. Confidencial recorrió 39 kilómetros en la reserva: pruebas de la invasión. "No hay una política ambiental", cuestiona el Dr. Jaime Incer Barquero.


I. Los ramas temen por su reserva

El ruido de la motosierra es constante. Después de cinco minutos se escucha un estruendo detrás de dos inmensas montañas. “Otro almendro cayó”, dice Epifáneo Luna. “Es una gran tristeza ver los árboles caídos y que estén cortando más para meter ganado dentro de la reserva”, continúa el joven de 28 años, mientras observa los dos cuerpos montañosos, tratando de identificar de dónde provenía el ruido de la máquina devastadora.

Epifáneo es juez comunal dentro de la etnia Rama. Es originario de Tierra Santa, un pueblo que está asentado sobre Indian Rivers, dentro de la Reserva Biológica Indio Maíz. En tiempos de la colonia española, los ramas fueron una de las grandes tribus que dominaron buena parte de la Región Autónoma del Caribe Sur, sin embargo, actualmente sobrepasan los 3,000 miembros.

La mayor parte de los ramas habitan en Rama Cay, una isla ubicada dentro de la Bahía de Bluefields. Otros en el municipio de San Juan del Norte, en San Juan de Nicaragua. Ambos lugares están dentro de la demarcación de la reserva y sirven como zona de amortiguamiento. El resto está distribuido en pequeños grupos asentados a la orilla de los ríos Wirinki, Monkey Point, Punta de Águila y Punta Gorda.

Desde hace más de veinte años, los ramas han protegido la Reserva Biológica Indio Maíz de las invasiones de mestizos que buscan expandir la ganadería. En los últimos cinco años, este fenómeno se ha cuadruplicado y ha causado la devastación de más de 2.378 hectáreas hasta 2014.

El gobierno territorial Rama-Kriol (GTRK) trabaja en las estadísticas de 2015 y de 2016, y creen que la cifra puede aumentar dramáticamente a mayor número de hectáreas destruidas, pues en los últimos dos años se ha registrado la presencia de más invasores dentro de la reserva, y menos apoyo del Ministerio de Ambientes y Recursos Naturales (Marena) y el Ejército Nacional.

  • La Reserva Biológica Indio Maíz limita con los municipios de El Castillo, Río San Juan y la Región Autónoma del Caribe Sur.
  • Cuenca del Río San Juan
    La Reserva Biológica Indio Maíz es el núcleo de la Reserva de Biósfera del Rio San Juan.
  • Hasta 2014 la deforestación de Indio Maíz superaba las 2000 hectáreas.
  • El territorio indígena de la etnia Rama está amenazado.

Fauna amenazada
“La gente está comenzando a entrar y están invadiendo la tierra y destruyendo todo. Esta gente no está perdonando nada, no piensa en el futuro”, lamenta Epifáneo, mientras observa la devastación en más de cinco manzanas dentro de la reserva.

Entre octubre de 2015 y agosto de 2016, el GTRK ha identificado 58 campamentos de cazadores que han reducido las poblaciones de dantos y jaguares, 87 parcelas deforestadas o con cultivos y 72 sitios donde hay manzanas carriladas. El llamado carrileo es la marca que dejan los invasores cuando asaltan el bosque.

La contaminación de los ríos La Pimienta y Caño Chontales también preocupa a los ramas, que han visto muchos peces muertos.

“Vienen echando veneno en la cabecera de los ríos, envenenando los pescados. Diferentes especies de animales del río, como el camarón, están siendo afectadas dentro de la reserva. Hace seis meses anduvimos haciendo una gira y encontramos todo muerto dentro del río, pescado embombados”, comenta Epifáneo.

“Estamos perdiendo todo, poco a poco cada día. Los cazadores llegan a cazar las lapas, y los animales de la reserva, hemos encontrado campamentos. La fauna está amenazada. Los monos, las aves, el corredor migratorio de animales que usan la reserva para avanzar a otros lugares”, afirma Margarito Macré, guardabosque voluntario de Indio Maíz.

“Como guardabosques hemos visto mucho despale. Es lamentable para nosotros como pueblos indígenas, que esté sucediendo esto, muy pronto entran al núcleo de la reserva y ahí nos vamos a quedar sin nada”, dice Pablo Solano, también guardabosque voluntario.

Uso de tierra para ganadería y agricultura no sostenible

En los recorridos que han realizado dentro de la reserva, Margarito y Pablo han encontrado muchas manzanas de bosques despaladas que se preparan para la ganadería. “Están dañando los recursos naturales que tenemos. Usan la tierra para el ganado, y es malo, porque el ganado no da nada, solo mucho gasto en químicos”, dice preocupado Margarito.

“Vienen entrando de diferentes partes del país. Y solo entran para eso, para meter ganado”, reafirma Pablo.

Epifáneo es consciente del dinero que mueve la industria ganadera en el país y también conoce cuántas manzanas de tierras son necesarias para que el animal pueda comer a gusto y antojo. En 2015 la industria ganadera exportó 743.7 millones de dólares.

Los invasores han despalado el bosque para dar paso a la ganadería extensiva. Crédito: Cortesía GTRK
Los invasores han despalado el bosque para dar paso a la ganadería extensiva. Crédito: Cortesía GTRK

“Si yo tengo cien cabezas de ganado, tendría que estar despalando anualmente cien manzanas. Un ganado come por manzana. Lo preocupante es que si dejamos a esta gente, que no tiene consciencia de lo que están haciendo, perderíamos en tres años o cuatro años el bosque, por eso es nuestra preocupación”, explica Epifáneo.

Detrás de las invasiones hay grandes ganaderos que usan testaferros para entrar a la reserva y devastar el bosque, aseguran los indígenas. Los ramas no saben los nombres de los poderosos dueños, y los empleados que andan con el ganado tampoco dicen nada. El GTRK solo sabe que los invasores son originarios de El Rama, Nueva Guinea y El Castillo.

Aunque la tierra en su mayoría es ocupada para el ganado, otra parte es tomada por invasores que practican agricultura no sostenible.

El bosque ha perdido muchos árboles. En cambio, los invasores han implementado la siembra de pasto para el ganado. Carlos Herrera | Confidencial.
El bosque ha perdido muchos árboles. En cambio, los invasores
han implementado la siembra de pasto para el ganado. Carlos Herrera | Confidencial.

Los señalamientos a la “comandante Chaparra”

Los líderes comunitarios señalan a la diputada aliada del Frente Sandinista, Élida Galeano, de comandar estos grupos que invaden la tierra. Galeano, mejor conocida como “Comandante Chaparra”, fue en su juventud parte de la contrarrevolución que combatía a la revolución sandinista.

Galeano tenía apenas 17 años cuando el gobierno sandinista confiscó las propiedades de sus padres, en la década del ochenta. Galeano vive en la colonia San Sebastián, localizada al noroeste de Managua. Dentro de su casa hay más de 25 cuadros que explican su pasado dentro de la contrarrevolución. Todavía mantiene contactos con los desmovilizados del norte y centro del país. En muchas ocasiones, su nombre ha figurado en la prensa nacional por supuestamente dirigir grupos de toma tierras.

“Jamás, ni hoy ni nunca, voy a apoyar tomas de tierras ilegales, mucho menos que voy a apoyar la toma de tierras en un área protegida como es Indio Maíz. En qué cabeza cabe que como dirigente voy a apoyar el despale, si es la reserva, es la vida de todos los nicaragüenses, de todo el país”, afirma Galeano cuando se le cuestiona sobre los señalamientos.

  • Los guardabosques rama identificaron a invasores dentro de Indio Maíz. Cortesía GTRK
  • Hacen carriles, delimitan el terreno a ocupar y luego botan los árboles. Carlos Herrera | Confidencial.
  • El resultado de las invasiones son árboles de madera preciosa en el suelo. Cortesía GTRK.

La diputada afirmó que un desmovilizado conocido como Olivero fue suspendido precisamente por ingresar a la reserva y usar su nombre para que más personas lo acompañaran a tomar tierras. “Si él anda en algún rollo de esos, va a ser definitivamente destituido de la organización, porque no voy a estar pagando por las delincuencias que otros cometan”, indicó.

En una gira realiza a Las Maravillas, en Jinotega, algunos desmovilizados de El Rama y Nueva Guinea, le pidieron ayuda para titular tierras dentro de la reserva, sin embargo, Galeano les dijo que “no soy el gobierno, solo ellos deciden si los dejan o los sacan, pero no estoy apoyando ninguna toma de tierra”, confesó, dando a entender que sí conoce de las invasiones dentro de Indio Maíz.


Galeano se comprometió, como diputada, a preparar una iniciativa de ley para proteger verdaderamente la reserva. “No creo que el FSLN vaya a oponerse a una iniciativa de esta naturaleza, pero eso sí, necesito el apoyo de mi bancada”, dijo la legisladora.

II. La belleza casi intacta de cerro El Diablo

El panorama en Cerro El Diablo es distinto. El bosque permanece casi intacto, salvo algunos carriles realizados por invasores y árboles marcados con las iniciales de colonos que demarcaron el territorio.

Epifáneo Luna, juez comunal Rama, está contento porque hasta aquí la destrucción no ha llegado. “Aquí hay bosque, así debería de ser toda la reserva”, dice luego de tomar un descanso después de escalar el gran cerro. “Si logramos salvar esto de colonos, cazadores o ganaderos, podemos salvar todo”, continúa el joven.

Los ramas como Epifáneo, han convivido con este tipo de naturaleza toda su vida, sin embargo, temen que uno de los picos más altos del núcleo de la Reserva Biológica Indio Maíz (tiene 608 metros de altitud) se convierta en un potrero plagado de ganado e invasores.

El río Bartola, que atraviesa la reserva, está amenazado. El cerro El Diablo es un verdadero paraíso casi intacto. Carlos Herrera. | Confidencial.
El río Bartola, que atraviesa la reserva, está amenazado. El cerro El Diablo es un verdadero paraíso casi intacto. Carlos Herrera. | Confidencial.

Cerro El Diablo debe su nombre a su tremendo ángulo de inclinación y a la dificultad que tiene para ser escalado. Un equipo de Confidencial acompañó una expedición de 39 kilómetros hasta el cerro, partiendo en bote desde San Carlos hasta Boca de Sábalos, en San Juan de Nicaragua.

La ruta trazada fue Boca de Sábalos-Boca Escalera-La Bijagua-Cerro El Diablo. La organización del viaje estuvo a cargo de Fundación del Río, una institución que tiene como propósito la defensa, protección y restauración de los ecosistemas tropicales naturales del Sureste de Nicaragua, y de los guardaparques voluntarios del Gobierno Territorial Rama y Kriol (GTRK). El objetivo de la gira fue rotular, como lo han hecho en otras zonas de Indio Maíz, el borde del cerro según lo dispuesto en la Ley 445, de Régimen y Propiedad Comunal, para disuadir a los colonos e invasores y que no aleguen ignorancia.

Mapa de la ruta realizada hasta cerro El Diablo. Mapa: Olga Sánchez | Confidencial.
Mapa de la ruta realizada hasta cerro El Diablo. Mapa: Olga Sánchez | Confidencial.

El recorrido a Cerro El Diablo se puede realizar en bestia hasta La Bijagua. En teoría, esta última localidad se considera zona de amortiguamiento, sin embargo, desde hace más de dos años, los invasores que entran por San Juan de Nicaragua y El Castillo, han traspasado esta barrera imaginaria, arrasando zonas donde debería existir bosque. Confidencial registró por lo menos ocho sitios distintos de tala en esa ruta y comprobó la siembra de pasto dentro de la reserva.

MARENA: gobierno ciego, sordo y mudo

El patrullaje de los guardabosques ramas ha sido vital al momento de recabar información para luego exponerla ante las autoridades gubernamentales como Marena, la Policía Nacional y el Ejército Nacional.

Siguiendo un trámite que pedían estas tres instituciones del Estado, los guardabosques, en alianza con Fundación del Río, presentaron informes bien elaborados con fotos y mapas de las localizaciones de invasores dentro de la reserva, sin embargo, estos documentos fueron engavetados.

Amaru Ruiz, presidente de Fundación del Río, decidió, junto a autoridades del GTR-K, visitar la capital del país para solicitar apoyo directamente de los funcionarios de Marena Central, debido a que las autoridades regionales no daban ninguna respuesta.

La presión dio resultado y en enero de 2012 consiguieron que siete funcionarios del Marena, cinco del Ejército y cinco de la Policía Nacional recorrieran la zona de amortiguamiento de la reserva y detuvieran a algunas personas que estaban en la zona. Los argumentos de los detenidos coincidían en que eran pobres y que el territorio donde estaban no era indígena, por lo tanto no afectaban en nada.

Las personas fueron retiradas del lugar y tanto Fundación del Río como el GTR-K pidieron más presencia de las autoridades en ese sitio para que el episodio no se repitiera. Pero sus peticiones no fueron escuchadas.

En mayo de ese mismo año, ante la insistencia de Fundación del Río y el GTR-K de que más colonos estaban en dentro y no en la zona de amortiguamiento de la reserva, se realizó otra expedición, esta vez con el Marena y la Policía Nacional. Nuevamente comprobaron que la tala había aumentado, sin embargo, solo decomisaron motosierras y notificaron a los invasores de que debían salir, pero no detuvieron ni expulsaron a nadie.

Esa fue la última vez que las autoridades atendieron el llamado del GTR-K. Luego, a pesar de más informes y más pruebas, no hubo presencia del Batallón Ecológico del Ejército, ni del Marena, ni de la Policía, y las invasiones se triplicaron. Ahora amenazan el núcleo de la reserva.

“Hemos levantado informaciones, hemos hecho demandas y la autoridad competente no actúa. Casualmente un día de estos me estaba diciendo el oficial de la Policía en San Juan de Nicaragua, Acinto Solís, qué estaba pasando, que estábamos dejan destruir la reserva. Yo le dije: qué más quieren, si nosotros hemos levantado evidencia, hemos enviado informes, hemos enviado demandas, pero ustedes son los que no actúan, nosotros ya hicimos lo que nos pidieron, ahora le toca lo demás a usted, como autoridad competente, hacer el acompañamiento a los muchachos, a los guardabosques. No me respondió nada, solamente se quedó callado”, cuenta Epifáneo.

Epifáneo Luna, juez comunal rama, observa el despale dentro de la reserva Indio Maíz. Carlos Herrera | Confidencial
Epifáneo Luna, juez comunal rama, observa el despale dentro de la reserva Indio Maíz. Carlos Herrera | Confidencial

“En esas giras que hicimos con las autoridades, se establecieron unos acuerdos para la protección conjunta de esta área protegida, sobre esa base estaba la reactivación de los puestos de Marena, el patrullaje y la incorporación del batallón ecológico, para el monitoreo y apoyar las acciones de saqueos de colonos que estaban en la reserva, sin embargo, estos acuerdos, aunque fueron firmados por las autoridades, nunca se les dio seguimiento”, afirma Amaru Ruiz, de Fundación del Río.

El Reglamento de Áreas Protegidas de Nicaragua establece que el Marena es el ente rector de las áreas protegidas. En el artículo 10 indica que debe coordinarse con las Regiones Autónomas para las actividades de declaración y administración de las áreas protegidas, así como para la elaboración y aprobación de planes de manejo.

Confidencial solicitó una entrevista con las autoridades del Marena y el Batallón Ecológico del Ejército Nacional, sin embargo, no respondieron nuestras peticiones.

Ni los guardabosques ni Fundación del Río entienden por qué, si el gobierno tiene pruebas y conoce del daño a la reserva, las autoridades no actúan ni respetan los acuerdos firmados en antiguas expediciones.

A raíz de esta mala experiencia, los guardabosques rama y Fundación del Río, han realizado expediciones para levantar más informes y para rotular la reserva y evitar que los invasores acaben con el bosque. En esta misma lucha, se han aliado con mestizos que quieren proteger Indio Maíz.

—¿Con los rótulos en la reserva ustedes esperan que cese la invasión?

—Digamos que un poco, pero yo digo que no, porque falta más rotulación y acompañamiento de instituciones como Marena y el Ejército para que pare un poco—, explica el guardabosques voluntario Pablo Solano.

“Si ya las autoridades saben y no hacen nada, tenemos que generar acciones que fortalezcan las que hace el GTR-K, que es de alguna manera uno de los garantes para los recursos naturales de esa área protegida, y sobre esa base emprendimos acciones, como las acciones de rotulación, que son evidentemente para demostrar que ahí hay presencia, que es ilegal entrar en esas áreas, que son áreas propiedad del gobierno territorial, que son áreas protegidas”, recuerda Amaru.

Los “viejos vivientes” de Indio Maíz

Eusebia Rodríguez tiene muchos años de vivir en la reserva. Usa la tierra para agricultura familiar y cuida el bosque.
Eusebia Rodríguez tiene muchos años de vivir en la reserva. Usa
la tierra para agricultura familiar y cuida el bosque.

Uno de los mestizos que acompaña el recorrido hasta cerro El Diablo es Fidel Martínez. Él vive en Boca Escalera y trabaja como guía de la reserva para Fundación del Río. Explica que los invasores que botan el bosque, a pesar de tener madera preciosa en el suelo, no la comercializan, pues de esta forma sería más fácil que los capturen en puestos de vigilancia, pero fuera de la reserva.

“Este despale, en el que estamos ahorita, es de este verano. Primero marcan las manzanas, en zona circular, luego hacen socola (ahuecar el árbol) en los árboles y después incendian el bosque, para que sea más fácil el acceso al ganado y al pasto que siembran una vez que tienen el espacio”, afirma.

Fidel narra que algunos colonos, luego de hacer todo este desastre, venden las manzanas a los ganaderos y reciben un bono extra por sembrar el pasto. “Son aliados todos, y claro que es ilegal lo que hacen, porque están dentro de la reserva”, explica este señor de 58 años, quien agrega que cada manzana se vende entre 3.000 y 5.000 córdobas.

Los ramas identifican a algunos colonos como “viejos vivientes”. Son familias que llevan más de veinte años en el lugar. Ellos no arrasan por comercio. Toman una pequeña cantidad de terreno para subsistir y no afectan el resto del bosque. En pocas palabras, han aprendido a vivir con la naturaleza.

Eusebia Rodríguez vive en la reserva, en un pueblo llamado Nueva Jerusalén. Su familia carriló 100 manzanas, pero asegura que solo usan diez para agricultura familiar.

“En este lugar todo era montaña, no había nada cortado. Cuando entramos, hace más de 16 años, éramos 26 familias. No despalamos el bosque, lo cuidábamos, pero ahora todo empeoró”, narra esta señora de 46 años, madre de dos hijos.

En los últimos dos años, Eusebia ha sido testigo de la invasión en el núcleo de Indio Maíz. Menciona que los invasores son de Punta Gorda, El Ayote, en Nueva Guinea.

“Nosotros los vemos pasar, a veces nos saludan y nos dicen que van a la reserva a fincar, pero luego vemos que hay quemas y entonces nos preocupa, porque destruyen todo. Una vez calculé que quemaron como 100 manzanas”, cuenta Eusebia.

Fidel Hernández es otro de los llamados viejos vivientes. Los invasores le han despojado del territorio que cuidaba. Tenía 200 manzanas y hoy solo cuenta con 56.

A Fidel Martínez le quitaron 144 manzanas de bosque. El uso que los invasores le dan es para ganadería. Carlos Herrera | Confidencial.
A Fidel Martínez le quitaron 144 manzanas de bosque. El uso que
los invasores le dan es para ganadería. Carlos Herrera | Confidencial.

“Los colonos se enojan porque no botamos el bosque. Nos dicen que la tierra es del que la trabaja y nos han robado. A mí me dieron un machetazo por defender a mi papa, es una gente muy mala. Dicen que van a cuidar, pero es para echar ganado”, reafirma Fidel.

Eusebia y Fidel son conscientes del valor que tiene la reserva en sus vidas. Y quieren que sus hijos puedan vivir en comunión con la naturaleza.

“Yo no fui estudiado, pero me han dicho que de ahí respiramos el aire libre, no tengo mucha experiencia en eso, lo que dice la gente que hay que conservar las aguas, el medio ambiente”, aduce Fidel.

“¿Y cómo se va a sentir uno? Afligido, porque uno trata de no fregarla y vienen los demás y la destruyen, lo de uno no vale nada, quedamos valiendo nada”, alega Eusebia.

Un cementerio indígena saqueado

Indìgenas rama observan un petroglifo que estaba en el cementerio de sus ancestros. Carlos Herrera | Confidencial.
Indìgenas rama observan un petroglifo que estaba en el
cementerio de sus ancestros. Carlos Herrera | Confidencial.

En el tercer día de nuestra expedición encontramos árboles marcados y carriles dentro en la zona de cerro El Diablo. Los invasores están preparando el sitio para despalar en los próximos cuatro meses, menciona Fidel Martínez.

Las caras de los guardabosques ramas son de preocupación. El lugar donde estamos es territorio indígena y, en teoría, no deberían existir carriles ni campamentos de cazadores.

“No creímos que íbamos a encontrar esto. Creo que si esta gente ya vino aquí, es porque no piensa dejar nada en pie. Los planes de esta gente pueden cumplirse en estos meses, no creo que vayamos a tener reserva en tres años si permitimos esto”, confiesa un poco atribulado Epifáneo.

A pesar de este descubrimiento, los guardabosques ramas comienzan a ubicar los rótulos que han cargado desde La Bijagua. En total son cuatros, ubicados al borde de El Diablo. Están contentos y lo celebran junto a los campesinos que también quieren que la reserva se salve.

“El trabajo salió muy bien, nos sentimos en deuda con nuestros hermanos campesinos. Fueron de mucha ayuda”, confiesa Epifáneo, mientras los demás aplauden con júbilo porque el objetivo se cumplió.

De regreso a La Bijagua, la sonrisa de los rama es interrumpida por otro hallazgo importante. Un cementerio indígena de ancestros ramas está saqueado, completamente destruido. El valor histórico de este hallazgo es incalculable. Su destrucción representa una tragedia.

Los ramas caminan por el cementerio, que está en medio del bosque, y revisan las pocas piezas que encontraron, una a una. Un petroglifo de una huella de tigre es parte de lo que quedó. Los ramas están conmovidos.

Margarito Macré, guardabosque rama, está enojado. No quiere hablar del asunto. Epifáneo toma fotos para documentar el hecho. Pablo, el otro guardabosque, anota las coordenadas del sitio.

  • Carlos Herrera | Confidencial
  • Carlos Herrera | Confidencial
  • Carlos Herrera | Confidencial
  • Carlos Herrera | Confidencial

Es un momento incómodo para todos. La alegría de cumplir la meta y rotular El Diablo se fue. No hay sonrisas, solo lamentos.


Margarito se aleja poco a poco del grupo. Decepcionado cruza un río y sigue su camino. Los demás se quedan, pero no dejan de observar al guardabosque que avanza con la cabeza gacha.

III. El clamor de los rama

La Fundación Amigos del Río San Juan (Fundar) realizó en 2005 un Plan de Manejo de la Reserva Biológica Indio Maíz. El documento fue aceptado por Marena, pero nunca fue avalado en un decreto.

Fabio Buitrago, ecólogo y conservacionista, coordinó el estudio junto a otros científicos. Inicialmente el plan de manejo comprendía cinco años y se proponía su actualización una vez cumplido el ciclo.

“Lo que se pretendía con este documento era una primera orientación estratégica de acciones a seguir, pero que tenía que ser actualizada años después para que pudiera adaptarse al nuevo contexto social y económico del territorio. En este sentido, el proceso de colonización, de ocupación de los territorios por parte de la población que sigue llegando hasta la frontera agrícola, hasta el borde de la reserva Indio Maíz, no se ha detenido desde que hicimos el plan de manejo hasta la fecha y seguramente la población se ha triplicado, ha aumentado sin lugar a dudas considerablemente, esto significa una presión puesta sobre los recursos naturales que tiene la reserva”, explica Buitrago.

A medida que se camina dentro de la reserva, hay menos bosque y más campos donde pasta el ganado. Carlo Herrera | Confidencial.
A medida que se camina dentro de la reserva, hay menos bosque y
más campos donde pasta el ganado. Carlo Herrera | Confidencial.

El ecólogo confesó que el panorama actual en que se encuentra la reserva era previsible, pues desde que hicieron el plan de manejo se planteaba la urgente necesidad de establecer medidas de control, de vigilancia y protección de Indio Maíz y que se hiciera cumplir el mandato de creación del área protegida y el plan de manejo.
En esa época de presentación del plan de manejo, las invasiones eran menores.

“Recuerdo que parte de la discusión, cuando se comenzaba a hablar del plan de manejo, era que se debería separar el área fronteriza de la reserva biológica, porque por las mismas características que tiene una reserva biológica, no permite la presencia de asentamientos y comunidades humanas en esa categoría de manejo, y por eso se decidió cortar una parte de la reserva Indio Maíz, y convertirla en el refugio de la reserva de vida silvestre Río San Juan, que abarca tres kilómetros paralelos al río, en donde sí se permite el asentamiento humano y otras actividades como el tráfico de embarcaciones, el movimiento de persona, el control migratorio, la presencia del Ejército, entre otras restricciones que se estipulaban en el plan de manejo”, continúa Buitrago.

El ecólogo manifestó que lo complicado de esa situación fue que un territorio indígena, además de varios municipios de un departamento y una región autónoma, hacían muy complicado manejar la zona como una sola unidad, y esto, de alguna forma, incidió para que ahora a población vaya avanzando en la colonización de la reserva, y por tanto en la deforestación, el cambio de uso de suelo y lo que conocemos como el avance de la frontera agrícola.

Falta voluntad

Vista aérea del despale en la Reserva Biológica Indio Maíz. Foto: Nick Hawkins | Cortesìa.
Vista aérea del despale en la Reserva Biológica Indio Maíz. Foto: Nick Hawkins | Cortesìa.

El experto consideró que el problema no solamente es institucional, sino que es un indicio de la falta de voluntad de todos los gobiernos, desde el año 2005, de proteger los recursos naturales.

“En lugar de aportar a la conservación, se ha visto en la zona de El Castillo, que en teoría es zona de amortiguamiento, el desarrollo de algún tipo de actividades económicas como el cultivo de la palma, que es dañina para el río, para la biodiversidad que habita en esta zona. Esta reserva es uno de los más grandes patrimonios de toda Centroamérica, seguido de El Petén y la reserva de biósfera Bosawas y Río Plata en Honduras y Nicaragua”, reafirmó el especialista.

Ramas, mestizos y expertos coinciden en que a este ritmo de invasión, la reserve puede desaparecer en poco tiempo. Las voces de los actores de este reportaje son contundentes.

“Estamos pidiendo al gobierno que nos ayude, porque este no es solamente para los Rama y Kriol”, afirma Margarito Macré, guardabosque voluntario de Indio Maíz.

“A nosotros nos preocupa que se convierte en un Bosawas dos, es decir, que se originen conflictos alrededor de la reserva”, opina Amaru Ruiz, presidente de Fundación del Río.


“El proceso de deforestación que lleva la Reserva biológica Indio Maíz debe ser detenida a lo inmediato. Si se continúa este proceso de colonización, de asentamiento, de aprovechamiento ilegal de los recursos que están ahí contenidos, vamos a terminar convirtiendo la reserva biológico Indio Maíz en otra Nueva Guinea, lo cual sería muy lamentable”, considera Buitrago.

IV. Dr. Jaime Incer: “No hay política ambiental”

*Asesor presidencial en temas ambientales: “Sentiría vergüenza si fuera
funcionario de MARENA”
• Hay ignorancia supina de las autoridades”, critica experto, quien afirma que que el sector privado nacional “tiene una visión cortoplacista del manejo sostenible y adecuado del medio ambiente”

El asesor presidencial en temas ambientales, el científico Jaime Incer Barquero, criticó con severidad la inacción del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARENA) ante la destrucción de la Reserva Biológica Indio Maíz por parte de los llamados colonos. “Es inexplicable”, reaccionó el exministro de esa institución.

El Reglamento de Áreas Protegidas De Nicaragua, establecido vía decreto número 01-2007 y aprobado el 08 de Enero del 2007, obliga al MARENA a velar por Indio Maíz. Sin embargo, Incer Barquero describió una actitud de indiferencia: “Están ciegos, sordos y mudos”, recalca este reputado científico, uno de los mayores conocedores del medioambiente nicaragüense.

“Cuando asisto a foros internacionales y digo que la institución gubernamental encargada de proteger el ambiente no hace nada, todo el mundo queda sorprendido”, aseguró el científico. “Eso es un descrédito para el gobierno, para el país, destruir la naturaleza sin la que no es posible la sobrevivencia”, afirmó.

Los expertos aseguran que si el despale continúa, la reserva podrá perderse en menos de cuatro años. Carlos Herrera | Confidencial.
Los expertos aseguran que si el despale continúa, la reserva podrá perderse en menos de cuatro años. Carlos Herrera | Confidencial.

Incer Barquero sostuvo que el discurso del gobierno del comandante Daniel Ortega pro ambiente y de reforestación no se corresponde a la realidad.

“No ha habido previsión ecológica, e incluso las leyes consideran delito la falta de previsión”, aseguró Incer Barquero, en referencia al proyecto del Canal Interoceánico, cuyos promotores aseguran que reforestaran el área circundante al Río Punta Gorda, donde piensan construir un embalse artificial.

“Sembrar veinte mil palitos no es reforestar. Es cero en relación a las miles de hectáreas pérdidas en Nicaragua”, agregó el científico, refiriéndose también a la campaña “Yo Adopto un Árbol por Amor a Nicaragua”, lanzada por la primera dama Rosario Murillo para contrarrestar las críticas provocadas por el saqueo permitido de pino en Dipilto y Jalapa en abril pasado.

Más de dos mil hectáreas han sido arrasadas solo en Indio Maíz, de acuerdo a estudios del gobierno territorial Rama-Kriol.

Incer Barquero explicó que los Bosques Tropicales Húmedos (como Indio Maíz), que existen desde el sur de México hasta los pies de la cordillera de los Andes, son primordiales para evitar la erosión, la disminución del caudal de los ríos y son “pulmones de oxígeno”.

“Sintiera vergüenza”

Imagen aérea de las quemas que realizan los invasores en la reserva. Foto GTRK | Cortesìa.
Imagen aérea de las quemas que realizan los invasores en la reserva. Foto GTRK | Cortesìa.

El exministro del MARENA expresó que si fuese actual funcionario de esa dependencia estatal sentiría vergüenza. “Porque todo cae y no hacen nada, y están en la obligación de defender el medio ambiente y educar a la gente y a los líderes”, dijo.

Incer Barquero criticó que las municipalidades también callen, y que estén faltos de previsión para sancionar delitos ambientales. Opinó que no actúan porque hay “intercambios de beneficios personales, pase (tráfico) de madera, pase de droga y pesca ilegal”.

“Estamos destruyendo el trópico para favorecer intereses personales. Hay ignorancia supina de las autoridades”, reprendió el asesor presidencial, quien aseguró que existen sectores políticos que alientan la invasión de la reserva cambio de votos y la promesa de legalizar los terrenos.

El científico auguró periodos difíciles ante el cambio climático, un riesgo que se ha instalado como un tema de preocupación mundial. Incer barquero dijo que los bosques resultarían importantes para combatirlo: los árboles canalizan la infiltración y la humedad.

“Jugamos con dos grandes peligros: El Niño y la Niña. Con el despale no hay bosques y aparece la erosión y la sequía. Después vienen las inundaciones”, ejemplificó el científico, quien dijo que Nicaragua no posee “una clara política que defienda los recursos naturales”.

Sector privado y responsabilidad compartida

En Indio Maíz (y como en otros bosques y territorios indígenas) la ganadería es la principal amenaza. Incer Barquero dijo que una hectárea boscosa tiene más valor que cuatro litros de leche.

El científico no entiende cómo es posible que sigan dando préstamos para ganadería, lo que implica destruir bosques para sembrar pasto para el hato. “Una hectárea de bosque tiene veinte veces más valor que una de zacate”, insistió Incer Barquero.

El asesor presidencial habló de una “responsabilidad compartida” de la empresa privada para practicar un modelo amigable con el ambiente.

Sin embargo, precisó que el sector privado nacional “tiene una visión cortoplacista del manejo sostenible y adecuado del medio ambiente”. “Esperan ampliar la frontera agrícola a expensas de la destrucción de los bosques y deforestar el suelo”, señaló.

Incer Barquero lamentó “el concepto errado de la producción inmediatista” del sector privado. “Somos un país que destruye sus recursos naturales”, sentenció.