Opinión

Hay que difundir los peligros que enfrentan los periodistas

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Los defensores de la libertad de prensa también deben ofrecer a los periodistas un marco más sólido y coordinado para su protección y seguridad



Ámsterdam.– Cada cinco días, en promedio, en algún lugar del mundo matan a un periodista por ser periodista. Nueve de cada diez casos terminan sin proceso legal, lo que crea una atmósfera de impunidad que va más allá de las amenazas de muerte o la violencia. El encarcelamiento de periodistas alcanzó un nivel récord; el hostigamiento y la intimidación a trabajadores de la prensa en ejercicio de sus funciones es cosa de rutina. Hoy, el periodismo es una de las profesiones más peligrosas que hay.

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Periodistas intentan entrevistar al presidente de la Asamblea, Gustavo Porras. Carlos Herrera/Confidencial.

Una forma de encarar este problema es hablar de él. Hay tres ejemplos recientes que destacan los riesgos que enfrentan los periodistas para informar y la necesidad de difundirlos, como única manera de lograr cambios.

El primero es Maria Ressa, directora ejecutiva de Rappler.com, una red virtual de noticias con sede en Filipinas. Tras su fundación en 2012, el sitio web de Ressa se ha convertido en una inestimable fuente de información sobre las ejecuciones extrajudiciales vinculadas con la “guerra a las drogas” del presidente Rodrigo Duterte. Por su incansable tarea de investigación, sólo en el último mes Ressa ha recibido más de ochenta amenazas de muerte. Muchas de las advertencias provinieron de blogueros anónimos, cuyas direcciones IP pueden rastrearse hasta personas relacionadas con el presidente.

También está el caso de William Ntege, un periodista que informó sobre protestas recientes contra la decisión del presidente ugandés Yoweri Museveni de presentarse en la próxima elección presidencial, pese a que la constitución lo prohíbe. Como resultado, la policía golpeó brutalmente a Ntege y lo tuvo en prisión por más de diez días.

Finalmente, está la erosión de las libertades de prensa en Myanmar. Una nueva cláusula agregada a la legislación de medios del país permite a los ciudadanos presentar demandas legales en respuesta a un artículo de prensa o una noticia, incluso si no los menciona directamente. Esta disposición legal (que choca abiertamente con la normativa internacional) ya llevó a la apertura de 61 procesos contra periodistas desde febrero de 2016, con la llegada al poder de la Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi.

Ataques a la libertad de prensa como estos ya son táctica común de los regímenes autocráticos, como los de Turquía, Rusia y otros. Pero la guerra a la prensa no es sólo cosa de déspotas y autócratas. En Colombia y México, cientos de periodistas están con vigilancia armada para protegerlos de las mafias. Pero aun así multitudes de periodistas en toda América Latina están dejando la profesión. Una estrategia favorita de los carteles de narcotraficantes mexicanos para lograr silencio es amenazar a los hijos de los periodistas de investigación. No es extraño que los planteles de los medios se estén reduciendo.

Uno de los motivos por los que estas historias no llegan a los lectores es que hay organizaciones (como la que represento) que trabajan para que los periodistas nunca sean noticia. Los organismos de defensa de la libertad de prensa siempre dieron por sentado que el mejor modo de proteger el periodismo investigativo es blindar al mensajero contra la violencia. Y como la mayoría de los periodistas, hemos optado por hacer nuestro trabajo en silencio, en vez de importunar a los lectores y espectadores con informes de lo peligrosa que se ha vuelto la profesión. Pero es hora de cambiar de estrategia y destacar los peligros a que se enfrentan los periodistas.

Por ejemplo, para lograr la liberación de Ntege hizo falta un intenso trabajo de un equipo de abogados contratado por Reporters Respond, el fondo de emergencia de Free Press Unlimited destinado a la seguridad de los periodistas. Desde su creación en 2011, el fondo ayudó a numerosos periodistas de todo el mundo, incluido hace poco un grupo de reporteros que tuvo que huir de la violencia callejera en Burundi. Y hay muchísimas organizaciones que ayudan a periodistas en problemas en Medio Oriente, Europa del Este y otras partes. Estas historias detrás de las noticias se deben conocer.

Pero por supuesto, contarlas es sólo el comienzo. Los defensores de la libertad de prensa también deben ofrecer a los periodistas un marco más sólido y coordinado para su protección y seguridad. A tal fin, la organización que represento trabaja con otras entidades internacionales para fortalecer el Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas y la Cuestión de la Impunidad. También comenzamos a tener reuniones periódicas con otros grupos de defensa de la libertad de prensa, con el objetivo de coordinar acciones futuras. Y estamos trabajando para que la protección de los medios cuente con respaldo legal y policial. Para poner fin a la impunidad, los periodistas necesitan fiscales y jueces valientes que obliguen a los atacantes a rendir cuentas.

Pero los cambios más importantes deben salir de la industria de los medios. Como la seguridad de los periodistas afecta directamente a los empleados, los trabajadores freelance y las audiencias de las organizaciones de prensa, estas deben publicar lo que sucede. El incremento de los ataques a la prensa invalida la vieja estrategia de mantener un orgulloso silencio. Si los periodistas usan sus plataformas para informar al mundo de los peligros que ellos y sus colegas enfrentan, el mundo tendrá que oír.

La violencia contra los periodistas no suele ser noticia. El 2 de noviembre, mientras el mundo celebra el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, debemos comprometernos a denunciarla en primera plana.


Traducción: Esteban Flamini

Leon Willems es director de Free Press Unlimited.

Copyright: Project Syndicate, 2017.
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